08/08: ¿El sueño termina en Arizona?

No hablemos del sueño americano. Hablemos del legítimo sueño de una gran cantidad de latinoamericanos de tener una vida de calidad. Nuestros países desiguales no han podido, en doscientos años, generar para todos las mismas oportunidades. Tampoco han podido hacer que sus políticas públicas penetren la sociedad a lo largo y ancho.
La costumbre de mirar la bonaza de otras sociedades, y buscar un pedazo de aquella, está presente en casi todos los estratos. Quién no toma como ejemplo las cifras positivas y las experiencias exitosas de otros países y las envidia sanamente. Quién no conoce a alguien que se fue en busca de un mejor nivel de vida. Quién no chatea con un amigo que no ve hace mucho porque está lejos de este país. Quién no llama larga distancia internacional.
Historias hay muchas. De éxito, de lucha y de fracaso. Es algo así como una rifa cruel. Puede pasar que, de pronto, todo lo que lograron ya no está. Un día descubren a un “sin papeles” o simplemente los funcionarios de la embajada inexplicablemente no renuevan una visa y todo el esfuerzo queda en nada. Sin embargo esto es lo material, que duele ciertamente, pero la incertidumbre, los recuerdos y la soledad duelen más.
SB1070: ¿Una ley para vivir mejor?
Hablar de esto me trae al recuerdo una canción del grupazo Café Tacuba, no es muy popular, pero quienes se han metido en la música de estos mexicanos seguramente la conocen. La canción se llama negrita y es un sublime ejemplo de aquellos que a punta de golpes decidieron derrumbar el castillo de ilusiones que se habían construido:
Y bueno el cuento de la negrita sigue así / despues de haber viajado tanto por todo el país / regresa a su costa amada pa'seguir en el malecón gritando / vendo pescado frito con limón.
Y si supieran las cosas que pudo ver / que no se parece a nada a los sueños de su niñez / la negrita no comprende de donde fue que salió el cuento ese / que en otro lugar vives mejor (...)
La situación emocional de un inmigrante es precaria. Muchos terminan cuestionándose si no será mejor una pobreza feliz antes que una bonanza desolada. Muchos, como la negrita, deciden volver. Otros se quedan y guardan las esperanzas de un mejor mañana. A esta disyuntiva emocional se suma ahora una devastadora ley que ha dado mucho que hablar.
“El pasado viernes 24 de abril, la gobernadora Jan Brewer, del Estado de Arizona, aprobó una ley llamada “Ley de Apoyo a Nuestra Aplicación de la Ley y Barrios Seguros” (Support Our Law Enforcement and Safe Neighborhoods Act), mejor conocida como SB1070”(1); esta ley ha iniciado una verdadera cacería de latinos.
Y es que la norma en cuestión, “convierte en delito estar ilegalmente en el Estado (de Arizona) y faculta a la policía, estatal y local, para determinar la situación de legalidad o ilegalidad de ciudadanos dentro del estado, algo que, hasta ahora, era competencia exclusiva de los agentes de Inmigración, lo que facilita la detención y expulsión de extranjeros”(2).
Las detenciones son realizadas a personas indocumentadas o sospechosas de haber cometido un crimen por obra y gracia del ojo de la policía de Arizona. ¿Qué hace sospechosas a estas personas? Por lo que se ha difundido desde que la ley entró en vigencia (el 29 de julio del presente año), sus rasgos latinos. En buena cuenta: primero se les detiene, por latinos, y luego se investiga su condición migratoria o legal.
La cuestionada ley ha sido contradicha por el presidente Obama (en varias apariciones públicas y a través de una demanda ante el tribunal federal del estado de Arizona por supuesta inconstitucionalidad y usurpación de las autoridades de este estado de una función del gobierno federal), por el gobierno mexicano (quien planteó un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Federal de EE.UU.) y otras instituciones.
Para inglés, pulsa 1. Para deportación, pulsa 2(3)
Hay quienes han tratado de argumentar la irracionalidad de la medida cuestionando la condición de aquellos que la han emitido. He escuchado en muchos medios de comunicación decir que los estadounidenses son inmigrantes, y en un país de inmigrantes no puede existir el absurdo de perseguir a otros inmigrantes.
