04/02/10, 23:46 La teta asustada entre las nominadas al Óscar
Es la noticia más gratificante de la semana. Si bien el Perú no estará presente en la Copa Mundial de Sudáfrica 2010, nos sobran motivos de orgullo para creer que el cine nacional puede llegar muy lejos. Cuando Claudia Llosa recibió el Oso de Oro en la Berlinale, los elogios no se hicieron esperar (así como tampoco las críticas mezquinas, tan comunes en nuestro país, y las sobreinterpretaciones políticas y conspirativas). Sin embargo, aquel premio no sería más que el inicio de una serie de nominaciones y triunfos que constantemente reavivarían el interés de una nación sedienta de triunfos por conocer a los artífices de esta existosa cinta: Claudia Llosa y Magaly Solier.
El Perú no es un mercado que se caracterice por una masiva asistencia a los cines ni por una cultura cinéfila de alta sensibilidad en los espectadores (como sucede en Francia, por ejemplo). Al contrario, nuestra industria cinematográfica se basa en un 90% en la importación de estrenos taquilleros y, recientemente, en la proyección de cintas nacionales, algunas más logradas que otras, pero que, en resumidas cuentas, apuesta por la difusión del cine nacional.
No obstante, los galardones obtenidos por La teta asustada (The milk of sorrow dentro de la nominación al Oscar) podría iniciar un cambio en la sensibilidad de los espectadores promedio en el Perú, cuya gran mayoría consume piratería en la comodidad de su hogar. No se entienda por esto una transformación radical que conduzca al espectador a manifestarse como entendido en la materia, sino por sentirse atraído por ver filmes en su entorno más apropiado: el cine.
Ello también debe llamar a la reflexión a las cadenas de distribución de cintas en las salas peruanas (¿o sobre todo limeñas deberíamos decir?). Es inconcebible que en el Cusco no existan salas de cine que exhiban los estrenos del momento. Argumentar que no es plaza rentable me parecería descabellado. La teta asustada recaudó 720.000 dólares durante todo el tiempo que estuvo en cartelera (la inversión fue de 1.2 millones de dólares). Estoy más que seguro de que, si existieran más salas en las principales ciudades del interior, se hubiera superado.
Respecto a la nominación, me llama la atención que La teta asustada compita bajo el nombre de The milk of sorrow (La leche de la tristeza). ¿Por qué? Cuando Anne Hathaway anunció a la película de Claudia Llosa como una de las nominadas en la categoría de mejor película extranjera, las otras cintas fueron mencionadas según el idioma de procedencia. Cuestiones menores.
El panorama no es muy sencillo para La teta asustada. The white ribbon (Alemania) (Das weisse band), Un prophéte (Francia) y El secreto de sus ojos (Argentina) vienen con muy buenas referencias y premiaciones. No obstante, para la Academia de Hollywood, resulta importante otorgar el premio a una cinta cuya trama y realización diste mucho de lo que caracteriza a la Meca del cine contemporáneo.
De todas formas, la manera en que el Perú observará la premiación del Óscar en este año no será la misma de siempre.
El Perú no es un mercado que se caracterice por una masiva asistencia a los cines ni por una cultura cinéfila de alta sensibilidad en los espectadores (como sucede en Francia, por ejemplo). Al contrario, nuestra industria cinematográfica se basa en un 90% en la importación de estrenos taquilleros y, recientemente, en la proyección de cintas nacionales, algunas más logradas que otras, pero que, en resumidas cuentas, apuesta por la difusión del cine nacional.
No obstante, los galardones obtenidos por La teta asustada (The milk of sorrow dentro de la nominación al Oscar) podría iniciar un cambio en la sensibilidad de los espectadores promedio en el Perú, cuya gran mayoría consume piratería en la comodidad de su hogar. No se entienda por esto una transformación radical que conduzca al espectador a manifestarse como entendido en la materia, sino por sentirse atraído por ver filmes en su entorno más apropiado: el cine.
Ello también debe llamar a la reflexión a las cadenas de distribución de cintas en las salas peruanas (¿o sobre todo limeñas deberíamos decir?). Es inconcebible que en el Cusco no existan salas de cine que exhiban los estrenos del momento. Argumentar que no es plaza rentable me parecería descabellado. La teta asustada recaudó 720.000 dólares durante todo el tiempo que estuvo en cartelera (la inversión fue de 1.2 millones de dólares). Estoy más que seguro de que, si existieran más salas en las principales ciudades del interior, se hubiera superado.
Respecto a la nominación, me llama la atención que La teta asustada compita bajo el nombre de The milk of sorrow (La leche de la tristeza). ¿Por qué? Cuando Anne Hathaway anunció a la película de Claudia Llosa como una de las nominadas en la categoría de mejor película extranjera, las otras cintas fueron mencionadas según el idioma de procedencia. Cuestiones menores.
El panorama no es muy sencillo para La teta asustada. The white ribbon (Alemania) (Das weisse band), Un prophéte (Francia) y El secreto de sus ojos (Argentina) vienen con muy buenas referencias y premiaciones. No obstante, para la Academia de Hollywood, resulta importante otorgar el premio a una cinta cuya trama y realización diste mucho de lo que caracteriza a la Meca del cine contemporáneo.
De todas formas, la manera en que el Perú observará la premiación del Óscar en este año no será la misma de siempre.
04/02/10, 23:31 Vendo mi cuerpo
Elena De Yta
Editorial Marcapasos
Arequipa, 2009

