Leguía

El fin del partido de notables

Se observa, desde Leguía, una ampliación del presidencialismo, institución política de primer orden y la más fuerte en Latinoamérica y en el Perú, desde que Bolívar la planteara en la Constitución Vitalicia de 1826. Nuestro continente es un campo fértil del desarrollo del presidencialismo, puesto que a diferencia del europeo en donde el jefe de Estado sólo preside, en nuestro caso gobierna, siendo muy fuerte por las facultades amplias que ostenta y por que la figura del presidente –como lo manifestara el constitucionalista Pareja Paz Soldán- se sustenta más en la opinión pública y su ascendente sobre las masas que en el sistema de partidos.

La crisis de los años 30 y sus consecuencias

La crisis mundial del sistema capitalista, en 1929, tuvo repercusiones inmediatas en nuestra sociedad: el fin del oncenio y el inicio del tercer militarismo. La crisis se evidenció en toda su magnitud con la caída de las exportaciones, un alto déficit fiscal que provocó la reducción del gasto público -tan importante para el gobierno de Leguía-incremento del costo de vida, reducción de sueldos y salarios y el aumento del desempleo.

A ello se le agregó una consecuente inestabilidad política (entre enero y febrero a diciembre de 1931 se produjeron dieciocho movimientos militares) iniciada con la caída de Leguía. Todo ello produjo una polarización entre las fuerzas oligárquicas, que rodearon a Sánchez Cerro, y las anti-oligárquicas disputadas entre apristas y comunistas.

Las discutidas elecciones del oncenio

Al aproximarse la renovación presidencial de 1924, se rumoreó la candidatura del Primer Ministro Germán Leguía y Martínez, sobre la base de sectores leguiístas que en 1919 se habían agrupado en el periódico "El Germinal". Esta candidatura comenzó a ganar apoyo en provincias. Sin embargo, los adeptos de su primo, el presidente Augusto B. Leguía, no se quedaron atrás.

El 2 de agosto de 1922, los senadores José Manuel García y Enrique Basadre presentaron un proyecto de ley al Congreso para permitir, por medio de una enmienda constitucional, la reelección del Presidente de la República, únicamente para el período inmediato.

El dominio político de Leguía

El oncenio de Leguía se había inaugurado con un golpe de Estado que se produjo el 4 de julio de 1919, con el apoyo de los constitucionalistas. Con el gobierno de la "Patria Nueva" comenzó el colapso de los partidos políticos tradicionales y paralelamente se inició la formación del partido oficial. El autor de la iniciativa fue Germán Leguía y Martínez; y el encargado de las tareas organizativas fue el mayor Esteban Cobilich (1920).

En realidad fue el clásico partido formado en el gobierno, que se nutría de la política clientelar de Augusto B. Leguía y, por lo tanto, compuesto por amigos personales del gobernante así como por empleados públicos. Se prolongaba así el caudillismo que había empezado siendo militar y proseguirá siendo civil. Por la permanencia dictatorial de Leguía, se podría hablar de un sistema de partido único.

La Asamblea Nacional de 1920

Después del triunfo electoral y el golpe de 1919, Leguía convoca a elecciones para una Asamblea Nacional que reformaría la Constitución. De ésta manera, como bien señala Basadre, se comprobaba que el golpe del 4 de Julio no fue contra José Pardo, sino contra el Congreso que había tenido una función continua, y decisiva por la renovación por tercios, desde 1895.

El nacimiento de la Patria Nueva

A fines de la segunda década del presente siglo, Augusto B. Leguía -luego de un largo exilio desde el gobierno de Billinghurst- regresa de Europa, en medio de la crisis del gobierno de José Pardo. Este no podía contener la crisis de los partidos, que se distanciaron de él: el Partido Constitucional, liderado por Arturo Osores, el Partido Liberal de Augusto Durand, el partido Nacional Democrático o "Futurista" formado por algunos elementos del antiguo Partido Democrático.

El partido más importante seguía siendo el Civil, en el que surgía nuevamente la candidatura, por segunda vez, de Antero Aspíllaga. Por otro lado, fracasa una Convención de partidos, como la que ungió a José Pardo a la presidencia de la república en 1915, a pesar que los civilistas comenzaron a preocuparse por el aglutinamiento que provocaba Leguía con las fuerzas opositoras.

El primer triunfo de Leguía

Finalizado el gobierno de José Pardo y poco tiempo antes de la campaña electoral de 1908, las alianzas políticas se mantuvieron: los civilistas acercándose a los constitucionalistas y los demócratas a los liberales. Para los primeros la candidatura de Augusto B. Leguía, ministro de hacienda de José Pardo, no tuvo dificultad dentro del Partido Civil para postular. Había cultivado una estrecha amistad con el presidente Pardo, así como demostrado su manejo eficiente en la cartera de Hacienda. Lo acompañaron en ésta fórmula Larrabure y Unanue y Belisario Sosa.

Una candidatura de consenso no prosperó por oposición de los civilistas. Casi no hubo actividad electoral. Los demócratas prepararon una sublevación, que la precipitó Augusto Durand, pero que fue rápidamente conjurada.

Reelección presidencial: del futuro diferente a la patria nueva

Pocos años antes de la finalización del primer período de gobierno de Leguía, se rumoreaba acerca de la candidatura de su Primer Ministro, Germán Leguía y Martínez.

"El Tigre", como se le denominaba, tenía legítimas aspiraciones presidenciales y contaba con el apoyo de jóvenes leguiístas que habían participado en la campaña electoral que eligió al forjador de la "Patria Nueva" en 1919, desde el periódico "El Germinal" . El entusiasmo les duró poco, pues a fines de 1922 concretando una intriga palaciega, un grupo de adictos del presidente, elevan al Parlamento, no menos adicto, un proyecto de ley que propone una enmienda constitucional para posibilitar la reelección presidencial. Esta se encontraba proscrita por la mayoría de las constituciones, salvo la inefable Vitalicia de 1826 que se mandó escribir Simón Bolívar.

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