Cuando se aprobó el Bachillerato automático, los docentes de mayor edad, señalaban que la calidad de los egresados había bajado considerablemente.

El nivel ha venido bajando paulatinamente y los síntomas evidentes en algunos estudiantes universitarios por egresar son un elemento para alarmar hasta al más puritano.

Errores gramaticales, pésima redacción, lógica complicada, "floro" abundante como si el peso de un trabajo académico significara una mayor dedicación. El copiado y pegado de textos bajados del internet igualmente es una constante.

Eliminar el bachillerato automático no sólo sería sincerar la calidad de la educación superior en el país, sino que también obligaría a los estudiantes a un poco más de responsabilidad para consigo mismos, puesto que de su educación depende el futuro de sus vidas y familias.

De nada sirve tener grados y títulos profesionales en la actualidad si finalmente una joven profesional puede terminar vendiendo jugos y sandwiches en un local de mala muerte.