En el último minuto del partido, se cobra un tiro libre al borde del área. La barrera se coloca en su lugar, al igual que el arquero. El jugador da un par de pasos y con la pierna zurda pega el balón, que se dirige a aquel lugar en donde no llegan los arqueros. El estadio estalla con el grito de gol, el jugador enloquece, se quita la camiseta haciéndola rotar por encima de su cabeza, mientras la barra salta y grita con el cántico: “dicen que estamos locos de la cabeza!”. Ese gol existe.
[1]
La belleza y perfección del tiro, que dibujó una parábola, salía del pie del poeta de la zurda César Cueto a Universitario de Deportes.
Cómo entender esa locura por el fútbol, esa pasión de multitudes, incluso en países como el nuestro en donde la vitrina de las copas y medallas es tan pequeña, como vacía? No es el opio del pueblo, ni una mercancía con solo valor de cambio. El fútbol es más que un deporte y una recreación moderna. Es la manifestación simbólica de la vida misma, que se muestra en una competencia y rivalidad, envuelta en mitos, ritos y símbolos
[2]
. En el fútbol hay mucho de primario y tribal, manifestándose en la propia lucha por vencer, en la dicotomía de la victoria y la derrota, en la adhesión de las barras convertidas en tribus con gritos de guerra, creando ídolos y héroes populares. El fútbol es recuerdo, memoria y emoción.
Sin embargo, el fútbol no es sólo lucha, es también el intento constante de crear una comunidad que crea armonía, por lo que se celebran goles que provienen de múltiples toques. O creación de belleza, que sólo lo logran unos pocos para algarabía de muchos. Pero esa adhesión no es una membresía formal sino una, de carácter pasional. Por todo esto, a través del fútbol, también se puede entender un país y muchos rasgos de su cultura
[3]
.
Los aficionados e hinchas se adhieren a través de identidades que van desde el territorio (barrios), las regiones, las clases o étnias, pero generalmente concentrados en dos equipos. Eso crea una especial rivalidad, que se llama el clásico del fútbol, que en el Perú lo expresan, Alianza Lima y Universitario de Deportes. A través de esta rivalidad, se organiza también mucho del mundo del fútbol.
En mi caso, como todos, me gustó el fútbol desde pequeño. Jugué grandes partidos, con espectaculares jugadas, en pistas, parques y, sobre todo, en mis sueños. Lo mejor que hice fue ser hincha del Alianza Lima. Fue una decisión que no provino de herencia, sino de una sabia irracionalidad. Esos sueños eran facilitados por las narraciones de radiales, sobre todo por Ovación de Radio el Sol, con Pocho Rospigliosi y Pregón Deportivo de Radio Unión, con Oscar Artacho, así como lo que se leía en los diarios La Tercera y Última Hora.
Gracias a un buen amigo de barrio, frecuenté gratis el Estadio Nacional ingresando desde pequeño, pero por la puerta 4, para ver los tripletes dominicales. Cuando el tío de mi amigo, ya no trabajó más me desplacé, como buen hincha a Tribuna Sur, aunque no existían las barras de hoy. Nunca olvidaré la primera delantera íntima que por suerte estaba formada por Baylón, Perico, Pitín, Cubillas y Babalú, a quien vi en numerosas jornadas, así como los primeros partidos de César Cueto, como puntero izquierdo. Celebré campeonatos y fui feliz muchos fines de semana al ver a mi equipo y ser parte de esa tribu blanquiazul. En cada lugar que estuve había ese hincha aliancista, con quien compartí la misma identidad. Estuve en ese día de fiesta, que fue la inauguración del Estadio de Matute, en 1974, de la misma forma como en el partido del homenaje a los caídos por el Fokker, trece años después. Acompañé a mi equipo en su larga recuperación, para darme alegría en la última década, celebrando cinco campeonatos. Me hice socio hace casi dos décadas que me permite tener el asiento 15 de la fila 24 -junto a mi hijo- y desde hace una década participo más cercanamente en el club, donde he encontrado a amigos y conocido a otros. Tuve la inmensa alegría de ser parte de la Directiva en el centenario de mi querido club
[4]
. Ese mismo año, como para recordarlo todo mi vida, fui invitado a dar un play de honor en un clásico que ganamos con gol de Juan Carlos Bazalar. Soy aliancista por que en el fútbol me gusta la belleza, por que es un equipo popular y alegría de una tradición afroperuana. Esa cultura popular que hizo que Felipe Pinglo Alva, Mario Cavagnaro escribieran canciones al Alianza Lima, como Fiesta Criolla, Lucha Reyes, Arturo Zambo Cavero y Oscar Aviles, cantaran a la blaquiazul y Rubén Blades y José Alberto “El Canario”, le dediquen parte de la letra de alguna de sus canciones.
He visto fútbol en el Atahualpa de Quito, el Estadio Monumental de Colo Colo, pasando por la Bombonera de Boca Juniors, el Estadio Monumental de River Plate, Estadio de La Romareda de Zaragoza, el Neu Camp de Barcelona, el Estadio Santiago Bernabeu del Real Madrid, el Olympiastadium de Münich, hasta el mítico Maracaná de Río de Janeiro. Soy hincha de estadio, que es como se debe ver el fútbol. He salido en caravana para celebrar tres clasificaciones del Perú al mundial y un campeonato sudamericano. Pero si bien, nada de esto es para llenar de palmares a nadie, el fútbol me ha dado felicidad. Como la mía, seguramente muchas historias parecidas.
En la medida en que el fútbol es un deporte –como ningún otro- capaz de movilizar todos los sentimientos y pasiones en todo el mundo, crea un vínculo estrecho con la historia y el presente. Por eso, entenderlo, así como develar sus contenidos más significativos, es tan importante como promoverlo.
Mientras tanto, el recuerdo se fija hace exactamente tres décadas, cuando otra pelota dibujaba en el aire una parábola más grande, lanzada desde el medio campo por el genial César Cueto, incrustándose en el arco, ante la impotente mirada del entonces arquero del Sporting Cristal,Ramón Quiroga. Ese gol también existe y el fútbol seguirá siendo una parábola de la vida.
(Brújula, No. 17, Año 9, octubre 2008)
[1]
Se toma del título del libro Ese gol existe (Una mirada al Perú a través del fútbol). Lima: Fondo Editorial de la PUCP, 2008, editado por el sociólogo Aldo Panfichi. Es el mejor texto sobre fútbol, que compila 13 estupendos ensayos desde una mirada multidisciplinaria.
[2]
Ver Vicente Verdú. El fútbol (mitos, ritos y símbolos). Madrid: Alianza Editorial, 1980.
[3]
Ver para el caso argentino Pablo Alabarces y María Graciela Rodríguez: Cuestión de pelotas (Fútbol, deporte, sociedad y cultura). Buenos Aires: Atuel, 1996.
[4]
Libro de Oro de Alianza Lima. Lima: Empresa Editora El Comercio, 2001
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