Ningún candidato deja de disparar a escasos días que separa de la elección regional y municipal, del 3 de octubre. Y si bien se ha hablado mucho de la guerra sucia, ésta resulta siendo un eufemismo del término diáfano llamada campaña electoral. Así como no existe guerra limpia, tampoco existe campaña sin contra campañas. En Estados Unidos, hace tiempo que tres de cuatro mensajes, son de esta naturaleza.
Lo que ocurre es que la presente elección municipal está recargada, desde el inicio. Dividir la elección entre decencia y corrupción, la tacha a Kouri, el ascenso vertiginoso de Susana Villarán, los audios ilegales y la participación activa de periodistas en la campaña, son elementos suficientes para una elección, ya de por sí inusual.
En este último tramo de campaña, ambas candidatas que las separa porcentajes pequeños, necesitan intensamente conseguir votos.
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