16/01/10 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Opinión
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El 24 de noviembre del 2009 se llevó a cabo el debate entre Sinesio López y Jaime de Althaus. El debate se refirió a las posturas e interpretaciones confrontadas que ambos peseen acerca de la dinámica de crecimiento económico vivida en el Perú en los últimos años.
Este debate tuvo como claro ganador a de Althaus, quien realmente revolcó a López. Pero ¿cómo lo hizo?
A lo largo de toda su exposición, de Althaus presentó una serie estudios y cifras que daban soporte a cada uno de sus argumentos. Lo que plantea centralmente es que durante los últimos años de crecimiento económico, gracias a las medidas neoliberales, se ha vivido en el Perú un capitalismo democratizador, que ha incluido en este crecimiento a sectores antes relegados, que articula diversos sectores de la economía y hace crecer el mercado interno. Todo lo cual se traduce en un constante incremento del bienestar de la población. Argumenta que si el modelo no ha conseguido mayores logros es debido a la ineficiencia del Estado en promover un mayor bienestar.
Frente a esto Sinesio López argumentó que lo que se vive es un capitalismo depredador, que ha constituido (como en el pasado) una economía de enclave que ocasiona la salida de la riqueza del país al extranjero, lo cual no beneficia a la mayoría de la población sino a un pequeño grupo ligado a las empresas transnacionales. Planteó que el enorme peso que tiene la explotación de minerales e hidrocarburos no genera ni empleo ni bienestar, ya que son actividades que no requieren mayor mano de obra al ser automatizadas. Así mismo, considera que una economía abierta con una fuerte presencia de capitales extranjeros produce una gran dependencia del exterior, lo que se ha visto con la crisis internacional.
Frente a esto de Althaus planteó que todos los argumentos de López eran mitos de la izquierda, que añoraban la época de la Industrialización por Sustitución de Importaciones, modelo que fracasó. Así, de Althaus demostró con estudios y cifras que cada uno de los argumentos de López estaban equivocados, y que más bien estas sostenían sus argumentos.
Ante esto, considero que la izquierda debe reestrucutrar su crítica anticapitalista. He escuchado a muchos miembros de la izquierda sostener las mismas ideas que López, muchas de ellas heredadas del paradigma dependentista de la década de 1970, quienes las esgrimen muchas veces (no siempre) sin tener mayor sustento. Asumiendo que las cifras presentadas por de Althaus sean verdaderas (lo cual es discutible) el capitalismo neoliberal en el Perú (bien que mal) estaría funcionando. Por ello, al considerarme yo mismo de izquierda, considero que la crítica a este modelo debe ser ontológica. Es decir una crítica al capitalismo como lo que es, una forma de organización social jerárquica y explotadora, que requiere de la extracción de plusvalía a muchos para el beneficio de pocos (sean individuos, grupos sociales, países o regiones enteras), sistema que en su versión tardía (en la que vivimos) trata a las personas no como tales, sino como consumidores en la búsqueda de mayores ganancias. Forma de organización social dentro de la cual las personas venden su fuerza de trabajo por un salario (que no representa el valor del trabajo producido, ya que parte de este es extraído por el capitalista) haciendo muchas veces labores que detestan para luego llegar a sus casas cansados y sin poder disfrutar de sus vidas. Llenando estos vacíos con programas de televisión, películas, videos musicales, que lo que buscan es que las personas sigan gastando su dinero en necesidades creadas y a través de los cuales se reproduce la idea de que esta forma de vivir es la mejor, “la más feliz”.
Por ello, si es que el modelo de “desarrollo” capitalista neoliberal está funcionando en sus términos (cosa que es discutible y mayores análisis deben ser realizados, la izquierda debe hacer estos análisis y si este modelo no funciona argumentarlo no solo con ideas sino también con estudios y cifras que sustenten estos argumentos) la izquierda debe colocar en el debate si lo que queremos es una sociedad como la descrita, o si deseamos un mundo nuevo.
01/10/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría General
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Adolfo Palacios Llaque
Se desarrolló, en la ciudad de Buenos Aires del 31 de agosto al 4 de septiembre del presente año, el XXVII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). Evento que congregó a la comunidad académica latinoamericana de Ciencias Sociales, y donde se discutió los diferentes procesos por los que atraviesa la región, así como los diversos esfuerzos que buscan interpretarlos. Dentro de estas reflexiones, hubo dos grupos de trabajo y varias ponencias que trataron el tema de los conflictos, las movilizaciones y los movimientos que han surgido en los últimos años en América Latina. Es así, que el presente artículo busca dar cuenta brevemente de estas reflexiones.
