Lo aprendí de mi madre

Me di cuenta que de mi madre aprendí mi curiosa forma de narrar. Solo bastó una tarde saberlo cuando mi madre contaba la historia de la Cenicienta a mi sobrina. Yo escuchaba desde la puerta.
-Sí, Nicole, la Cenicienta vivió feliz con su príncipe azul. Juntos alquilaron un departamento, porque ahora está caro comprar casa. Y eran felices, tenían de todo: galletas Chavo, jugaban a la doctora y veían hasta tarde Lazy Town.
Y así mi madre mezclaba la realidad con la ficción, con tal de que mi sobrina concibiera los cuentos como una extensión de la realidad. Me sorprendió mucho cómo mi madre lo narraba en broma, con suma facilidad.
Me alejé del cuarto y de a pocos me entró un poco de nostalgia: qué tal si mi madre quiso ser escritora como yo. No lo sabré, pero de ella heredé su elocuencia para mezclar ficción y la realidad. Creo que es un modo de vida, porque así puedes creer en muchas promesas, como la fidelidad, el matrimonio y la prueba del amor.

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