En los últimos años, la producción editorial independiente en Arequipa ha venido experimentando un notable desarrollo. Algunas editoriales como Cascahuesos y Dragostea han ido más allá del espontáneo deseo de un grupo de amigos que comparten la pasión por la literatura y que se aventuran a publicar sus creaciones, a pesar de las dificultades que ello implica. Dentro de este panorama, continúan apareciendo nuevas editoriales independientes que buscan concretar el anhelo de muchos jóvenes escritores por ver publicados sus escritos. Recientemente, la editorial Marcapasos acaba de publicar Vendo mi cuerpo, primer poemario de Elena De Yta, el cual fue presentado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Arequipa. Elena De Yta (Arequipa, 1985) había publicado anteriormente sus poemas en diarios y publicaciones diversas. También, obtuvo premios en narrativa y poesía, en los concursos organizados por la Alianza Francesa y los Juegos Florales Universitarios de la UNSA respectivamente, los que poco a poco fueron confirmando su talento en las letras.
La propuesta de este poemario destaca por el rol que asume el yo poético: la voz de una prostituta que expone con crudeza, amargura, serena resignación e ironía las vicisitudes de una mujer que encuentra en la palabra una forma de manifestar sus sentimientos encontrados. Esto hace de Vendo mi cuerpo un poemario integralmente diseñado bajo un concepto unificado: la exposición del un deseo que no es placentero, sino lacerante. Sin embargo, habría que matizar esta afirmación porque, por momentos, pareciera que el yo poético encontrara satisfacción en lo sórdido o inevitable resignación ante el dolor. Además, mantiene un diálogo en el que sugiere que su propia desgracia se originó en el amor que la unió con un imaginario destinatario. Por ello, es frecuente hallar marcas textuales que aluden a un “tú” inexistente, pero simultáneamente presente en gran parte de los poemas.
A partir del análisis del título, tenemos que el cuerpo femenino es simbolizado como una mercancía que se ofrece al mejor postor. La entrega del cuerpo no es expuesta necesariamente como una tragedia, sino como un castigo que se sobrelleva con mucha ironía, estrategia que atenúa el impacto de lo sórdido que resulta ser testigo de la invasión del cuerpo por amantes no deseados. Al respecto, el amante, interlocutor ausente para el yo poético, encuentra su presencia solo a través de diálogos indirectos que lo aluden: “Cuando tus carnes / Aderezan las mías” [Angustia]; “Alrededor tuyo / Circundándote / Fingir / Sentir / Un orgasmo / Pleno” [Existencia ideal].
Los méritos que hallo en Vendo mi cuerpo están en el desarrollo de un concepto orgánico que articula los poemas, en la cadencia rítmica de sus versos y en la atmósfera que sugieren algunos pasajes que, sin recurrir a un lenguaje complejo, se las arregla para plantear al lector escenas, cuadros, fotografías de momentos que el yo poético evoca para convertir al lector en un cómplice de su drama. Otro punto para destacar es el registro del lenguaje utilizado. No encontraremos en Vendo mi cuerpo un vocabulario impostado o ad hoc a la posible expresión de un personaje que, de primera intención, para muchos lectores está vinculado a una prostituta. Mi hipótesis partiría por asumir que no solo no se trata de un disfraz, sino que ni siquiera pretende la voz del poema disfrazarse de prostituta, sino que, en el juego metafórico, ese rol es susceptible de ser interpretado por cualquier individuo que experimente emociones tales, es decir, el “sentirse como” se convierte en “actuar como” dentro de la ficción. En este sentido, Vendo mi cuerpo no es el diario íntimo de una prostituta, sino la exposición abierta y sincera de un yo poético que construye un personaje para apropiarse de la proyección de su imagen y transmitir sentimientos, emociones y acciones, pero, insisto, no mediante la estrategia confesional del diario en prosa poética que presenta un recuento detallado de la intimidad: por ello, tales acciones son, en realidad, fotografías o estampas de un momento. Tampoco hallaremos una recatafila de palabras de grueso calibre que quieran reforzar la idea de lo grotesco, lo sórdido o visceral y ese es, conciente o inconcientemente, un mérito que vale la pena resaltar. El tono del lenguaje reserva su agresividad para momentos oportunos, pero cuando amerita rendirse, aunque fuera solo por unos instantes, al sentimentalismo lo hace de manera que no luce sentimental (en el peor sentido), sino melancólico.
Al respecto, el poema más logrado desde mi punto de vista, acorde con la poética del texto, es el que cierra el poemario: “Oración a Sarita Colonia para antes de salir”. En este —uno de los pocos o tal vez el único poema en el que los amantes y el amante ausente no son aludidos— se presenta una breve escena en la que el personaje implora protección ante la santa del pueblo.
El tiraje de la publicación fue reducido y el diseño de portada es sugestivo. Sin embargo, urge una segunda edición que corrija algunas erratas que no afectan en mayor grado el contenido, pero que, en un contexto en el que nuevos lectores se interesan en autores emergentes, vale la pena cuidar esos detalles para mantenerse competitivo en el mercado editorial. Posiblemente, Elena De Yta nos sorprenda en adelante con una nueva reimpresión o reedición de Vendo mi cuerpo, o porque no, de un nuevo libro.
Oración a Sarita Colonia, para antes de salir
Sálvanos dulce niña, santa, virgen milagrosa
Tú que sufriste en carne propia
La experiencia desgarradora
Líbranos del abuso de los hombres
Protégenos en esta triste oscuridad
En la que entregamos nuestros cuerpos por pan
Exponiéndonos al robo y odio de la gente.
Guarda nuestros corazones del falso amor
De los cuervos uniformados también
Sálvanos, Sarita, y si nos atrapan, proporciónanos
El abrigo suficiente para sobrevivir la fría celda
Logra el perdón de nuestras madres
y transfigura nuestros rostros para que ellas
Queden lejos de la humillación y la vergüenza.
A ti rogamos Sarita, que también fuiste mujer
Acompáñanos siempre para que de tu mano podamos
Al fin encontrar la luz y valentía necesaria para poder
Enmendar nuestras vidas.
Amén.
Mutatis mutandis
He pecado cuantas veces he podido
Y la absolución
Nunca la he buscado
No puedo estar en comunión
No sé donde diablos
Está Dios
Y sin pedir perdón
A nadie
He vivido
Con mucho gozo porque he amado
Después sufrido
Y también llorado
Como un menesteroso
He fingido
Como puta
He traicionado
Y casi siempre
He perdido
Pero en oportunas
Veces ganado
Aunque
Al final
No sepa a cuantos
He jodido
Seguramente
A los que
Me han amado
Editorial Marcapasos
Arequipa, 2009
En los últimos años, la producción editorial independiente en Arequipa ha venido experimentando un notable desarrollo. Algunas editoriales como Cascahuesos y Dragostea han ido más allá del espontáneo deseo de un grupo de amigos que comparten la pasión por la literatura y que se aventuran a publicar sus creaciones, a pesar de las dificultades que ello implica. Dentro de este panorama, continúan apareciendo nuevas editoriales independientes que buscan concretar el anhelo de muchos jóvenes escritores por ver publicados sus escritos. Recientemente, la editorial Marcapasos acaba de publicar Vendo mi cuerpo, primer poemario de Elena De Yta, el cual fue presentado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Arequipa. Elena De Yta (Arequipa, 1985) había publicado anteriormente sus poemas en diarios y publicaciones diversas. También, obtuvo premios en narrativa y poesía, en los concursos organizados por la Alianza Francesa y los Juegos Florales Universitarios de la UNSA respectivamente, los que poco a poco fueron confirmando su talento en las letras.
La propuesta de este poemario destaca por el rol que asume el yo poético: la voz de una prostituta que expone con crudeza, amargura, serena resignación e ironía las vicisitudes de una mujer que encuentra en la palabra una forma de manifestar sus sentimientos encontrados. Esto hace de Vendo mi cuerpo un poemario integralmente diseñado bajo un concepto unificado: la exposición del un deseo que no es placentero, sino lacerante. Sin embargo, habría que matizar esta afirmación porque, por momentos, pareciera que el yo poético encontrara satisfacción en lo sórdido o inevitable resignación ante el dolor. Además, mantiene un diálogo en el que sugiere que su propia desgracia se originó en el amor que la unió con un imaginario destinatario. Por ello, es frecuente hallar marcas textuales que aluden a un “tú” inexistente, pero simultáneamente presente en gran parte de los poemas.
A partir del análisis del título, tenemos que el cuerpo femenino es simbolizado como una mercancía que se ofrece al mejor postor. La entrega del cuerpo no es expuesta necesariamente como una tragedia, sino como un castigo que se sobrelleva con mucha ironía, estrategia que atenúa el impacto de lo sórdido que resulta ser testigo de la invasión del cuerpo por amantes no deseados. Al respecto, el amante, interlocutor ausente para el yo poético, encuentra su presencia solo a través de diálogos indirectos que lo aluden: “Cuando tus carnes / Aderezan las mías” [Angustia]; “Alrededor tuyo / Circundándote / Fingir / Sentir / Un orgasmo / Pleno” [Existencia ideal].
Los méritos que hallo en Vendo mi cuerpo están en el desarrollo de un concepto orgánico que articula los poemas, en la cadencia rítmica de sus versos y en la atmósfera que sugieren algunos pasajes que, sin recurrir a un lenguaje complejo, se las arregla para plantear al lector escenas, cuadros, fotografías de momentos que el yo poético evoca para convertir al lector en un cómplice de su drama. Otro punto para destacar es el registro del lenguaje utilizado. No encontraremos en Vendo mi cuerpo un vocabulario impostado o ad hoc a la posible expresión de un personaje que, de primera intención, para muchos lectores está vinculado a una prostituta. Mi hipótesis partiría por asumir que no solo no se trata de un disfraz, sino que ni siquiera pretende la voz del poema disfrazarse de prostituta, sino que, en el juego metafórico, ese rol es susceptible de ser interpretado por cualquier individuo que experimente emociones tales, es decir, el “sentirse como” se convierte en “actuar como” dentro de la ficción. En este sentido, Vendo mi cuerpo no es el diario íntimo de una prostituta, sino la exposición abierta y sincera de un yo poético que construye un personaje para apropiarse de la proyección de su imagen y transmitir sentimientos, emociones y acciones, pero, insisto, no mediante la estrategia confesional del diario en prosa poética que presenta un recuento detallado de la intimidad: por ello, tales acciones son, en realidad, fotografías o estampas de un momento. Tampoco hallaremos una recatafila de palabras de grueso calibre que quieran reforzar la idea de lo grotesco, lo sórdido o visceral y ese es, conciente o inconcientemente, un mérito que vale la pena resaltar. El tono del lenguaje reserva su agresividad para momentos oportunos, pero cuando amerita rendirse, aunque fuera solo por unos instantes, al sentimentalismo lo hace de manera que no luce sentimental (en el peor sentido), sino melancólico.
Al respecto, el poema más logrado desde mi punto de vista, acorde con la poética del texto, es el que cierra el poemario: “Oración a Sarita Colonia para antes de salir”. En este —uno de los pocos o tal vez el único poema en el que los amantes y el amante ausente no son aludidos— se presenta una breve escena en la que el personaje implora protección ante la santa del pueblo.
El tiraje de la publicación fue reducido y el diseño de portada es sugestivo. Sin embargo, urge una segunda edición que corrija algunas erratas que no afectan en mayor grado el contenido, pero que, en un contexto en el que nuevos lectores se interesan en autores emergentes, vale la pena cuidar esos detalles para mantenerse competitivo en el mercado editorial. Posiblemente, Elena De Yta nos sorprenda en adelante con una nueva reimpresión o reedición de Vendo mi cuerpo, o porque no, de un nuevo libro.
Oración a Sarita Colonia, para antes de salir
Sálvanos dulce niña, santa, virgen milagrosa
Tú que sufriste en carne propia
La experiencia desgarradora
Líbranos del abuso de los hombres
Protégenos en esta triste oscuridad
En la que entregamos nuestros cuerpos por pan
Exponiéndonos al robo y odio de la gente.
Guarda nuestros corazones del falso amor
De los cuervos uniformados también
Sálvanos, Sarita, y si nos atrapan, proporciónanos
El abrigo suficiente para sobrevivir la fría celda
Logra el perdón de nuestras madres
y transfigura nuestros rostros para que ellas
Queden lejos de la humillación y la vergüenza.
A ti rogamos Sarita, que también fuiste mujer
Acompáñanos siempre para que de tu mano podamos
Al fin encontrar la luz y valentía necesaria para poder
Enmendar nuestras vidas.
Amén.
Mutatis mutandis
He pecado cuantas veces he podido
Y la absolución
Nunca la he buscado
No puedo estar en comunión
No sé donde diablos
Está Dios
Y sin pedir perdón
A nadie
He vivido
Con mucho gozo porque he amado
Después sufrido
Y también llorado
Como un menesteroso
He fingido
Como puta
He traicionado
Y casi siempre
He perdido
Pero en oportunas
Veces ganado
Aunque
Al final
No sepa a cuantos
He jodido
Seguramente
A los que
Me han amado
08/12/09, 15:23 'Érase una vez que se era' de Silvio Rodríguez

Después de seis años, me animé a comprar un CD original. La última vez había comprado una compilación de canciones de Luis Eduardo Aute, Paseo por el amor y el deseo, y un par de años atrás, en unas galerías de la calle Capón, unas cintas originales de Jean Michel Jarre. A diferencia de unos diez años atrás, hoy es muy fácil bajar una canción o un álbum completo de Ares y armar luego una propia antología al gusto. Sin embargo, a pesar que comprar un disco original requiere una inversión que no todos los seguidores de alguna banda o solista están dispuestos a hacer, el Cd original es más que solo un producto que contiene aquello que nos fascina -una canción o una película-; se trata del concepto que los creadores del producto concibieron para que acompañe al disco que llega a nuestras manos. Como bien me dijo una vez un gran amigo hasta ahora fanático de los discos originales, el arte, el concepto del arte que envuelve al CD original es tan importante como el contenido.
Totalmente de acuerdo porque ello le imprime un sello especial a cada álbum, una personalidad distinta en cada etapa de la evolución del grupo o del solista, algo que nuevo que nos quiere transmitir. Por estas razones, es que me decidí comprar esta última producción de Silvio Rodríguez de quien conservo gran parte de su discografía en cassettes de la disquera EGREM y Ojalá, producidos en la década de los ochenta.
Érase una vez que se era (2006) es un álbum doble que contiene temas que Silvio había compuesto durante diez años antes de grabar su primer disco Días y Flores (1975). Se trata de una deuda pendiente del cantautor cubano consigo mismo, ya que estas canciones eran conocidas por sus seguidores más fieles quienes las conocieron y difundieron mediante grabaciones no oficiales en conciertos realizados en distintos países.
Cuando Silvio graba un disco no solo se limita a lo estrictamente musical, sino que también interviene de manera decisiva en la concepción del diseño y en la edición del material. De hecho en las producciones más recientes él figura como productor general. Erase una vez que se era no es la excepción. Silvio dispuso que el diseño del disco transmitiera la sensación de un salto al pasado, de una evocación de la etapa previa a su profesionalización como artista. Algo así como el descubrimiento de su protohistoria, de los primeros episodios y experiencias vitales que rodearon sus primeras composiciones y que sirvieron de base para sus posteriores producciones. Por ello es que la cubierta del disco tiene un aire rústico de tonos café oscuros y matices en gris. Asimismo, al interior, contiene fotografía sus amigos entrañables, de aquellos que muy pocos de nosotros tal vez conocemos que fueron importantes para su formación musical entre los que destacan el trovero Noel Nicola y Aída Santamaría, quien lo animó a continuar de muy joven su carrera musical.
Respecto a las canciones, no se vaya pensar que son grabaciones originales de aquellos años en que fueron compuestas (seguramente para algunos esto pueden significar una pequeña decepción). Las canciones han sido grabadas nuevamente con arreglos que permiten reconocerlas, sobre todo a aquellas que se hicieron más conocidas, tales como "Fusil contra fusil", "El papalote" y un poco menos, "Nunca he creído que nadie me odia". El tema que más me agradó y al que sugiero que pongan atención es "Epistolario del subdesarrollo" del CD2. Sobre la génesis de esta canción, Silvio dice
"Por aquellos años un viaje fuera de Cuba era tan inimaginable como remontarse al cosmos. A través del cine la juventud veía el mítico mundo exterior y sus modas, y algunos trataban de imitarlo desde sus escasos recursos. Esta canción habla de jóvenes que no suelen ser vistos como vanguardias de la sociedad; de muchachos para quienes el bienestar no parece proceder de vivir a la altura de su tiempo, sino del hedonismo (...) entre otras cosas, pretende darle voz a seres humanos quizá no tan ejemplares, pero ante quienes toda sociedad deberá rendir cuentas"
Esta canción me parece muy importante porque aclara lo que para muchos, críticos y simpatizantes de Silvio, parecía incuestionable: su total adhesión a la Revolución Cubana y a Fidel Castro sin medias tintas. En este tema, se critica el porqué la juventud cubana no puede disfrutar de los privilegios que los jóvenes de Europa tiene a su alcance y de cómo se las ingenian para recrearse, de manera imperfecta, ese mundo que contemplan desde lejos. Se trata de una autocrítica al régimen y a los sacrificios que la Revolución había previsto para sus generaciones presentes y futuras. El CD2 también contiene un videoclip de esta canción con imágenes de la Cuba actual, lo que nos confirma que aquellas objeciones que Silvio discretamente lanzaba en sus primeras composiciones siguen perdurando en el presente.
"La canción de la trova" es acompañada por Adriano Rodríguez en la segunda voz. En una primera impresión, me había parecido que era Compay Segundo, con quien también grabó alguna canción, porque las voces de ambos son muy parecidas. La participación de Adriano Rodríguez es muy especial porque esta canción surgió a partir de escuchar un disco que reunía las voces de este viejo troveros y de otros más, disco que regaló a su madre y que solía escuchar a menudo hace más de 40 años.
"Judith", "Una mujer" y "El día en que voy a partir" son canciones de inspiración amorosa. "Judith" tiene unos arreglos y una melodía nostálgica que armonizan muy bien con la letra que suena a advertencia, a presagio, a invocación. El coro es lo mejor de esta canción:
Cuida bien tus estrellas mujer, mujer,
cuida bien tus estrelas
y que nunca las pierdas
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03/12/09, 01:24 La UNSA con el santo de espaldas

