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El ÚLTIMO DE LOS DEMÓCRATAS UTÓPICOS

Lo que nos deja Armando Villanueva del Campo

Quizá el principal legado de Víctor Raúl Haya de la Torre a América Latina fue ofrecerle un derrotero original en tiempos en los que el socialismo pretendía direccionar los anhelos populares, y en los que las masas irrumpían en la política sin itinerario cierto, a través de la radio, el cine y la prensa escrita. Quizá por ello mismo no hemos logrado comprender la lucha que libró el APRA durante el siglo XX y quizá por ello no valoramos el martirologio del que tanto hablan los apristas en sus mítines, cuando nos relatan su lucha política.

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La democracia fue su utopía

Que la democracia fue la utopía que persiguieron hombres de la talla de Haya de la Torre y de Armando Villanueva del Campo, claro que lo fue; que la democracia por la que esos hombres padecieron décadas de cárceles y persecuciones se ha conquistado es probable que sí, pero es también indudable que existen más utopías por alcanzar y más batallas por librar en nombre de ella. Es por eso que, para comprender la utopía a la que Armando Villanueva le entregó su vida desde los quince años, es preciso recordar que aquel mundo confrontaba tres sistemas políticos opuestos: el socialismo, el fascismo y la democracia, la que no generaba los consensos que hoy genera. Al contrario, en el plano nacional, no era más que el cínico eufemismo de un régimen estamental y racista, heredero del orden colonial.

Es bajo esta perspectiva que cobra relevancia la utopía democrática de Armando Villanueva, porque cuando se inscribió al PAP de Miraflores en 1931, para consagrar su vida a la lucha por la democracia, ésta contaba con poderosos enemigos en el mundo y debía enfrentar, en el Perú, al máximo despliegue de los sectores conservadores, amparados por las fuerzas armadas. Es bajo esta luz que se resaltan los mártires del APRA, aquellos a los que sólo los apristas tienen como tales, pero que deberían serlo mucho más allá de la celebración partidaria.

La gran mayoría yace ya muerta, los primeros cayeron en la década de 1920, como Salomón Ponce y Manuel Alarcón Vidalón, quienes murieron en Mayo de 1923, oponiéndose a la consagración del Perú a los Sagrados Corazones. Otros cayeron en el trienio de 1931 a 1933, en Paiján, Trujillo o Chanchán; otros en los calabozos de Odría o víctimas de su implacable represión. A los demás se los llevó la vida, o la muerte, allí donde las balas no pudieron. El último de esta generación fue Armando Villanueva del Campo.

A nuestros ojos sobresaturados de información, zapping y programas cibernéticos, su vida puede parecernos la del héroe romántico que nunca existió. Pero sí hubo alguna vez un Armando Villanueva que a los 15 años se afilió al APRA y que tres años después intentó capturar el Cuartel Militar de Barbones para tomar el armamento e insurgir contra la dictadura de Benavides.  Sí hubo un Armando al que sólo desterraban para verlo volver como sea a reincorporarse a la causa que corría por sus venas; sí hubo un luchador que, en 1935, se camufló entre los futbolistas aliancistas que volvían de una gira a Chile para escabullirse de sus cancerberos al desembarcar en el Callao. Hubo un Armando que le agradeció al Presidente Manuel Prado su exilio a Chile porque, según el mismo refería, le había curado el asma. Ese mismo Armando, volvería a camuflarse en un barco para regresar al Perú en 1944, esta vez junto con Carlos García Ronceros.

Pero la vida de Armando Villanueva no es sólo la historia del exilio y de la persecución; también lo es la del trabajo propagandístico, como en la Revista APRA y el diario La Tribuna en el Perú, o la revista Síntesis Económica Americana que dirigió en Argentina, así como Ercilla, Los Tiempos y Última Hora, publicaciones con las que colaboró en sus exilios chilenos.  Su activismo político nos habla de un gran líder y organizador que desempeñó en cuatro oportunidades la Secretaría General del Partido Aprista. Armando ejerció la labor parlamentaria, llegando a presidir la Cámara de Diputados en 1967 y la de Senadores en 1986. En 1988 alcanzó la Presidencia del Consejo de Ministros. Su última gestión parlamentaria, entre 1990 y el 5 de abril de 1992, fue interrumpida por el autogolpe de Alberto Fujimori, viva advertencia de que la lucha por la democracia no ha concluido.

Quizá podríamos separar en dos etapas la trayectoria de Armando Villanueva del Campo: la del utópico por la democracia y la del demócrata. La primera se vincula a las luchas y violencias de la primera mitad del siglo XX, en la que los sectores conservadores del país se unieron con las fuerzas armadas para cerrarle el paso a la democratización que el APRA preconizaba; de allí la violencia contra el APRA, pero también desde el APRA; y de allí la pléyade de revolucionarios que refiero, dentro de los cuales Armando ocupa un lugar entre los más comprometidos y activistas.

