Conozco desde su creación al RENIEC, al igual que los otros organismos electorales. Sé cómo quedaron, luego de la intervención corrupta del poder, como lo mostraban descarnadamente los vladivideos. Sé también cuánto esfuerzo costó recuperarlos a partir de las elecciones del 2001 y del nivel que se encuentran ahora, en relación a sus pares en los países de la región.
Para los organismos electorales, es una tarea difícil articular limpieza, transparencia, eficiencia, al lado de imparcialidad y neutralidad, en un país en donde la desconfianza hacia el aparato del Estado es alta, más aún en un tema que tiene que ver con el poder.
Pero, por el lado de los candidatos, partidos o, en el caso de las revocatorias, los promotores se observa una actitud poco responsable de desconocer los procedimientos, normas y resultados, sino se tiene éxito. Está siempre latente la estrategia de, si no ganas, empata.
Nunca antes -y ya se ha tenido siete revocatorias- se cuestionaron las normas, procedimientos y resultados de este mecanismo, llevados adelante por los organismos electorales. Y es que estas se realizaban, mayormente, en distritos rurales, pequeños, pobres y alejados de Lima.
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