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Yo no pude generar la pasión por la lectura en mis hijas. Al menos no por la lectura de textos impresos en papel. Antes de que nacieran, traté de completar una pequeña biblioteca con aquellos libros que desde pequeño leí, y que por alguna razón presté o perdí. A todos les puse una firma que busqué que fuera premonitoria: los apellidos que llevarían cuando los leyeran.
Pero el tiempo pasó y casi no fueron leidos. A pesar que estaban al alcance, de las conversaciones durante el desayuno, y las motivaciones, nada sirvió.
No obstante, con el correr de los años descubrí que leían en la computadora. Luego de la primera fiebre de los chats y tal, en internet encontraron copias de varios de los textos impresos, y eso les generó mucho interés y atención, lo cual se manifiesta en sus preguntas e inquietudes que siempre esperé tratar de absolver, y que en años pasados no ocurría.
Finalmente, creo que con las nuevas generaciones, el formato impreso del libro irá progresivamente cambiando hasta volverse información digital. Sin embargo, eso no me preocupa tanto, como la lenta pérdida del hábito de la lectura como ejercicio tan humano de imaginación y búsqueda de conocimiento. Me asusta su reemplazo por la lectura rápida, la cual como la "fast food", suple momentáneamente necesidades de comida, pero no de alimentación. ¿Cómo luchar contra esto?