La segunda se atiene al periodo que abarca desde la década de 1960 hasta su muerte. En ella, la búsqueda de consensos con otras fuerzas políticas en defensa de la democracia ocupa el primer lugar de la acción política. Este periodo nos lleva a 1967, cuando Armando Villanueva es elegido presidente de diputados y, en su discurso de instalación, reconoce su vocación beligerante para renunciar a ella y ofrecer dirigir la cámara buscado el consenso entre sus fuerzas. Esta etapa nos conecta también con el candidato presidencial de 1980, pero, aún más, con el representante del Perú en 1981, con la tarea de defender la causa peruana ante Ecuador, tarea que le fue encomendada por su adversario, el Presidente Fernando Belaúnde, quien lo derrotara en las elecciones  apenas un año antes.

En la madurez de su vida, Armando Villanueva comprendió, siguiendo el ejemplo de su Jefe Víctor Raúl, que la democracia se construía en base a alianzas y que no se puede gobernar sin ellas. Por ello, la larga ancianidad del otrora joven revolucionario se convirtió en la etapa más lúcida de su vida, en el periodo en el que sus palabras nos calaron más y más hondo. Armando se ha ido rodeado de la admiración, el reconocimiento y la amistad de tirios y troyanos, se ha ido dejándonos la búsqueda del consenso como legado y, una vez más, exigiendo la afirmación de nuestra democracia como utopía; de esta democracia que ya cuenta con sufragio universal e igualdad de derechos pero que no reposa aún en instituciones solidas, ni está libre de aventuras autoritarias en ciernes.

En tiempos de informalidad, de talk-show y de política-farándula; la voz de Armando Villanueva nos recordará siempre que hay utopías por las cuales la vida vale la pena vivirse o perderse y que la democracia es un bien preciado por el que nos quedan muchas batallas por librar.

 

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El APRA tras la revocatoria

Daniel Parodi Revoredo

A través de las redes sociales y varios correos electrónicos se me ha solicitado  pronunciarme en torno a esos otros supuestos “grandes perdedores” de la revocatoria que vendrían a ser Alan García Pérez y el APRA. Pero desde la real politik que lo llevó a sumarse a la campaña por el Sí, el PAP no perdió el domingo pasado. No perdió porque su objetivo era cambiar la gestión municipal de la izquierda y lo ha logrado, y no perdió porque Castañeda Lossio no podrá recuperar el Sillón de Nicolás de Rivera, ni reposicionarse en Lima, lo cual casi lo descarta como contrincante para el 2016. Divide et impera, reza el refrán. Sin embargo, me pregunto si esa dura real politik era la adecuada ante la difícil coyuntura que atraviesa el Partido y sí la no derrota del domingo favorece en algo su posicionamiento en la política nacional.

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Necesita renovarse

Antes de que el APRA fijase posición sobre la revocatoria, sostuve que, en lugar de involucrarse en nuevas contiendas electorales, el Partido debía pasar por un proceso de revisión ideológica-programática a través de un congreso convocado para dicho fin y organizado con la mayor de las transparencias. Me parecía que tras el colapso de la candidatura presidencial en 2011 aquello era lo razonable para poder volcarnos a la sociedad a exponer nuestro nuevo programa. Pero se optó por participar de la revocatoria, tras una legítima decisión de las bases  y si el resultado no nos ha sido adverso, tampoco nos ha favorecido, máxime si confrontamos nuestra actuación con la del PPC, que, a contracorriente de las dos últimas presidenciales, esta vez nos ha aventajado en su estrategia.

Como demócrata, a mi me satisface contemplar el fortalecimiento de un partido político, tanto como verlo desempeñarse, finalmente, con inteligencia; saludo también la promoción de una nueva e interesante generación, bajo el auspicio y estímulo de los viejos líderes. Cuestiono del PPC, más bien, que siga siendo el partido de los Reyes, pero que –parafraseando a Rolando Arellano- le falten los Chávez y los Quispe. Popularizarse es su gran desafío.

Sin embargo, como aprista me preocupa que el PPC, aún sin despojarse de su mote derechista, grite a los cuatro vientos que ocupa el centro de la política nacional y que, al respaldar a FS en el municipio, comience efectivamente a ocuparlo. Me preocupa, precisamente por lo contrario, que de un tiempo a esta parte el APRA se abstenga de señalar el lugar que quiere ocupar en el espectro político, máxime cuando éste apunta hacia su lenta y progresiva re-formalización.

Hoy existe una izquierda que, aunque golpeada, intenta reagruparse tanto como modernizarse, hay una derecha que quiere desplazarse al centro y otra derecha –la de PPK- que se siente muy cómoda donde está. A estos movimientos se le suma el fujimorismo, el nacionalismo y algunos frentes regionales que en cualquier momento pueden saltar –y de hecho saltarán- a la escena nacional. ¿Y entonces dónde queda el APRA? Sé que la candidatura de Alan García Pérez colocará al partido en una posición muy interesante frente a las elecciones de 2016, pero estimo urgente que en simultáneo éste se renueve y modernice, como otras agrupaciones vienen haciéndolo.

