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Para algunos, las elecciones presidenciales del 2016 están condicionadas, en parte, por las elecciones regionales y municipales, dos años antes. Entre especulaciones y proyecciones, lo único seguro parece ser que Alan García, Alejandro Toledo y Keiko Fujimori, serán candidatos presidenciales. Su soporte organizativo, partido o coalición de partidos, así como el resto de candidaturas, sería producto de negociaciones que se irán aclarando, como es lógico, conforme se avecine la fecha.
Ahora que los franceses se encaminan a elegir, en una segunda vuelta electoral, entre Nicolas Sarkozy y François Hollande, este 6 de mayo, vale la pena mirar con detenimiento esta mecánica electoral, que ha tenido gran impacto en nuestra región.
El presidente Ollanta Humala debe leer los últimos sondeos con mucho cuidado. La aprobación de su gestión al cumplirse el sétimo mes de su gobierno es óptima, pero no dista de ser parecida a la de otros presidentes en esta misma época. El espejismo del primer año puede obnubilar a los gobernantes que suelen confundir la etapa de confianza y expectativa, con la pura aprobación de sus actos de gobierno.
Salvo en 1985 y 1995, en el último medio siglo las competencias electorales han estado revestidas de un alto grado de incertidumbre. Si las estructuras sociales y económicas tienen algo que ver en el voto, lo cierto es que la forma cómo se enfrentan los candidatos a una campaña es casi determinante para el resultado final. Esa fase, la campaña electoral, el espacio temporal de mayor flujo de mensajes políticos que cualquier otro, está fuertemente centralizado en la historia y presente de los candidatos.
Residir fuera del país, conduce a los peruanos a perder parte de su derecho al sufragio. Esta pérdida se manifiesta de manera clara cuando solo pueden votar, pero no ser elegidos en el Parlamento peruano. El peruano o peruana que vive fuera del país, puede votar para presidente de la República y también para el Congreso. Sin embargo, lo debe hacer por los candidatos de Lima Metropolitana. Y es que la norma peruana separa, inadecuadamente para este caso, el hecho de elegir y ser elegido, cuando en realidad se trata de una unidad indisoluble. Uno elige por candidatos que proceden de mi mismo espacio electoral. Por eso un iqueño vota por los candidatos de Ica o un piurano lo hace por los de Piura. En consecuencia, los peruanos en el extranjero deberían de votar por uno entre ellos y no por un candidato que resida en Lima.
(Diario 16. 26 de junio del 2011). Entrevista de Luis García, fotos Johnny Flores.
(PuntoEdu, semanario de la PUCP). Entrevista al profesor Fernando Tuesta Soldevilla. ¿Qué pasó con las encuestas que daban ventaja a Keiko Fujimori?








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