01/03/13: Adiós turismo

Categoría: Turismo
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Rudolf Hilmer

Se ha informado de la muerte del turista alemán Rudolf Hilmer en el tramo entre Nuevo Seasme (Condorcanqui) y Saramiriza (Loreto) presumiblemente por asesinato.

El extranjero tendría 50 años y se aventuraba en bicicleta a recorrer la zona de Condorcanqui y Datem del Marañón para salir hacia el río Amazonas y llegar a Iquitos.

Bicicleta de Hilmer

En sus pertenencias fueron encontradas tarjetas de crédito y en su memoria USB encontraron fotos que él había tomado en su recorrido.

Según informaciones desde Santa María de Nieva, el fiscal provincial de Condorcanqui realizó el levantamiento del cadáver. En las siguientes horas llegarán los restos a la morgue de Bagua Grande (Utcubamba) para la necropsia de ley.

Fuente: www.baguaperu.com

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Inauguracion Parque Ecoturistico Selva Central 01.05.10
Padre Gianni Pacher MCCJ (09.03.1954–30.03.2009)
El Padre Gianni Pacher, nacido en Levico (Trento) el 9 de marzo de 1954, era hijo de una familia de profundas raíces cristianas y empeñada en el campo educativo y social. Su padre Alejandro y su madre Ana María dieron a sus cinco hijos una sólida formación religiosa y profesional. El mismo Gianni había conseguido el título de aparejador. Pero el Señor había definido su camino: el de sacerdote misionero. A los 22 años entró al noviciado de los Combonianos en Venegono Superiore (Varese), a los 24 hizo sus votos religiosos e inició sus estudios teológicos en la Universidad Urbaniana de Roma; siguió un año de experiencia misionera en Perú y la ordenación sacerdotal en Levico el 13 de febrero de 1982, de manos de Monseñor Eduardo Mason. Enseguida después, salió para el Perú donde permaneció más de cinco lustros, excepto por un breve período (poco más de un año, en el 2000) como responsable de la comunidad de Limone sul Garda, en la casa natal de nuestro Fundador. Perú fue su patria misionera, a la que se dedicó con alma y cuerpo, corazón e inteligencia, energías y esperanzas. Las comunidades misioneras en las que trabajó se encontraban en los Andes, en Lima, y en la selva del Perú, en Yanahuanca (a 3.300 m.); en Lima trabajó en la redacción y difusión de las revistas combonianas “Misión sin Fronteras” y “Aguiluchos”, donde trabajamos juntos durante algunos años. Después, otra vez, en la misión más alejada y difícil de llegar: Pozuzo, entre los Andes y la selva amazónica (lugar de la primera presencia comboniana en Perú y en América, desde el 1938). Fueron 20 años de vida dura en zonas peligrosas debido a la presencia del terrorismo cruel de los movimientos ‘Sendero Luminoso’ y ‘MRTA’, que dominaban en los Andes y en la selva amazónica con la complicidad de los narcotraficantes. Las muertes de campesinos y de autoridades civiles y militares eran frecuentes. El peligro existía también para los misioneros, pero los Combonianos se quedaron igualmente en su sitio, junto a la gente.
Después del periodo de Limone (en 2000), volvió a Perú para una misión que el Padre Gianni quería fuese diferente, en zonas más difíciles, nuevas, por lo menos para los Combonianos. Su atención se fijó en una zona de la selva amazónica: San Martín de Pangoa, en el Vicariato Apostólico de San Ramón, atendida por los misioneros franciscanos. Primero trabajó solo, después, poco a poco, el grupo comboniano del Perú, ante la insistencia propia y del obispo, aceptó esa misión como un empeño de todo el grupo. El Padre Gianni había metido corazón y energías, e incluso iniciativas de promoción cultural de la gente del lugar, en particular de los jóvenes, sobre todo construyendo una gran escuela, gracias a las ayudas económicas de muchos amigos y bienhechores italianos.
Comboniano Gianni Pacher