A mi alrededor, cómo bien lo leyó Haya de la Torre, veo que la única constante en la historia es el cambio y me inspira el compromiso de adaptar mis ideas, estrategias y acción a una realidad que se transforma constantemente. Siendo herederos de un visionario que apostó por el realismo en tiempos en que las utopías deterministas copaban el espectro ideológico, sus seguidores tenemos la obligación de adecuar el partido aprista a los requerimientos del tiempo presente para volver a ser los agentes de la transformación y de la justicia social

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Víctor Raúl: el hombre y la teoría

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Sigue vigente

”Recuerdo que en un deslumbrante amanecer estival sobre el Volga anchuroso, lo vi todo así con aureolas de espectro. Y aunque mirajes tales no sean frecuentes en otras latitudes, convengamos en que siempre las auroras transfiguran, tiñen y nimban fantásticamente la visión de las cosas”

Víctor Raúl Haya de la Torre, 1936

De mi recargada agenda me apena no poder leer todo lo que quisiera a Haya de la Torre por quien profeso una profunda admiración. Pero en enero hallé tiempo para disfrutar de una deliciosa compilación de sus relatos de los viajes que realizó por América y Europa. Esta se titula Nuestra América y el Mundo, y fue publicada en 1961.

En Nuestra América…, Haya nos describe los glaciares del mar del norte y la aurora boreal danesa pero en las entrelíneas de sus gráciles apuntes geográficos se atisba un político dejándonos pistas de su pensamiento. Quizá la idea fuerza que nos entrega Víctor Raúl es que su doctrina no se expresó en un conjunto de dogmas inamovibles, más sí en un depurado modelo de análisis de la sociedad, que se construye sobre la base de conceptos teóricos que sólo funcionan cuando actúan en conjunto.    

Su punto de partida es el marxismo. Marx dividió la historia de la Humanidad en modos de producción, en orden, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y el comunismo. Lenin, a su turno, añadió el imperialismo como etapa final del capitalismo. Haya, por su parte, le dio una mirada latinoamericana al desarrollo histórico marxista y apuntó que en nuestro continente el imperialismo era la primera etapa del capitalismo porque aquel era la manera como éste se  presentaba en nuestra realidad.

Entonces ya poco le faltaba para alcanzar la tesis del espacio-tiempo histórico. En ella concreta su idea de que los tiempos históricos no son los mismos en los diferentes escenarios geográficos del planeta, a pesar de la simultaneidad del tiempo cronológico. Por ello sostiene que políticas que funcionan en Europa podrían no hacerlo en América Latina. Subyace bajo estos planteamientos la dialéctica hegeliana, que Marx aplicó a su idea de que el cambio en la historia lo impulsa la lucha de clases. Haya recurrió a la dialéctica de manera menos dogmática y dedujo que cualquier sistema debía encontrar su negación y ser superado, incluido el comunismo.

En tiempos de utopías deterministas y grandes “verdades teóricas”, Haya se adelantó a la crisis de las ideologías y pensaba que la teoría debía adaptarse a la realidad y no al contrario. Creía que el hombre no podía controlar las fuerzas que ocasionan el cambio social, ni predecir su dirección. Por ello debía adecuarse permanentemente a revoluciones espontáneas e inesperadas.   

Al concluir nuestra lectura, nos quedó la sensación de que los relatos de Haya, separados unos de otros por largo tiempo, nos enfrentan al mismo investigador aplicando sus instrumentos de análisis a realidades diferentes.  En 1924, Haya nos describe la joven URSS. Su reflexión atisba la teoría que modelará con el paso del tiempo: “es menester analizar las diferencias reales y las analogías aparentes”.

En 1960, en la madurez de su pensamiento, aplicará a la polémica entre Moscú y Pekín la versión más depurada de su aparato conceptual. Ante la insistencia pekinesa de iniciar una guerra internacional contra el imperialismo, inevitable según Lenin, Nikita Kruschev declaró que no había que seguir a Lenin al pie de la letra, lo que remeció al mundo socialista. Haya comentó entonces, acertadamente, que Kruschev “no ha hecho sino aplicar a su política el principio dialéctico de la negación marxista, según el cual no hay verdades definitivas capaces de sujetar a un prefijado itinerario el acaecer histórico (…) esta ley no excluye ni al marxismo, ni al leninismo”. Cincuentaitrés años nos separan hoy del día en que Víctor Raúl  escribió estas palabras, y veintitrés de la caída del mundo socialista que validó su tesis sobre la imposibilidad de sujetar la historia a derroteros deterministas.