El grupo de trabajo Nº20, llamado
Sociedad Civil: protestas y movimientos sociales, trató sobre todo procesos urbanos. Es así que Javier Moreira, Carlos La Serna y Leticia Echavarri en su ponencia
Desafíos y tensiones para la consolidación del movimiento de economía social: el caso de la provincia de Córdoba, nos hablan que luego de la crisis que vivió Argentina en el 2001, la economía en la ciudad de Córdoba(1) se recuperó gracias a lo que denominaron “redes sumergidas informales” de economía solidaria formadas por las clases medias y los obreros. Estas redes se agruparon en dos tipos: autónomas, de trabajadores asamblearistas; y las inducidas por el Estado, articuladas de alguna manera al sistema partidario. Marcela Alejandra Parra en su ponencia
La lucha por el trabajo: experiencias colectivas de trabajo en Córdoba también nos habla de este proceso. El cual supuso ante el cierre de fábricas durante la crisis del 2001, no solo la recuperación de las mismas por parte de los trabajadores, sino también la creación de hospitales autónomos. Todo ello en busca de afrontar la crisis.
En otra ponencia, denominada
El nuevo sujeto urbano en Santiago de Chile en el umbral del bicentenario: grupos de vecinos en defensa de su barrio, Eduardo Cantero Gormaz plantea que debido al acuerdo entre el gobierno y las empresas en Chile de convertir Santiago en una “ciudad de clase mundial”, atractiva para las corporaciones internacionales y con un alto nivel de vida; se está dando un proceso de transformación de los barrios en la capital chilena, en donde casas de uno o dos pisos han desaparecido para dar lugar a edificios de 20 pisos o más, lo cual a su vez produce la desaparición de espacios públicos. Frente a esto, han surgido grupos de vecinos organizados que se enfrentan y oponen a este proceso. A estos grupos Cantero los denomina como nuevo sujeto urbano, levantan un discurso, poseen un relato identitario, y tienen un carácter performativo; es decir los grupos (el nuevo sujeto urbano) se van construyendo en la acción: en las protestas, en los festivales, en las comidas, etc.
Se habló también de los casos de México y Uruguay. En el primero, se planteó que antes del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y otros movimientos de este tipo, el partido de gobierno controlaba los movimientos sociales bajo redes clientelistas. Luego, ante la inexistencia de canales institucionales para encausar las demandas de la población se crearon consejos consultivos, los cuales en realidad no funcionaban ya que se crearon sin una relación real con las políticas públicas. De esta forma, aumentaron las brechas entre la “sociedad” y el Estado. En el caso de Uruguay, los movimientos sociales se encuentran subordinados a los partidos políticos, sin haber liderazgos dentro de ellos. Es así que toda lucha reivindicativa es institucional, es decir que existen los canales institucionales para encauzar las demandas, y estos funcionan (a diferencia de México).
Por otro lado, en el grupo de trabajo Nº27, llamado
Movimientos campesinos e indígenas en América Latina, se trató las diversas movilizaciones y movimientos indígenas de los últimos años. Luis Hocsman y Javier Yudi en su ponencia
Entre lo étnico y lo exótico, entre lo práctico y lo discursivo, nos hablan de los movimientos indígenas guaraníes del norte argentino, los cuales plantean una reivindicación de su territorio como parte de su propia identidad. Se habló, por otro lado, del movimiento cocalero boliviano, que si bien muchas veces es sindicado por la academia como un movimiento étnico, se planteó que este no posee un discurso de este tipo ni que sus miembros consideran sus organizaciones como indígenas; sino más bien las consideran sindicales. También se habló del caso mexicano, en el cual se clasificó a los movimientos rurales de tres formas: como organizaciones políticas (ligadas a los partidos), como organizaciones sociales (desligadas en cierta medida de los partidos), y como organizaciones neo-revolucionarias indígenas, como es el caso del EZLN.