La huelga de los docentes de la Universidad Nacional de San Agustín
En 1996 ingresé a Literatura en la UNSA. Recuerdo que en la cola para la inscripción al examen de admisión decidí entre entre Periodismo, Psicología, Derecho y Literatura. Finalmente, elegí Literatura porque por aquellos días venía leyendo y releyendo La casa de cartón de Martín Adán y me prometí escribir una obra similar -hasta parafraseaba fragmentos que hacía pasar por propios para impresionar a una novia de esos años- y a mitad de carrera pensé seriamente en hacer mi tesis sobre esta magnífica novelilla. Tengo muy presente aquella época de los claustros agustinos, tanto por los amigos, profesores y demás experiencias que enriquecen los años dorados de cualquier estudiante universitario.
De los maestros quien a primera vista me sorprendió por esa cultura oceánica y por su capacidad para evocar personajes, argumentos, obras, citas y demás fue el doctor Tito Cáceres. Nos enseñó en primer año el curso de Metodología de la Investigación Literaria donde nos introdujo al conocimiento de los diversos métodos de investigación no solo de manera teórica, sino aplicándolo a alguna novela ad hoc para el caso. En segundo año, Willard Díaz se encargaba de "filtrar y reclutar" a los alumnos que, según su criterio, se tomaban los estudios literarios en serio: controles de lectura semanales, clases a pesar de la toma de locales por los estudiantes, exámenes orales constantes, lectura directa de las fuentes... todo ello apuntaba a reducir al máximo la cantidad de alumnos que pudiera escoger como especialidad Literatura. De hecho, la gran mayoría escogía Lingüística muy convencidos por un sector de los profesores de dicha especialidad, de que en Literatura "la chamba era escasa" y que después de terminar Literatura y Lingüística -la UNSA es la única universidad en el Perú hasta donde yo sé que otorga un título con esta doble mención- podrían seguir la complementación pedagógica durante dos años y obtener el ansiado título de educador en Lengua y Literatura. ¿Y por qué no postularon directamente a educación en lugar de desperdiciar 5 años en una carrera espúrea que los obligaría a seguir dos años más para finalmente lograr el objetivo final que era convertirse en pedagogo? Los compañeros de Lingüística que se animaban a contestarme decían que el ingreso a Literatura es mucho más fácil, mientras que a Educación, la probabilidad de ingresar era menor.

