Archivos de mayo,2007

Cuento Las Lagartijas

mayo 16, 2007
Aquí va un pequeño regalito: El cuento africano "las lagartijas", en mi versión (extraída del espectáculo "Hace Tiempo que Nunca", 1999, con Rafo Ráez (guitarra), Mauricio Alvarez (batería) y Carlos Gonzalez (Teclado)). Nos permite entender dos cosas articuladas: (1) que es necesaria la voluntad de solidaridad, (2) que los problemas sociales afectan todo el campo social en sus efectos colaterales, razón por la cual es necesario concebir la Responsabilidad Social en términos de "gestión de impactos". Desde esta visión de gestión de impactos, la solidaridad (ética) se relaciona con el interés (es mi ventaja y tu ventaja ser solidario), puesto que somos todos intersolidarios de hecho (lo que hace uno afecta al otro siempre). Luego, podemos olvidarnos de la "abnegación" y la "acción desinteresada", que son perspectivas importantes desde una ética de primera generación, pero que se vuelven características perfectamente inútiles e irrelevantes para pensar el acto moral, desde un enfoque complejo de tercera generación.
las lagartijas


Después de escuchar este cuento, pregúntate: ¿el perro está animado por buenas intenciones desinteresadas o más bien por el interés de no arriesgar consecuencias negativas por la pelea de las lagartijas (como efectos colaterales globales de la fechoría local)? Como puedes ver, es imposible decidir, y no tiene ninguna importancia decidir. Es irrelevante saber los motivos que animan a las personas cuando cuidan de la morada común (Ethos), lo único importante es que cuiden efectivamente la morada común. ¿Por qué? porque el problema no es de saber si estas personas SON buenas o no (problema de primera generación, de por sí imposible de resolver e irrelevante) sino sólo de saber si la morada está cuidada (si las acciones de cuidado están BIEN). Es pues un problema de ética política (hacer las cosas bien) y no de ética personal (ser bueno).

Por culpa de una ética centrada en el irrelevante problema metafísico (es decir vano y sin solución) de la buena voluntad personal, hemos pasado siglos en blablabla ético-religioso y en acciones perfectamente ineficaces para el cuidado de la casa común, porque sólo se cuidaba de las buenas intenciones pulcras y de los efectos directos puntuales de la acción moral. El resultado fue (1) la reducción de la ética a la beneficencia puntual filantrópica, algo así como llevar un vaso de agua al desierto y pretender así regarlo (o bien plantar un solo árbol en el desierto y felicitarse por lo bueno que es uno); (2) el descuido total de la morada común, de los impactos colaterales de la suma de las acciones individuales, lo que nos conduce hoy a los riesgos de inhabitabilidad general del globo terrestre; (3) la separación tajante entre ética y eficacia, buena voluntad y estrategia política, blablabla ético-filosófico y ciencia.

Si seguimos hoy con este exclusivo enfoque de primera generación que provoca POR DEFINICION estos 3 efectos colaterales dañinos, podemos esperar efectivamente que nuestras "buenas intenciones" terminarán llevandonos al infierno. Recién a partir del final del siglo XVIII se inventó un modo de instituir una primera ética política a la vez justa y eficaz: los Derechos Humanos y el sistema democrático (división de los poderes, transparencia de los actos públicos, vigilancia ciudadana, negociaciones colectivas, etc.), lo que yo llamo "ética de segunda generación". Hoy sabemos que no es suficiente, que incluso una sociedad justa y desarrollada puede ser insostenible. Razón por la cual hay que inventar una segunda generación de ética política eficaz: es la Responsabilidad Social de las organizaciones concebida como gestión de todos los impactos colaterales de la actividad colectiva. Basada en el principio complejo de la "ecología de la acción" (Edgar Morin), esta nueva ética, de tercera generación, tiene características nuevas que nos alejan mucho de un paradigma mental de primera generación, por lo que no es fácil en el inicio acostumbrarse a pensar de otro modo. Pero es necesario, urgente y posible. ¡Trata! y verás que, efectivamente, no importa para nada las intenciones que animan al perro, sino sólo separar a las lagartijas.

Mitakuye Oyasin!