Durante el panel
Depredación de recursos naturales y conflicto ecológico, Maristella Esvampa habló sobre el caso de Bagua. Lo enmarcó en una trayectoria histórica de minería de enclave y de asociación de capitales transnacionales con capitales nacionales -en América Latina en general y en el Perú en particular- que busca la explotación sin freno de los recursos naturales. Planteó que el modelo extractivo exportador y las medidas neoliberales, tanto como políticas como discurso, llevan consigo una perspectiva despectiva para con los pueblos originarios, así como una visión instrumental de los recursos naturales. Esvampa plantea que todo esto se encuentra en las tesis del Perro del Hortelano de Alan García. Sin embargo, considera que los sucesos de Bagua pusieron en jaque este modelo, algo que ni siquiera la CONACAMI había logrado en diez años de lucha contra la minería a cielo abierto.
A modo de conclusión, podemos decir que América Latina “está en movimiento”, es decir que a lo largo de toda la región las personas se siguen organizando para luchar por lo que consideran justo. Sea ante una situación de crisis económica o ante un Estado (asociado con el capital privado) que busca por la fuerza cambiar las condiciones de vida de las personas. Es así que podemos apreciar varias semejanzas entre procesos que se dan en otros países con aquellos que se dan en el Perú, por ejemplo las reivindicaciones por el territorio de los guaraníes argentinos con las reivindicaciones de los indígenas amazónicos en el Perú; el fracaso de los canales institucionales del Estado para encauzar las demandas sociales en México con el fracaso de estos canales en nuestro país; así como las luchas de los vecinos santiaguinos ante la destrucción de sus barrios con la lucha de los vecinos de Barranco en Lima. Una mirada a las semejanzas y diferencias de estos procesos en la región se hace indispensable para la interpretación de procesos de más largo aliento que trascienden las barreras nacionales.
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(1) La ciudad de Córdoba, ubicada en el centro de Argentina, es la segunda ciudad más poblada de este país detrás de Buenos Aires, con una población metropolitana de 1 378 000 habitantes (INDEC 2008).
25/08/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Teoría Social
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A continuación sintetizo los diversos elementos que constituyen la noción de proyecto político, y en este sentido también la noción de sujeto político. Espero que le sea útil a todo aquel que lleve acabo una investigación y/o que busque consolidar algún proyecto político democrático.
La noción de Proyecto Político designa los conjuntos de creencias, intereses, concepciones del mundo y representaciones de lo que debe ser la vida en sociedad, los cuales orientan la acción política de los diferentes sujetos. Esta noción, a su vez, tiene varias implicaciones:
1. El esfuerzo por enfatizar la intencionalidad como componente de la acción política, afirmando el papel del sujeto y de la agencia humana como dimensiones fundamentales de la política. Implica un horizonte más o menos abierto de posibilidades, estructurado culturalmente a través de las narrativas existentes, pero implicando también orientación, misión y vocación, esto es, un compromiso autoconsciente con un futuro transformable.
2. No se reducen a estrategias de actuación política, sino que expresan, vehiculan y producen significados que integran matrices culturales más amplias. Así, los distintos proyectos políticos al mismo tiempo que se anclan en configuraciones culturales existentes, también elaboran e introducen nuevos elementos. Tensionando y transformando el repertorio cultural de la sociedad.
3. Esta noción de proyecto político no se limita a formulaciones sistematizadas y abarcadoras como los proyectos partidarios, recubre una amplia gama de formatos en los cuales las representaciones, creencias e intereses se expresan en acciones políticas con distintos grados de explicitación y coherencia. La flexibilidad de la noción permite que sea capaz de dar cuenta de la multiplicidad y diversidad de los sujetos políticos y de sus diferentes formas de acción. Tal diversidad incluye sujetos más o menos estructurados, con un ámbito de actuación más local o más amplio, centrados en la institucionalidad política o en la transformación social o cultural.
4. Más allá de le heterogeneidad formal que asume la noción de proyecto, contiene además una diversidad interna en cuanto a las varias dimensiones que en ella están presentes.
Así los proyectos políticos son colectivos y se caracterizan fundamentalmente por su dimensión societaria, pues contienen visiones de lo que debe ser la vida en sociedad. El carácter distintivo que lo diferencia de otras nociones es su vinculación con la acción política, en el hecho de que los contenidos de un proyecto político orientan esta acción en las diversas formas que ella asume.
En los proyectos políticos, si bien la dimensión societaria es muy importante, estos estarán conformados siempre por combinaciones de una variedad de dimensiones, con énfasis y pesos variables en la configuración de cada uno. La identificación de la presencia de esas dimensiones y sus respectivos pesos puede permitirnos una comprensión más adecuada de los distintos proyectos y, especialmente, de la disputa que se traba entre ellos.
