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Según Héctor Velarde, Trujillo fue una ciudad de lujo y reposo a la vez. Sus hermosas casonas, de enormes patios, tienen un aire rural y los interiores de sus salones reflejan la opulencia y estabilidad que vivió la villa. Fue una ciudad donde los señores del campo construyeron sus mansiones y formaron un espíritu de orgullo ciudadano y de altivez de abolengo que produjo una arquitectura de sobria dignidad en su exterior y de magnífica amplitud interior. Las viviendas, generalmente de un piso, muestran en sus lisas y coloridas fachadas la dignidad de una portada con escudo o la maravilla de sus rejas caladas como encajes. En efecto, lo más notable de la arquitectura trujillana son sus ventanas de reja. Son muy grandes, largas y bajas, con sus repisas y sombreros salientes como las de Lima, pero mucho más elegantes. Las portadas son parecidas a las casonas de Lima, así como el uso del adobe, por el carácter costeño de su construcción.

La Casa de los Condes de Aranda.- Su estilo es de barroco mestizo, como lo demuestran sus yeserías en la portada. Allí, sobre dos columnas salomónicas, hay un dintel con abundante follaje y un ángel en la clave. Encima se pueden apreciar una custodia flanqueada por querubines con cornucopias y, finalmente, cerrando en lo alto, un frontón partido con unas medias veneras. La fachada se completa con puertas menores y un pequeño balcón de madera. El conjunto es muy original.

La Casa de los Leones.- Ubicada en la calle Independencia, también se le llama Ganoza Chopitea y destaca por su hermosa portada. La puerta tiene clavos de bronce y está acompañada por pintura al fresco de enredaderas y ramajes y por una colorida efigie del apóstol Santiago a caballo. Encima vemos u n grueso dintel con abundante yesería polícroma. Sobre el cual aparece una coronación triangular junto a la que se ubican el león y la leona sentados que han dado nombre ala casa. Acompañan alas fieras dos columnas salomónicas y un relieve con el monograma de Jesús. En el zaguán de suelo empedrado podemos ver más pinturas murales. Luego se pasa al patio desde donde se accede a las habitaciones principales, decoradas con azulejos y artesonados. También hay un segundo patio y una huerta con pozo. Actualmente esta casona es sede de las Bienales de Arte de Trujillo.

La Casa Urquiaga.- Ubicada en la calle Pizarro, sobre la Plaza de Armas, es famosa porque en ella se alojó Simón Bolívar. En los salones principales hay algunos muebles que usó el Libertador durante su estancia en Trujillo; destaca entre ellos el escritorio de estilo rococó en el que despachaba Bolívar. Sobre el segundo patio, con pileta de mármol, está el comedor, en el que se guarda la vajilla regalada por Bolívar a los propietarios de la casa, y un dormitorio que se conserva como en la época de la Independencia.

La Casa de Orbegoso.- En la quinta cuadra de la calle del mismo nombre, en la plazuela de San Agustín, se puede observar una impresionante fachada de hermosas ventanas balconadas que forma una plazuela esquinera. A ella miran los salones de esta casona que perteneció al mariscal Luis José de Orbegoso y Moncada, Conde de Olmos, presidente de la República y personaje principal de las guerras de Independencia y de la Confederación Perú-Boliviana. En realidad, se trata de un palacete, con portada de estilo neoclásico, adornada con pináculos y una coronación semicircular. La fachada de completa con una serie de ventanas con balaustres y tallas de madera emplazadas a considerable altura y un pequeño balcón de esquina. Este mirador se abre sobre la calle Gamarra y la Plazuela de San Agustín. El patio principal, cuadrado y empedrado, está rodeado por habitaciones sencillas y por una galería, que comunica con los principales salones de la casa y era el lugar preferido cuando hacía mucho calor. Afortunadamente, los ambientes de la casona han sido restaurados y acondicionados con el mobiliario del siglo XIX. En ellos se pueden observar espejos, muebles marqueteados, finas alfombras, retratos de antiguos propietarios y otros recuerdos. En la parte posterior de la casona hay un segundo patio con pozo, caballerizas, depósitos y un pequeño lagar.

La Casa de la Emancipación.- Ubicada en las calles Pizarro y Gamarra, en esta casona se decidió la independencia de Trujillo y, actualmente, es sede del Banco Continental. Es de estilo neoclásico y, edificada sobre una anterior del siglo XVI destruida por el terremoto de 1619, perteneció a Francisco Larrea, luego a Tiburcio Urquiaga y, finalmente, en el siglo XIX, al obispo Pedro Higinio Madalengoitia, quien realizó la remodelación definitiva. En esta casa, el intendente de Trujillo, el Marqués de Torre Tagle, preparó la independencia de la ciudad y, más adelante, se celebraron las sesiones del Congreso Constituyente bajo el gobierno de José de la Riva-Agüero, tiempo en que Trujillo fue capital del Perú. Finalmente, a mediados del siglo XIX, la casa funcionó como Palacio Episcopal.

La Casa Bracamonte o Lizarzaburu.- Ubicada en la Plaza de Armas, presenta una sencilla portada neoclásica; a la derecha, una gran ventana de reja con sombrero que le da aspecto trujillano a la casa; y, a la izquierda, la ventana y el balcón de cajón con celosías. El primer patio muestra un suelo de losas de piedra y está rodeado por una galería elevada, sobre la que se abren las puertas y ventanas de las habitaciones. Estos salones tienen techos artesonados y restos de puntura mural. Entre los diferentes propietarios que ha tenido esta casona destacan el general José María Lizarzaburu y de la Cuadra, personaje de importancia histórica en la región, y, después, la familia Bracamonte.

La Casa Iturregui.- Ubicada entre la calle del mismo nombre y Pizarro, es actualmente la sede de un club privado (el Club Central). Su fachada de dos plantas destaca por su estilo neoclásico, con 7 ventanas en el frente y 15 en el costado. Se ingresa por un zaguán donde está el gran patio principal donde uno puede imaginarse el gran lujo que se vivía en sus habitaciones. En el segundo patio hay una loggia o comedor abierto hacia ambos lados, que se ha convertido en elemento distintivo de esta casona y muchas veces representa la arquitectura neoclásica trujillana. Los salones se encuentran decorados con mueble santiguos entre los que destacan grandes espejos utilizados en el pasado para dar iluminación a los ambientes durante las veladas.

La Casa Risco.- Ubicada en la esquina de las calles Ayacucho y Junín, esta casona ha ido discurriendo a lo largo de una serie de propietarios que van desde un curaca indio, José Juárez, hasta la familia Risco, quien la vendió al banco de la Vivienda, entidad que restauró el inmueble. En 1995, la junta liquidadora del banco la traspasó a la Universidad de Trujillo para ser sede del Museo arqueológico de la ciudad.

La casa de César Vallejo.- En la esquina de las calles Orgegoso y San Martín se ubica la casa donde se alojó el poeta César Vallejo que, aparte de un notable balcón, presenta una disposición muy original en razón a lo irregular de su planta que no se encuentra muy bien restaurada.