La(s) clase(s) a media(s)


Leer hoy en día a Julio Ramón Riveyro es volver en la historia unos cuarenta años atrás, que nos dan la impresión de ser cien. La multiplicación exponencial del paso del tiempo no es exclusiva del Perú, se ha dado en todos los rincones del planeta que han sido afectados por la tecnología, los nuevos medios de comunicación y la globalización. Lo único que nos brinda esta sensación de que Perú sigue siendo el mismo país de nuestros abuelos y padres, es la sensación de atraso, estancamiento, lentitud, pesadez, torpeza, ineficiencia, desorden y caos, que la presencia del estado– entendida como la prestación de servicios de justicia, salud, seguridad y educación – nos brinda – tomando encuentra que esta presencia no se da de manera democrática o equitativa en todo el país-. En resumen podemos decir que el Perú no es un país moderno, su Estado no es uno modernizado –el hecho que cada Ministerio o entidad gubernamental tenga una página web no indica un cambio en sus los procesos, por el contrario, en la mayoría de casos implica una recarga de trabajo y doble uso de recursos- y la descripción de su sociedad se hace cada día más difícil, debido a su fragmentación y heterogeneidad, a la desaparición de sus características y orden tradicional, y el surgimiento de nuevos referentes y ordenes sociales. Los cambios generados en la sociedad en los últimos veinte años se deben a diversos factores sociales, políticos y económicos, que han favorecido a la aparición de diversas categorías o denominaciones de identificación, que antes eran reunidas bajo el manto de la(s) clase(s) media(s).

En el cuento “Espumante en el sótano” de Julio Ramón Riveyro nos muestra, como una cuadro, una clase media aún entera – antes de su fragmentación y diversificación-, encarnada por Aníbal Hernández, uno de los últimos eslabones en el Ministerio de Educación (trabajador del servicios de copias). A manera del hombre del subsuelo de Dostoievski, Hernández es el funcionario, la clase baja, maltratada, aplastada, utilizada y ninguneada del sistema Estatal o burocrático. La imagen de la celebración de las bodas de plata en el sótano, un lugar reducido y oscuro, fortalece esta relación de subyugación con los funcionarios más altos, ilustrada de manera más clara por la relación (trato) que existe con ambos superiores, Gómez y Escobedo. La necesidad imperiosa de Hernández de tener la presencia de ambos superiores para la validación de su celebración, nos muestra la búsqueda del hombre del subsuelo por ser tratado como igual, como una persona, cuando para la sociedad no existe; los únicos que se dieron cuanta de su llegada a la oficina fueron sus mismos compañeros de oficina, el resto de funcionarios y empleados públicos (de los pisos superiores del edificio), que se encontraban en el hall a la hora de su arribo, nunca lo vieron.

La ceremonia de celebración de las bodas de plata de Hernández en el sótano, genera un espacio de encuentro, donde todos se ven y son vistos, sobretodo a partir del trato cordial y amable del señor Escobedo (el jefe superior). Existe un juego de complicidad entre ambos (Hernández y Escobedo) por favorecer la apertura de este espacio, el uno ofrecer espumante – con un gesto de humildad como si fuera champan, - y el otro tomarlo como champan –hacerse de la vista gorda, ya que siempre supo que se trataba de espumante, propiciar el buen ánimo de la celebración y no desairar el gesto-. Pero este espacio es efímero y se desarma abruptamente, cuando todos regresan a sus sitios y las relaciones (el trato) regresan a la normalidad, no solo se acaba la fiesta, sino que ahora se debe limpiar la oficina. La “sugerencia” –que mas parece una orden- de Gómez hacia Hernández de limpiar su oficina, no solo quiebra el momento en el cual todos eran iguales, sino que separa y coloca en su lugar a cada uno de los participantes, los reubica. Este primer rechazo a la movilidad social –el acercamiento de Hernández a sus superiores (aunque tengan un origen común) luego será visto en el racismo por parte de los grupos de poder tradicionales hacia los nuevos, manteniéndolos en una dimensión plebeya y popular ante la esfera pública, aunque económicamente demuestren lo contrario *.