La noción de proyecto político apunta al proceso de síntesis entre identidades colectivas y personales, lo cual es necesariamente constitutivo de la elaboración de proyectos o “narrativas proyectivas”.
Por otro lado, la dimensión de clase tiene un lugar evidente y exhaustivamente estudiado como elemento constitutivo de los proyectos políticos. La posición de clase define un horizonte de intereses, vivencias, experiencias y cultura compartidos que crea las bases de potenciales proyectos específicos. Sin embargo, el compartir estos elementos no garantiza la existencia de proyectos políticos.
Toda esta gama de las diferentes dimensiones de los proyectos políticos, si bien constituye apenas una primera aproximación al tema, evidencia la complejidad y la variedad de los procesos de síntesis, de las combinaciones y negociaciones que pueden establecerse entre ellos.
El énfasis en las varias dimensiones y en la dinámica interna de los proyectos, en los procesos de síntesis y de múltiples combinaciones que de ella derivan, afirma también su carácter mutable, en continua y necesaria transformación. Una dinámica que se produce como resultante de procesos “internos”, que responden a transformaciones de sus portadores, como de las relaciones que los proyectos necesariamente establecen con sus interlocutores “externos”, sea que nos refiramos a las condiciones objetivas, recursos, oportunidades, que califican la realización de las intencionalidades, deseos y aspiraciones en ellos contenidas, o a los otros proyectos en disputa.
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*En: Para otra lectura de la disputa por la construcción democrática en América Latina. Dagnino, Olvera y Panfichi.
15/08/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Opinión
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La feria del libro acaba de terminar, espacio considerado por muchos de “difusión de cultura”. Sin embargo, lo que la feria constituye esencialmente es un espacio de reproducción de élites.
Pongámonos a pensar primero, quiénes tienen el capital económico para poder gastar su dinero en libros cuyo precio mínimo es de S/. 20. Es decir, dejar de gastar para satisfacer la canasta familiar, e ir a la feria a comprar libros. Me atrevo a decir que son quienes se ubican en los llamados niveles socio-económicos (NSE) Ay B.
Por otro lado, quiénes poseen el suficiente capital cultural para interpretar los textos especializados que se venden allí. Pues de nuevo las personas de los NSE A y B quienes han recibido en promedio mejor educación y durante más años que las personas de los demás NSE. Todo ello relacionado al capital económico y cultural de sus familias.
En este sentido, también debemos tener en cuenta consideraciones socio-espaciales. ¿Dónde estaba ubicada la feria del libro? Pues en el distrito de San Borja, ¿dónde estuvo ubicada en años anteriores? En el Jockey Plaza de Monterrico en Surco. Como vemos, la feria del libro ha estado siempre ubicada en dos de los distritos más pudientes de la llamada “Lima Moderna”, la cual a sí mismo aglutina a prácticamente todas las familias de NSE A y B. Al limitar la ubicación de la feria a estos espacios, se delimita el público a la cual está dirigida, ya que este asiste debido a sus representaciones socio-espaciales de la ciudad. Si soy de NSE Ay B y me muevo diariamente en la llamada Lima Moderna, la feria está ubicada dentro de lo que considero la ciudad. Sin embargo, si vivo en uno de los conos de Lima, donde se concentran la mayoría de familias de NSE C, D y E, muchas veces (ojo, no digo siempre) los espacios donde me desenvuelvo diariamente no son los de la llamada Lima Moderna, en este sentido mis representaciones socio-espaciales acerca de la ciudad me dicen que la feria está muy lejos, no solo espacialmente sino también de mi “posición de clase”.
Otro punto relevante es las fechas en la cual se realiza: en fiestas patrias. Y el lugar en el cual se realizó este año: en el vértice del Museo de la Nación, al lado de la Biblioteca Nacional. Estos dos elementos pueden ser interpretados en el sentido en que es el estado-nacional el que avala, difunde y quizá financia la feria. Es decir, el estado amparándose en los símbolos de la nación: fiestas patrias, museo y biblioteca, apoya este espacio elitizante, dirigido a quiénes considera sus verdaderos ciudadanos.
Es importante destacar la Feria del Libro realizada en el cono norte, la cual se realizó en el Mega Plaza. Pues bien, esta feria se realizó en el área conurbana de la ciudad de mayor crecimiento económico, ¿acaso el cono este y el sur no merecen también una feria?
