La última frontera del planeta para la explotación de recursos no renovables comienza a diluirse sin casi darnos cuenta. De las plataformas marinas para obtener petróleo en zonas poco profundas a pocas millas de la costa, estamos pasando a trabajar a 4 mil metros de profundidad mar adentro, y además de petróleo comenzamos con la extracción submarina de minerales. La ventaja es que no están las pequeñas sociedades locales del entorno de la explotación y no hay que preocuparse de los impactos sociales directos, cuanto menos ojos haya mejor es. Los problemas son sobre la propiedad de los recursos, el control ambiental, la enorme inversión requerida, y los riesgos humanos en el manejo de una tecnología ciclópea.

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El primer proyecto del mundo de cobre y oro en fondo marino, Solwara 1, a cargo de Nutilius Minerals, se encuentra en desarrollo en Papua Nueva Guinea. Utilizando las tecnologías del petróleo y de gas, el dragado y la minería, el proyecto supondrá la puesta en marcha de esta nueva industria de producción en aguas profundas.

La Compañía ha presentado un informe sobre sus planes para crecer en las zonas económicas exclusivas y las aguas territoriales de Papua Nueva Guinea, Fiji, Tonga, las Islas Salomón y Nueva Zelanda, tanto a nivel regional y como en todo el mundo.

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Según informa El Comercio, la operación en el Mar de Bismark demandará la construcción de plataformas marinas similares a las petroleras que estarán conectadas a una planta excavadora encargada de extraer roca con mineral. Estos recursos serán depositados en barcos que los trasladarán al puerto de Rabaul, en la costa de Nueva Guinea, en donde se instalará una planta que producirá concentrado de mineral, los que luego serán enviados al mercado internacional.

Se calcula que se producirá en esta primera etapa entre 1,2 millones y 1,8 millones de toneladas por año. Según los cálculos de la empresa, en cada tonelada hay un 11% de cobre y 6,6% de zinc. Así mismo, 18,2 gramos por tonelada de oro y 215 gramos por tonelada.

Para todas estas operaciones, Nautilus Minerals considera que tendrá que realizar una inversión inicial de US$383 millones.

El Estado de Papúa-Nueva Guinea recibirá el equivalente al 2% del mineral producido mientras que el 0,25% será pagado a la autoridad de recursos mineros del país.

Pero si bien la empresa y el Estado involucrado esperan obtener importantes ganancias con este proyecto, el gran perjudicado podría ser el medio ambiente.

FAUNA EXÓTICA
En los fondos oceánicos, que suponen dos terceras partes de la superficie terrestre, están, totalmente inalterados, depósitos minerales que contienen la misma proporción aproximada de los 103 elementos químicos conocidos, entre ellos metales de interés económico cuya demanda ha subido mucho en los últimos años.
En este caso en particular, los recursos están ubicados en un depósito de sulfuros polimetálicos, un tipo de zona asociado a las chimeneas hidrotermales que siembran el fondo del mar, habitualmente a gran profundidad y en zonas volcánicas.

La principal preocupación que existe es que en estas chimeneas, desconocidas hasta hace unos 30 años, existe una rica y exótica fauna que podría verse dañada por la actividad minera.

Para la estadounidense Cindy Lee Van Dover y muchos otros especialistas que han estudiado estos ecosistemas, es imprescindible retrasar la explotación comercial en aguas internacionales hasta que exista un marco conservacionista legal.

Sin embargo, otros científicos respaldan los planes de la compañía canadiense. Por ejemplo, Van Dover, reconoce en un artículo en la revista “Nature” que trabaja para Nautilus y que cree que así puede avanzar en sus investigaciones del fondo marino al tiempo que apoya la elaboración de los planes de gestión medioambiental de las explotaciones mineras de esta empresa.

La investigadora sostiene que la compañía se ha cuidado de preparar un plan para evitar dañar la flora y fauna existente tanto mientras realice sus trabajos como para cuando los termine. En total, el proyecto podría incluir más de diez etapas similares a la Solwara 1.
“Como parte de sus planes de mitigación, Nautilus Minerals ha delimitado una zona de reserva temporal de un tamaño y unas características parecidos a Solwara 1 para que sirva como fuente para la repoblación del área minera [cuando se cierre la mina]”, señala Van Dover.