El 29 de marzo de 2009 el obispo cedía a los Combonianos la misión de San Martín de Pangoa y ahora tres combonianos trabajan, de manera continua en esa misión: dos sacerdotes y un hermano. Y esta es la noticia de los últimos días. Nos habla el Padre Rogelio Bustos Juárez, provincial de los Combonianos en Perú: “Hace poco que he vuelto de San Martín de Pangoa, donde el P. Gianni trabajó durante los seis últimos años y que precisamente ayer, 29 de marzo, la tomamos como comunidad comboniana. Era evidente el afecto de la gente hacia nuestro hermano por todo el bien que hizo. Cuando, hace algunos días, le invité a que me acompañase para la ceremonia de aceptación de la parroquia, me respondió que no le gustaban esas cosas, que prefería acompañarme desde Lima rezando por todas las personas que conocía y había seguido durante su servicio en aquella zona. Hace algunos meses, habían diagnosticado al Padre Gianni un tipo de epilepsia y una serie de problemas en su salud. Se estaba curando en la clínica Tezza de Lima. Se le propuso ayudarnos en el economato provincial para que, encontrándose en Lima, pudiera hacer más fácilmente sus controles médicos, sin tener que desplazarse ni hacer esos viajes tan estresantes y evitar grandes sacrificios. Estaba tomando confianza en su nuevo servicio. Nada preveía esta triste conclusión. Su corazón no resistió y murió esta mañana, del 30 de marzo, debido a un infarto fulminante”.
Escribimos algunas frases de la carta que el Superior General, el Padre Teresino Serra, envió a la madre y a los familiares del Padre Gianni: “La triste noticia, inesperada e improvisa, causó incredulidad y dolor en todos. Humanamente tenemos el corazón dolorido, mientras la fe nos invita a agradecer a Dios por la vida del Padre Gianni y por su amor a la misión. Los ejemplos de fe del Padre Gianni son tantos y hay que seguirlos. Recordamos, entre las virtudes, su bondad y su amor a la gente. Su fe no era complicada: era la fe típica de quien cree firmemente en su vocación”.
Mi lectura personal de la muerte del Padre Gianni es la siguiente: para el Padre Gianni su muerte tiene el sentido de la “misión cumplida”. Ha ofrecido su vida por la de la comunidad indígena de la selva amazónica de San Martín de Pangoa. De nuevo podemos decir que el “grano de trigo” que cayó en la tierra murió para dar vida.
La mañana del 7 de abril el cuerpo salió hacia Verona y Levico Terme (Trento), donde lo recibió su madre, hermanos, hermanas, parientes y tantísima gente, que llenaba la iglesia de Levico, para la Misa de las 14.30, presidida por el vicario general de la diócesis, Monseñor Lauro Tisi, acompañado por más de 30 sacerdotes, entre los que se contaban unos 15 combonianos (de Trento, Arco, Limone, Verona, Bressanone, Como). Intervinieron en la homilía Monseñor Tisi, el Padre Romeo Ballan (de Verona) y el Padre William Dal Santo (del Perú). Al final hubo testimonios de familiares, del alcalde de Levico y del director de la Secretariado Misionero de Trento. La emoción era tan grande como la estima que este Comboniano, muerto a los 55 años, supo suscitar a su alrededor y en favor de las lejanas tierras misioneras de los Andes y de la selva amazónica del Perú. (P. Romeo Ballan)
Homilía de Monseñor Alberto Campos OFM
Estimados hermanos y hermanas en Cristo y Francisco de Asís: Paz y Bien.
Tengo el honor y la alegría de presidir esta Misa de Apertura en este II Seminario Franciscano sobre Evangelización y Misión en la Amazonía como un hermano franciscano que presta un servicio episcopal en el Vicariato de San José del Amazonas.
Expreso mi gratitud como misionero franciscano en la Selva por su presencia en este rincón de la Amazonía peruana para reanimarnos juntos en este proyecto integral continuando la benemérita labor de tantos hermanos y hermanas misioneros que nos han dado testimonio de entrega y heroísmo a lo largo de varios siglos y que en los últimos años nos sentíamos olvidados y abandonados por la misma Orden Franciscana.
Iniciamos nuestro Seminario invocando la acción del Espíritu Santo, protagonista de la misión, y que ha acompañado la obra misionera de Jesucristo y de la Iglesia desde sus comienzos hasta la actualidad y que ha movido los corazones de nuestros hermanos Francisco y Clara de Asís desde hace 800 años para anunciar la buena nueva del Reino de Dios hasta los confines de la tierra.