Disculpen que no haya posteado desde hace un tiempo, volveré a hacerlo. Aquí les mando una carnecita, textos esenciales sobre Sociología de la Música. Unos pocos están en la biblioteca PUCP, otros están en la biblioteca vitual PUCP, en la sección E-brary. Otros no están, y tendrían que comprarlos por internet. Ahí les va:
The Infography about Sociology of Music:
Six Superlative Sources:
· Attali, Jacques. (1985, 1977). Noise: The Political Economy of Music. Translated by Brian Massumi; Foreword by Fredric Jameson; Afterword by Susan McClary. University of Minnesota Press.
· Bennett, Andy. (2001). Cultures of Popular Music. Open University Press.
· Blasi, Anthony, Fabio Dasliva, and David Dees. (1984). The Sociology of Music. University of Notre Dame Press.
· Dasliva, Fabio, and David Brunsma, eds. (1996). All Music: Essays on the Hermeneutics of Music. Ashgate Publishing.
· DeNora, Tia. (2000). Music in Everyday Life. University of Cambridge Press.
· Marcus, Greil. (1997). Mystery Train: Images of America in Rock 'n' Roll Music. 4th Revised Edition. Plume Books.
Other Excellent Sources:
· Adorno, Theodor W. (1976, 1962). Introduction to the Sociology of Music. Translated by E.B. Ashton. Seabury Press.
· Ballantine, Christopher. (1984). Music and Its Social Meanings. Gordon and Breach.
· Barthes, Roland. (1977). Image, Music, Text. Translated by Stephen Heath. Hill and Wang.
· Davis, Angela Y. (1999). Blues Legacies and Black Feminism: Gertrude "Ma" Rainey, Bessie Smith, and Billie Holiday. Vintage Books.
· Guillermoprieto, Alma. (1991). Samba. Vintage Departures.
· Hallam, Susan. (2001). The Power of Music. Performing Right Society.
· Hebdige, Dick. (1979). Subculture: The Meaning of Style. Methuen.
· Hebdige, Dick. (1987). Cut 'n' Mix: Culture, Identity and Caribbean Music. Comedia.
· Honigsheim, Paul. (1973). Sociologists and Music: An Introduction to the Study of Music and Society. Edited by K. Peter Etzkorn. Transaction Publishers.
· Keil, Charles. (1991). Urban Blues. University of Chicago Press.
· Malone, Bill C. (2002). Don't Get above Your Raisin': Country Music and the Southern Working Class. University of Illinois Press.
· Negus, Keith. (1996). Popular Music in Theory: An Introduction. Wesleyan University Press.
· Shepherd, John. (1991). Music as Social Text. Polity Press.
· Supicic, Ivo. (1987). The Sociology of Music. Pendragon Press.
· Waksman, Steve. (1999). Instruments of Desire: The Electric Guitar and the Shaping of Musical Experience. Harvard University Press.
· Weber, Max. (1958). The Rational and Social Foundations of Music. Translated by Martindale, Ridel, and Neuwirth. University of Southern Illinois Press.
· Weinstein, Deena. Sociology of Rock Music. DePaul University. http://condor.depaul.edu/~dweinste/rock/
· Whitely, Sheila. (2000). Women and Popular Music: Sexuality, Identity, and Subjectivity. Routledge.
Fuente: Infography. http://www.infography.com/content/154915153121.
09/02/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Teoría Social
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Steven Lukes en su texto
Poder y Autoridad (en: Historia del análisis sociológico. Tom Botomore y Robert Nisbet. Buenos Aires: Amorrortu, 1988) nos dice que el modo de conceptualizar el poder y la autoridad, y su relación, ha devenido en una interminable querella dentro de la teoría y la sociología política. Es así, que plantea exponer en abstracto los conceptos de poder y autoridad empleados por determinados autores dentro de contextos particulares, sus desarrollos de un pensador a otro y sus refutaciones.
El concepto de Poder
Su núcleo, común a todas las concepciones, es la idea de producción de consecuencias. Es atribuido a personas, colectividades o a veces a sistemas o estructuras, las cuales generan causalmente consecuencias. Para aplicar esta idea a la comprensión de la vida política y social se debe entender que estas consecuencias son significativas, no triviales. Es decir, que las concepciones de poder tienen que incorporar un criterio de significatividad, definir qué es lo que vuelve significativas las consecuencias producidas por A, para que se las considere poder.
