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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

Lo que nadie se imagina 23

Julian... el pobre de Julian, quien desde su caseta en la calle Independencia, en San Miguel, miraba enternecido a los niños disfrazados por Halloween. Él los miraba con el deseo de retroceder el tiempo, de ser niño otra vez y acompañarlos en la aventura nocturna. Supo que jamás podrá hacerlo, que mejor sería no hacerlo ya que, desde pequeño, nunca tuvo el dinero suficiente para un disfraz. Esto causaba la burla de sus amigos.

Julian veía a los pequeñines de Batman, de Robin, de Spiderman... todos acompañados de sus padres, de sus hermanos mayores con quienes coreaban el "halloweeen" luego de que el timbre sonara, como si fuese una diana que avisa la bienvenida de los caramelos. Lástima que la ternura no duró para siempre al saber que entre los pequeñitos disfrazados de diablitos hubo uno que sí era diablo de verdad.

-¡Mira mamá, ese señor está disfrazado de guachimán!-dijo una voz aguda, que provino de un grupo de niños.

Julián, el pobre de Julián regresó a su caseta como si fuese un reloj cucú para no volver a salir. Nadie supo más de él luego de ese día. Unos dijeron que regresó a sus tierras por Ayacucho, otros que se suicidó a los días, pero algunos apuntan al mito urbano que cada halloween él aparece en forma de niño pidiendo caramelos...disfrazado de guachimán.

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