Es decir, buena parte de los egresados de mi escuela no tenían la convicción de ejercer la investigación lingüística, ya que solo querían convertirse en maestros de colegio y uno que otro, engancharse en la docencia universitaria si la oportunidad se presentaba y si merecían el favor de algún catedrático que a la sazón ocupara un cargo importante mediante el cual decidiera su contratación en medio de oscuras componendas. Del lado de los literatos el panorama era menos tenebroso, pero al menos, teníamos el consuelo de que los mejores profesores, al menos la minoría mayoritaria o la mayoría moral, estaban en nuestra especialidad. Goyo Torres acababa de regresar a la escuela luego de cursar la maestría de Literatura Latinoamericana en la UNSA y se notaba, aunque no me llegó a enseñar, que venía con un aire renovador; igualmente satisfactorio fue contar con José Gabriel Valdivia, nuestro amigo poeta, en cursos como el Taller de Poesía, y luego para los más jóvenes en Literatura Regional e Introducción a la teoría literaria. Como no recordar a la exigente y puntillosa Nardy Rosado en Lecturas Literarias, quien planteaba inteligentes preguntas de deducción en sus controles de lectura.
Posteriormente, Rosa Núñez se sumó a este equipo de profesores de Literatura en la Escuela de Literatura de la UNSA en Arequipa y conformaron, a trancas y barrancas, un grupo interesante que publicó sus investigaciones en la revista Apóstrofe dirigida por Willard Díaz. Aquel proyecto también contó con la participación de otros investigadores en Humanidades y Ciencias Sociales parte de ellos egresados de la primera y última maestría en Análisis del Discurso dictada en mi Escuela en 1999 y 2000, si la memoria no me falla, por profesores de la Escuela de Literatura de San Marcos.
Este recuento de mi paso por la UNSA no es simple evocación nostálgica, sino una manera de comparar lo que experimenté cuando fui estudiante y lo que vienen experimentando todos los estudiantes de la UNSA en estos precisos momentos. Cerca de tres meses de huelga indefinida de docentes pone en riesgo el año académico en la primera casa de estudios de Arequipa que, año tras año, se ve sumergida y devorada por la incapacidad de sus autoridades desde la cabeza hasta las instancias menores. Ver que en TV UNSA se promociona al Centro Preuniversitario de la Universidad que se prepara para el próximo proceso de admisión, o ver que la universidad anuncia las inscripciones para otro proceso, provoca hilaridad porque simple y llanamente, se trata de una vil estafa: ¿qué le ofrece realmente la UNSA a un joven postulante hoy en día? Huelgas, paros, tomas de locales, pérdida de tiempo, avance sobre la marcha en vacaciones mientras todos los demás están disfrutando de un merecido descanso. Por eso, no llama la atención que las filiales de universidades privadas como la Néstor Cáceres Velásquez de Juliaca, Alas Peruanas o la UTP por mencionar algunas, vean incrementada su población estudiantil, puesto que para algunos los padres de familia resulta cada vez más práctico pagar un poco más, pero ver que sus hijos avanzan.
¿Y qué del prestigio de la San Agustín? ¿la infraestructura? ¿la variedad de carreras que ofrece y la trayectoria de los docentes que la componen? El prestigio se diluye a través del tiempo si es que no hay con qué demostrar que aún está vigente. Ahora no es más que un espejismo en la memoria de nuestros padres y abuelos o sin ir tan lejos, en aquellos que fuimos estudiantes en los años 90. En los 80, la UNSA como todas las universidades públicas del país, atravesaba una crisis política que la arrastraba a la ingobernabilidad y el desorden. Las huelgas impedían que el año académico se desarrollara con normalidad y era frecuente que este se perdiera o retrasara más de la cuenta. Sin embargo, la ciudadanía seguía viendo con ojos de admiración y orgullo a los estudiantes agustinos, símbolo de protesta, inconformidad y rebeldía. Hoy ya no es más así. La ciudadanía quiere ver a sus hijos progresar en un ambiente en el que la discusión y el intercambio de ideas no obstaculice el aprendizaje y en el que la transparencia sea una práctica cotidiana y no una suerte de oasis en medio del desierto. La infraestructura de la UNSA es enorme en edificios, luce muy a la distancia, engorda la vista desde afuera: parques, jardines, un estadio imponente, amplios corredores (la Facultad de Filosofía y Humanidades es una casona antigua que contrasta muy bien con el espíritu que se vive fuera de las aulas, y, personalmente, me gusta más que el de San Marcos que luce como los pasillos del hospital Santa Rosa y que Letras y Humanidades de la PUCP que de tan pulcro que es no da ganas de estropear nada). Todo eso es la UNSA, pero nada de ello es suficiente si es que el recurso humano no está a la altura de las expectativas y ese es el verdaderon problema: docentes, administrativos y alumnos todos son cómplices en esta debacle.
Los catedráticos de la UNSA, salvo honradas excepciones, sienten que ya saldaron cuentas con los estudios y se conforman con lo que vienen repitiendo hace 20 o 30 años. La bibliografía de sus cursos sigue siendo la misma a excepción de algunas enmiendas que cada cierto tiempo hacen a su sílabo, pero más por una cuestión decorativa que por espíritu de renovación. Comenzando desde los concursos, tenemos que muchas veces se sabe quién va a ser nombrado o contratado con mucha antelación al veredicto final. Se sabe de las componendas que existen al interior de algunas facultades para favorecer a ciertos postulantes a la docencia a cambio de su adhesión política cuando ingresen a la universidad. De hecho que esta situación no ocurre en toda la universidad con la misma intensidad, pero ocurre y eso es ya un escándalo. Me preocupa por la gente honesta y preparada que se ve envuelta injustamente en esta situación y doy fe de que sí existen docentes empeñados en que esta huelga cese, que se mantienen en contacto con sus alumnos vía correo electrónico y que ven la manera de asignar tareas, lecturas o encuentros en la casa de algún profesor cuando la situación lo permite. Pero son lo menos, son héroes morales que solo pueden apelar a sus acciones para dejar constancia de que no comparten el sentir de los mediocres que consideran que solo por una cuestión monetaria pueden relegar las expectativas de varias generaciones de estudiantes que sí creen en la UNSA y en lo que representó para sus padres y abuelos. Esta no es la UNSA que hubieran querido ver Antonio Cornejo Polar, Francisco Mostajo, Víctor Andrés Belaúnde, Jose Luis Bustamante y Rivero u otros tantos intelectuales que egresaron de esta casa de estudios. Sin embargo, la gran mayoría de docentes se empecina en no levantar la huelga y seguir postergando a los estudiantes a unas vacaciones forzadas, situación que se ha venido repitiendo durante los últimos 4 años en la misma época: de setiembre a noviembre no trabajaban y entre enero y marzo "recuperaban" en tiempo récord lo anterior e igual percibían su sueldo. No tienen mucho que perder, el futuro para ellos es más reducido a medida que pasan los años, pero no es así para los estudiantes.
Al momento en que estoy terminando de actualizar este post, me he enterado de que desde este lunes la UNSA reinicia labores. Pero ello no nos debería complacer por completo, ya que seguramente, los profesores terminarán a trompicones el ciclo anterior durante el verano, mientras el resto de estudiantes de universidades particulares disfrute de las vacaciones como debería ser (Literatura en San Marcos no ha acatado la huelga y tampoco no todas las escuelas de la Federico Villarreal). Antes, Medicina de la UNSA solía ser la última facultad en plegarse a los paros y me consta que hacían todo lo posible para no detener su avance académico, lo cual le ganaba el respeto del resto de la comunidad agustina de la ciudadanía que le tiene especial afecto a los estudiantes de Medicina de la UNSA. Pero hoy ya no es así y todos los estudiantes, sin excepción, se han visto obligados a perder clases durante casi tres meses.
Los docentes de la UNSA se ganarían la adhesión de la ciudadanía y de los estudiantes respecto al justo pliego de reclamos que vienen elevando ante el Ejecutivo si existiera de su parte un compromiso con su labor como maestros. Pero ¿por qué tendríamos que apoyar a quienes abandonan a su suerte a los alumnos y contribuyen a la debacle progresiva de la universidad? Pensar que el problema de la UNSA es netamente económico, salarial, es equivocarse, porque si mañana mismo les homologaran el sueldo a los docentes de la UNSA estoy seguro que nada cambiaría porque se trata de un problema de actitud, de hábito, de formación. Un giro radical en el corto plazo lo veo complicado porque el cambio generacional es muy lento producto de las redes de poder constituidas por quienes se enquistan en cargos y deciden quién ingresa o no a la docencia universitaria con total prescindencia de méritos académicos. Pedirles a los docentes mediocres, que no son todos, que reformulen su postura es mucho pedir, pero invocar a los estudiantes a no ser cómplices de dicha mediocridad exigiendo y demandando una enseñanza de calidad, asistiendo a clases y fiscalizando a las autoridades es más viable.
Los estudiantes tienen la palabra.
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El cáncer de la universidad - Nicolás Lynch
30/10/09, 16:53 ¿Quién juzga al Tribunal de la Tele?
Sobre la independencia de los conductores de RBC y una desacertada pregunta
El último sábado, vi el programa que Ángel Ganoza y Mónica Cabrejos conducen en RBC: el Tribunal de la tele. La pregunta de la noche decía textualmente: "¿Le parece correcto que algunos conductores de TV utilicen sus programas para hacer apología a la homosexualidad?". Interesante pregunta si es que se pretendía establecer el grado de rechazo que existe en nuestra sociedad frente al tema de homosexualidad con la finalidad de criticar dicha actitud aunque fuera mayoritaria. SIn embargo, tal como fueron analizados los resultados (18% - Sí / 82% - NO) solo sirvió para respaldar la posición que Ganoza (me cuesta pensar que Mónica Cabrejos también la sostenga) y por supuesto Ricardo Belmont asumen frente a la participación de homosexuales en los medios de comunicación. Ambos dijeron al final antes del cierre musical, que "el pueblo ha hablado, ha dado su veredicto, y ello lo deberían considerar muchos conductores...", como si el criterio de la mayoría fuera suficiente para establecer una verdad, es decir, como si las mayorías estuvieran exentas de equivocarse. Este tipo de preguntas cerradas al televidente no deja espacio para analizar los matices o los problemas que contiene. Me recuerda a las descabelladas preguntas que se formulaban en La Ventana Indiscreta de Cecilia Valenzuela.
Buenas intenciones le sobran a Ángel Ganoza, pero no solo tiene que lidiar con las limitaciones propias de su impericia como conductor, sino con el afán intervencionista de Ricardo Belmont. Desde que Luis Alfonso Morey, primero, y Fernando Anchorena, segundo, dejaron RBC, al "hermanón" le cuesta convencerse de que el mayor obstáculo para el desarrollo de su canal es él mismo. No le bastó con forzar la salida de Hildebrandt, cuyo programa era el de mayor sintonía en RBC; no dudó en hacerlo para lucir disuesto ante el Congreso y servir como canal (en todos sentidos) para levantar la alicaída imagen de los parlamentarios (debería primero preocuparse por levantar la suya). Ahora que fue designado como reemplazo de Andrade en el congreso esta inquietud se ha revelado con mucha fuerza. En lugar de Hildebrandt, continúa conservando a los periodistas más leales (mejor dicho, más dóciles al pensamiento único errebecista) como Rafael Romero, encargado del análisis político.
Volvamos al punto anterior. La pregunta formulada al público televidente en ese programa del sábado es abiertamente discriminatoria y tendenciosa, además de que parte de un supuesto equivocado: la posibilidad de considerar incorrecta la apología a la homosexualidad supone también la posibilidad de considerar correcta o incorrecta la apología a la heterosexualidad. ¿Alguien en sus cabales podría preguntar si se considera correcto hacer apología a la muerte, injusticia, la envidia o el dolor; o incorrecto hacerla a la vida, solidaridad, justicia, felicidad o el amor?