Para algunos autores, lo esencial del poder es la realización de una voluntad o deseo. Lo cual supone una concepción intencional del poder, que puede ser potencial o actual. Parten de agentes individuales y colectivos solo en la medida en que sea posible atribuirles intenciones (en esta perspectiva grupos como las élites no tienen poder ni lo ejercitan salvo si están unidos y persiguen conscientemente sus objetivos). Para otros, lo esencial del poder no es la intención ni tampoco la realización de la voluntad, más bien extienden el concepto incluyendo las acciones y la inacción (las cuales pueden coincidir o no con sus intenciones, si es que las tienen). Este punto de vista no solo contempla efectos no intencionales, sino diversas formas de poder individual y colectivo (poder de clase, poder estatal) que la anterior concepción no incluía.
Es así, que las concepciones de poder se pueden dividir en dos amplias categorías:
1. Las concepciones asimétricas, que consideran el conflicto (actual o potencial) y la resistencia. En las cuales el supuesto es que las relaciones sociales o políticas son de rivalidad y les es inherente el conflicto. Estas concepciones a su vez se pueden dividir analíticamente en tres distintas:
a) Las concepciones que se centran en el acatamiento, en el control (intentado o logrado) de unos sobre otros. Es esencial al poder la prevalencia de la voluntad de unos sobre otros, y por lo tanto el conflicto y la resistencia.
b) Concepciones que se centran en el poder como relación de dependencia.- B no se pliega a la voluntad e intereses de A por acciones discernibles o amenazas, sino a causa de la relación misma existente entre A y B, relación en la que B se encuentra subordinado y depende de A, sin que muchas veces interesen las acciones y objetivos de A e incluso sin su conocimiento.
c) El poder como desigualdad, es decir una concepción distributiva que se centra en las capacidades diferenciales de los actores pertenecientes a un único sistema para procurarse ventajas o recursos valorados, pero escasos. El poder en tanto es control y dependencia se mide determinando la ventaja de A y la pérdida de B, en razón del acatamiento de B. Así mismo, el poder se puede poseer y ser ejercido sin que A asegure el acatamiento de B, siempre que B sea dependiente de A.
2. Concepciones del poder en donde no necesariamente uno gana a expensas de otros, sino que todos pueden ganar. Siendo el poder una virtualidad o un logro de una colectividad. Lo cual presupone las relaciones políticas y sociales, al menos potencialmente, como armoniosas y comunitarias. Tienden a destacar los aspectos benignos y comunitarios del poder, en contraposición a los aspectos conflictivos.
El concepto de Autoridad
Tiene una doble articulación. Y supone el no ejercicio del juicio personal. Quien acepta la autoridad admite como razón suficiente para obrar o creer el haber sido instruido en ello por alguien cuyo derecho a hacerlo él reconoce. Aceptar la autoridad es abstenerse de examinar lo que a uno le dicen que debe hacer o creer. Ejercer autoridad es no tener que dar razones, sino ser obedecido o creído porque uno tiene el reconocido derecho a serlo.
Entonces tenemos que:
1. El primer componente del concepto de autoridad es dar y aceptar una razón que es al mismo tiempo de orden primero para la acción o la creencia y de orden segundo que mueve a dejar de lado razones que se opusieran. A lo cual, se debe señalar que: 1. dar estas razones, ejercer la autoridad, no necesariamente es intencional; 2. que un determinado caso se considere un ejemplo de autoridad dependerá del punto de vista desde el cual se lo entienda, 2.1 puedo utilizar el término de una manera “normativa” o relativizada, juzgo si se ha dado una razón autoritativa, en contra de patrones que a mi juicio pueden ser objetivos. O 2.2 puedo emplear el término de manera “descriptiva” o relativizada, abriéndose aquí dos posibilidades: 2.2.1 Puedo individualizar qué razones son autoritativas por referencia a las creencias y actitudes de los que están sujetos a la autoridad (autoridad de facto) o 2.2.2 por referencia a un conjunto de reglas que imperan en determinada sociedad, no importa lo que crean los que participan en determinada relación (autoridad de jure). Este es el punto de vista de los teóricos del derecho y de Max Weber. 3. El tercer punto es que es posible una variación considerable con respecto al dominio de las razones opuestas que la razón autoritativa excluye. Si estoy sujeto a la autoridad, puede que se me permita actuar según mi conciencia o respetando algunos de mis intereses, o sobre la base de la autoridad de otro.
