23/05: "Teleprepotencia" por Ronald Cotaquispe

Miró una vez más el reloj de la pared sin darle no más que un vistazo, pero lo suficiente como para dolerse con el lento desplazamiento de las manecillas. “¡Falta, aún, carajo!”, pensó. Mientras tanto, el continuo sonido emitido por el segundero en su andar lo seguiría perturbando. No podía esperar más. La espera solo hacía que sus ansias de vanagloriarse a sí mismo aumentaran. De pronto, sintiéndose consumido desde lo más hondo de su ser por la aparente perpetuación de su aguarde, se decidió a actuar; resolvió llamar pese a lo temprano que era aún. Con un movimiento un tanto violento se pone la auricular del teléfono al oído y marca de manera apremiada el número que desea. La llamada tarda mucho en entrar. Esta parecía no ser grata. Finalmente, esta llega a ser contestada.
─Aló, papá─dijo la voz que contestó la llamada.
─Oye, huevón ─dijo el padre, queriendo mostrarse imponente desde el primer momento─, a qué hora piensas volver. Ya es tarde.
─No, pues, aún es temprano─dijo el joven mostrándose quejoso pero a la vez sereno.
─Huevón, ven ya, ahora─dijo el padre
─No─replica el joven─, te había dicho que volvería aún más tarde. ¡Recuerdas! Tú asentiste. Y aún no es la hora acordada.
─¡Carajo! Acá hay cosas qué hacer. Deja de hacer huevadas y ven. Yo siempre lo estoy haciendo todo─dijo el padre tratando de ponerse en la supremacía; acaso intentando justificarla.
─Tú saliste toda la mañana─dijo el joven como objetando.
─Yo tuve que hacer un trabajo.
─¿Cuál? ¿Traerás plata?─dijo el hijo─. No tienes chamba, pues.
─Ven… ¡Carajo! Es peligroso a esta hora. Te van a robar. Ahora, yo te tendré que esperarte en el paradero─dijo el padre.
─Yo ya he vuelto antes a esta misma hora─reclama el hijo.
─Carajo, te van a ver la cara y te robarán─arguye el padre─. Yo voy a tener que esperarte en el paradero ahora. ¡Tengo que estar yo!
─¿Contigo no sería lo mismo?─dijo el muchacho alzando levemente el tono de voz.
─Háblame bonito─dijo el padre tratando de mantener la fiereza.
─¿Tú lo haces?
─Yo soy tu padre.
─Cálmate, pues.
─Acá te quiero ya─dice el padre con una voz fuerte pero no como en las primeras veces, tratando de retomar la discusión; acaso donde creía ser fuerte.
─Mira, solo un tato más. No tardo─dice el hijo alzando la voz más que antes.
─¿Vas a venir? ¿Quieres que te saque la mierda?─dijo el padre aún intentando lo suyo sin medir sus palabras y lo que estas podían conllevar.
─¡Ya! Voy en este momento─dijo el joven un tanto agresivo a modo de contestar lo último dicho por su padre, lo que este sugirió sin querer; acaso aceptándolo.
La llamada es cortada por el hijo apenas terminó de decir sus últimas palabras. El padre, invadido por una preocupación que calaba en lo más hondo de su ser, colgó el teléfono lentamente con la mano medio tembleque. Sabía lo que se vendría. Ahora, se revelaría su verdadera realidad, su verdadero ser, el cual no era el de un alguien prepotente.
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