30/07/07: Nelson Manrique opina sobre el discurso presidencia y sobre el chino rata
Fuente: Perú 21
¡Quién dijo patria!
El saldo de las Fiestas Patrias podría resumirse en una muestra más de hasta dónde los padres de la Patria han perdido la vergüenza, un discurso presidencial unánimemente calificado de aburrido y un japonés chamuscado que no logró hacerles el cuento a sus paisanos del Sol Naciente.
Hay consenso en que la lista presentada por el Apra para la elección de la Mesa Directiva del Parlamento, compuesta por fujimoristas, tránsfugas y oportunistas, era simplemente impresentable. Pero aún así fue elegida por una amplia mayoría de votos, lo cual revela cuál es hoy el estándar ético del Congreso. Por algo un 60% de los peruanos declara su descontento con el sistema democrático, a pesar de considerar que la democracia es el mejor sistema. La legitimidad del Parlamento caerá aún más si los parlamentarios apristas y fujimoristas acusados por delitos comunes salen impunes. Desgraciadamente, con semejante Congreso, este es un resultado probable.
El discurso presidencial de Alan García puso a prueba la resistencia de sus oyentes, y no ha aportado nada nuevo. Queda claro que va a persistir con un programa económico que traiciona sus promesas electorales (revisar el TLC, renegociar los contratos lesivos al país, modificar la estructura tributaria para que paguen más los que más ganan), lo que deja en simple promesa lo de reducir la brecha que separa a los ricos de los pobres para el año 2011. Sus supuestos son, en primer lugar, que basta con que haya crecimiento económico para que se reduzca la pobreza, lo que es seguir apostando a un 'chorreo' que todas las evidencias muestran que no funciona. En segundo lugar, que las tendencias vigentes en el mercado mundial se van a mantener, lo que es algo que todos deseamos, pero que nadie puede asegurar. Si esto no sucede, vamos a estar en serios problemas. Y, más allá de las cifras, la gente que toma las calles no siente que su situación esté mejorando.
Finalmente, la derrota de Alberto Fujimori en las elecciones para la dieta japonesa vuelve a confirmar que la fama -difundida por sus ayayeros- de gran estratega es solo eso. Cuando el líder del Nuevo Partido de los Ciudadanos (NPC), Tamisuke Watanuki, calificó a Fujimori de "el último Samurái" estaba atribuyéndole valores como la honradez, el valor personal y la consecuencia. Claro, los peruanos lo conocemos, pero conforta ver que los electores japoneses no se tragaron el cuento.
"¡Daré mi vida por la nación samurái de Japón!", ha dicho Fujimori en los cortos publicitarios emitidos por la televisión japonesa (BBC, Londres, 29 de julio de 2007). Es algo para tener presente cuando se discuta su lealtad para con el Perú.
¡Quién dijo patria!
El saldo de las Fiestas Patrias podría resumirse en una muestra más de hasta dónde los padres de la Patria han perdido la vergüenza, un discurso presidencial unánimemente calificado de aburrido y un japonés chamuscado que no logró hacerles el cuento a sus paisanos del Sol Naciente.
Hay consenso en que la lista presentada por el Apra para la elección de la Mesa Directiva del Parlamento, compuesta por fujimoristas, tránsfugas y oportunistas, era simplemente impresentable. Pero aún así fue elegida por una amplia mayoría de votos, lo cual revela cuál es hoy el estándar ético del Congreso. Por algo un 60% de los peruanos declara su descontento con el sistema democrático, a pesar de considerar que la democracia es el mejor sistema. La legitimidad del Parlamento caerá aún más si los parlamentarios apristas y fujimoristas acusados por delitos comunes salen impunes. Desgraciadamente, con semejante Congreso, este es un resultado probable.
El discurso presidencial de Alan García puso a prueba la resistencia de sus oyentes, y no ha aportado nada nuevo. Queda claro que va a persistir con un programa económico que traiciona sus promesas electorales (revisar el TLC, renegociar los contratos lesivos al país, modificar la estructura tributaria para que paguen más los que más ganan), lo que deja en simple promesa lo de reducir la brecha que separa a los ricos de los pobres para el año 2011. Sus supuestos son, en primer lugar, que basta con que haya crecimiento económico para que se reduzca la pobreza, lo que es seguir apostando a un 'chorreo' que todas las evidencias muestran que no funciona. En segundo lugar, que las tendencias vigentes en el mercado mundial se van a mantener, lo que es algo que todos deseamos, pero que nadie puede asegurar. Si esto no sucede, vamos a estar en serios problemas. Y, más allá de las cifras, la gente que toma las calles no siente que su situación esté mejorando.
Finalmente, la derrota de Alberto Fujimori en las elecciones para la dieta japonesa vuelve a confirmar que la fama -difundida por sus ayayeros- de gran estratega es solo eso. Cuando el líder del Nuevo Partido de los Ciudadanos (NPC), Tamisuke Watanuki, calificó a Fujimori de "el último Samurái" estaba atribuyéndole valores como la honradez, el valor personal y la consecuencia. Claro, los peruanos lo conocemos, pero conforta ver que los electores japoneses no se tragaron el cuento.
"¡Daré mi vida por la nación samurái de Japón!", ha dicho Fujimori en los cortos publicitarios emitidos por la televisión japonesa (BBC, Londres, 29 de julio de 2007). Es algo para tener presente cuando se discuta su lealtad para con el Perú.
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