Finalmente esta semana ya tenemos una virtual alcaldesa de Lima. Al día de hoy falta procesar poco menos del 2% de las actas para que la victoria de Susana Villarán se convierta en un hecho oficial. Ayer Lourdes Flores reconoció su derrota y ofreció su apoyo a la nueva alcaldesa. Sin embargo en esa misma conferencia de prensa afirmó que si el JNE hubiese aplicado sus propias normas, debieron anularse un grupo importantes de actas donde ganaba Fuerza Social, lo que hubiese significado la victoria para la candidata del PPC-UN. En un momento de su alocución, Lourdes Flores afirmó que el JNE había sentado un precedente preocupante al no haber hecho cumplir sus propias normas y anular las actas observadas por falta de un conjunto de requisitos, básicamente la presencia de un número específico de firmas y huellas digitales de los miembros de mesa.

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¿Hay un precedente preocupante? ¿el JNE debió anular las actas observadas que menciona Lourdes Flores? Las normas dictadas por el JNE para la observación de actas no forman parte de una ley sino de un reglamento publicado a fines de agosto (Nº 1717-2010-JNE ). Un reglamento no puede estar por encima de una ley ni mucho menos por encima de la constitución, donde lo que prima es el derecho al sufragio y que el voto del ciudadano cuente.

El reglamento del JNE especifica las causales de observación de las actas la forma en cómo los JEE deben proceder para decidir si valida o anula un acta observada. La primera versión del mismo data de las elecciones del 2006. Es un reglamento bastante taxativo (Si A+B entonces C y así por el estilo), por lo que los jueces de los JEE tienen poco margen de interpretación (este tema lo hemos tratado en un post anterior). La modificación que hace el JNE a ese reglamento en agosto de este año es introducir una causal adicional de observación del acta: las famosas firmas y huellas (cuántas tiene que haber y dónde). El resto se mantiene igual. Ojo que en ninguna parte se dice que observación de un acta = anulación de la misma. Un acta observada debe ser evaluada por el JEE para tomar esa decisión y el objetivo es que la anulación de un acta sea un hecho excepcional, ya que privaría a decenas de ciudadanos de su derecho al sufragio. Por eso los JEE han validado casi todas las actas que adolecen de alguno de esos requisitos de las firmas.


Hay que tomar en cuenta que existen 4 copias de las actas y que los JEE deben resolver las observaciones considerando todo ese contexto. Si en una de las copias falta una firma, es posible que esté en alguna de las otras y así sucesivamente. Sería muy raro que ninguna de las copias no contenga ninguna firma, o que sean tan disímiles en los resultados que consignan. Otro elemento que hay que considerar es que en las elecciones pasadas las firmas no eran causal de observación y por lo tanto no abrían ninguna ventana a que se plantee una anulación del acta por ese motivo, simplemente se contabilizaban inmediatamente por la ONPE y no iban a parar a los JEE. Lo que ahora ha sucedido es que en vez de ser contadas automáticamente, las actas que no tenían algunas de las firmas pasaban a ser revisadas por los JEE (craso error porque se llenaron de miles de actas por las puras).

El JNE no ha hecho sino aplicar su propia jurisprudencia al no anular las actas observadas por el tema de las firmas: si el mismo tipo de acta valía el 2006, ¿por qué no valdría en estas elecciones? Las objeciones de Lourdes Flores no tienen ningún tipo de asidero, incluso dentro del reglamento actual, que en su espíritu obliga a los jueces a actuar bajo la presunción de que el voto debe contarse y cada acta debe examinarse en su contexto (ergo, revisando las otras copias del acta). Al cuestionar al JNE, el PPC-UN está de alguna manera deslegitimando la victoria de Susana Villarán, insinuando que ha ganado "en mesa". Sin embargo, si se examina bien, el argumento de Flores es bastante curioso: Perdió porque el JNE no anuló las actas donde Villarán ganaba, actas con "errores" que en otras elecciones no eran considerados tales. En otras palabras quien quería ganar en mesa era el PPC-UN.

A pesar de ello hay que reconocer que el PPC-UN no ha recurrido a recursos ilegítimos para defender sus legítimas pretensiones electorales. Ha utilizado los mecanismos que la ley le permite. Tampoco puede decirse que el día de la elección, sus personeros en las mesas de votación pusieron en práctica un plan para anular los votos y/o actas que beneficiaban a Susana Villarán (algo que temían los simpatizantes de Fuerza Social). Las actas fueron observadas por la propia ONPE aplicando el reglamento del JNE.

En estas elecciones, a pesar de todos los cuestionamientos y suspicacias podemos decir que la ONPE ha actuado con transparencia, haciendo pública la información para seguir paso a paso el escrutinio y el conteo. Todas las actas fueron publicadas en la página web de la ONPE tres días después de las elecciones. Para quienes tenían los medios técnicos para acceder y analizar la información (en principio todos los partidos y algunos "ciberciudadanos"), era posible seguir acta por acta cómo se resolvían las observaciones. El JNE ha resuelto las observaciones conforme a ley. Allí no hay ningún cuestionamiento posible. Tan es así que Fuerza Social casi no ha apelado ninguna resolución. El problema no va por ahí. El tema es la ineficiencia: la ONPE no adoptó las medidas necesarias para evitar que actas sean observadas por lo de las firmas (capacitación + supervisión de coordinadores de local); el JNE puso requisitos innecesarios y no estaba preparado para procesar la avalancha de actas observadas; tampoco hubo coordinación entre los JEE para adoptar una política uniforme de devolución de actas resueltas y así no aparezcan tendencias que no son representativas del conjunto. Todo ello provocó las demoras, subidas y bajadas que conocemos y que en un proceso tan ajustado genera temores y suspicacias.

Al final de todo esto, tenemos una ONPE y un JNE que felizmente no son "malandrines", pero sí bastante torpes, eso es lo preocupante, sobre todo porque se ha generado la impresión de que las elecciones pueden decidirse "en mesa" y no en las ánforas, aunque lo que primó en definitiva fue el voto en las ánforas. Las instituciones electorales tienen que aprender rápidamente de sus errores para que estos problemas no se repitan el próximo año.