Busco justicia

Señor, busco justicia y no la encuentro.
Soy preso de mi propio proceso penal...
y no por asesinato, sino por pena...
Pena por quienes este reo contempla
con una verdad callada entre los labios,
con unas manos que buscan asesinar
de amor a una pérfida musa extrabiada
en el vaho, en el olor a sexo juvenil
que irrumpe los sueños... lo sueños
que yo trato de recuperar.
Señor, busco justicia y no la encuentro.
Busqué en tu casa, en la calle,
en las lágrimas que exclamaron tu nombre,
en el fondo y reverso de tantas noches
ahogadas en un suspiro de una cama...
muy parecida a una camilla de hospital.
Señor, dónde estás que busco justicia
por quienes no creen en ella y de ella
estoy enamorado, no de la justicia,
sino de quien pienso cada vez
que reclamo justicia ante las injusticias.
Ella que inspira mis cojudeces, locuras
y el desvelo con un estado parecido a la muerte,
como quien sonríe que se muere amor.
Señor, dímelo en la calle, como que me esperas
para un par de cervezas, entre amigos
o en la habitación del fondo de un puto hotel.
Díme, señor, dónde está la justicia
que imparte la conciencia al libre albehedrío.
Dónde, señor, dónde posas tu hombro
para descansar de un mundo que se va la mierda.
Señor, acabe con este jucio que este juez,
testigo y jurado quiere dormir con quien sueña
entre sueños que omnulan la realidad.
Quiero dormir, un sueño de condena perpetua
para tener por siempre la ilusión de justicia
que imaginé conmigo y conmigo con ella,
que tiembla en mis brazos necesitando
del calor de mis venas, como si de ellas
compartieramos sangre para revivir
el vivir del instante pasado que murió.
Señor, apague la luz. Tengo sueño
sin encanto ni dueño ni sueño tampoco...
Digo sueño porque quiero dormir
y ojalá... ojalá sueñe con ella.
Y si así fuese, un instante de justicia viviré.

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