La pregunta que alegremente leyó Ángel Ganoza a los televidentes ubica, según las definiciones académicas sobre apología, a la homosexualidad como una actividad censurable. La Real Academia nos ofrece, como siempre, definiciones neutrales y asépticas, usualmente desprovistas de ideología. Consigna para apología lo siguiente: "Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo". Hasta aquí no habría problema, en el sentido de que se podría hacer apología hacia causas nobles. El asunto es que tal apología tendría que estar enmarcada en un contexto adverso que la convierta en un acto controversial, es decir, si realizo una apología al amor, debo suponer que la situación que rodea tal apología considera al amor como un valor muy venido a menos. En otras palabras, se hace apología para defender o justificar una idea o a alguien (recordemos, sino, la Apología a Sócrates) que es controversial o que está en desventaja. Este es el sentido que le da el lenguaje jurídico al término "apología" al cual no desvincula de la noción de delito: "elogio o alabanza de hecho delictivo"; "(«defensa», «justificación») es un argumento generalmente escrito (aunque puede ser hablado), en el que se defiende, elogia o justifica a una persona, idea, acción o inacción que está usualmente bajo controversia y que es, o puede ser un delito. La aclaración formal de un problema, creencia u opinión". Una causa noble o legítima no tendría necesidad de justificarse, puesto que es en sí misma un valor que no lesiona la integridad humana. Solo tendría que hacerlo siempre y cuando vea amenazada su existencia. En consecuencia, ¿es lógico asumir la posibilidad de considerar incorrecta la homosexualidad o la heterosexualidad? ¿Es incorrecto un terremoto, un tsunami o una gripe?
La miseria periodística de un conductor fanatizado
Es frecuente que aquellos que enarbolan ideales nobles y los defiendan con entusiasmo transiten con facilidad hacia el lado oscuro. La línea divisoria entre el idealista y el fanático es muy tenue. Esto se agrava en la medida que estos individuos actúan convencidos de que lo que guía sus actos tiene como finalidad el bien común, es decir, que lo hacen por el bienestar del grupo. Ángel Ganoza está absolutamente convencido de que él encarna la cruzada moralista contra la TV basura; por ello, no duda en utilizar los mismos recursos repudiables que censura cuando critica a Magaly Medina. Señalar esto no significa estar a favor de esta periodista a la que, ciertamente, no se puede justificar en ninguna circunstancia; significa establecer lo contradictorio de una actitud que termina cometiendo lo mismo que critica. En su cruzada contra la TV basura, Ángel Ganoza ha sido partícipe de la misma al exhibir y exponer a su co-conductora a una situación incómoda. Observen Uds. como es que Mónica Cabrejos de una manera cordial y prudente le sugiere no propalar un video que podría comprometerla con una denuncia legal. A pesar de ello y en aras, nuevamente, de "lo que le gusta a la gente" Ganoza propaló el video. Muchas veces oí tanto de él como de Belmont que no les importaban las mediciones, sino la calidad de programas que producían. El argumento de que el gusto general manda fue muchas veces rebatido en sus intervenciones. A ello se agrega la ofensiva falta de solidaridad para con una compañera de trabajo, de quien es obvio que cometió una imprudencia al anunciar anteladamente que tenía un video con imágenes de otro personaje de la TV que levantarían escándalo (nuevamente, asumen que será un éxito escandaloso porque son fotografías de un joven con amistades gay). A mi parecer, Ganoza aprovechó la oportunidad para forzar la salida de la Cabrejos quien tiene más dominio de escena y quien le venía quitando protagonismo (no faltaban momentos tensos en los que se notaban abiertas discrepancias entre ambos). Rectificarse públicamente, no es cobardía ni falta de convicción, señor Ganoza, es un acto que enaltece a una persona y Ud. muchas veces lo ha exigido de Magaly. ¿Por qué no facilitó la rectificación de su co-conductora? ¿Por qué contra la voluntad de ella y Ud. propaló el video y forzó su retiro del programa? ¿Lo hizo realmente porque la gente lo pedía (algo que siempre criticó) o para deshacerse de la Cabrejos? ¿Por qué no pregunta a los televidentes si prefieren que vuelve Ok tv o que se quede RBC? ¿También propondrá que Belmont abandone el canal porque la gente así lo quiere? Solo Ud. lo sabe.
En fin, se trata de una más de las fallidas intervenciones de Ángel Ganoza en la cual se nota la injerencia de Ricardo Belmont, quien hace mucho debería dar un paso al costado si es que se da cuenta que él es el mayor obstáculo para el despegue de su canal. Sin embargo, resulta comprensible que periodistas como Rafael Romero y conductores como Ángel Ganoza laboren con él: la gente se junta por afinidad.
El último sábado, vi el programa que Ángel Ganoza y Mónica Cabrejos conducen en RBC: el Tribunal de la tele. La pregunta de la noche decía textualmente: "¿Le parece correcto que algunos conductores de TV utilicen sus programas para hacer apología a la homosexualidad?". Interesante pregunta si es que se pretendía establecer el grado de rechazo que existe en nuestra sociedad frente al tema de homosexualidad con la finalidad de criticar dicha actitud aunque fuera mayoritaria. SIn embargo, tal como fueron analizados los resultados (18% - Sí / 82% - NO) solo sirvió para respaldar la posición que Ganoza (me cuesta pensar que Mónica Cabrejos también la sostenga) y por supuesto Ricardo Belmont asumen frente a la participación de homosexuales en los medios de comunicación. Ambos dijeron al final antes del cierre musical, que "el pueblo ha hablado, ha dado su veredicto, y ello lo deberían considerar muchos conductores...", como si el criterio de la mayoría fuera suficiente para establecer una verdad, es decir, como si las mayorías estuvieran exentas de equivocarse. Este tipo de preguntas cerradas al televidente no deja espacio para analizar los matices o los problemas que contiene. Me recuerda a las descabelladas preguntas que se formulaban en La Ventana Indiscreta de Cecilia Valenzuela.
Buenas intenciones le sobran a Ángel Ganoza, pero no solo tiene que lidiar con las limitaciones propias de su impericia como conductor, sino con el afán intervencionista de Ricardo Belmont. Desde que Luis Alfonso Morey, primero, y Fernando Anchorena, segundo, dejaron RBC, al "hermanón" le cuesta convencerse de que el mayor obstáculo para el desarrollo de su canal es él mismo. No le bastó con forzar la salida de Hildebrandt, cuyo programa era el de mayor sintonía en RBC; no dudó en hacerlo para lucir disuesto ante el Congreso y servir como canal (en todos sentidos) para levantar la alicaída imagen de los parlamentarios (debería primero preocuparse por levantar la suya). Ahora que fue designado como reemplazo de Andrade en el congreso esta inquietud se ha revelado con mucha fuerza. En lugar de Hildebrandt, continúa conservando a los periodistas más leales (mejor dicho, más dóciles al pensamiento único errebecista) como Rafael Romero, encargado del análisis político.
Volvamos al punto anterior. La pregunta formulada al público televidente en ese programa del sábado es abiertamente discriminatoria y tendenciosa, además de que parte de un supuesto equivocado: la posibilidad de considerar incorrecta la apología a la homosexualidad supone también la posibilidad de considerar correcta o incorrecta la apología a la heterosexualidad. ¿Alguien en sus cabales podría preguntar si se considera correcto hacer apología a la muerte, injusticia, la envidia o el dolor; o incorrecto hacerla a la vida, solidaridad, justicia, felicidad o el amor?
La pregunta que alegremente leyó Ángel Ganoza a los televidentes ubica, según las definiciones académicas sobre apología, a la homosexualidad como una actividad censurable. La Real Academia nos ofrece, como siempre, definiciones neutrales y asépticas, usualmente desprovistas de ideología. Consigna para apología lo siguiente: "Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo". Hasta aquí no habría problema, en el sentido de que se podría hacer apología hacia causas nobles. El asunto es que tal apología tendría que estar enmarcada en un contexto adverso que la convierta en un acto controversial, es decir, si realizo una apología al amor, debo suponer que la situación que rodea tal apología considera al amor como un valor muy venido a menos. En otras palabras, se hace apología para defender o justificar una idea o a alguien (recordemos, sino, la Apología a Sócrates) que es controversial o que está en desventaja. Este es el sentido que le da el lenguaje jurídico al término "apología" al cual no desvincula de la noción de delito: "elogio o alabanza de hecho delictivo"; "(«defensa», «justificación») es un argumento generalmente escrito (aunque puede ser hablado), en el que se defiende, elogia o justifica a una persona, idea, acción o inacción que está usualmente bajo controversia y que es, o puede ser un delito. La aclaración formal de un problema, creencia u opinión". Una causa noble o legítima no tendría necesidad de justificarse, puesto que es en sí misma un valor que no lesiona la integridad humana. Solo tendría que hacerlo siempre y cuando vea amenazada su existencia. En consecuencia, ¿es lógico asumir la posibilidad de considerar incorrecta la homosexualidad o la heterosexualidad? ¿Es incorrecto un terremoto, un tsunami o una gripe?
La miseria periodística de un conductor fanatizado
Es frecuente que aquellos que enarbolan ideales nobles y los defiendan con entusiasmo transiten con facilidad hacia el lado oscuro. La línea divisoria entre el idealista y el fanático es muy tenue. Esto se agrava en la medida que estos individuos actúan convencidos de que lo que guía sus actos tiene como finalidad el bien común, es decir, que lo hacen por el bienestar del grupo. Ángel Ganoza está absolutamente convencido de que él encarna la cruzada moralista contra la TV basura; por ello, no duda en utilizar los mismos recursos repudiables que censura cuando critica a Magaly Medina. Señalar esto no significa estar a favor de esta periodista a la que, ciertamente, no se puede justificar en ninguna circunstancia; significa establecer lo contradictorio de una actitud que termina cometiendo lo mismo que critica. En su cruzada contra la TV basura, Ángel Ganoza ha sido partícipe de la misma al exhibir y exponer a su co-conductora a una situación incómoda. Observen Uds. como es que Mónica Cabrejos de una manera cordial y prudente le sugiere no propalar un video que podría comprometerla con una denuncia legal. A pesar de ello y en aras, nuevamente, de "lo que le gusta a la gente" Ganoza propaló el video. Muchas veces oí tanto de él como de Belmont que no les importaban las mediciones, sino la calidad de programas que producían. El argumento de que el gusto general manda fue muchas veces rebatido en sus intervenciones. A ello se agrega la ofensiva falta de solidaridad para con una compañera de trabajo, de quien es obvio que cometió una imprudencia al anunciar anteladamente que tenía un video con imágenes de otro personaje de la TV que levantarían escándalo (nuevamente, asumen que será un éxito escandaloso porque son fotografías de un joven con amistades gay). A mi parecer, Ganoza aprovechó la oportunidad para forzar la salida de la Cabrejos quien tiene más dominio de escena y quien le venía quitando protagonismo (no faltaban momentos tensos en los que se notaban abiertas discrepancias entre ambos). Rectificarse públicamente, no es cobardía ni falta de convicción, señor Ganoza, es un acto que enaltece a una persona y Ud. muchas veces lo ha exigido de Magaly. ¿Por qué no facilitó la rectificación de su co-conductora? ¿Por qué contra la voluntad de ella y Ud. propaló el video y forzó su retiro del programa? ¿Lo hizo realmente porque la gente lo pedía (algo que siempre criticó) o para deshacerse de la Cabrejos? ¿Por qué no pregunta a los televidentes si prefieren que vuelve Ok tv o que se quede RBC? ¿También propondrá que Belmont abandone el canal porque la gente así lo quiere? Solo Ud. lo sabe.
En fin, se trata de una más de las fallidas intervenciones de Ángel Ganoza en la cual se nota la injerencia de Ricardo Belmont, quien hace mucho debería dar un paso al costado si es que se da cuenta que él es el mayor obstáculo para el despegue de su canal. Sin embargo, resulta comprensible que periodistas como Rafael Romero y conductores como Ángel Ganoza laboren con él: la gente se junta por afinidad.
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25/10/09, 23:27 Incursión culinaria #1
Este fin de semana salí a comer y ya que nuestra comida peruana es cada vez más reconocida por propios y extraños, pensé en fotografiar los platos que me han dejado satisfecho al punto de que vuelvo constantemente, tal como tal vez a Uds. les sucede cuando hallan algún "huequito". Alguna vez Carlos Cacho dijo algo inteligente: "en el Perú, con 5 lucas se come bien en cualquier huarique". Por ello, recomiendo ir a estos restaurantes. En adelante, comprometo a publicar más fotos tanto de los sitios recomendables como de los que sugeriría no ir nunca (los cuales son muchos). Estas fotos son muy artesanales, nada artísticas, solo pretenden retratar la inmediatez del momento.
Parrillada Presidente: chuleta de cerdo, filete de res y pechuga de pollo a la parrilla. Viene acompañada de una porción abundante de papas fritas y otro plato igualmente abundante en de ensalada. Esquina de la cuadra 14 de la Av. Arenales - Lince. (Grato descubrimiento de salida dominguera)



