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El parto de un gabinete

La juramentación del gabinete encabezado por Yehude Simon mostró, por su composición, que tiene menos cambios de los esperados, cerrando una crisis ministerial que llevó a la renuncia del gabinete Del Castillo y abriendo un nuevo período, con expectativas en varias direcciones. La composición de este gabinete, el primero encabezado por un no aprista en los dos gobiernos de Alan García, puede ser un signo de lo complicado que puede ser esta suerte de cohabitación García-Simon. Si inicialmente Yehude Simon señaló que le interesaba que tres ministros se quedaran en sus cargos (Mercedes Araos de Comercio Exterior, Luis Valdivieso de Economía y José Antonio García Belaunde de Relaciones Exteriores), terminó por mantener a diez. Y si pensaba incluir a varios de su confianza, sólo pudo contar con seis de ellos (Ugarte en Salud, Conterno en Producción, Vildoso en Mujer y Desarrollo Social, Leyton en Agricultura, Sánchez en Energía y Hernani Meloni en Interior), con perfiles centrados en profesionales calificados y con experiencia en la administración pública.

Sin embargo, si sólo se ha cambiado seis de un total de dieciséis, no se puede considerar una primera derrota de Simon, puesto que el tema no puede ser visto sólo desde el punto de vista numérico, sino de quiénes salen y quiénes los reemplazan en el gabinete. Los que han salido no son de poca importancia. A parte del primer ministro Jorge del Castillo, lo hicieron Luis Alva Castro, Hernán Garrido Lecca, Susana Pinilla, Juan Valdivia, todos miembros del partido de gobierno. A ellos se suma Rafael Rey, en el Ministerio de la Producción y Ismael Benavides del Ministerio de Agricultura, ambos figuras conservadoras y/o representantes del sector empresarial. En pocas palabras ha salido el núcleo más representativo del partido de gobierno –sólo quedan Villazante en Trabajo y Enrique Cornejo en el Ministerio de Vivienda- y el sector más de derecha. De los que se mantienen en sus cargos, salvo el polémico ministro de Defensa, Antero Flores Aráoz, Yehude Simon no tiene grandes diferencias.

 

En consecuencia, estamos delante de un gabinete sin figuras partidarias, tecnocrático, pero con experiencia ministerial y de gestión estatal, concentrándose alrededor del centro político. Pese a la crítica que Simon recibe de algunos fujimoristas –quienes lo consideran un terrorista no arrepentido- y de otros tantos de izquierda –quienes lo señalan como un converso neoliberal- lo cierto es que ha tenido la capacidad de resolver una crisis ministerial, abrigar esperanzas en un gobierno acorralado y en una ciudadanía frustrada y exigente. Pero ¿cuánto tiempo podrá mantenerse una cohabitación entre García y Simon, que ahora están juntos, pero no dejan de mirar el 2011? ¿Podrá sostenerse un modelo económico de recorte del gasto público, con regiones que demandan lo contrario? ¿Crisis económica internacional, corrupción y rebrote senderista no son acaso ingredientes sumamente explosivos para un gabinete de las características de la de Simon? Preguntas que serán postergadas por la Cumbre de APEC, a celebrarse en pocas semanas, que ensombrecerá esta agenda nacional pero que, sin embargo, no desaparecerá.







 

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