La Indoamérica actual pareciera distinta de la que conoció Haya de la Torre. Pero despejado el haz de luz de la aurora noventera, subsiste un continente tecnológicamente atrasado e incapaz de transformar su matriz productiva para enfrentar competitivamente al primer mundo. Así pues, nuestro espacio-tiempo histórico se adviene aún a las constantes del pensamiento de Haya que siempre acompañaron su teoría del cambio: la justicia social y la izquierda democrática, la necesidad de obtener del imperialismo los capitales y tecnología para desarrollarnos, y de constituirnos en foros multilaterales y mercados comunes para ser más competitivos.   

A 118 años de su nacimiento, es imprescindible despolitizar a Haya para instalarlo en la acogedora estancia de la historia. Allí podremos otorgarle el lugar que mezquinamente le seguimos negando: el del gran filósofo-político latinoamericano del siglo XX.  

Publicado el martes en Diario16

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EL APRA Y LA REVOCATORIA


Daniel Parodi Revoredo


Las pasadas semanas he hecho públicas mis observaciones a la revocación de la actual gestión municipal de Lima. Entre otras atingencias, mencioné que encontraba obsceno pretender el desafuero de la comuna limeña por razones tan frívolas como la extracción social o hasta étnica de la alcaldesa. Notaba, en las bambalinas del proceso, la presencia de un núcleo revocador mezquino, oblicuo y de dudoso origen en persecución de un objetivo apriorístico, trazado incluso antes de iniciarse el actual gobierno de Fuerza Social.

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Más lejos que nunca


Sin embargo, debo señalar también que al interior del PAP, partido en el que milito, se debatió largamente esta temática durante todo el año anterior y se levantaron importantes voces disidentes a la revocación como la del emblemático líder Carlos Roca y del dirigente nacional Fernando Arias. Asimismo, la cuestión se consultó al nivel de las bases, tan es así que yo mismo fui convocado por la mía a una sesión a la que no pude asistir y que se pronunció en favor del sí. La misma postura la adoptó la mayoría de bases distritales de Lima y de ese consenso democrático, que me consta, el APRA definió su posición.

Más allá de mis observaciones a la revocación, expuestas al principio de esta nota, encuentro coherente la decisión tomada por el Partido del Pueblo. Me resulta evidente la persecución que ha sufrido la actual MLM desde que inició labores –en algunos casos impulsada por gruesos errores de gestión-; pero también me queda claro el ninguneo sistemático del que fueron objeto apristas y castañedistas por parte de FS, detractora del tren eléctrico, del Cristo del “gordo vago”, de los hospitales de la solidaridad etc.

Para el caso del APRA y la izquierda, la actual puesta en escena recrea una antigua rivalidad en dónde la segunda cuestiona a la primera desde todos los ángulos: el político, el ideológico, el académico y el moral. La razón, que el APRA de los sesentas no lideró la lucha revolucionaria por la dictadura del proletariado, como aquella hubiese deseado. Ya he cuestionado, y seguiré cuestionando, la acusación de traición ideológica que pesa sobre Víctor Raúl Haya de la Torre y su movimiento; para nuestro actual interés, de ella se desprende el desdén histórico a la obra del político más preclaro y brillante del siglo veinte peruano, y a su partido.

Puerto a tierra- y sumándole el sambenito por su olvidable primer gobierno - se trata a los apristas como a una suerte de categoría sub-humana, moralmente inferior, y es así como se les refiere cotidianamente en las redes sociales y demás espacios donde se discute la política nacional. Ciertamente, la razón de apoyar la revocatoria debería partir de la evaluación de la eficiencia de la gestión municipal, pero no es dable pensar que los factores que he referido no influyen en la decisión de los electores más ideologizados del medio: apristas e izquierdistas.

Mucho queda por hacer en nuestro país, mucho por reconciliar y mucho –lo he dicho tantas veces- por tender puentes y hacer de la nuestra una política menos pantagruélica, tribal y des-institucionalizada. Pero aquí cada quien tiene que hacer su mea culpa, para empezar, quienes afrontan una consulta popular con el escenario cuesta arriba, lo que no se explica, simplemente, en la trama de un círculo macabro.

02/10/12: HAYA PRESIDENTE

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HAYA PRESIDENTE


Recientemente se presentó “CONTRA-HISTORIA DEL PERÚ, Ensayos de Historia Política Peruana”, compilación de Eduardo Dargent y José Ragas, un novedoso proyecto que contiene varias ucronías; es decir, relatos sobre acontecimientos del pasado que no ocurrieron pero que pudieron suceder.

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En Contra-Historia, Haya alcanza la Presidencia

En Contra-Historia se destaca el ensayo “Haya Presidente”, de Javier Barreda, quien recrea un escenario que rosó la realidad en 1962: la elección de Víctor Raúl Haya de la Torre como Presidente del Perú. En el ejercicio especulativo de Barreda, Haya llega al poder con el respaldo del odriísmo y el pradismo; tras superar el veto que le impusiese un sector de la Fuerza Armada. Más bien, Acción Popular pasa a la oposición junto con la Democracia Cristiana.