Creo que la observación no es correcta. Los norteamericanos no son inmigrantes, son colonizadores y por ello no ven a los inmigrantes como sus pares. El politicólogo canadiense Will Kymlicka ha señalado que “los colonizadores no se autoconsideraban “inmigrantes”, habida cuenta de que no tenían expectativa alguna de integrarse en otra cultura, sino que, más bien, intentaban reproducir su sociedad original en una nueva tierra”(4).
Esto quiere decir que el cuestionamiento moral no debería ser el de la supuesta paridad. Creo más bien que el cuestionamiento moral es el de la igualdad en la condición de ser humano. La discriminación racial es retrógrada aquí, en EE. UU. y en cualquier parte del mundo y ni qué decir de los abusos contra los ilegales apresados.
El ejecutor de la norma, el sheriff de Arizona, Joe Arpaio (ojo con el apellido italiano) “creó la cárcel de Tent City, donde apresa a los “sin papeles” en carpas bajo 50 grados de ardor en el día y frío intestino en la noche (…) no le basta con enjaularlos (…) los viste con el típico traje a rayas y los obliga a exhibirse con medias, polos y calzoncillos de color rosado”(5). La idea es humillarlos para enviar un duro mensaje ejemplar a quienes quieran ingresar ilegalmente a ese estado.
Esa humillación y el discriminador aprisionamiento es aquello que debe cuestionarse, no el derecho de los estadounidenses a vivir libres de vecinos sin identidad. Por ello EE.UU necesita una urgente política pública de inmigración que resuelva, de la mejor manera posible, la situación de incertidumbre en la que se encuentran miles de personas, no solo latinas. La cuestión es ordenar la tienda.
Leyes como las de Arizona no resuelven el problema, lo agravan, crean una explosiva mezcla de ilegalidades que terminan cocinando un clima social violento y por ello peligroso para la convivencia de una comunidad y hasta de la de los países cuyos nacionales se han visto involucrados en este lío, que ojala termine con una verdadera reforma de las leyes migratorias, promesa de campaña del presidente Obama.
Hablar de esto me trae al recuerdo una canción del grupazo Café Tacuba, no es muy popular, pero quienes se han metido en la música de estos mexicanos seguramente la conocen. La canción se llama negrita y es un sublime ejemplo de aquellos que a punta de golpes decidieron derrumbar el castillo de ilusiones que se habían construido:
Y bueno el cuento de la negrita sigue así / despues de haber viajado tanto por todo el país / regresa a su costa amada pa'seguir en el malecón gritando / vendo pescado frito con limón.
Y si supieran las cosas que pudo ver / que no se parece a nada a los sueños de su niñez / la negrita no comprende de donde fue que salió el cuento ese / que en otro lugar vives mejor (...)
La situación emocional de un inmigrante es precaria. Muchos terminan cuestionándose si no será mejor una pobreza feliz antes que una bonanza desolada. Muchos, como la negrita, deciden volver. Otros se quedan y guardan las esperanzas de un mejor mañana. A esta disyuntiva emocional se suma ahora una devastadora ley que ha dado mucho que hablar.
“El pasado viernes 24 de abril, la gobernadora Jan Brewer, del Estado de Arizona, aprobó una ley llamada “Ley de Apoyo a Nuestra Aplicación de la Ley y Barrios Seguros” (Support Our Law Enforcement and Safe Neighborhoods Act), mejor conocida como SB1070”(1); esta ley ha iniciado una verdadera cacería de latinos.
Y es que la norma en cuestión, “convierte en delito estar ilegalmente en el Estado (de Arizona) y faculta a la policía, estatal y local, para determinar la situación de legalidad o ilegalidad de ciudadanos dentro del estado, algo que, hasta ahora, era competencia exclusiva de los agentes de Inmigración, lo que facilita la detención y expulsión de extranjeros”(2).
