Código Electoral

Más que un código de barras

El proceso de consulta popular de revocatoria ha puesto en evidencia que la norma que la sustenta, promulgada hace casi dos décadas, crea más problemas que los que resuelve. Pero las reformas que se realizaron, crearon aún más problemas. Por ejemplo, cambiar la revocatoria de una autoridad en relación con el universo de electores por el de votos válidos, no es otra cosa que dejar vulnerables a las autoridades. Nuestro marco permite, incluso, que una autoridad pueda ser revocada con menos votos que los que consiguió para ganar la elección.

El código electoral

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha presentado al Congreso de la República una propuesta de Código Electoral y Código Procesal Electoral. En nuestro país, a diferencia de otros de nuestra región, las normas referidas al campo de la competencia reglada por el poder (elecciones) y sus actores principales (partidos, candidatos y electores) se encuentran dispersas en un número alto de leyes, reglamentos y resoluciones. Esta situación crea vacíos, contradicciones y confusión en el momento del desarrollo de un proceso electoral.

El Código Electoral busca unificarlas y sistematizarlas en un solo cuerpo normativo y de esta manera superar los problemas actuales que ocasionan tan dispersas normas electorales.

Sin embargo, dos son los problemas que se observan.

Doble barrera electoral. La inscripción de los partidos en la mira

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¿Podría la democracia en nuestro país sostenerse con el número de partidos representados en el Congreso o más en el próximo lustro? Difícilmente la respuesta puede ser afirmativa, a no ser que el interés partidario se subordine al interés general o el bien común. Uno de los factores del quiebre de la democracia, ha sido el fraccionamiento partidario desde la República del Weimar, como preludio del ascenso del nazismo.

Rumbo a las elecciones del 2006. ¿Qué reformas son las que necesitamos?

Que el Congreso ha desperdiciado tiempo preciado para dar respuesta a las grandes reformas electorales, no cabe la menor duda. Lamentablemente desde hace un año el Código Electoral duerme el sueño de los justos. Si bien es cierto que la Comisión de Constitución es el espacio de mayor representación partidaria, por lo que requiere de amplios consensos posibles para aprobar cambios tan importantes, los resultados han sido poco alentadores. Sin embargo, lo poco que se puede reformar ahora tiene ser claro y coherente para enfrentar el delicado proceso electoral 2006.

Una clara oportunidad para unificar la legislación ¿Por qué un Código Electoral?

Sancionada la Ley de Partidos Políticos, el Congreso ha señalado la necesidad de promulgar un Código Electoral. Desde varios sectores se han pronunciado en ese mismo sentido. Lo cierto es que actualmente norman las elecciones once leyes entre especializadas o no, así como sus respectivos reglamentos, regulando de manera dispersa y desarticulada los distintos aspectos de los procesos electorales.

Legislación sobre encuestas

Lo que verdaderamente ha cambiado los contenidos de las campañas electorales modernas ha sido la aparición y generalización del uso de las encuestas o sondeos de opinión. Se han convertido en referentes obligados de gobiernos, candidatos y electores. Pero son aquellas publicadas por los medios, las que tienen características particulares, pues adquieren vida cuando son conocidas por el gran público.

El pernicioso distrito electoral único

Con legítima frustración hemos podido seguir el debate del artículo 22 del Proyecto del Código Electoral, referido a la elección del Parlamento. Tal como lo advertimos en estas mismas páginas la propuesta inicial de la Comisión de Constitución era inviable: 70% por distrito único y 30% bajo distritos plurinominales a nivel departamental. En realidad, la fórmula tenía como propósito distraer a los que se oponían a ese artículo, para introducir sigilosamente el llamado distrito único.

La cuota de mujeres en las listas parlamentarias

Quizá uno de los puntos más novedosos de la discusión sobre el Código Electoral, es la propuesta de una cuota mínima del 25% de participación de las mujeres en las listas parlamentarias. Esto ha motivado el rechazo primario y machista de un sector de congresistas y la mofa de algunos comentaristas. Desconocen lamentablemente que este tema es incorporado en los debates electorales más modernos.

Las mujeres han conquistado progresivamente igualdad de derechos políticos en todo el mundo, salvo en Kuwait en donde las mujeres no votan. Sin embargo, se ha afirmado no sin razón que en relación a los derechos políticos, estamos delante de una ficción jurídica pues considera a todas las personas iguales ante la ley, al margen de las desigualdades reales.

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