Para Barreda, el ucrónico gobierno aprista fue más bien conservador pues el Haya de entonces perseguía la institucionalización de la democracia y pensaba que ésta dependía del fino y difícil equilibrio entre los tres grandes protagonistas de la política de entonces: el ejército, la oligarquía y el APRA. En esa línea, el gobierno aprista reprimió con dureza las guerrillas del MIR y se desmarcó claramente de la revolución cubana al constatar su desplazamiento hacia la órbita soviética.

Sin embargo, la justicia social no dejó de estar presente en el gobierno de Víctor Raúl, quien aplicó una serie de políticas sociales, como una reforma agraria selectiva y una legislación laboral favorable a los trabajadores. Tras la muerte, en 1963, del Premier Manuel Seoane, Luis Alberto Sánchez jefaturó el gabinete, mientras que Ramiro Prialé, candidato presidencial aprista, fue ampliamente derrotado por Fernando Belaúnde Terry en 1969.

Aventurándome por el apasionante derrotero de la ucronía, extrañé en el texto de Barreda un análisis sobre el impacto de la crisis de la estructura del poder de entonces –ejército, oligarquía y APRA- sobre el gobierno de Haya de la Torre. ¿Cómo hubiese afrontado Víctor Raúl el desborde popular, la aparición de nuevas fuerzas políticas y la división del ejército entre su ala conservadora y la progresista? ¿Cómo se hubiese manejado el cambio dramático de la política tradicional peruana en un hipotético gobierno suyo?

Con todo, la trayectoria de Haya tuvo un capítulo más, la Constitución del 79, donde el viejo político se reencuentra con su ideología primigenia, según sus detractores condicionado por los militares y/o para asociar las reformas de Velasco al aprismo original. Yo creo, más bien, en un Haya crepuscular ya adaptado a una nueva coyuntura en la que sí existe espacio para el programa máximo del APRA en la política peruana.

Las “contra-historias” de Dargent y Ragas nos presentan más relatos fascinantes, como el de Charles Walker, en el que Túpac Amaru II logra tomar el Cusco, o el de Martín Tanaka, en el que, en 1990, Mario Vargas Llosa es elegido presidente del Perú. Desde una postura conservadora podría pensarse que Contra-Historia no es un ejercicio intelectual verificable pero sus relatos cuentan con un respaldo bibliográfico que los dota de un innegable valor académico.

En tanto recoge nostalgias, fantasías y anhelos colectivos, Contra-Historia cristaliza un espacio harto esperado en el debate historiográfico nacional.

Daniel Parodi Revoredo
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EL JOVEN APRISTA Y LA JUSTICIA SOCIAL


Yo no puedo dejar de emocionarme al encontrarme con tanto joven aprista en las redes sociales, con tanto joven aprista animado por una sincera inquietud de justicia social y atraído ya sea porque su familia, amigos o algún conocido le han comentado que el APRA es el partido del pueblo, que el APRA es una organización que lucha por los pobres, por los más necesitados.


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Haya luchó hasta el final

Pero a ese joven que hoy llega al APRA lo estamos exponiendo a una rápida desilusión o a un triste conformismo al interior de la maquinaria partidaria porque no le estamos diciendo qué hacer, porque no lo estamos dirigiendo. Es por eso que hoy ese joven que llega al APRA está esperando que nuestro querido Partido se relance y renueve su doctrina para así actuar sobre la realidad con la intención de transformarla. Porque el joven lo que más quiere es la acción y se siente inspirado por la acción fervorosa, sacrificada y revolucionaria de nuestros militantes del pasado.

Ciertamente, y para felicidad de la sociedad toda, las horas de lucha revolucionaria parecen haber terminado y Haya ya le ha demostrado con creces a los comunistas de ayer -que aunque lo sigan negando, han evolucionado irreversiblemente hacia posiciones apristas- que la justicia social solo se logra en democracia. En otras palabras, es la democracia realmente igualitaria y con oportunidad para todos el marco adecuado para alcanzar la justicia social, y aunque nuestra democracia sigue manifestando imperfecciones, ya parece madura frente a las antiguas tentaciones del autoritarismo militarista, como las que nos llevaron hacia las implacables dictaduras de Odría, Velasco y Fujimori.

No es mi intención, en estas líneas, dirigirme en contra de la conducción de nuestro querido partido que de seguro estará evaluando cuáles son las mejores políticas para el siglo XXI. Pero mientras no se convoque un congreso ideológico, doctrinal y programático que defina nuestra línea de acción política y, con ella, el rol del joven aprista en la transformación de la sociedad, es imprescindible al menos darle pautas que conduzcan sus primeras experiencias partidarias a través de su involucramiento en el día a día de su sociedad.

