El mundo azul de Doris Gibson

Para el domingo 8 de agosto aún el tributo a la memoria de Doris Gibson, fundadora de la revista Caretas, seguía exponiéndose en las galerías de la Casa O`Higgins, ubicado en las primeras cuadras de Jirón de la Unión, a pesar que tuvo como fecha de cierra el mes de julio. El público interesado que jironeaba por las calles históricas del centro de Lima no desaprovechó la oportunidad para asistir a una muestra gratuita promovida por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Caretas. Grandes y niños, lectores y no lectores de la revista se mezclaron en las salas de la Casa O`Higgins para conocer a una singular fundadora de la revista de periodismo investigativo de referencia para una camada de periodistas desde que tienen uso de razón.

Caretas. Desde que era niño, si no me traiciona la memoria, recuerdo haber leído los números de esta revista en la peluquería, mientras mi padre analizaba entre líneas el destape político que llevaba en sus páginas couché y yo veía las fotitos editadas y caricaturescas fingiendo que entendía el contenido. Con el pasar del tiempo, y con las necesidades fisiológicas que provocaban ver su penúltima página a escondidas, Caretas sigue cumpliendo su función periodística de investigar el entramado burocrático nacional, como bien dijo Jaime Bayly en El Francotirador: "Los periodistas estamos para ser una ladilla en los huevos".
Y la artífice de este legado de la revista no pudo haber sido sin la simpatía de Doris Gibson, que con su tenacidad volcánica de Arequipa, supo sobrellevar la revista a eventuales clausuras y requisas. Una inscripción en la pared de la galería nota aquella característica indomable: "Doris fue una mujer de una sola pieza. Entre el glamour de Leguía y la beligerancia de Alan García sus avatares de casi una centuria [...] En esos vaivenes de la vida política el Perú tuvo muchas transformaciones, de golpe en golpe y de tandas democráticas en tandas supo hacer periodismo y mostrar su independencia tantas veces enajenada. Muchas veces acarralada, intentando no sucumbir, salir a flote y mostrar que la lucha por la verdad triunfa".

Sin embargo, su presencia de mujer indomable no quedó en la memoria de periodistas políticos empedernidos, sino en el arte de pintores de brocha fina y poetas de la ciudad. Entre ellos el pintor Sérvulo Gutiérrez, que en palabras de Doris Gibson, fueron amigos y amantes, que él era un pintor apasionado como un niño, tanto así que pintó un desnudo de Doris para luego lanzarlo por la ventana. Como señala una inscripción en una de las paredes de la Casa O`Higgins, "amante de la libertad y el arte popular, la valentía de Doris se extendería a otros territorios tan o más arriesgados, como su aporte al arte nacional encarnado en ese legendario desnudo salido del pincel de Sérvulo Gutiérrez y los varios otros retratos de la musa que sigue inspirando al cumplirse el centenario de su nacimiento y los 60 años de Caretas".
"El mundo azul de Doris Gibson" fue el nombre de la exposición que contenía en sus salas, no solo fotografías de ella con personalidades de la política nacional, como Mario Vargas Llosa o Hernando de Soto, sino una exposición de los primeros números y más controvertidos de Caretas, y una singular muestra de sus objetos personales, como sombreros, lapiceros, abanicos y medallas al mérito otorgadas por los concejos de prensa nacionales. No hizo falta, por ejemplo, el primer número de Caretas a color, cuando Gladys Zender fue coronada Miss Universo en 1957, o el policía que atravesó cómicamente la puerta de las oficinas de Caretas a fines de 1968.
La historia última del Perú parecía estar enmarcada en lo que podría considerarse la atracción central de la muestra: un mural repleto de varios números de la revista con los destapes más representativos desde 1950. Vladimiro Montesinos no hizo falta, así como su compadre Alberto Fujimori y personajes variopintos del jolgorio político como el cardenal Cipriani, la actual candidata a la alcaldía Lourdes Flores Nano y el rostro del Cachetón Abimael Guzmán disfrazado de cebra y rodeado por policías de la DIRCOTE.

Lastimosamente, la noche del domingo pasado fue aparentemente el cierre definitivo de la muestra, ya que excedió los días de su presentación, pero de seguro que así lo hubiese querido Gibson si aún estuviera con vida para imponer su presencia en nuestro imaginario colectivo un poco olvidadizo de la política nacional. Algunos periodistas mencionan que Caretas tuvo un punto de inflexión en su calidad periodística desde el fallecimiento de Gibson, pero es cuestión del devenir, de la perseverancia que ilustró su fundadora para investigar la política nacional, a pesar que su condición de mujer en los años cincuentas ocasionó la desestimación de su trabajo.
Como se repite en la historia peruana, una mujer se puso los pantalones.
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