El nuevo Parlamento no tiene ni cuatro meses de funciones y está envuelto en una serie de críticas por el desempeño de varios congresistas, las cuales difícilmente podrá superar. Las demandas para mejorar la calidad de los representantes no se han hecho esperar. Todos los caminos se dirigen a cuestionar a los partidos políticos por no ser representativos, pero sí antidemocráticos y de proveerse, en la gran mayoría, de personal incapacitado para ejercer el cargo.
Gran parte de las propuestas buscan atacar el desempeño parlamentario (revocatoria del mandato), acentuar una mayor fiscalización (control de la economía partidaria), real democracia interna y hasta modificar las normas electorales (renovación parcial del Congreso, voto preferencial, voto facultativo). Algunos piensan que estos problemas no pueden ser afrontados solo con reformas institucionales y legales. Sin duda, pero sin ellas tampoco se avanza mucho.
El problema no es atacar solo el desempeño de los partidos y sus representantes, sino el propio origen de estas agrupaciones. Si bien no se debe cerrar el ingreso a la competencia partidaria, tampoco se debe incentivar el acceso fácil.
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