Maná

La huella de papá

(Actualizado) Era un medio día del año 1969, papá llegó a la casa con un disco de 45 rpm. y lo colocó en nuestra radiola marca Phillips y se sentó en su sofá. Esa fue la primera vez que escuché Mi Viejo, la entrañable canción de Piero. En esas vacaciones escolares, veía como se terminaba de construir la Vía Expresa y los tranvías no circulaban más. Acompañaba a papá, muchas veces, a la gran biblioteca del Colegio Guadalupe, donde trabajaba. Mientras él hacía lo suyo, yo me sumergía en el mundo de los libros y los periódicos antiguos. En esos viajes me enseñaba Lima y respondía a todas las preguntas que, como niño, le hacía por aquel entonces. Para mi, él sabía todo y yo lo admiraba. Éramos distintos, aunque ahora no sé que tanto me parezco a él. Ojalá mucho. Papá sí tenía los ojos buenos y, como en aquella canción, también la edad se le vino encima. Cuando dejó de trabajar, se fué pareciéndo a su disco de 45. Cuando tuve a mis hijos, lo comprendí más, aunque ya no se lo pude decir. Por eso, hoy en el día del padre, me acuerdo la canción que tanto le gustaba, pero sobre todo, me acuerdo de él de manera entrañable y solo me reconforta la huella que dejó en mi.

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