La caída de Guillermo Billinghurst

Guillermo Billinghurst fue elegido por el Congreso, en 1914, por 132 votos contra 30 de Antero Aspillaga. En el siglo pasado, el Congreso había nombrado presidente de la república a Riva Aguero y Torre Tagle, en 1823; La Mar, en 1823; La Fuente, en 1829; Orbegoso, en 1833; Gamarra, en 1839; Castilla, en 1855; y Prado, en 1867. A pesar que no son muchas las oportunidades que el Congreso eligió, la facultad de autocalificación electoral que poseían las cámaras, lo convirtieron en una institución política decisiva.

El gobierno de Guillermo Billinghurst fue muy breve: menos de año y medio. Lo derrocó un golpe militar encabezado por Oscar R. Benavides. En el poco tiempo que estuvo en el cargo, este acaudalado limeño obtuvo mucha popularidad que, sin embargo, fue desbordada por las demandas de sectores populares que comenzaron a enfrentarse con una mayoría parlamentaria civilista que no permitió una mayor presencia y expansión en el aparato del Estado.

Se sancionó la ley electoral provisional No. 1777 del 29 de Octubre de 1912. En ella se liquida el sistema centralista de la Junta Electoral Nacional, devolviendo a las provincias la autonomía por intermedio de las juntas provinciales de registro y las juntas escrutadoras. Por otro lado, la Corte Suprema, sostenía la ley, debía ser la encargada de resolver la validez de las elecciones objetadas, aunque sus funciones en general eran más formales que efectivas. El enfrentamiento entre ejecutivo y legislativo fue cada vez más intensa. Billinghurst intentó disolver el parlamento. Proyectaba convocar un plebiscito, proponiendo 14 reformas a la Carta de 1860. Inspirador de las reformas constitucionales fue Mariano H. Cornejo, que hizo lo propio con Leguía, en 1919. Pero, al igual que con la iniciativa de "armamento del pueblo", la indecisión de Billinghurst fue fatal. Esto permitió que la oposición conspirara, entre los que se encontraban el grupo parlamentario (liberales, constitucionales), el grupo de la familia Prado, Alberto Ulloa y el diario La Prensa. Asimismo, los jefes y oficiales del ejército como elementos de acción. El golpe de estado se ejecutó el 4 de Febrero de 1914 siendo destituido Guillermo Billinghurst y elegido como presidente provisorio, el coronel Oscar R. Benavides, dando fin, de ésta manera, a uno de los primeros populismos militares.(El Peruano, 17 de Diciembre de 1997)

El segundo gobierno de José Pardo

En la gestión de Benavides, se discutió una nueva ley electoral No. 2108, que agregaba el empleo del registro de conscripción militar como base para el mecanismo de sufragio. De otro lado, se concedía a la Corte Suprema la facultad para imponer penas graves a los funcionarios públicos culpables de abusos en los procesos electorales.

Llamado a nuevas elecciones para 1915 se realizó una convención de partidos en la que intervinieron el civilista-leguista, el civilista-pardista, el liberal y el constitucional. De ella salió la candidatura del civilista y ex presidente de la república José Pardo. Luego de un conato militarista, la aristocracia civilista volvía a tomar las riendas del ejecutivo. La elección de Pardo se realizó, prácticamente, sin oposición pues la votación de Carlos de Piérola, demócrata, fue casi simbólica. De los 144,712 electores José Pardo obtuvo 131,289 y Piérola 13,151. Ricardo Bentín ocupó la primera vice-presidencia y Melitón Carbajal la segunda. De esta manera, la alianza civil-liberal-constitucional llegaba al poder y se iba a mantener en él durante todo el período de la primera guerra mundial. Este fue el motivo que entre 1915 y hasta 1920, el país experimentara un nuevo repunte económico, incrementándose sustantivamente las exportaciones, que se multiplicaron en un 30%, circunstancia que favoreció el crecimiento de los trabajadores asalariados y el enriquecimiento de los productores nacionales. Pero, asimismo, como producto del incremento de los precios de los productos de importación se experimentó una alza de precios que llevó a un 84% de inflación en Lima. Esta situación hizo que se reiniciara una nueva ola de movilización obrera liderada por una dirección anarco-sindicalista, que logró algunas conquistas laborales, llegando su clímax en el paro limeño del 13 de enero de 1919. Esto obligó que el presidente Pardo promulgara la ley de las ocho horas laborales. La aristocracia comenzó a conocer, por primera vez, el temor. La presencia de los sectores populares no fue de su agrado. La intensidad de la lucha sindical, influenciada también por la finalización de la primera guerra mundial, hizo que la estabilidad económica-social desapareciera, características nuevas que dieron marco al proceso electoral de 1919.

 
(El Peruano, 27 de Diciembre de 1997)

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