Me refiero compañeros al rol no solo del joven aprista sino de todo aprista en tanto que líder de su sociedad, de su distrito, de su barrio, de su cuadra, porque ser aprista sólo se entiende en función de la política que se realiza como servicio a la comunidad y no para obtener de ella beneficios económicos o particulares. Es por eso que pienso que los comandos universitarios apristas y las juventudes apristas de todos los comités del Perú deben comenzar por preguntarse ¿Qué pasa en mi cuadra? ¿Qué pasa en mi distrito? ¿Qué pasa en mi ciudad?; en otras palabras, cuáles son las injusticias que están a la vuelta de mi esquina y que veo todos los días al salir de mi casa al trabajo, a la universidad o a mi instituto técnico.

Una vez identificado el problema, el joven aprista debe pensar en una solución para lo cual debe acudir sin rodeos a pedir el consejo del aprista que ya es profesional, al abogado, al médico, al ingeniero, según sea el caso; o a hablar con la autoridad municipal; o, proyectándose todavía más, averiguar qué proyecto social se puede emprender en el barrio y cómo ese proyecto se podría financiar y que institución u organización del Perú o el extranjero puede apoyar la iniciativa. Y entonces llevarla a cabo, y no desfallecer, y no parar, y continuar y continuar hasta lograrlo, como el Jefe Víctor Raúl que a los 83 años, en el crepúsculo de su vida, pudo ver llegada la Constitución del 79, la Constitución de la justicia social para el Perú, aquella por la que luchó toda su vida y por la que pasó tantas cárceles y privaciones.

No olvidemos, compañeros, que tenemos una ventaja, nuestra ventaja es que somos y seguimos siendo partido, el único partido del país con bases en la mayoría de distritos a nivel nacional; es decir, estamos en todo el Perú. ¿Se imaginan lo que sería si comenzásemos a actuar de esta manera en todo el Perú? ¿Se imaginan cómo nos acercaríamos a la justicia social practicándola y además como recuperaríamos nuestro espacio como Partido del Pueblo en nuestra sociedad?

Los jóvenes a la obra, compañeros, así nos lo enseñó el maestro Gonzáles Prada que no por nada nuestra marsellesa reza “peruanos abrazad, la nueva religión” cuyos fieles devotos deben curtirse en el día a día en su entrega a los más pobres y en su lucha por la justicia social la que no puede detenerse nunca. El Jefe Víctor Raúl, en su última entrevista dijo “no he hecho otra cosa que dedicar mi vida enterizamente al servicio del país. Al servicio del pueblo”. Pues entonces nuestro camino ya está trazado.
Un abrazo fraterno a todos los jóvenes apristas del Perú

Daniel Parodi Revoredo
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Queridos amigos:

Esta reflexión fue pensada y escrita para un público militante del APRA, partido en el que milito. Pero he querido compartirla con todos ustedes porque participa del debate de los derechos humanos, que las últimas semanas ha generado muchas opiniones y discusión.


Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo

EL APRA Y LOS DERECHOS HUMANOS


Apreciado compañero Ugarte, apreciados compañeros:

Me permito algunas reflexiones alrededor del importante tema que toca Ud. en su última publicación. Concuerdo con que el APRA debe contar ya con una agenda mínima de lucha para recuperar espacios que hace décadas fueron nuestros pero que, hace décadas también, dejaron de serlo. Estos espacios, además, ya no son lo que fueron por los cambios temporales y paradigmáticos que han motivado el fin del mundo bipolar, la globalización y la era virtual.

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Einstein abogó por los derechos humanos de Haya de la Torre


Desde mi perspectiva el primer objetivo que debe trazarse el partido aprista, como premisa de su renovación, es el imperativo de recuperar el espacio de la izquierda democrática en el Perú. Para ello, como paso previo, se requiere un congreso doctrinal que responda a la siguiente pregunta: ¿qué significa ser de izquierda democrática en el Perú del siglo XXI? La respuesta a esa pregunta, per sé, conlleva la impostergable revisión ideológica del aprismo, apropósito de los cambios fundamentales de la realidad, que he mencionado en el párrafo anterior.

Mientras tanto, y por desgracia, veo hoy al partido sumido en la inactividad –al menos de cara a su proyección en la sociedad- precisamente por la ausencia de derroteros ideológicos y programáticos claros que pudiesen orientar nuestra acción política. Es más, veo con asombro –aunque también con mucho respeto- que como resultado del despiste ideológico que refiero, contamos en el Partido del Pueblo con compañeros que defienden posiciones ultra conservadoras o ultra neoliberales, o, lo que es peor, cercanas al autoritarismo fascista. Veo, con estupor, como en el APRA hay abiertos defensores del imperialismo, así como otros que denostan lo andino y cuestionan el compromiso del aprismo con el problema indígena.