Decimos que Hernández pertenece a la clase media peruana si lo miramos en su contexto y no guiamos por algunas de las características descritas por Guillermo Nugent; la idea de estabilidad social y económica, las virtudes del ahorro, la laboriosidad individual y la meritocracia **. Hace cuarenta años – donde el cuento de Riveyro nos sitúa- era posible identificar a la(s) clase(s) media(s), relacionarla con ciertos oficios, trabajos o niveles de ingreso.

Hoy en día identificar a la clase media como una sola es casi imposible, debido a los cambios y fragmentaciones que ha sufrido debido a distintos factores, creando nuevas clases o variaciones, que Nugent asegura han llevado a la clase media tradicional a su desaparición. Identificarse con la clase media, es actualmente “asumir que se es parte de una situación o de un ideal de estabilidad social y biográfica y que no necesariamente está en contradicción con la pertenencia a otras identidades” ***. Es decir personalizar y contextualizar el concepto de clase media, adaptarlo a nuestras características y necesidades.

La situación económica del país y las políticas de desarrollo económico y comercial de los últimos gobiernos (García, Fujimori, Toledo y García nuevamente), entre otros, han propiciado el desarrollo de nuevas burguesías – la clase compuesta por el micro, pequeño y mediano empresariado o productores, provincianos migrantes o hijos de provincianos migrantes, que juegan entre la informalidad y la formalidad, sorteando los obstáculos y aprovechando las oportunidades en el mundo comercial– y la desaparición la clase media tradicional. Las privatizaciones de empresas estatales y el cierre de numerosas fábricas en mayor mediada en Lima y en menor en provincias, generaron un alto índice de despidos masivos, colapsando así un sistema estructurado, eliminando las barreras económicas y de oficio o empleo que dividían tradicionalmente a las clases; el ingreso económico y el oficio dejaron de ser variables claves de un sistema de clases. De la misma manera en que una clase desapareció, surgieron gracias a los mismos factores, la necesidad de ganarse la vida y la cultura criolla las nuevas clases, cuyas variables de identificación juegan entre el espacio geográfico (donde vives), empleo (informal o formal) y entretenimiento, es decir el estilo de vida.
Distribución geográfica del NSE - Apoyo Opinión y Mercado 2006

La expansión de la ciudad ha favorecido la creación de diversos centros de entretenimiento a lo largo y ancho de Lima. La democratización de los espacios de encuentro –representados por los centros de entretenimiento (centros comerciales, discotecas, cines, etc.)- reflejan la heterogeneidad y fragmentación de nuestra actual sociedad ****. Estos nuevos espacios de encuentro no pueden ser comparados, con lo que alguna vez el Jirón de la Unión representó o sin ir muy atrás la “Feria del Hogar”, espacios físicos que lograban reunir distintos sectores y clases de nuestra sociedad.

La fragmentación, que a simple vista podría ser interpretada como banal, responde a la necesidad particular que cada nuevo grupo o estilo de vida exige ****, llevándonos al aislamiento y favoreciendo la disminución de una interactividad con el resto de la ciudad y la sociedad. Aunque en grandes medidas todos compartimos las características de vivir en una inseguridad económica continua–debido a que la mayoría de peruanos han encontrado el desarrollo económico en actividades informales y, que el sector aún formal vive en la constante angustia de repentinamente ya no pertenecer más al mismo- y de inestabilidad política – ya sea por la falta de representatividad que existe entre los políticos y la masa electoral y/o por la corrupción que ensombrece nuestros aparato Estatal, sus representantes y funcionarios-.

En sociedades en crisis (sin un proyecto o dirección), con altos niveles de pobreza y bajos de educación, no es extrañó el surgimiento de caudillos y la fácil aceptación de relaciones tutelares. Nuestra historia revela la debilidad de nuestra sociedad, ya que desde sus inicios se han dado relaciones autoritarias en ella -señores gamonales, terratenientes, dictaduras militares y civiles, por hacer un resumen extremadamente breve-, mientras que nuestra vida democrática es muy joven y en mas de una oportunidad ha estado en peligro de reducirse a solo el título.

“Las promesas en la vida peruana” son arrojadas al pueblo por los candidatos políticos, en mayor grado los presidenciales, haciendo caer a los beneficiados en un tutelaje, donde el candidato cumple una función paternalista, limitando así la capacidad y autodeterminación del pueblo. Es siempre más fácil en tiempos difíciles, estirar la mano y esperar por las soluciones o cambios que anhelemos, que gestionar nosotros mismos las respuestas a nuestros problemas. Los medios de comunicación tradicionales se han encargado de calzar a Ollanta Humala dentro de este perfil, cayendo en algunos casos en la exageración y la desfiguración de la imagen.

Sin afán de restar el mérito ganado por el propio señor Humala, no podemos dejar de reconocer que el resto de políticos tradicionales encajan también en la misma figura, por ejemplo el actual presidente electo Alan García, no solo representa ya una postura ideológica en el partido – los militantes apristas se reconocen como ayistas o alanistas-, sino que ha pasado de ser representante del APRA para personificarlo; tanto así que a comienzos de la carrera (que cada vez mas parece ruedo) por las elecciones 2006 puso en jaque a su propio partido al amenazarlo con llevarse sus filas y postular por su cuenta de no aceptar este sus condiciones o propuestas.

Por lo visto hasta el día de hoy las promesas más populares – con mayor éxito dentro de la población- no han sido las que propongan un orden, o un proyecto de desarrollo o de país. No hay ninguna propuesta que marque un norte (o cualquier otra dirección) claro para el rumbo del país, por el contrario, situaciones desesperadas han clamado medidas desesperadas y seguirán clamándolas de manera progresiva, cada vez más radicales, hasta que sus necesidades se vean atendidas. “Con el estómago vacío no se piensa” reza el dicho que justifica parte del radicalismo que exigen los sectores menos atendidos o excluidos por el Estado y la sociedad; sin embargo alimentarlo con migas solo nos lleva a un círculo vicioso que no genera ningún cambio en la situación de depresión en la que estos se encuentran y por el contrario solo ahondan su estancamiento.

Si bien no podemos exigir un voto racional – por que al final del cabo a la hora de votar ninguno puede serlo completamente, ante todo somos hombres- y somos concientes de la existencia del voto subjetivo, si podemos exigir un electorado más educado, que cuente con las herramientas para poder realizar un voto conciente – en la medida de lo posible- y que reafirme el sistema democrático bajo el que nos regimos: respeto, solidaridad e igualdad.

Uno de los signos de identidad de la clase media en el imaginario de la sociedad, sobre todo en los sectores medios y bajos, es la educación *. Una educación de calidad –por lo menos mejor que con la que contamos actualmente – no nos garantiza el regreso de una clase media, es mas, tampoco nos garantiza ningún tipo de nueva clase sólida (a comparación de la presente) con algún otro nombre, que nos recuerde a la tradicional clase media. Pero una sociedad sin educación si nos garantiza un oscuro porvenir.

Cada nueva clase, carece del ingrediente fundamental que la harán formar parte de una sociedad integrada que asegure su propio desarrollo y solidez, una educación política y la participación o el ejercicio pleno de la ciudadanía, la formación de las clases se ha quedado a medias, esperemos que sea porque aún nos encontramos en el proceso de formación – las clases aun son relativamente jóvenes – de cada clase con sus respectivas características individuales, pero articuladas dentro de una misma sociedad, sobretodo cuando el fenómeno se da principalmente en un espacio reducido como el de la ciudad de Lima *****. Solo una sociedad sólida y estable garantiza el desarrollo del país, ya que es de esta misma de la cual provienen sus futuros representantes y gobernantes.

* Nugent, Guillermo. Clase media. De la mano invisible a la clase invisible. En Perú Hoy: La clase media ¿existe? DESCO: 2003 Lima. P. 29.
** Ibid. P. 20.
*** Ibid. P. 22
****Ibid. P. 39-40
***** La diferencia que existe entre el campo y otras urbes no es tan dramático, a comparación de las diferencias que existen entre otras capitales o ciudades de departamentos y Lima.

Por: Miluska Soko

Nota:
El texto lo escribí a raiz de que leí un texto de Guillermo Nugent ( Nugent,
Guillermo. Clase media. De la mano invisible a la clase invisible. En Perú
Hoy: La clase media ¿existe? DESCO: 2003 Lima. P. 29.). De repente eso te
ayuda en algo.

El dibujo que ayuda a visualizar la distribución del NSE geográficamente por
distritos es de Apoyo - 2006.

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