El Evangelio que hoy escuchamos recoge el llamado que el Señor hizo a los 72 discípulos para enviarlos de dos en dos a los lugares donde Él quería ir. Él Señor también ha querido estar en la Amazonía y nos llama para ser sacramento de su presencia entre los pequeños: porque “la cosecha es abundante y los obreros aún son pocos”. Nos pide que vayamos con las actitudes de sencillez y pobreza de recursos, que seamos mensajeros de la paz y del Reino y que recibamos de las personas y familias lo que nos quieran compartir.
Este Evangelio marcó la vocación misionera de Francisco, quien envió a los hermanos de dos en dos hacia los diversos puntos de la tierra conviviendo con sencillez y fraternidad con todas las creaturas. Nuestro continente americano también ha recibido esta presencia franciscana desde el S. XVI. Pero aún hay lugares donde el mensaje del Evangelio y del Reino no ha llegado.
Por eso la Orden al celebrar el octavo centenario de su fundación ha asumido un gesto profético en favor de la Amazonía para promover un proyecto misionero integral que proclame el Evangelio de la vida, privilegie a los pobres y comunidades indígenas, ribereñas y urbanas y proteja la creación. Por eso estamos reunidos en este Seminario.
La evangelización franciscana en la Amazonía comenzó desde fines del S. XVI pero en situaciones muy precarias pues era un campo misionero difícil, misterioso e inaccesible con un abandono por parte del Estado y de la misma Iglesia. El misionero tenía que predicar el Evangelio en esta vasta zona amazónica de una forma integral dedicándose a la formación cristiana, educación, salud, programas de desarrollo y promoción humana tratando de recuperar la identidad y dignidad perdida de los pobladores de esta marginada región.
Pasonki Carlos Cantella Salaverry OFM
El Papa Pío X en 1912 dirigió una Encíclica: “Lacrimabili Statu Indorum” lamentándose de la miserable condición de los indios en tiempos del caucho y pidiendo a la Iglesia actuar en beneficio de sus pobladores. Con esta iniciativa se fortaleció la presencia de la Iglesia a través de las tres Prefecturas Apostólicas creadas en Perú encomendadas a los dominicos (Madre de Dios), franciscanos (San Ramón) y agustinos (Iquitos) y creándose nuevos Vicariatos encomendados a los jesuitas (Jaén), pasionistas (Yurimaguas), franciscanos (San José del Amazonas y Requena) y a la Sociedad de Misiones Extranjeras de Québec-Canadá (Pucallpa).
La Iglesia de Brasil tomó la iniciativa a favor de la misión en la Amazonía y en el Documento de Aparecida se plasma la solidaridad de toda la Iglesia de América para esta vasta zona que está siendo devastada, es nuestra casa común y patrimonio de la humanidad.
La Amazonía es un espacio donde podemos vivir en plenitud los valores de nuestra vocación misionera franciscana porque convivimos en un santuario verde con las demás criaturas de la naturaleza, con comunidades indígenas y ribereñas que nos enseñan desde su cosmovisión a vivir en simplicidad y armonía con toda la creación, a relacionarnos con Dios, con los pobres, enfermos, leprosos y muchas personas excluidas para poner toda nuestra confianza en Dios y en su providencia.
Por eso debemos dar gracias a Dios por la celebración de este Seminario Franciscano y pedir las luces al Espíritu Santo para que nos guíe y podamos construir juntos este anhelado proyecto misionero franciscano descubriendo los desafíos que nos presenta la dura realidad de la Selva, sus potencialidades y encontremos la solidaridad de otros hermanos y hermanas que se nos unan en este compromiso misionero integral.
San Francisco nos pedía que “debemos desear por encima de todo tener el Espíritu del Señor y su santa operación”. Estemos atentos a las luces del Espíritu Santo sabiendo, como dice el apóstol Santiago en la primera lectura, que “todo lo bueno viene de Dios y nos engendra con su Palabra”.
Que la Virgen María, madre de Jesús y madre nuestra, misionera en nuestro Continente americano y muy apreciada en nuestras comunidades amazónicas nos acompañe en este Seminario y sea inspiración para nuestra labor misionera inculturada.
Hermanos, hermanas: Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Así sea.
Obra franciscana Ashaninkas Mazamari
Grupo de niños de la Institución Educativa Aldea del Niño Beato Junípero Serra de Mazamari, obra creada por el misionero franciscano Fray Joaquin Ferrer Beniel OFM (QEPD).