Así pues, en el partido el galimatías campea y no faltan quienes cuestionan el indigenismo porque lo asocian con Mariátegui y entonces denostan, abiertamente, nuestras tradiciones ancestrales: patético. En el mismo sentido, existen en el partido corrientes abiertamente contrarias a los derechos humanos porque como estos se han convertido en “bandera de lucha” de la izquierda intelectual, que algunos llaman caviar, entonces hay que desmarcarse de dicha izquierda y la mejor manera de hacerlo es asumir la posición contraria: ridículo.

Compañeros, les pido disculpas porque en esta reflexión hablo fuerte pero me inspira mi aprismo puro y sincero, tal vez los derechos humanos, llamados así, no fueron una bandera específica del aprismo porque la declaración universal de los derechos humanos se proclamó recién el 10 de diciembre de 1948, décadas después de iniciada nuestra lucha; ¿pero es que alguien puede negar que toda la trayectoria de nuestro movimiento es, en lo fundamental, la lucha por los derechos humanos? Ojalá y estos hubiesen estado vigentes cuando seis mil compañeros fueron masacrados en Mansiche y Chanchán. Pero también recordemos, al contrario, que José Melgar, -el compañero que atentó contra Sánchez Cerro en 1932- mal que bien recibió juicio y que su condena a muerte fue conmutada y que finalmente alcanzó la libertad; recordemos que lo mismo ocurrió con el compañero Juan Seoane, también condenado a muerte por supuestamente participar de manera indirecta en dicho atentado, pero que alcanzó su libertad años después. Y primero en importancia, recordemos que el jefe Víctor Raúl estuvo muchas veces al borde de la ejecución y que fue la conciencia internacional de los derechos humanos y la presión ejercida por organismos de derechos humanos, así como la de grandes personalidades mundiales la que logró evitarla. Preguntémonos compañeros ¿qué hubiese pasado con nuestro querido Jefe Víctor Raúl si en la década de 1930 no hubiese existido en el mundo conciencia de los derechos humanos?

Alguien dirá, y con razón, que los derechos humanos son también para las víctimas del terrorismo y de la violencia que se ejerce y se ha ejercido en contra del Estado y la sociedad: totalmente cierto. No olvidemos, compañeros, que cientos si no miles de apristas fueron asesinados en los años del demencial terror de SL y el MRTA y que esos apristas, una vez más, murieron en defensa de la democracia. Alguien dirá, y tiene absolutamente toda la razón, que la lucha del aprismo por la democracia y sus violencias, porque algunas las tuvo, jamás serán equiparables al terror subversivo, ciego y demencial que nos mantuvo en las tinieblas hace dos décadas. Pero aquella palpable y cristalina realidad no nos puede llevar al equívoco de justificar los excesos del Estado en la represión de la subversión, máxime si ésta tuvo como costo la pérdida de vidas inocentes pero ni siquiera, compañeros, en el caso de un terrorista culpable, porque inclusive ese culpable merece un tribunal, un juicio, una defensa y una condena porque el arma del Estado es la ley junto con los derechos fundamental. La no vigencia de los derechos fundamentales es la tiranía y si no es la lucha contra la tiranía la máxima inspiración del aprismo, entonces yo ya no sé cuál podría ser nuestra máxima inspiración.

Los derechos humanos, compañeros, se llaman así porque son universales y se llaman así porque mucho hemos evolucionado, felizmente, desde Maquiavelo hasta nuestros días. Porque Maquiavelo logró separar la política de la religión al sostener que el príncipe o gobernante debía hacer lo que fuese necesario por el bien del reino, aunque lo necesario estuviese reñido con la moral cristiana. Sin embargo, después de Maquiavelo, la teoría política del Estado, en Occidente, fue creando su propia moral con el objetivo expreso de proteger al individuo del propio Estado y sus eventuales abusos. Por esa razón, el habeas corpus, instituido temprano, en el siglo XVII en Inglaterra, estableció que la autoridad no podía retener a un sospechoso para interrogarlo más que algunas pocas horas y que éste tenía derecho a un abogado, así como a ser visto y palpado por sus parientes para asegurarse que no se le hubiese torturado ni obtenido de él información por la vía de la tortura. ¿Y acaso no fue ese mismo Estado liberal, ese mismo Estado democrático y esos mismos derechos fundamentales por los que Víctor Raúl y todos los viejos apristas se condenaron a una vida de ostracismo, persecución y clandestinidad? ¿No fue para conquistar esos derechos para nosotros que los apristas de ayer fueron perseguidos, encarcelados y asesinados por más de treinta años?

