El hombre en la capucha (final de temporada)

(viene del capítulo anterior)

Pero no todas: el encapuchado quiso levantarse pero descubrió con dolor que su pierna derecha había sido atravesada. Yancarlo se acercó confiado ante el caído y le apuntó directamente con su arma. “Adiós, hermanito”, dijo socarronamente y se dispuso a rematarlo, cuando un jarrón voló y le cayó sobre la cabeza. Era Mirella quien le había lanzado el objeto decorativo.

Esa intervención desesperada lo distrajo unos segundos a Yancarlo quien, luego de caer arrodillado, se repuso y se fijó en la chica. “Está bien, tú te vas primero”, amenazó el narco y levantó el revólver. Sonaron dos disparos. Yancarlo apoyó las rodillas y luego su torso se desplomó sobre el piso: el encapuchado aprovechó el momento y lo había herido mortalmente.

Ella corrió hacia Jano y lo abrazó con mucha aprensión. “Vámonos”, le pidió él mientras apoyaba su brazo sobre el cuello de Mirella. La joven preguntó si acaso no salvarían a Yancarlo. “Sea o no mi hermano, si continúa vivo, nos perseguirá”, se excusó el encapuchado. Ella lo ayudó a salir y, cuando llegaron a la entrada, Jano lanzó dos granadas hacia el interior de la casa.

La noche se iluminó con el fuego de la explosión, mientras los dos jóvenes caminaron hacia el parque cercano. Mirella apoyó a Jano contra el tronco de un árbol. El sangrado era profuso y él sentía cerrarse sus párpados. “Mirella”, dijo extenuado, “quiero que sepas…”, y el encapuchado, sin completar la frase, se inclinó inconsciente sobre la vegetación.

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