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mar, 02 de noviembre, 2010

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Definir estrategias es una actividad necesaria dentro de la acción docente, y que estas se vinculen con un modelo educativo, permite que el proceso de enseñanza- aprendizaje resulte significativo, y con ello se logre los objetivos deseados. Y como parte de este proceso, los instrumentos de evaluación son muy importantes para que el proceso sea orgánico y trabajemos desde el marco de una evaluación formativa y un currículo basado en competencias.

Por ello, definimos la evaluación del aprendizaje desde una racionalidad crítica y práctica, como un proceso dinámico, creativo y participativo, destinado a obtener información para conocer y tomar decisiones que ayuden al alumno evaluado y al docente a alcanzar los objetivos educativos planteados, en su contexto, con responsabilidad y justicia. En este sentido, este proceso requiere de mantener una coherencia con las estrategias usadas para planificar la acción educativa.

Zabala (2007) define las competencias como una apuesta por transformar la educación desde el aprendizaje de los mismos alumnos, pasando de lo memorístico de conocimientos que se vuelven caducos y su aplicación en contextos reales. Y esto parte desde todos los niveles de educación, ya que la entendemos como un proceso que se desarrolla a lo largo de la vida.

Por lo mismo, resulta relevante reparar en qué tipos de contenidos vamos a trabajar, y con ello definir las estrategias que se encaminan a lograr determinadas competencias en los alumnos. Como establece Zavala (1995) debemos pensar siempre en la pertinencia de los contenidos propuestos y aquellos que en verdad son aprendidos por los aprendices, pues la eficacia de este proceso no depende sólo de ellos, sino de nosotros, los docentes. Por lo mismo, a cada tipo de contenido, ya sea conceptual, procedimental o actitudinal le corresponderá un tipo de evaluación e instrumentos para que sea efectiva.

Con ello se reclama la coherencia entre lo que enseñamos y cómo esperamos obtener información sobre de qué modos y qué aprendieron los alumnos, de un modo justo. No va a ser adecuada una prueba escrita para saber si los alumnos son competentes en su aprendizaje de un contenido procedimental, así como se vuelve más complejo definir aquellos instrumentos de evaluación que me permitan conocer y comprender cómo los alumnos van aprehendiendo contenidos actitudinales.

Para Zavala, justamente, el modo más adecuado de evaluar cómo avanzan los discentes es observándolos y realizando distintas actividades y tareas integradas dentro del proceso. Sin embargo, es importante también crear un clima de confianza entre el profesor y el alumno, ya que según Belair (2000), la evaluación más que ser un instrumento de poder para el profesor, debe ser un acto de equidad entre ambos agentes para que ambos de desarrollen.

Dentro de la puesta en marcha de la misma estrategia esto es relevante, ya que plantear líneas de acción parte por pensar contenidos y el tipo de alumno al cual vamos a acercarnos, y por ello, cómo evaluar la eficacia de las estrategias. Algo que yo realizo dentro de mis clases son los círculos: todos nos organizamos en un círculo en determinados momentos de la clase para dialogar sobre lo que pasó con algunos ejercicios o cómo vimos la actuación de nuestros compañeros, o hablamos sobre la actividad misma. Entonces, si Zavala define las estrategias como modos de actuar, podemos decir que la decisión que nos lleve a plantear esa dinámica, se completa con definir cómo evaluaremos ese camino elegido, para conocer o mejorar la marcha.

Del mismo modo, pensar la evaluación y los instrumentos de evaluación requiere de conocer otros factores de la evaluación, como señala Zavala, el marco de las competencias, y Leyva, el normotipo, la funcionalidad, finalidad y los agentes evaluadores. Para determinados tipos de contenidos y estrategias seleccionadas, algunos agentes serán más adecuados o se planteará un normotipo distinto. Lo mismo sucede con la finalidad que persigue la evaluación. Por ejemplo, según el agente la autoevaluación y la coevaluación requieren de actividades previas como definir criterios y ejercitar en la reflexión a los alumnos para que entiendan el proceso del que son responsables, y se sientan seguros de llevarla a cabo.

Por ello, el proceso evaluativo requiere de una planificación que tome en cuenta la definición de indicadores observables y criterios, así como niveles de logro. Leiva nos presenta la taxonomía de Marzano desarrollada entre el 2000- 2006, la cual parte de algunos puntos críticos de la de Bloom (1956), estableciendo tres sistemas de conocimiento, self- system, metacognitivo y cognitivo. En estos niveles se fijan dos criterios: cómo se realiza el flujo de información y cuál es el nivel de logro de los procesos que se involucran para procesarla. Es interesante constar cómo esta taxonomía repara en tres dominios de conocimiento: dominar la información, los procesos mentales llevados a cabo y los procedimientos psicomotores.

Entonces, si hemos definido la evaluación como una actividad creativa para conocer, comprender y tomar decisiones, es importante definir el tipo de instrumentos que nos ayudaran a recoger esa información. Para Leiva, esto requiere de tener en cuenta que no necesitamos ?mucha? información, sino la necesaria. Esto dependerá de la finalidad de la evaluación. Casanova (1998) recomienda que si le evaluación es formativa, se recomienda centrarse en un paradigma cualitativo, y que además podamos interpretar esa información del modo adecuado, ya sea por la triangulación de la misma o un análisis de contenido.

Como instrumentos de registro de información, Leiva nos señala algunos como anecdotarios, listas de control, escalas de valoración, cuestinaros, sociodrama, psicodrama, diario o grabaciones. Por su parte Zabala y Arnau, en sus 11 ideas clave: Cómo aprender y evaluar competencias, resalta que evaluar competencias significa evaluar al alumno dentro de un proceso en el cual resuelve un problema. Esto hace hincapié en evaluar situaciones reales, lo cual se presenta como un reto para el profesor y para el alumno. El docente debe ser más creativo que nunca para crear estrategias y evaluarlas, y seleccionar los instrumentos adecuados, y a la par, ser él más creativo y competente en su especialización para estar a la par de lo que reclama el mismo modelo de desarrollo.

Del mismo modo, les envío el enlace a una página web llamada Didáctica para adultos, muy interesante, donde encontré una ponencia de José Moya sobre evaluaciòn de competencias en el Centro del Profesorado de Granada (Mayo de 2007)

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