No sé cómo llegué a La Parada. Solo sé que lo hice y que estoy aquí para contarlo. Quizás fue lo que, sin darme cuenta, busqué desde mucho tiempo: conocer la otra cara de Lima, la marginal o decadente, tal vez la populosa.

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En La Parada, mercado mayorista de aires provincianos cuyo nombre se debe a que esta zona de La Victoria era el paradero final de los camiones provenientes del interior. Foto: Marco Gamarra Galindo.

Es temprano, quizás la una de la tarde. En algunos sectores de Lima, sin embargo, oscurece. La avenida Aviación empieza a cambiar de tonalidad mientras más nos adentramos al distrito de La Victoria. El puente del tren eléctrico acompaña nuestra comparsa en silencio. Su actitud parece combinar perfectamente con el color gris del lugar. De pronto, uno a uno crecen los vendedores que ofrecen una variedad increíble de productos, la mayoría ubicados en tiendas que retan a cada instante la autoridad de la pista. Un tráfico que va en aumento, casas de apariencia triste y el ruido de los autos que se hacen sentir a kilómetros nos indican que estamos a pocas cuadras de La Parada, el mercado popular más conocido del país.

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Multitud en La Parada, La Victoria. Foto: Marco Gamarra Galindo

Cruzo miradas con algunos, inmediatas pero suficientemente detalladas. Parecen estar en casa, como si hubiese sido aquel puesto o tiendita el hogar de toda su vida. Detrás de cada uno de ellos, existe una historia distinta pero teñida de los mismos sentimientos. Junto a ellos, los cargadores, desprovistos de toda prenda que cubra sus desnudos torsos, trabajan sin parar a pesar de estar rodeados de ambientes que solo conocen de suciedad y contaminación, y claro, de comercio. Los compradores, por su parte, se toman el tiempo que creen adecuado para conversar, tranquilamente, con los vendedores y negociar, como en cualquier mercado. Son, pues, 'caseritos'. Podría decirse que se conocen, que existe una relación más cercana que vendedor y comprador. Cuando se trata de trasladarse a otra tienda, para continuar apreciando otros productos, caminan rápido. Desean llegar cuanto antes. La calle está dura. Deambula la virulencia delincuencial. Por suerte, no porque habitan esas avenidas, desconocen la realidad.

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En las primeras cuadras de la avenida Aviación, donde se ubica La Parada, abunda la inseguridad y la suciedad. Foto: Marco Gamarra Galindo.

La actividad cotidiana de cada uno de estos personajes es observaba desde el cielo por los 'apus' de cuya apariencia resaltan las cientos, o miles, de casas que se han erigido sobre ellos. Entre los cerros más conocidos están El Pino y San Cosme, quienes brindan cobijo a sus innumerables habitantes. Los comerciantes, compradores, cargadores y abandonados inician su labor diaria a primeras horas del día, para continuar hasta el día siguiente. Es una continua actividad comercial en un medio inmundo, y que curiosamente, abastece de alimentos a casi el 70% de Lima en medio de toneladas de basura (Caretas 2006). "Son más de 6,000 camiones los que se congregan alrededor del mercado como moscas todos los días", se escucha decir en los medios, en las afueras de La Parada. El gris sigue impregnado en el ambiente, en las calles y hasta en los rostros de uno que otro alcohólico o borracho que camina a duras penas por las cuadras del mercado mayorista número uno del Perú.

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Edificios fúnebres de La Parada. Foto: Marco Gamarra Galindo.

- Este es el PERU con esa maravillosa gente, gracias por tanto trabajo por salir adelante, y por no dejarse vencer por un gobierno que los olvida.

- Realidad peruana, familias quee merecen más apoyo e interés del gobierno, ellos tambien son peruanos y contribuyen diariamente con el crecimiento económico que uno ve desde a fuera, pero ellos no lo ven, el gobierno debería mucho más en esa gente buena y noble.

- Son admirables estas personas, cómo para llevar dinero a casa se tienen que romper el lomo . Viva por ellos.

Mi breve paseo por La Parada siempre quedará en mi memoria, quizás para siempre. Este mercado no se ha movido a pesar de los operativos municipales y campañas de limpieza. Es hora de cambiar. Prefiero, en mi opinión, ver a La Parada mejor, con productos más seguros de ser comprados y con un ambiente más humano. Un lugar tradicional como La Parada merece mejores cosas.

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La Parada durante mi visita en diciembre del 2010. Hay mucho por hacer. Foto: Marco Gamarra Galindo.