Víctor Raúl Haya de la Torre

La Asamblea Constituyente de 1978

Al instalarse la Asamblea Constituyente de 1978, el APRA consiguió establecer una alianza con el Partido Popular Cristiano, para obtener mayoría, contando también con el apoyo de los pocos representantes de los tradicionales UNO y MDP. La izquierda se ubicó en la oposición política exigiendo que la Asamblea no sólo se dedique a redactar la Constitución sino a legislar, en la medida que ésta nacía de la voluntad popular, ilegalizando de esta manera la permanencia de los militares en el poder.

El golpe de estado de Odría y la nueva exclusión de los partidos

Las expectativas creadas por el régimen encabezado por José Luis Bustamante y Rivero y el partido aprista, provocó una gran demanda popular. Esta se fue articulando alrededor de un movimiento sindical tanto en la ciudad como en algunos sectores del campo. Sin embargo, en este último lugar, el pacto de no agresión implícito del partido aprista con los sectores de la burguesía agrocomercial, hizo que se desestimara cualquier medida a favor del movimiento campesino.

Las elecciones de 1945

A poco de iniciarse el proceso electoral de 1945 parecía que enfrentaban dos candidaturas militares. El general Benavides pretendía reelegirse, pero tuvo como gran opositor el aire democrático que se vivía a nivel internacional, gracias a la derrota del fascismo y por la creciente movilización de los sectores medios y populares. El otro militar, general Eloy G. Ureta, venía de comandar las fuerzas peruanas en la contienda con el Ecuador y era apoyado por el conjunto de fuerzas anti-apristas, entre ellas "El Comercio".

Inicialmente, Manuel Prado llamó al Dr. José Luis Bustamante y Rivero para que asumiera la candidatura de sucesión. El arequipeño no aceptó, no le gustaba aparecer como candidato oficial. Sin embargo, desde Arequipa comenzó a germinar la idea de crear un frente político que agrupara a todas las fuerzas democráticas.

El Frente Democrático Nacional

Al finalizar, la segunda guerra mundial con el triunfo aliado, se crea un clima de distensión y el establecimiento de regímenes democráticos representativos en muchas partes del mundo. El Perú no escapa de esta tendencia. No podía mantener el asfixiante clima político hasta ese momento imperante sin un desprestigio del sistema institucional. Eso quería decir, en otras palabras, que no se podía seguir excluyendo al Apra de un posible acuerdo.

Tiempo antes, en octubre de 1943, aparece un Comité de Frente Democrático de Unión Nacional formado sobre la base del PCP, el Apra y personalidades independientes como Javier Belaúnde, Julio Ernesto Portugal y Manuel Bustamante de la Fuente.

El APRA en la década del treinta

Durante un largo periodo, entre 1932 y 1945, el APRA utiliza la clandestinidad y la semiclandestinidad como argumentos ante la exclusión del sistema político desarrollado por Sánchez Cerro (1931-1933), Benavides (1933-1939) y Manuel Pardo (1939-1945). Fue en este periodo cuando el partido aprista desarrolló una gran mística y solidaridad entre sus militantes contra la adversidad, lo que prefiguró un partido altamente cohesionado, centralizado y disciplinado.

Haya de la Torre se asienta como líder único del aprismo. Este es el momento más importante de la formación del partido, de su psicología y antropología política. Es la época de los mártires (Barreto, Arévalo), la liturgia, los símbolos, los cánticos y los lemas.

Las elecciones de 1931

El levantamiento de Sánchez Cerro no sólo liquidó la "Patria Nueva" sino también dio inicio a una nueva etapa de nuestra historia, signada por la presencia organizada y protagónica de las masas populares que por primera vez aparecen en escena reclamando, abiertamente, por sus derechos políticos y sociales. Esta dinámica encontró a una clase dominante fragmentada, descabezada, sin programas y sin caudillo necesario para su política.

El enfrentamiento clasista se hizo más intenso en un escenario de crisis económica, política y social. No se podía seguir gobernando de la misma manera, ni con los mismos argumentos. El levantamiento de Sánchez Cerro produjo el entusiasmo y desborde popular que mereció también la atención de la clase propietaria.

Muerte y nacimiento de los partidos en la década del treinta

Las grandes crisis de las sociedades son a su vez sepultureras y parteras de las organizaciones. Los partidos políticos no se pueden mantener al margen de ésta ley y así ocurrió también en el Perú de los treinta. Los clásicos e históricos partidos tradicionales de notables desaparecieron paulatinamente con el oncenio, pero recibieron su partida de defunción cuando, al final de dicha dictadura, se encontraron incapacitados de proponerse como alternativa a la emergencia social de las masas.

Se hacía evidente la total falta de vínculos entre la elite oligárquica y las clases populares.

La crisis de los años 30 y sus consecuencias

La crisis mundial del sistema capitalista, en 1929, tuvo repercusiones inmediatas en nuestra sociedad: el fin del oncenio y el inicio del tercer militarismo. La crisis se evidenció en toda su magnitud con la caída de las exportaciones, un alto déficit fiscal que provocó la reducción del gasto público -tan importante para el gobierno de Leguía-incremento del costo de vida, reducción de sueldos y salarios y el aumento del desempleo.

A ello se le agregó una consecuente inestabilidad política (entre enero y febrero a diciembre de 1931 se produjeron dieciocho movimientos militares) iniciada con la caída de Leguía. Todo ello produjo una polarización entre las fuerzas oligárquicas, que rodearon a Sánchez Cerro, y las anti-oligárquicas disputadas entre apristas y comunistas.

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