Dicen que la firma cuesta una galleta, otros señalan un polo o lapicero. Los firmantes no saben, muchas veces, si lo hacen por un partido o una revocatoria o por ser parte de los beneficiados fonavistas. Resulta claro que conseguir firmas es algo más que el encuentro entre una organización de voluntarios y ciudadanos desconfiados o a la caza de ventajas para estampar su preciada firma. Es, a todas luces, un parto doloroso.
Lo cierto es que las firmas han estado presentes en nuestra vitrina política, no sobre ese supuesto esfuerzo colectivo, sino por las denuncias sobre la falsificación de firmas, como ocurrió a fines de siglo, para el caso del grupo fujimorista Perú al 2000 y, posteriormente, Perú Posible. Ahora último, el Ministerio Público ha anunciado que denunciará al Movadef por supuesta falsificación de firmas.
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