violencia contra la mujer
Fuente: http://www.reportajes.org/wp-content/uploads/2010/03/violencia-mujer.jpg

Hace algún tiempo, el grupo de rock mexicano La Lupita cantaba una canción bastante pegajosa. La primera estrofa decía: De vez en diario hay que pegarle a la mujer / para que sepa quien es el hombre / Las hembras tienden a adueñarse del poder / y que nos manden no tiene nombre (…) Ante la estupefacción inicial de algunos oyentes, la canción daba una vuelta de tuerca: No sean ingratos no les peguen a patadas / hay que pegarles con la fuerza del amor / hay que dejarlas suavecito desmayadas / hay que pegarles en el mero corazón (…)

La canción es una explícita crítica social; esa crítica provocadora que llama la atención diciendo aquello que a todos nos escandaliza escuchar en una canción, pero que tristemente dejamos que pase a nuestro alrededor; o lo que es peor, hacemos que suceda.



Por la semana de la no violencia contra la mujer, el diario El Comercio publica hoy un informe especial con cifras dolorosas: En el Perú, cada mes nueve (9) mujeres mueren asesinadas por sus parejas, familiares o conocidos y cuatro (4) sufren intentos de homicidio.

De acuerdo al Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MINDES), de enero a octubre de 2010 se han atendido más de treinta y cinco mil (35 000) casos de violencia contra mujeres; de todos estos casos la mayor incidencia se da en el grupo comprendido entre los 26 y 35 años; es decir en mujeres que han empezado a formar nuevas familias.

Esto no quiere decir que las cifras de violencia contra niñas y adolescentes sean minucias. En el período mencionado se han atendido mil cuatrocientos setenta y cuatro (1 474) denuncias contra niñas indefensas de 0 a 5 años y cuatro mil cuatrocientas treinta y cuatro (4 434) contra adolescentes de 12 a 17 años. Este último grupo es el más agredido sexualmente con mil seiscientos treinta y seis (1 636) denuncias.

Sin embargo, la violencia que prima largamente es la sicológica con un total de dieciocho mil seiscientos treinta y nueve casos (18 639), siendo el grupo más afectado por este tipo de violencia, nuevamente el de las mujeres de 26 a 35 años.

Estas, no obstante, son las cifras de las denuncias; tengan por seguro que las cifras de aquellas que acaban en una sanción debida para los agresores disminuye considerablemente, sea por inacción del las entidades llamadas a la protección de este grupo social o por el desinterés posterior de las mismas agredidas.

Aquellos que hemos atendido en un consultorio jurídico gratuito hemos visto cómo se desarrolla esta cuestión; las mujeres denuncian ni bien ocurrida la agresión (llegan con las marcas del maltrato en muchos de los casos), que suele no ser la primera, asisten con regular interés unas cuantas veces más para desaparecer luego. Las razones de la desaparición son varias: oscilan entre el miedo y la reconciliación por el “bienestar de los hijos”.

¿Y los machotes? Los machotes, pertenecientes a nuestro género, han dejado de sorprenderse por lo que hacen, o solo saben llegar al propósito de enmienda, muchas veces impulsados por el susto de la denuncia. Luego, todo queda tal como está, viven como saben vivir y como las mujeres que viven con ellos les han permitido.

Sí, pues, la cosa no es simple. Se agrava cuando muchos de nosotros hemos tratado de defender a una mujer que nos ha dicho “no te metas, no es tu asunto”. Varios hombres se han encontrado con esta infeliz respuesta que conduce a subsiguientes inacciones.

El problema principal son las agresiones masculinas, ciertamente, pero la inacción femenina redondea el problema. No hay agresor reincidente sin una víctima que lo permita.

Todo se cocina en casa, el círculo vicioso se mueve de padres a hijas o de madres agredidas educando a nuevos agresores. Nadie sale bien parado de allí. Parece que a pocos les importa el dolor de una mujer. Rara cuestión si se considera enmarcada en una sociedad donde la madre resulta un reducto de santidad: “con mi madre nadie se mete”.

La canción de La Lupita sigue así: Hay que pegarle a la mujer / Hay que pegarle / para enseñarle a obedecer igual que un niño // Hay que pegarle a la mujer / Hay que pegarle / Hay que pegarle a la mujer / Hay que pegarle a la mujer / Hay que pegarle a la mujer con el cariño. Escuchen la canción, es una buena rola.