Por eso compañeros, yo creo que los apristas de hoy debemos explicitar como nuestro máximo consenso que EL APRA ES UN PARTIDO DE IZQUIERDA DEMOCRÁTICA y que serlo supone ocupar todo espacio de izquierda que no sea marxista y toda bandera de izquierda que mantenga una sólida y segura premisa democrática. Por esa razón he hablado, en esta reflexión, de la reivindicación de lo andino y principalmente de los derechos humanos, porque si hubiésemos clarificado ya el rol que debe desempeñar el aprismo en el Perú del siglo XXI éstas, sin duda, serían banderas de vanguardia para APRA, enarboladas fervorosamente y sin titubear. Lo mejor de todo es que tenemos lo que los otros no, un partido para llevarlas a la praxis.

Daniel Parodi Revoredo
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Al luchador infatigable


El sábado por la mañana visité a Armando Villanueva del Campo porque me nació hacerlo. Hasta entonces lo había visto una vez en 1982 en casa del matrimonio Coronado – Merel en Inclán, Miraflores. Yo tenía quince años y frecuentaba a los hijos de la pareja. Cuando sonó el timbre de su casa me tomé la libertad de abrir y era Armando. Lo hice pasar, avisé de su llegada y allí quedó la cosa. Han pasado 30 años.

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Luchador infatigable

Pero este sábado me nació visitar a Armando porque recientemente una cita con él me fue cancelada a causa de su delicado estado de salud y creí que no debía esperar más, que no se trataba de aguardar su mejoría, sino de ir a su encuentro a la clínica a darle la mano y expresarle mi admiración. Ciertamente, mi vocación por el APRA empezó con él, con su campaña presidencial de 1980. Yo era muy niño en el 1978 cuando Haya presidió la Asamblea Constituyente; así que es justo decir que mi devoción por el partido de la estrella no se originó con Víctor Raúl sino con Armando, aunque este resulte ser el defensor más purista de aquel.

Con Armando las cosas son muy sencillas, no hay preámbulos, ni trámites innecesarios, en la clínica pregunté el número de la habitación y me lo dieron de inmediato. Al llegar toqué la puerta y el propio Armando me dijo “adelante” sin siquiera haberme visto ni conocerme y sin saber quien llegaba a visitarlo. Entonces me presenté y comenzó una breve pero intensa conversación. Charlamos sobre Rómulo Meneses y la investigación que acerca de la trayectoria de este aprista fundacional estoy iniciando.

Cuando le mencioné el Centro de Estudios Antiimperialistas de París, me dijo que en esos tiempos (1929-1930) Meneses había estado con Víctor Raúl en Europa. Yo añadí que ese viaje lo realizó Meneses junto con Manuel Seoane para desagraviar a Haya de ciertas calumnias de Eudocio Ravines. Pero Armando me enmendó rápido con el índice levantado, como acostumbra: no fue con Seoane señor, ¡fue con Luis Heysen!

Después le comenté que un aspecto central de mi investigación es la relación del APRA con el campesinado pues Meneses fue por décadas Secretario General de Asuntos Indígenas del PAP. Le subrayé que esto era importante porque desde cierta historiografía se acusa al APRA de darle la espalda al campesinado y ser un partido eminentemente criollo. Entonces Armando se incorporó un poco en su lecho y adoptó mayor firmeza en su postura para decirme, con esos ojos que hoy mantiene casi siempre cerrados para conectarse con los tiempos que evoca, y con su voz ronca, la misma voz del joven luchador y el viejo revolucionario, del candidato de la izquierda responsable y último patriarca del aprismo: ¡los comités residenciales!

Me dijo entonces que desde su primer congreso nacional, la cuestión indígena había formado parte del programa del PAP y que ejemplo de aquello eran los comités residenciales, a través de los cuales el partido potenció las redes trazadas entre los provincianos radicados en Lima con sus familiares de la sierra rural. Ello demuestra, me indicó afirmando de nuevo con el dedo índice, lo infundada de la versión que tú refieres. Helo allí, en su lecho de enfermo, con un halo de vida apenas, atrincherado el luchador infatigable, defendiendo una vez más la causa de su vida.

A sus 97 años Armando tiene en ciernes dos porvenires: el del adiós y el de la inmortalidad. Al dejar su habitación de enfermo me puse a pensar cuáles serán, de aquí a diez años, los bulevares que llevarán su nombre y cuál sería una buena leyenda para el primer monumento a su memoria, de allí el título de esta reflexión.

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Estimados amigos:

Comparto discurso que pronuncié en la Casa del Pueblo por los 80 años de la Revolución de Trujillo. La ceremonia se realizó el 9 de julio del presente año.

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http://www.youtube.com/watch?v=OxwYxbhXnZA


Saludos cordiales

Daniel Parodi Revoredo
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Estimados amigos:

Tengo el agrado de compartir con ustedes el video que contiene las entrevistas de La Mula a Nelson Manrique y el suscrito sobre la Revolución de Trujillo.


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trinchera revolucionaria en Trujillo


http://lamula.pe/2012/07/17/se-conmemoran-los-80-anos-de-la-revolucion-de-trujillo/rosarosa

Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo