“Mamá no quiere que vea a mi papá”

Este es un texto extraído de http://www.elmundo.com.ve/ediciones/2002/08/31/p1-12s1.htm

PADRECTOMÍA Ocurre, por lo general, luego del divorcio o la culminación de la vida conyugal. La padrectomía, tal como ha sido bautizada por los psicólogos que han estudiado el tema, es una situación que se presenta con mucha frecuencia y afecta, fundamentalmente, la relación entre padres e hijos en términos de armonía, respeto y amor mutuo. Los mitos y los paradigmas arraigados en las sociedades mal llamadas modernas, dirigidos a sentenciar que los hijos deben ser custodiados por sus madres, parecen indicar las razones para que cada día existan más niños y adolescentes forzados a permanecer alejados de sus padres

Rosa María Rappa / Especial El Mundo

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“Mi mamá se va a enojar conmigo si yo me voy contigo”. Con esta respuesta sorprendió un día Mariángela a su papá, a la salida del colegio. Él ya tenía varios días sin poder ver a su hija de ocho años y en ese momento, tras la contundencia de sus palabras, decidió no forzar emocionalmente a la niña y dejarla que se fuera tranquila con su mamá, de quien estaba divorciado hacía ya seis años. Luego (varios y largos meses mediante, los que la justicia local suele tomar para realizar cualquier gestión paradójicamente en beneficio de los intereses de los hijos, según reza la Ley Orgánica de Protección al Niño y el Adolescente) solicitó ante un tribunal de menores la reglamentación de un régimen de visitas que permitiera que la relación de Mariángela y su papá creciera cada día a partir de la convivencia constante y segura. Tras un año de alejamiento, la juez aún estudia su caso para dictar una sentencia justa, mientras que la ley determinó que la guarda la ejerza indefectiblemente la madre.

Mariángela es un nombre ficticio, pero no lo es su caso. Muchos niños y jóvenes viven con uno de sus progenitores, generalmente la madre, mientras se mantienen alejados del otro, en un intento por sobrevivir a las presiones psicológicas a que son sometidos por parte del que ejerce la custodia.

Este fenómeno, que ha sido bautizado como padrectomía, se le estudia con mucho interés en la actualidad, ya que se le relaciona con un alarmante crecimiento en los índices de casos de drogadicción, delincuencia, deserción escolar, problemas de aprendizaje, depresión, psicosis y hasta suicidios en la población infanto juvenil del mundo.

El psicólogo clínico Nelson Zicavo Martínez, docente de la Universidad del BioBio (Chillán, Chile), define la padrectomía como el alejamiento forzado del padre, cese y extirpación del rol paterno, así como la pérdida parcial o total de sus derechos ante los hijos. Es una especie de divorcio parental que deviene, en la mayoría de los casos, del divorcio conyugal. “La experiencia clínica recoge los efectos devastadores que para el padre tiene el divorcio por estar asociado a él la pérdida de los hijos, la ruptura del vínculo relacional, la interrupción de una paternidad construida desde el compromiso y la pérdida de espacios generadores de experiencias gratificantes con los hijos”.

Distancia forzada En los casos de padrectomía, la figura del padre es relegada parcial o totalmente de la formación integral del niño, al negar los contactos o, en el mejor de los casos, al limitarlo a la figura de visitas. Los papás de estos tiempos se ven restringidos en el ejercicio de una paternidad más participativa gracias a los estereotipos que la sociedad les ha asignado tradicionalmente, tales como el ser tan sólo proveedor de los recursos básicos, invulnerables a la ternura e inexpresivos de sus emociones.

Sin embargo, el imaginario social, según lo describe Zicavo Martínez, asume que la mujer se encuentra “naturalmente” mejor dotada que el hombre para el cuidado y la atención de los hijos.

Esta idea facilita la decisión, casi siempre a favor de la madre, de otorgarle la mayoría de los derechos sobre el hijo en caso de divorcio, en detrimento de los derechos del padre.

Se trata de un mito, pocas veces cuestionado, que otorga peligrosamente a la progenitora el poder para decidir sobre el ejercicio o no de la paternidad sobre sus hijos.

“Los hijos parecen ser propiedad natural e indiscutible de la madre. A ella corresponde la potestad todopoderosa de permitir al padre seguir siéndolo o convertirse en visita de sus hijos.

Comienza entonces una suerte de segregación, junto a una desautorización de la imagen paterna que conduce a la anulación del rol paterno. Se ahuyenta al padre, se lo extirpa del rol y de los afectos de la descendencia como una suerte de muerte ‘natural’ y una vez que desaparece, entonces a menudo se le acusa de estar ausente, de no ‘venir a ver a su hijo’, que ‘su hijo no le importa’, de que ‘nunca le importó’, etcétera”, señala el psicólogo en su tesis sobre el rol de la paternidad y la padrectomía posdivorcio.

