Parlamento

La vacancia como salida

Discutir si la vacancia requiere una reforma constitucional o reglamentaria es evadir el tema de fondo. Lo que se requiere es voluntad política para enfrentar un problema que ya es endémico en nuestro Parlamento. ¿Existe algún argumento que pueda poner fin al mandato congresal antes de cumplirse el quinquenio respectivo? La propuesta elaborada por la presidencia del Legislativo propone la inasistencia como causal de vacancia. La propuesta puede ser discutible pero, de la misma manera, es perfectible. Lo que no se puede hacer es descartarla sobre la base de temores. Muchos congresistas la han rechazado por ser peligrosa, pues la norma puede ser sujeta a ser mal utilizada por regímenes como el de la década pasada. Temor que, sin embargo, no es suficiente para dejar de atender a un problema -mal desempeño parlamentario- que se está volviendo crónico.

Renuncia parlamentaria podría empeorar imagen del Congreso

Ideeleradio, 23 de abril del 2008.- El Congreso debe debatir la vacancia de los congresistas que incumplen su responsabilidad y no su renuncia, porque esta figura podría verse como un premio que contribuirá a empeorar la imagen del Parlamento, afirmó Fernando Tuesta Soldevilla, director del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica.

“Me inclino por pensar que hubiera sido mejor que la Comisión de Constitución modifique el artículo 95 de la Constitución, bajo la figura de la vacancia, porque la gente exige que los que no cumplen con sus funciones, sean sancionados de manera efectiva y en algunos casos de forma severa, porque está presente la figura de otorongo no come otorongo. La gente está mortifica”, declaró en el programa “No Hay Derecho” de Ideeleradio.

Escaño vacío

La pobre imagen del parlamento ha originado la discusión sobre el fin del mandato parlamentario antes de cumplirse el quinquenio respectivo. Las alternativas que se discutieron fueron la renuncia y la vacancia. La Comisión de Constitución ha aprobado un proyecto de reforma constitucional que permite la renuncia al cargo de congresista.

Inicialmente, me incliné a favor de esta propuesta. Sin embargo, una mirada más general me permite señalar que dicha reforma no conduce a enfrentar el tema central del desprestigio del parlamento. La reforma, se inclina a razonar el tema, en función del derecho del parlamentario electo.

Mayor exigencia en la elección

Por el bien del Congreso, sus representantes y la opinión pública, es positivo que se tomen medidas para sancionar el incumplimiento de funciones básicas parlamentarias. En este sentido, las propuestas del presidente del Congreso pueden ser discutidas o precisadas, pero también pueden contribuir a que los parlamentarios entiendan que no están exentos de sanciones administrativas.

Ahora bien, estas medidas son de muy corto plazo --lo cual no anula su aplicación--, por lo que se requiere de acciones de carácter institucional que se relacionan, por ejemplo, con el tipo de representación que tenemos y debemos modificar.

El nacimiento de los Otorongos

Es común escuchar la dudosa calidad del parlamento y las constantes denuncias sobre el desempeño de muchos congresistas. Las adhesiones y disciplinas partidarias, parecen no conocer otra cosa que no sea la precariedad. Para Carlos Ivan Degregori y Carlos Melendez, esta situación tiene su raiz histórica en los parlamentos de la década pasada y, sobre todo, en la bancada fujimorista. El régimen político costruido después del golpe del 5 de abril y el liderazgo carismático autoritario del hoy procesado Alberto Fujimori, crearon un perfil de parlamentario cuyas lealtades eran ínfimas y el pregmatismo mayúsculo.

Oportunidades y Lecciones de México

En un proceso electoral se pone a prueba no sólo el sistema de partidos y el sistema electoral, sino también sus instituciones. La democracia vive y se somete a un alumbramiento planificado, por lo que la forma del nacimiento de la representación política le otorgará un certificado de legitimidad. Así ocurrió en las últimas elecciones parlamentarias de México hace algunos días.

El país azteca, a diferencia del peruano, realiza elecciones de su Cámara de representantes sin que coincidan con las presidenciales, que se realizaron hace tres años con el triunfo del actual presidente Fox, candidato del Partido Acción Nacional (PAN).

El pernicioso distrito electoral único

Con legítima frustración hemos podido seguir el debate del artículo 22 del Proyecto del Código Electoral, referido a la elección del Parlamento. Tal como lo advertimos en estas mismas páginas la propuesta inicial de la Comisión de Constitución era inviable: 70% por distrito único y 30% bajo distritos plurinominales a nivel departamental. En realidad, la fórmula tenía como propósito distraer a los que se oponían a ese artículo, para introducir sigilosamente el llamado distrito único.

Qué lástima doctores Torres y Torres Lara, Marcenaro, Trelles y otros miembros de la mayoría que apoyaron la primera versión en la Comisión de Constitución. Ahora callan y dejan caer en el olvido un artículo que defendieron entusiastamente.

Las figuras del control parlamentario

La interpelación parlamentaria y censura de ministros es una figura de control parlamentario que se remonta a 1860. La Constitución de 1993 la ha vuelto incluir en su articulado. Consiste en una petición presentada por un número de parlamentarios a un miembro o al Gabinete en su conjunto, para que explique la acción sobre un asunto de política gubernativa.

Generalmente se entrega previamente al ministro o Gabinete una copia del interrogatorio -llamado pliego interpelatorio- al que se le someterá, para que vaya debidamente preparado. Si sus respuestas no satisfacen a la Cámara, ésta puede aprobar un voto de censura a su actuación.

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