En octubre último, Hugo Chávez postuló a la reelección presidencial, con lo que su mandato, sino fuera por su enfermedad, se hubiera extendido por casi dos décadas. En febrero próximo, en Ecuador, Rafael Correa hará lo propio por un mandato más. En nuestro país, la discusión sobre la reelección se da de manera indirecta, a través del caso de Nadine Heredia. Sin embargo, los que antes se opusieron a ella, hoy la aplauden y los que la alentaron antes, ahora se escandalizan. Por eso, vale la pena preguntarse: ¿La reelección es de derecha o de izquierda? ¿La reelección ha cambiado de color político?
En América Latina, históricamente la reelección se discutió bajo el concepto de la no reelección. En esta tradición confluyeron dos elementos de sustento: el fuerte presidencialismo, que acentuó la necesidad de perpetuarse en el poder, y los procesos electorales fraudulentos. En muchos países, particularmente con experiencias reeleccionistas o dictatoriales, el principio de la no reelección se implantó como una norma constitucional fundamental de la democracia. Desde Porfirio Díaz, en México, que fue reelegido siete veces y gobernó 27 años, provocando un movimiento no reeleccionista que atizó la Revolución Mexicana, pasando por Alfredo Stroessner en Paraguay o Joaquín Balaguer en República Dominicana, la reelección presidencial fue el mecanismo para perpetuarse en el poder.
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