Combinado de cebiche y arroz con mariscos. Deliciosa combinación que puede ser bien acompañada por una Inka Kola helada. Restaurant "A lo macho", esquina de Av. La Mar con Universitaria - San Miguel. (todos los domingos me apunto con el mismo plato con la Inca Kola de rigor)

Jugo de fresa con leche.Restaurant "Benny´s". Frente al Hospital Rebagliatti. (No tiene nada que envidiarle a Frutix).

Parrillada Presidente: chuleta de cerdo, filete de res y pechuga de pollo a la parrilla. Viene acompañada de una porción abundante de papas fritas y otro plato igualmente abundante en de ensalada. Esquina de la cuadra 14 de la Av. Arenales - Lince. (Grato descubrimiento de salida dominguera)



Combinado de cebiche y arroz con mariscos. Deliciosa combinación que puede ser bien acompañada por una Inka Kola helada. Restaurant "A lo macho", esquina de Av. La Mar con Universitaria - San Miguel. (todos los domingos me apunto con el mismo plato con la Inca Kola de rigor)

Jugo de fresa con leche.Restaurant "Benny´s". Frente al Hospital Rebagliatti. (No tiene nada que envidiarle a Frutix).

16/10/09, 23:34 La muerte de un artista

La muerte de un artista suele ser motivo para rendirle un merecido homenaje. En lo que va del año, sobran motivos para escribir semblanzas sobre aquellos personajes que han llenado parte de nuestras vidas con lo mejor que supieron hacer: mostrarse tal como son a través de su arte. A medida que avanza este año, la lista de celebridades que son objeto de un homenaje póstumo, que da cuenta de su trayectoria, va en aumento. Dependiendo del momento y del lugar donde los sorprendió la muerte, la cobertura establece jerarquías, discrimina y selecciona el interés de la opinión pública acerca de tal o cual personaje.
No es lo mismo que Farrah Fawcett partiera de este mundo luciendo su blonda cabellera de Ángel de Charlie en los 80's que ahora a finales de la primera década del siglo XXI víctima de cáncer; que Michael Jackson mientras luchaba por recuperar el brillo de su carrera, con el rostro cayéndosele a pedazos, a diferencia de hace 25 años cuando todo el mundo se rendía ante su paso lunar; que Patrick Swayze cantando y bailando en Dirty dancing o interpretando al nostálgico fantasma enamorado en Ghost, en contraste con el hombre que hasta hace unas semanas luchaba contra el cáncer al mismo tiempo que sacaba fuerzas para seguir actuando en la serie The Beast; de un Mario Benedetti, a quien la muerte llamó en el ocaso de su vida y no cuando escribía versos sinceros y transparentes al amor, a las mujeres y a la vida misma en la flor de juventud madura; de Alicia Delgado, cuyo asesinato no hubiera cubierto tantas primeras planas en la prensa si hubiera tenido lugar cuando era una modesta empleada doméstica y no la Princesa del folklore que se ganó la admiración de tanta gente; de Marco Antonio, un discreto estilista de belleza convertido en exitoso empresario, también asesinado cuando disfrutaba de la fama y el glamour de las celebridades que lo rodeaban; que una Mercedes Sosa en el apogeo de la nueva canción latinoamericana, exilida, perseguida política, que décadas después cuando la canción protesta no le dice mucho o muy poco a las nuevas generaciones. La semana pasada le tocó el turno Arturo "Zambo" Cavero, cuya muerte despertó del letargo a los seguidores de la música criolla peruana. Tal cual parece, la muerte imprime a la fama un aura particular, ya que la desaparición de un artista en la cúspide de su carrera, lo eterniza para la posteridad, o tal vez, devuelve el protagonismo a una figura olvidada. A veces, la muerte retorna la fama perdida a un ser entrañable, quien, a pesar de su decadencia, siempre ocupará un lugar especial en el corazón del pueblo.
Recuerdo que para un partido entre Perú y Argentina en Lima por las eliminatorias para el mundial de EEUU, César Luis Menotti, el recordado "filósofo del fútbol" que dirigiera a la selección argentina campeona del mundo en 1978, llegó a nuestra ciudad para comentar este encuentro. El marco era espectacular; como siempre la sufrida hinchada peruana colmó las graderías del Estadio Nacional. Durante la previa, Óscar Avilés y el Zambo Cavero, guitarra y cajón respectivamente, deleitaron a la afición con canciones interpretadas con mucho sentimientos, las cuales nos convencían de que ser peruano es motivo de orgullo.
Perú y Argentina empataron sin hacerse daño en un partido marcado por la apatía entre ambos seleccionados. Del lado peruano, no se entendía cómo esa energía que el maestro Avilés y el Zambo Cavero transmitieron a todos los presente, se esfumó en cuanto dejaron el seleccionado dejó de oírla durante el juego. Curiosas circunstancias las de la semana pasada: Argentina y Perú vuelven a encontrarse, pero esta vez en Buenos Aires después de los sentidos fallecimientos del Zambo Cavero y de la Negra Sosa, dos iconos de la música popular en sus países. Al final del partido, Menotti subrayó que lo mejor del encuentro fue la presentación de Avilés y el Zambo Cavero.
El año pasado, navegando por Internet, encontré un video en Youtube en el que Homero del Perú interpretaba el conocido vals de Augusto Polo Campos, "Cada domingo a las doce". Se trataba de una interpretación muy emotiva y singular de este cantante peruano quien posee un dominio de escena impecable, acompañado de un potente registro vocal, cualidades ante las cuales difícilmente puede sustraerse un auditorio. El video data de 1997 y fue realizado en los estudios del desaparecido programa "Mediodía criollo" en cuya primera etapa era conducido por Ellen Burhum, cantante peruana de ascendencia alemana. Luego de verlo una y otra vez, leí los comentarios y uno de ellos destacaba las cualidades vocales e interpretativas de Homero, pero, a su modo de ver, le parecía mejor la versión del Zambo Cavero porque aunque este no se movía ni poseía el desenvolvimiento escénico de Homero, su voz era más sentida y cadenciosa.
Participar brevemente en este debate virtual en favor de la absoluta libertad de interpretación fue mi más cercana aproximación a la obra del Zambo Cavero. Anteriormente, todos los peruanos fuimos testigos del aprecio que el presidente García sentía por el cantante criollo cuando lo invitó a formar parte de su estrategia de campaña a la presidencia en las dos últimas elecciones. Sin embargo, el Zambo supo mantenerse prudentemente distante de la política, lo suficiente como mantener una buena amistad con el actual presidente.
Cuando muere un hombre, parte de la humanidad muere con él, sobre todo cuando su imagen concentró la admiración de varias generaciones. Condolerse por el sufrimiento ajena es un signo de humanidad, porque, de esa manera, damos fe de que somos capaces de experimentar lo que siente el otro, es decir, de que hay algo de nosotros en él y viceversa. Prueba de ello ha sido la gran cantidad de personas que espontáneamente asistieron a los homenajes y que siguieron el cortejo fúnebre que conducía los restos del gran Arturo "Zambo" Cavero. Las intensidad de las emociones que despierta en la sociedad la muerte de un artista es un signo del reconocimiento de nuestra dignidad como seres humanos; lo contrario, la indiferencia, no es más que inhumanidad. Todos aquellos que ya no están también se llevaron algo de nosotros, pero después de su partida y al recordarlos, nos dieron la oportunidad de reconocernos en nuestros semejantes. Grande o pequeño, famoso u olvidado, la muerte de un artista siempre será una gran pérdida.
09/10/09, 18:13 ¿Qué premia realmente el Nobel de Literatura?
Cuando la ceguera es síntoma de distinción.
Mario Vargas Llosa señaló en diversas oportunidades que no haber obtenido el Premio Nobel de Literatura era para él una distinción, puesto que se sentía "muy bien acompañado" por aquellas grandes figuras de la literatura mundial que, muchos no nos explicamos por qué, no fueron distinguidos con este premio por la Academia Sueca. Vargas Llosa se refería a escritores como Tolstoi, Marcel Proust o Borges, a quienes ningún crítico literario podría mezquinarles algún elogio y que, de estar vivos, no necesitarían justificar ante ninguna instancia académica el merecimiento de algún galardón; más bien quienes los ignoraran deberían justificarse ante la historia por tamaño descuido. Esta ha sido una de las críticas más reiteradas contra la Academia Sueca que, año tras año, emite un veredicto que tiene el poder de consolidar la carrera de un escritor hasta ese momento desconocido, convertirlo en best seller y sacarlo del anonimato y otorgarle un protagonismo planetario que lo eleva por encima de la victoria moral que ha significado dedicarse a un oficio tan errático como el de ser escritor.
Año tras año, durante las semanas previas al anuncio, la crítica especializada baraja a algunos posibles candidatos, en cuyas listas casi siempre figuran escritores que la crítica considera imprescindibles por su calidad literaria, pero que, a menudo, son ignorados por completo por la Academia Sueca. Esto sucede porque los patrones en los que se basa esta institución son diametralmente opuestos a los de la crítica. El Premio Nobel, en todas sus categorías, es un premio humanístico que pretende galardonar, en primer lugar, la trayectoria vital de un individuo quien, desde su especialidad, haya aportado al beneficio de la humanidad. Es decir, lo singular de cada producción intelectual no es tan importante como el conjunto de ella, aunado a la figura que como intelectual posee el posible candidato: reconocimiento de su comunidad, ascedencia sobre la opinión pública y, aunque no quieran reconocerlo, filiación política. En las ciencias físicas y químicas, por supuesto que es muy importante el descubrimiento y los aportes a la humanidad, tanto como el individuo que hace posible su realización; sin embargo, en una disciplina artística como la Literatura, lo que ha sucedido en las últimas décadas es que aquellos que tienen a su cargo la elección del premio que para muchos equivale a elegir al mejor escritor del mundo han antepuesto las cualidades personales del candidato a los merecimientos estrictamente literarios vinculados con su obra. Tal es así que cuando la crítica señala que el próximo Nobel de Literatura debería ser otorgado a un escritor como Mario Vargas Llosa, la Academia Sueca decide otorgarlo a otro escritor que fuera de su comunidad o del circuito europeo es un completo desconocido, pero, luego del premio, es asediado por megacorporaciones editoriales que pondrán en circulación su obra por todos los rincones más rentables del planeta.

Un escritor como Mario Vargas Llosa no tiene nada que demostrarle a ningún crítico o institución académica mundial. Es más, si los miembros de la Academia Sueca consideran que aún no lo merece porque le falta una obra maestra, pues se equivocan rotundamente: ¿Cuál fue la obra maestra de Gabriela Mistral? ¿Qué vieron literariamente hablando en Orhan Pamuk, Imre Kertezs o Herta Müller por mencionar a algunos ejemplos, que no estuviera presente en las novelas del escritor peruano? Alfredo Bryce Echenique cuenta que una vez tuvo la oportunidad de conversar con uno de los integrantes de la Academia Sueca en quienes recae la responsabilidad de elegir al Nobel de Literatura. Conversaron acerca de la vida y obra de Julio Cortázar ante lo cual el distinguido académico no dudo en agendar dicho nombre para evaluar la posibilidad de premiarlo al año siguiente. Bryce tuvo que señalarle en ese instante que el autor de Rayuela había fallecido hacía y algunos años. Esto motivo una jocosa reflexión en Bryce: ¿cómo unos señores que habitan en un país que muchos desconocen y que hablan un idioma poco conocido en el mundo pueden estar encargados de elegir a un escritor que después será conocido por todo el mundo?
En lo literario, estoy más que seguro, no vieron nada que no mereciera ser distinguido; lo que sucede es que al momento de valorar a Vargas Llosa pesa más el ensayista político-cultural que quincenalmente publica en El País de España, que el célebre novelista autor de La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo o La fiesta del chivo. Lo cual no es totalmente injusto, ya que Vargas Llosa conserva gran parte de su actualidad y vigencia a través de sus columnas de opinión. (No en vano, bastó un artículo suyo para pulverizar la opinión del ministro de Defensa del Perú, Ántero Florez-Araoz, quien sostenía que los museos no eran útiles y obligar al actual gobierno aprista a retroceder sobre su negativa a implementar el Museo de la Memoria). También es cierto que Vargas Llosa suele incurrir en exabruptos imperdonables para un intelectual de su talla. Llamar a Evo Morales “ardilla trepadora” o burlarse de su peinado tipo “fraile campanero” seguramente fueron frases que, traducidas al ignoto sueco, chirriaban de tal manera en las mentes de los ilustres académicos nórdicos que los obligaba a pensar más de dos veces la posibilidad de otorgarle el Nobel de Literatura. A ello se agrega la lamentable postura asumida por Vargas Llosa luego de la invasión a Irak por parte de EEUU y Gran Bretaña. Desde su perspectiva, la invasión militar se justificaba porque derrocarían a un tirano como Sadam Hussein y, en consecuencia, de la ocupación militar surgiría la democracia. Hoy sabemos que esa no fue la premisa que guió el accionar de las tropas de ocupación y que llevar la democracia tampoco estuvo en su lista de prioridades.
Particularmente, considero que este fue un hecho que le restó puntos para la mirada progresista de la Academia Sueca que suele estimar mucho el reconocimiento que un intelectual tiene en su nación (después de que perdió las elecciones en el 90, Vargas Llosa criticó abiertamente al sector de la población que le negó el voto y cuando Fujimori dio un autogolpe de Estado, no dudo en exigir un bloqueo económico contra el Perú) y el lugar que ocupa en el concierto político-cultural mundial. A Vargas Llosa, muchas veces, injustamente, se le identifica con la derecha más reaccionaria o con el neoliberalismo capitalista más salvaje, cuando en realidad, se trata de un intelectual más fiel a sus convicciones éticas que a las ideológicas. Prueba de ello es que cuando muchos conservadores en el Perú esperaban apoyarse en él para denostar el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Vargas Llosa sorprendió a propios y extraños brindando su adhesión al informe la necesidad de su difusión.
¿Le quita el sueño a Vargas Llosa el Premio Nobel de Literatura? Él dice que no, pero a todos los que admiramos su trayectoria literaria, muy aparte de los yerros o aciertos como político, nos complacería tanto como el Oso de Oro de la Berlinale a La teta asustada, la Copa Sudamericana a Cienciano o la medalla de plata en Seúl para nuestro vóley, que por fin, la Academia Sueca haga justicia no solo con distinguir a Vargas Llosa, sino con premiar a la literatura peruana en su nombre, ya que, cuando se lo den a Mario, en realidad, se lo estarán dando a Arguedas, Ciro Alegría, Scorza, Ribeyro, Vallejo, Chocano, etc. De lo contrario, Mario puede sentirse muy bien acompañado por ellos.
Mario Vargas Llosa señaló en diversas oportunidades que no haber obtenido el Premio Nobel de Literatura era para él una distinción, puesto que se sentía "muy bien acompañado" por aquellas grandes figuras de la literatura mundial que, muchos no nos explicamos por qué, no fueron distinguidos con este premio por la Academia Sueca. Vargas Llosa se refería a escritores como Tolstoi, Marcel Proust o Borges, a quienes ningún crítico literario podría mezquinarles algún elogio y que, de estar vivos, no necesitarían justificar ante ninguna instancia académica el merecimiento de algún galardón; más bien quienes los ignoraran deberían justificarse ante la historia por tamaño descuido. Esta ha sido una de las críticas más reiteradas contra la Academia Sueca que, año tras año, emite un veredicto que tiene el poder de consolidar la carrera de un escritor hasta ese momento desconocido, convertirlo en best seller y sacarlo del anonimato y otorgarle un protagonismo planetario que lo eleva por encima de la victoria moral que ha significado dedicarse a un oficio tan errático como el de ser escritor.
Año tras año, durante las semanas previas al anuncio, la crítica especializada baraja a algunos posibles candidatos, en cuyas listas casi siempre figuran escritores que la crítica considera imprescindibles por su calidad literaria, pero que, a menudo, son ignorados por completo por la Academia Sueca. Esto sucede porque los patrones en los que se basa esta institución son diametralmente opuestos a los de la crítica. El Premio Nobel, en todas sus categorías, es un premio humanístico que pretende galardonar, en primer lugar, la trayectoria vital de un individuo quien, desde su especialidad, haya aportado al beneficio de la humanidad. Es decir, lo singular de cada producción intelectual no es tan importante como el conjunto de ella, aunado a la figura que como intelectual posee el posible candidato: reconocimiento de su comunidad, ascedencia sobre la opinión pública y, aunque no quieran reconocerlo, filiación política. En las ciencias físicas y químicas, por supuesto que es muy importante el descubrimiento y los aportes a la humanidad, tanto como el individuo que hace posible su realización; sin embargo, en una disciplina artística como la Literatura, lo que ha sucedido en las últimas décadas es que aquellos que tienen a su cargo la elección del premio que para muchos equivale a elegir al mejor escritor del mundo han antepuesto las cualidades personales del candidato a los merecimientos estrictamente literarios vinculados con su obra. Tal es así que cuando la crítica señala que el próximo Nobel de Literatura debería ser otorgado a un escritor como Mario Vargas Llosa, la Academia Sueca decide otorgarlo a otro escritor que fuera de su comunidad o del circuito europeo es un completo desconocido, pero, luego del premio, es asediado por megacorporaciones editoriales que pondrán en circulación su obra por todos los rincones más rentables del planeta.