Otra cara El problema tiene otra arista: es el Síndrome de Alienación Parental (SAP), que ha sido catalogado por los psicólogos y psiquiatras como una forma de maltrato o abuso emocional al que están sometidos algunos niños, incapaces de defenderse a sí mismos.

Se está frente a un caso de SAP, según lo describe Richard Gardner, profesor de psiquiatría infantil de la Universidad de Columbia (Nueva York, Estados Unidos) cuando un progenitor programa mentalmente a su hijo para que rechace al otro progenitor y se aleje de él, lo que genera una cadena de efectos negativos que atacarán profundamente tanto al niño como al padre alienado.

Las soluciones a estos problemas pasan por la revisión de los mitos y paradigmas que separan los roles inherentes a la maternidad y a la paternidad como dos polos irreconciliables.

La revisión de las leyes parece ser un primer paso, y es por ello que en algunos países, tales como España, Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Canadá, Estados Unidos, Irlanda, Nueva Zelanda, Reino Unido, Italia, Francia, entre otros, existen movimientos para sensibilizar a la población y apoyar reformas legales que permitan la custodia compartida entre los padres que se separan.

El objetivo de estas organizaciones se centra en alcanzar una repartición equitativa de deberes y derechos en la crianza de los hijos y generar colectivamente una atmósfera de respeto y amor para el crecimiento armónico de los niños.

COMPROMISO

Los padres no son accesorios
Los estudiosos de las relaciones entre hijos y padres destacan las ventajas de una custodia compartida por la convivencia igualitaria con ambos progenitores. Así no habría padres periféricos, de llamadas por teléfono. o limitados a paseos de fin de semana.

Los padres que se empeñan en estar pendientes de la crianza de sus hijos, a pesar de los obstáculos impuestos por el progenitor que tiene la custodia legal, se enfrentan a la calamidad que significan los mitos de una sociedad que no quiere ver los cambios de actitud de buena parte de sus miembros.

Muchos de los hombres de hoy se niegan a convertirse en el cheque del fin de mes, en el tipo que sus hijos ven de vez en cuando o sólo se aparece con helados.

“No quiero que mi hija me vea como un accesorio que sirve para resolver problemas materiales. Yo he sido su amigo, el que ha estado pendiente cuando mudaba sus dientes, cuando comenzó a practicar deportes. No me resigno a que me quiten el espacio que construí con mi hija”.

Así habla Alberto, un padre al que le han negado el contacto con su hija por más de un año y que durante ese tiempo tramita, ante una justicia lenta, respuestas a favor de los afectados por el problema.

El tiempo pasa, y la distancia que se crea entre padre e hijos se vuelve más grande. Las relaciones que en el pasado reciente gozaban de la mayor armonía, se endurecen.

Los niños comienzan a generar sentimientos de fidelidad hacia el progenitor “guardador”, que regularmente es la madre, y sienten que traicionan a ésta si dan respuestas agradables a su padre.

Mientras, la crisis se agrava y no hay decisión judicial que pueda reparar estos daños, ni devolver el tiempo escamoteado a los hijos y padres que han sido alejados.

Estudios recientes indican que la custodia compartida permite la disminución de las tensiones generadas por la competencia en el desempeño eficaz por la parentalidad. Los progenitores pueden distribuir su tiempo con sus hijos y mostrar las facetas normales en la vida de cada uno de ellos.

CONSECUENCIAS

A falta de armonía
Tan sólo en Estados Unidos, según cifras de los Centros de Salud y Control de Drogas y Delitos del FBI, provienen de hogares sin padre 85% de los niños que presentan desórdenes de conducta; 90% de los niños y jóvenes que se escapan de sus casas; 71% de los adolescentes recluidos en centros de desintoxicación, y 63% de los suicidios en jóvenes y niños.

Estas estadísticas, trasladadas matemáticamente, significan que un niño crecido en un hogar sin padre es:

5 veces más propenso a cometer suicidio
32 veces más a irse de la casa
20 a tener desórdenes de conducta
9 a abandonar el bachillerato
10 a abusar de sustancias químicas
20 veces más propenso a convertirse en delincuente En términos cualitativos, las consecuencias estudiadas por los psicólogos y psiquiatras señalan que los niños que crecen en hogares monoparentales:
Carecen de confianza en sí mismos .Atraviesan dificultades para asumir valores morales, para tomar responsabilidades, desarrollar el sentido del deber y de sus obligaciones con respecto a los demás
Esta ausencia de límites se manifiesta en dificultad para obedecer y para respetar o ejercer la autoridad.


Tienen más posibilidades de ser homosexuales que los hijos con padre presente
Son más susceptibles de desarrollar problemas psicológicos, que les pueden llevar al alcoholismo, drogas o delincuencia