25/10/06: Los ocho retos más importantes para el desarrollo equitativo y en paz

Salomón Lerner Febres

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Los retos que enfrenta el Perú en su camino al desarrollo y la paz son a un mismo tiempo históricos y plenamente actuales; es decir, están vinculados con los problemas y oportunidades del mundo contemporáneo, pero también forman parte de los proyectos incumplidos del país desde que nació como Estado independiente y como democracia.

El Perú tiene que vencer un primer reto que es la consolidación de la paz después de dos décadas de un proceso de intensa violencia. Consolidar la paz no significa la suspensión de acciones armadas, actos de terrorismo, conatos de rebelión o actos de represión indiscriminada. Implica ir más allá: sacar las lecciones de la violencia para, a partir de ellas, construir una sociedad más justa, así como atender los daños concretos y las secuelas generales que dejó el conflicto interno.
Es claro que esa paz exige atender un segundo reto: el combate a la pobreza y la exclusión. Más de la mitad de la población peruana vive en situación de pobreza, y casi una cuarta parte subsiste en la miseria. Luchar contra la pobreza implica, ciertamente, buscar formas de incrementar las fuentes de ingreso y mejorar la satisfacción de las necesidades. Pero requiere, también, atacar los factores que la causan y que la hacen condición perenne para la mayoría. Esos factores se resumen en la rígida exclusión social -marginación, desatención estatal, discriminación étnica- que todavía caracteriza a nuestra sociedad.

El problema de los ingresos remite a un tercer desafío, que es el del crecimiento con empleo. El Perú ha crecido económicamente en los últimos cuatro años. Sin embargo, los peruanos no sienten mejorar sus vidas. Ello delata los caminos erráticos de nuestro crecimiento, centrado en industrias que no crean fuentes de ingreso para la población. Se debe comprender que la falta de empleos dignos no es una fatalidad, sino resultado de las decisiones de los gobiernos. Estos han de resolver si gobiernan sólo para el mejoramiento de las cifras y la atención de las deudas del Estado o para el bienestar ciudadano.
Esto plantea, como cuarto reto, el desarrollo institucional. Se ha hablado mucho en los últimos quince años sobre reforma del Estado. Pero ésta ha sido abordada de una manera tecnocrática, sin dar atención a los fines de una reforma. En un país de tan hondas desigualdades como el nuestro, no basta con «poner a punto» la administración para que funcione con eficiencia. Más importante es dar una guía ética y política a esa administración. Esa guía son las instituciones democráticas, instancias donde el Estado se expresa como servidor de una nación.

Un quinto reto es el desarrollo de un sistema político funcional a la democracia y el desarrollo. El Perú vive en una suerte de «informalidad política» desde hace casi quince años. En ausencia de un sistema de partidos bien definido, no hay forma de tomar decisiones públicas sólidas y legítimas orientadas al bien común. El predominio de organizaciones oportunistas e improvisadas en la vida política es uno de los principales obstáculos para que se adopten decisiones de Estado, del tipo de las requeridas para enfrentar la pobreza. Por el contrario, lo que el estado de cosas actual promueve es un peligroso desin¬terés de la población en la democracia.
En sexto lugar, el Perú tiene el reto de fortalecer sus organizaciones sociales. Una sociedad civil robusta es el correlato indispensable de un Estado promotor del bien común. Es, también, garantía de democracia. La historia de la violencia en el país muestra dramáticamente las consecuencias de una sociedad desestructurada. Por el contrario, una sociedad organizada es mejor defensora de los derechos de todos y obliga al Estado a responder por sus acciones cotidianamente.El robustecimiento de esa sociedad civil ha de llevar a afrontar mejor un séptimo reto: el desarrollo sostenible. Este significa, en primer lugar, garantizar nuestras posibilidades futuras con una protección del medio ambiente y, en segundo lugar, garantizar la continuidad de los esfuerzos realizados mediante participación de la población en la transformación de sus propias vidas.
Finalmente, el Perú enfrenta un octavo reto: hacer más democrático y eficiente el gobierno mediante una descentralización bien pensada política y técnicamente. La historia reciente de la descentralización no ha sido muy afortunada. Es necesario, ahora que ella avanza, tomar las precauciones para que ésta no sea un camino de frustración, sino de realización, no sólo distribuyendo competencias y recursos, sino también fortaleciendo capacidades para que los diversos pueblos del Perú puedan tomar en sus propias manos su desarrollo


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