Un escritor como Mario Vargas Llosa no tiene nada que demostrarle a ningún crítico o institución académica mundial. Es más, si los miembros de la Academia Sueca consideran que aún no lo merece porque le falta una obra maestra, pues se equivocan rotundamente: ¿Cuál fue la obra maestra de Gabriela Mistral? ¿Qué vieron literariamente hablando en Orhan Pamuk, Imre Kertezs o Herta Müller por mencionar a algunos ejemplos, que no estuviera presente en las novelas del escritor peruano? Alfredo Bryce Echenique cuenta que una vez tuvo la oportunidad de conversar con uno de los integrantes de la Academia Sueca en quienes recae la responsabilidad de elegir al Nobel de Literatura. Conversaron acerca de la vida y obra de Julio Cortázar ante lo cual el distinguido académico no dudo en agendar dicho nombre para evaluar la posibilidad de premiarlo al año siguiente. Bryce tuvo que señalarle en ese instante que el autor de Rayuela había fallecido hacía y algunos años. Esto motivo una jocosa reflexión en Bryce: ¿cómo unos señores que habitan en un país que muchos desconocen y que hablan un idioma poco conocido en el mundo pueden estar encargados de elegir a un escritor que después será conocido por todo el mundo?
En lo literario, estoy más que seguro, no vieron nada que no mereciera ser distinguido; lo que sucede es que al momento de valorar a Vargas Llosa pesa más el ensayista político-cultural que quincenalmente publica en El País de España, que el célebre novelista autor de La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo o La fiesta del chivo. Lo cual no es totalmente injusto, ya que Vargas Llosa conserva gran parte de su actualidad y vigencia a través de sus columnas de opinión. (No en vano, bastó un artículo suyo para pulverizar la opinión del ministro de Defensa del Perú, Ántero Florez-Araoz, quien sostenía que los museos no eran útiles y obligar al actual gobierno aprista a retroceder sobre su negativa a implementar el Museo de la Memoria). También es cierto que Vargas Llosa suele incurrir en exabruptos imperdonables para un intelectual de su talla. Llamar a Evo Morales “ardilla trepadora” o burlarse de su peinado tipo “fraile campanero” seguramente fueron frases que, traducidas al ignoto sueco, chirriaban de tal manera en las mentes de los ilustres académicos nórdicos que los obligaba a pensar más de dos veces la posibilidad de otorgarle el Nobel de Literatura. A ello se agrega la lamentable postura asumida por Vargas Llosa luego de la invasión a Irak por parte de EEUU y Gran Bretaña. Desde su perspectiva, la invasión militar se justificaba porque derrocarían a un tirano como Sadam Hussein y, en consecuencia, de la ocupación militar surgiría la democracia. Hoy sabemos que esa no fue la premisa que guió el accionar de las tropas de ocupación y que llevar la democracia tampoco estuvo en su lista de prioridades.
Particularmente, considero que este fue un hecho que le restó puntos para la mirada progresista de la Academia Sueca que suele estimar mucho el reconocimiento que un intelectual tiene en su nación (después de que perdió las elecciones en el 90, Vargas Llosa criticó abiertamente al sector de la población que le negó el voto y cuando Fujimori dio un autogolpe de Estado, no dudo en exigir un bloqueo económico contra el Perú) y el lugar que ocupa en el concierto político-cultural mundial. A Vargas Llosa, muchas veces, injustamente, se le identifica con la derecha más reaccionaria o con el neoliberalismo capitalista más salvaje, cuando en realidad, se trata de un intelectual más fiel a sus convicciones éticas que a las ideológicas. Prueba de ello es que cuando muchos conservadores en el Perú esperaban apoyarse en él para denostar el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Vargas Llosa sorprendió a propios y extraños brindando su adhesión al informe la necesidad de su difusión.
¿Le quita el sueño a Vargas Llosa el Premio Nobel de Literatura? Él dice que no, pero a todos los que admiramos su trayectoria literaria, muy aparte de los yerros o aciertos como político, nos complacería tanto como el Oso de Oro de la Berlinale a La teta asustada, la Copa Sudamericana a Cienciano o la medalla de plata en Seúl para nuestro vóley, que por fin, la Academia Sueca haga justicia no solo con distinguir a Vargas Llosa, sino con premiar a la literatura peruana en su nombre, ya que, cuando se lo den a Mario, en realidad, se lo estarán dando a Arguedas, Ciro Alegría, Scorza, Ribeyro, Vallejo, Chocano, etc. De lo contrario, Mario puede sentirse muy bien acompañado por ellos.
07/10/09, 13:04 Adiós a Mercedes Sosa
"Cuando tenga la tierra, la tendrán los maestros, los hacheros, los obreros..."
La primera vez que la oí tenía 11 años y no entendía qué le veían de interesante los cientos de asistentes a su concierto. La nueva canción latinoamericana no me decía nada aún. Tuve que esperar un par de años más para comprender a cabalidad lo que aquella generación de cantautores latinoamericanos deseaba transmitir con sus melodías y letras. "Gracias a la vida", "Volver a los 17", "Estrella azul", "Alfonsina y el mar", "Qué será, qué sera", "Cuando tenga la tierra" y tantas otras canciones de la Negra entrañable fueron ocupando viejas cintas que acomodaba en los cajones de mi mesa de noche. La calidad del sonido era lo de menos, lo más importante era disfrutar de la canción y de las emociones que suscitaban en ese momento.
"Volver a los 17" fue una canción que particularme me marcó, toda vez que se trata de una edad en la que uno está seguro de que el mundo le pertenece, que tiene toda vida por delante y que nada es imposible. Después de muchos años, vuelvo a oírla por completo (son bastantes estrofas) en las voces de Mercedes y Milton Nascimento. Mis primeros acordes los aprendía al son de Silvio, Pablo y Mercedes con "Estrella azul".
Sin embargo, siempre me pregunté por qué Mercedes nunca se animó a componer temas propios y por qué se dedicaba a interpretar, eso sí con un sello muy personal, los temas de otros cantantes o autores a los que peremnizó e incluso prolongó su vigencia: Chico Buarque, Charly García, Fito Páez, León Gieco, Joaquín Sabina, Milton Nascimento y tantos otros compartieron sus temas y escenarios con esta mujer que se convirtió en un símbolo de la nueva canción latinoamericana.
Cuando aún no disfrutábamos de las ventajas del youtube o de las descargas gratuitas de música y hallar un original era una proeza y más todavía comprarlo, muchos nos conformábamos con intercambiar cintas y regrabar hasta donde el casete diera. Tengo impreso en mi memoria, aunque solo lo oí mas no lo vi, el concierto de "Silvio y Pablo en Argentina" donde también participara Mercedes; luego, otro gran concierto, el de Quito, "Todas las voces, todas" donde interpretó el tema que Chabuca Granda compuso al Puente de los Suspiros de Barranco. Era yo muy joven, pero muchos me hablaron del SICLA en 1986 al que vinieron Silvio y Pablo, allí también estuvo la Negra.
Al igual que muchos artistas que no se alinearon y que desde su arte combatieron las dictaduras, Mercedes se exilió en Europa luego de que en un concierto en La Plata fuera detenida en 1978 lo mismo que los asistentes. Volvería a la Argentina en 1982 después de que el gobierno militar cediera el paso a un gobierno civil.
Los 80 fueron una extensión de los 70, pero lo 90´s ya eran otra época. Las nuevas generaciones desconfiaban de las utopías y de los cambios sociales; la canción protesta no tenía la misma cantidad de seguidores que en antaño, pero ello no desanimó a Mercedes quien en esta década anónima obtuvo la consagración mundial. Andrea Bocelli, Luciano Pavarotti, Shakira, Sting, Tania Libertad, entre muchos más invitaron a Mercedes a grabar temas o compartir escenarios.
Estoy convencido de que cuando desaparece un hombre también desaparece con él una parte de todos los hombres. Y esto es más nítido cuando se trata de una persona que formó parte de una época y que concentró la admiración de varias generaciones en momentos muy críticos para su sociedad. En este año, nos han dejado grandes y pequeñas celebridades, seres humanos al final, a los que se une Mercedes. La muerte no distingue galardones ni hace jerarquías, pero coloca en la historia, en un lugar muy especial a quienes desde su arte entregaron todo por un ideal de cambio, a pesar de que las circunstancias no fueran las más propicias.
Vive por siempre, Mercedes, en tus canciones y en nuestra memoria.
SOLO LE PIDO A DIOS. MERCEDES SOSA Y LEÓN GIECO
TODO CAMBIA
CUANDO TENGA LA TIERRA - CONCIERTO EN MANAGUA, NICARAGUA
QUÉ SERÁ, QUÉ SERÁ. MERCEDES SOSA Y JULIA ZENKO
La primera vez que la oí tenía 11 años y no entendía qué le veían de interesante los cientos de asistentes a su concierto. La nueva canción latinoamericana no me decía nada aún. Tuve que esperar un par de años más para comprender a cabalidad lo que aquella generación de cantautores latinoamericanos deseaba transmitir con sus melodías y letras. "Gracias a la vida", "Volver a los 17", "Estrella azul", "Alfonsina y el mar", "Qué será, qué sera", "Cuando tenga la tierra" y tantas otras canciones de la Negra entrañable fueron ocupando viejas cintas que acomodaba en los cajones de mi mesa de noche. La calidad del sonido era lo de menos, lo más importante era disfrutar de la canción y de las emociones que suscitaban en ese momento.
"Volver a los 17" fue una canción que particularme me marcó, toda vez que se trata de una edad en la que uno está seguro de que el mundo le pertenece, que tiene toda vida por delante y que nada es imposible. Después de muchos años, vuelvo a oírla por completo (son bastantes estrofas) en las voces de Mercedes y Milton Nascimento. Mis primeros acordes los aprendía al son de Silvio, Pablo y Mercedes con "Estrella azul".
Sin embargo, siempre me pregunté por qué Mercedes nunca se animó a componer temas propios y por qué se dedicaba a interpretar, eso sí con un sello muy personal, los temas de otros cantantes o autores a los que peremnizó e incluso prolongó su vigencia: Chico Buarque, Charly García, Fito Páez, León Gieco, Joaquín Sabina, Milton Nascimento y tantos otros compartieron sus temas y escenarios con esta mujer que se convirtió en un símbolo de la nueva canción latinoamericana.
Cuando aún no disfrutábamos de las ventajas del youtube o de las descargas gratuitas de música y hallar un original era una proeza y más todavía comprarlo, muchos nos conformábamos con intercambiar cintas y regrabar hasta donde el casete diera. Tengo impreso en mi memoria, aunque solo lo oí mas no lo vi, el concierto de "Silvio y Pablo en Argentina" donde también participara Mercedes; luego, otro gran concierto, el de Quito, "Todas las voces, todas" donde interpretó el tema que Chabuca Granda compuso al Puente de los Suspiros de Barranco. Era yo muy joven, pero muchos me hablaron del SICLA en 1986 al que vinieron Silvio y Pablo, allí también estuvo la Negra.
Al igual que muchos artistas que no se alinearon y que desde su arte combatieron las dictaduras, Mercedes se exilió en Europa luego de que en un concierto en La Plata fuera detenida en 1978 lo mismo que los asistentes. Volvería a la Argentina en 1982 después de que el gobierno militar cediera el paso a un gobierno civil.
Los 80 fueron una extensión de los 70, pero lo 90´s ya eran otra época. Las nuevas generaciones desconfiaban de las utopías y de los cambios sociales; la canción protesta no tenía la misma cantidad de seguidores que en antaño, pero ello no desanimó a Mercedes quien en esta década anónima obtuvo la consagración mundial. Andrea Bocelli, Luciano Pavarotti, Shakira, Sting, Tania Libertad, entre muchos más invitaron a Mercedes a grabar temas o compartir escenarios.
Estoy convencido de que cuando desaparece un hombre también desaparece con él una parte de todos los hombres. Y esto es más nítido cuando se trata de una persona que formó parte de una época y que concentró la admiración de varias generaciones en momentos muy críticos para su sociedad. En este año, nos han dejado grandes y pequeñas celebridades, seres humanos al final, a los que se une Mercedes. La muerte no distingue galardones ni hace jerarquías, pero coloca en la historia, en un lugar muy especial a quienes desde su arte entregaron todo por un ideal de cambio, a pesar de que las circunstancias no fueran las más propicias.
Vive por siempre, Mercedes, en tus canciones y en nuestra memoria.
SOLO LE PIDO A DIOS. MERCEDES SOSA Y LEÓN GIECO
TODO CAMBIA
CUANDO TENGA LA TIERRA - CONCIERTO EN MANAGUA, NICARAGUA
QUÉ SERÁ, QUÉ SERÁ. MERCEDES SOSA Y JULIA ZENKO
27/09/09, 00:45 Piratas sin remordimiento