Las detenciones son realizadas a personas indocumentadas o sospechosas de haber cometido un crimen por obra y gracia del ojo de la policía de Arizona. ¿Qué hace sospechosas a estas personas? Por lo que se ha difundido desde que la ley entró en vigencia (el 29 de julio del presente año), sus rasgos latinos. En buena cuenta: primero se les detiene, por latinos, y luego se investiga su condición migratoria o legal.
La cuestionada ley ha sido contradicha por el presidente Obama (en varias apariciones públicas y a través de una demanda ante el tribunal federal del estado de Arizona por supuesta inconstitucionalidad y usurpación de las autoridades de este estado de una función del gobierno federal), por el gobierno mexicano (quien planteó un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Federal de EE.UU.) y otras instituciones.
Para inglés, pulsa 1. Para deportación, pulsa 2(3)
Hay quienes han tratado de argumentar la irracionalidad de la medida cuestionando la condición de aquellos que la han emitido. He escuchado en muchos medios de comunicación decir que los estadounidenses son inmigrantes, y en un país de inmigrantes no puede existir el absurdo de perseguir a otros inmigrantes.
Creo que la observación no es correcta. Los norteamericanos no son inmigrantes, son colonizadores y por ello no ven a los inmigrantes como sus pares. El politicólogo canadiense Will Kymlicka ha señalado que “los colonizadores no se autoconsideraban “inmigrantes”, habida cuenta de que no tenían expectativa alguna de integrarse en otra cultura, sino que, más bien, intentaban reproducir su sociedad original en una nueva tierra”(4).
Esto quiere decir que el cuestionamiento moral no debería ser el de la supuesta paridad. Creo más bien que el cuestionamiento moral es el de la igualdad en la condición de ser humano. La discriminación racial es retrógrada aquí, en EE. UU. y en cualquier parte del mundo y ni qué decir de los abusos contra los ilegales apresados.
El ejecutor de la norma, el sheriff de Arizona, Joe Arpaio (ojo con el apellido italiano) “creó la cárcel de Tent City, donde apresa a los “sin papeles” en carpas bajo 50 grados de ardor en el día y frío intestino en la noche (…) no le basta con enjaularlos (…) los viste con el típico traje a rayas y los obliga a exhibirse con medias, polos y calzoncillos de color rosado”(5). La idea es humillarlos para enviar un duro mensaje ejemplar a quienes quieran ingresar ilegalmente a ese estado.
Esa humillación y el discriminador aprisionamiento es aquello que debe cuestionarse, no el derecho de los estadounidenses a vivir libres de vecinos sin identidad. Por ello EE.UU necesita una urgente política pública de inmigración que resuelva, de la mejor manera posible, la situación de incertidumbre en la que se encuentran miles de personas, no solo latinas. La cuestión es ordenar la tienda.
Leyes como las de Arizona no resuelven el problema, lo agravan, crean una explosiva mezcla de ilegalidades que terminan cocinando un clima social violento y por ello peligroso para la convivencia de una comunidad y hasta de la de los países cuyos nacionales se han visto involucrados en este lío, que ojala termine con una verdadera reforma de las leyes migratorias, promesa de campaña del presidente Obama.
(1) JIMÉNEZ, Eva Lorena. La historia de EE.UU. y la nueva Ley de Arizona. Revista Tukuymigra Nº 3. 2010.
(2) El País. España. 17.07.2010.
(3) Cartel del movimiento Tea Party de Arizona
(4) KYMLICKA, Will. Ciudadanía Multicultural. Una teoría liberal de los derechos de las minorías. Editorial Paidós. P. 32.
(5) CÁRDENAS. Miguel Angel. Embrutecido sheriff del oeste. El Comercio. Lima. 08.08.2010.
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Vania escribió:
Yo por mi parte, como esa negrita de la cancion, prefiero regresar a mi "pobreza feliz" y trabajar desde adentro por mi pais. Explotemos el potencial de trabajo latinoamericano en nuestros paises, donde ningun racista ignorante nos limite. Y luego dicen que los tercermundistas somos nosotros.