Así mismo, cada atribución de autoridad va acompañada de un supuesto acerca de las circunstancias bajo las cuales se aplica y acerca de las razones que ella excluye (la autoridad puede ser absoluta en dos casos: si se aplica a todas las circunstancias y si excluye todas las razones que la contrarían).
2. El segundo componente del concepto de autoridad es la identificación del que la posee o ejerce en tanto tiene títulos para ello. Presupone un criterio que permita identificar la fuente de las preferencias autoritativas. Lo cual presupone insignias que permiten ver en qué hombre se encuentra el poder, estas pueden ser: edad, género, status, parentesco, ocupación, casta, raza, riqueza, propiedad, hazañas militares, títulos religiosos, honor, credenciales, el papel funcional, el cargo y el poder como tal. Este criterio exige que existan normas mutuamente reconocidas que permitan a las partes distinguir al que es autoritativo del que no lo es.
A la vez, concepciones diferentes de autoridad derivan de diversas ideas de sociedad, concepciones de cooperación social y de presupuestos filosóficos. Así, distinguimos tres formas de conceptuar la autoridad:
1. Autoridad fundada en la creencia, por contraposición a la ejercida sobre la conducta. Consiste en prestar asentimiento a la verdad de proposiciones porque su fuente es reconocida como autoridad. Esto abarca casos que van desde la fe ciega hasta la aceptación con fundamento racional. La autoridad se considera materia de fe sobre la base de una sabiduría especial, revelación, destreza, visión o conocimiento.
2. Podemos contraponer a la anterior, en tanto se basa en títulos especiales y aceptados, la autoridad por convención, en la cual los títulos de una persona para ser obedecida se basan en haber sido investida de autoridad por un procedimiento acordado, no por orígenes tradicionales, seres sagrados o conocimientos especiales.
3. Autoridad por imposición , en esta concepción, las razones autoritativas y las reglas de reconocimiento se imponen por medio del poder. Estas concepciones dan a entender que en las sociedades contemporáneas la autoridad es (al menos en parte) impuesta por medio del poder, sea este un control directo o se ejerza indirectamente en virtud de relaciones de poder.
25/01/09 |
Publicado por: a20022125 | Categoría Anarquismo
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Aquí definiré brevemente qué es el anarquismo y el contexto dentro del cual aparece. Pues bien, es un sistema filosófico-social- político que surgió en Europa en el siglo XIX dentro del contexto del romanticismo político, de la fe en la ciencia, el progreso, el evolucionismo aplicado a la historia da la Humanidad y de una especie de escatología laica, acompañada o de una visión apocalíptica o de una concepción profético mesiánica (García Salvatecci 1972: 7). El anarquismo (así como el marxismo) se inscriben en esta última.
Si bien el anarquismo, dentro de su larga construcción histórica, ha adoptado diferentes tendencias y “escuelas” (de las cuales hablaré en posts posteriores, y ya hablé de una de ellas en un post anterior) se puede definir a partir de sus concepciones básicas y compartidas. En este sentido el anarquismo es:
“un sistema de pensamiento social que apunta a cambios fundamentales en la estructura de la sociedad y particularmente –pues este es el común elemento que une a todas sus formas- a la sustitución del estado autoritario por alguna forma de cooperación no gubernamental entre individuos libres” (Woodcock 1979: 15).
Errico Malatesta nos puede ayudar a comprender esto más claramente, señalando que:
“Los anarquistas se sirven ordinariamente de la palabra Estado para expresar todo el conjunto de instituciones políticas, legislativas, judiciales, militares, financieras, etc., por medio de las cuales se sustrae al pueblo la gestión de sus propios asuntos, la dirección de su propia conducta y el cuidado de su propia seguridad para confiarlo a unos cuantos…” (García Salvatecci 1972: 10)
En este sentido, es el aspecto del poder, para Malatesta, el que es y debe ser criticado. Estos elementos también son compartidos por los anarquistas de las diferentes “escuelas”.
Bibliografía:
GARCÍA SALVATECCI, Hugo
1972 El anarquismo frente al marxismo y el Perú. Lima: Mosca Azul Editores.
WOODCOCK, George
1979 Anarquismo, historia de las ideas y movimientos libertarios. Barcelona: Ariel.