De no haber sido por las fotocopias, difícilmente hubiera sobrevivido al gasto que me representaba comprar libros originales para estudiarlos previo a un examen o simplemente por el placer de leerlos. De igual manera, no hubiera escuchado a mis bandas preferidas ni visto las películas que marcaron mis años de estudiante en una universidad pública. Si no fuera por la piratería musical, editorial o cinematográfica, mi experiencia cultural hubiera sido muy pobre. Si bien actualmente puedo darme el gusto de comprar un libro original y muy rara vez un disco o película originales, cuando la ocasión lo amerita, no tengo reparos en comprar un libro pirata. Solamente cuando se trata de un autor o libro que me interesa conservar y al cual le tengo una merecida consideración, espero y busco el original. Por ello, estoy en la capacidad de afirmar que mis gustos por la piratería son, la mayoría de las veces, directamente proporcionales con mi valoración del contenido sobre todo cuando la oferta de originales, al menos en películas es tan pobre y desfasada que basta con revisar unos cuantos escaparates en Crisol para salir corriendo al frente en la calle y comprar una película al gusto.
No obstante, no procedo igual cuando se trata de música o películas. Acabo de ver en un reportaje de Utero TV que varios de los visitantes al Festival de Cine de Lima 2009 aprovecharon la oportunidad para ir a Polvos Azules y revisar las películas que tal vez en sus países de origen son escasas o muy caras. Varias amistades me cuentan que en un stand de Polvos Azules, muy conocido entre los cinéfilos limeños por ofrecer películas selectas, ha sido visto Francisco Lombardi y otros cineastas nacionales, lo cual no me escandaliza. ¿Sería justo, entonces, llamarlos delincuentes como pretende convencernos la absurda campaña antipiratería previa a la proyección de una película?
Sobre este y otros asunto discute el cineasta peruano Alberto Durant en su reciente libro ¿Dónde está el pirata? Este libro constituye una crítica frontal contra la política antipiratería que se viene aplicando en nuestro país, la cual no es más que un reflejo de lo que sucede en EEUU y Europa, salvo que con resultados totalmente adversos. Durant sostiene que la piratería en realidad no lesiona los ingresos ni la propiedad intelectual del artista, escritor, o director, sino que atenta directamente contra los intereses económicos de las megacorporaciones de la industrial musical, editorial y cinematográfica quienes son los que realmente se benefician por los derechos adquiridos sobre la propiedad intelectual de los creadores.

Durant analiza los cambios que se suscitaron en el consumo de películas desde la aparición del Betamax de Sony hasta los recientes DVD, Blue Ray, Youtube y las descargas vía Internet, sobre todo enfocándolo en la realidad social peruana. El autor menciona el juicio que los principales estudios de Hollywood iniciaron contra Sony para impedir la comercialización del Betamax, luego de ocho años, en 1984 el tribunal supremo de los EEUU falla a favor de Sony (ya se lo venía comercializando desde antes) y a Hollywood no le quedó otra que adaptarse al nuevo escenario, lo que dio lugar a la renta de videos. Durant precisa que desde mediados de los ochenta cuando el Betamax se hizo masivo, era común encontrar copias piratas en establecimientos formales como Wong, Monterrey u otros, sin que nadie se escandalizara. Y es que el concepto de video original, a decir del autor, no existía. El VHS desplazó al Betamax y potenció aún más la cultura del consumo de home video con mayores ventajas para los consumidores: mayor cantidad de horas de grabación y notables mejoras en las reproductoras. Sin embargo, las casas de alquiler de video que habían proliferado como "la tienda de la esquina" gozaban de buena salud, pero tenían las horas contadas.
A mediados de los 90, poco a poco se instaló un nuevo concepto que justificaría el combate contra la piratería institucionalizada, consumida y preferida por los consumidores de películas que durante casi dos décadas disfrutaron sin reparos de sus películas preferidas: ahora tendrían que acostumbrarse a que se los llame delincuentes porque no consumían un producto original. Durant resalta el papel que desempeñaron las instituciones estatales y la presión ejercida desde la Embajada de los EEUU para fortalecer la lucha antipiratería, no tanto por un espíritu principista, sino para allanar el camino a Blockbuster. Y así fue; las casas de alquiler desaparecieron como los dinosaurios, los supermercados retiraron las copias de video, a la vez que los cines emblemáticos en Lima y provincias empezarían a agonizara ante la llegada de los multicines. Blockbuster en Lima consolidaba su monopolio.
A medida que pasaban los años, la tecnología jugaba en contra de los intereses económicos de las corporaciones cinematográficas. Ya bien entrados los 90 y próximo al segundo milenio, el DVD llegó para quedarse y de un zarpazo desplazó a la cinta VHS y de paso a las casas de alquiler de videos y a los cines tradicionales. Pero esta vez la furiosa revancha del consumidor fue letal porque tuvo como aliado a la tecnología que le facilitaba la copia casera de videos original y la descarga gratuita desde Internet de música y películas. El resultado fue que Blockbuster cerró sus tiendas en Perú e hizo maletas para nunca más volver. Es así que hoy tenemos El Hueco, Polvos Azules, Polvos Rosados y una variopinta oferta de películas piratas por doquier, muchas de ellas con una calidad de imagen tan nítida como el original, puesto que la tecnología digital del DVD lo permite. Salvo aquellas copias que se obtienen directamente capturando la imagen en el cine que son muy frecuentes, es posible hallar buenos videos.
El libro de Durant continúa luego desarrollando el tema de Internet y la piratería, y las componendas entre los productores de contenidos y los creadores de tecnología para no perjudicarse mutuamente. El escenario actual ha cambiado notablemente y obliga a unos y a otros a reajustar sus paradigmas para sobrevivir. El hecho de que actualmente estemos experimentando un "boom" de conciertos no es casual. En Europa algunas bandas regalan sus discos o autorizan la descarga gratuita como medio de publicidad, porque ello asegura una masiva asistencia al concierto donde realmente la disquera, producción y demás involucrados obtendrán jugosas ganancias.
Me agradó mucho de este libro el registro del lenguaje utilizado que, aunque se deja leer con mucha facilidad, no pierde en profundidad y claridad cuando desarrolla los temas propuestos. Durant no se queda en el mero diagnóstico de la realidad o en el balance y el dato estadístico, sino que asume una postura clara frente a la interrogante planteada como título: ¿quién es realmente el pirata? ¿quién nos ha conminado por décadas a consumir lo que no queremos? ¿quién se opone a que el consumidor ejecute plenamente su libertad de elección? ¿quién se beneficia o perjudica verdaderamente con la piratería? El autor las desarrolla con propiedad. Personalmente, considero que la respuesta a estas preguntas nos conducen a un solo lugar: el libre mercado lo es solo en la medida que los que controlan los medios y los modos de producción, incluida la industria cultural, aseguren sus ganacias. Su libertad de mercado consiste en condicionar lo que se compra y lo que se vende.
Sin embargo, la lección que nos dejan los consumidores, y que es recogida por Durant, es que tarde o temprano el consumidor puede sorprender al sistema desestabilizándolo desde adentro con los recursos que este ofrece. La tecnología brinda la facilidad de disponer de variedad información en tiempo real. ¿Vamos limitar tales ventajas?Está implícita entre las conclusiones de su investigación que solo la participación organizada de los consumidores podrá generar cambios que impidan la limitación de su esfera de decisión. Y es una idea con la que estoy plenamente de acuerdo porque la participación ciudadana es un aspecto fundamental de la democracia, tan venido a menos y tan malinterpretado como un acto de desobediencia, subversión o retorno al colectivismo.
Este es, a mi opinión, el aporte más importante del libro de Alberto Durant: el verdadero libre mercado es aquel en donde el consumidor tiene pleno derecho a elegir dónde, cómo y qué producto comprar. Asimismo, celebro su espíritu consecuente con el discurso que predica: este libro está colgado para que cualquier persona lo baje de Internet. Ahora solo falta que los inquisidores antipiratas censuren este libro como apología a la piratería. Gran favor que le harían a Durant. Al respecto, ¿habrán pensado los editores del libro de Abimael Guzmán aprovechar de Internet para llegar donde no podrán Aurelio Pastor ni los sabuesos aprofujiderechistas? Quién sabe; todo es posible en la dimensión desconocida.
A visitar el pasaje 18 de Polvos Azules!!!
ENTREVISTA A ALBERTO DURANT





