Categoría: Peruanismos
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Mosaico, un par de cervatanas bien al polo campo para mi cecilia bracamonte, al tokepala y en primavera numas porke estoy bien apurimac y traeme un trapecio para la mesopotamia porke esta bien susuki.
TOMBOY (seud.). "Palabras y frases nuevas, haber que estamos inventando". Sugoi Foros -> Discusión general -> De todo un poco. 26 diciembre 2005. http://bit.ly/OAwgqZ Reg. 17 septiembre 2012.Mosaico un par de serpentinas bien elásticas que estamos con una cecilia bracamonte terrible y de pasarela trae un trapecio pa' la mesopotamia que está bien suzuki, pero al toquepala que estamos recontra apurimac, se nos hace tarzán, la horacio se hace cortina y estamos recontra alejandro de la jato.
GPastor (seud.). "¿Manyas la jeringa?". Foros Perú. 26 julio 2011. http://bit.ly/OAwcHH Reg. 17 septiembre 2012.

Mosaico unas serpentinas bien elasticas, con sus basadres, y de pasadita un trapecio para la mesopotamia que esta bien suzuki, pero al toquepala que estamos apurimac y con una cecilia barraza... y al final sorry tigre no dejo propina estoy misil... o mas brava: estoy mision imposible II... Asi pasa pe a veces uno esta lacio capsula... apago la lucia de la cruz y ahi nos vidrios.
Pauta, Arturo. "Chévere, pajita pulenta". Canelo, Pedro. El joven nostálgico (blog).25 agosto 2009. http://bit.ly/fVkf7h Reg. 17 septiembre 2012.

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¿Cuál es el peruanismo que usa más como sinónimo de "robar"?




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La infidelidad en una relación amorosa, aparentemente sólida, es vivida como una traición imperdonable y dañina. Las grandes religiones la condenan como un pecado y las sociedades como una falta grave al matrimonio. Nadie quiere ser engañado, sobre todo al inicio de la relación, porque la primera traición es irreparable (Kundera, 1984).

En Perú, se usa, en forma despectiva, los términos cachudo y venado para hacer referencia a la persona engañada. Se utiliza dos palabras que derivan de los vocablos cacho y cuerno, porque en nuestra cultura los cachos y los cuernos simbolizan la falta de fidelidad conyugal. Como ejemplo de estas connotaciones, tenemos la siguiente manifestación:

¿Y este venado qué opina? Anda cuida a tu mujer. Ahora con quién estará sacandote la vuelta, cachudo.
Cárdenas, Johnny. "El 'Puma' Carranza sobre Roberto y Gisela: "Seguro habrá un remember"". El Comercio.pe. Comentario. 14 mayo 2010. http://bit.ly/eNp3Il Reg. 11 febrero 2011.


Como se observa, la persona engañada es tildada de venado y cachudo en el registro popular peruano. Hace unos meses, un artista de nuestro país hizo noticia por haber sido engañado por su pareja, quien le había confesado ser padre biológico de la hija. Los receptores de las noticias de espectáculo lo llamaban cachudo. Un ejemplo de uso es el siguiente, donde se presenta, a su turno, una analogía verbal de venado con venancio.

Ahora Melcochita ha quedado como un venado, es más, le van a decir por la calle Venancio.
Matlab81 (seud.). "'Melcochita' no es el padre biológico de la hija de Monserrat Seminario". Perú.com. Sección Espectáculos. Comentario. Lima: 15 julio 2010. http://bit.ly/dMpwbG Reg. 11 febrero 2011.


Haber sido engañado tiene su huella en el registro popular. La lengua es el almacén de nuestros infortunios, desventuras y desgracias. Ella registra y archiva, pero también recicla.

Para algunas personas recuperarse de esta situación irreverente toma días, para otras no se concibe el engaño. Unos perdonan, otros se vengan. El adulterio, por ejemplo, ha acarreado la muerte de la pareja infiel en muchas culturas, como la nigeriana donde se lapida hasta la muerte. En la lengua, la infidelidad se paga con la designación de calificativos identificativos, vejatorios o burlescos. La lengua señala, acusa, dictamina.

En nuestro país, se usa dos vocablos usuales para designar a la persona infiel: sacavueltero y tramposo. La primera palabra está formada por un proceso morfológico de parasíntesis, la segunda por una derivación. Ambos adjetivos se emplean para hacer referencia a la persona que engaña a su pareja con otra. Sin lugar a dudas, la infidelidad tiene su huella en el lenguaje popular. Los siguientes ejemplos muestran el empleo de estos vocablos.

La ex congresista fujimorista Martha Chávez calificó de 'sacavueltero' al director general de la Policía, Miguel Hidalgo Medina, al comentar que si le fue infiel a su esposa, también podría 'sacarle la vuelta' a la institución policial a la que pertenece.
"Ex congresista Martha Chávez llama 'sacavueltero' al general Miguel Hidalgo y pide su destitución". Peru.com. 16 abril 2010. http://bit.ly/94Bv1z Reg. 11 febrero 2011.

Mujer se cansó de maltratos y en plena discusión lo cortó. Después lo llevó a hospital y dijo que fue atacado en la calle por desconocidos: de cuchillazo mata marido pegalón y tramposo.
Ajá. Sección Noticias. Lima: 03 marzo 2004, p. 2.


Referencia bibliográfica
Kundera, Milan (1984). La insoportable levedad del ser. República Checa.


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¿Cómo citar esta fuente?
LOVÓN CUEVA, Marco (2011). "La infidelidad en la lengua". Blog de Marco Antonio LOVÓN CUEVA. Lima: PUCP. http://bit.ly/fwQ4Gq

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No solo en Perú, sino también en Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y hasta en Panamá se le llama, despectivamente, milico al militar. En todos estos países se descalifica al militar con el uso de esta palabra, pues para la población es una forma de rechazar a este miembro que profesa la milicia. La gente ha llegado a desconfiar de los militares y de los policías; en un lenguaje informal, nadie confía en los milicos y los tombos. La percepción de la gente de considerarlos como protectores de las integridad territorial, la soberanía, el orden público y la seguridad particular de los ciudadanos se altera por la imagen de verlos como asesinos, abusivos, rateros o sobornadores. Como ejemplo de esta percepción y calificación negativa se tiene esta cita: "Milicos, cachacos, tombos ladrones y coimeros, demuestren y ganense el respeto de la población, para que así justifiquen sus sueldos"*. Despectivamente se los menosprecia. En nuestro país, el milico y el tombo son infravolarados también con el término cachaco. Ese vocablo que se utilizó en un inicio para referirse al policía terminó a su vez por aplicarse al mismo militar.

Si bien es cierto que los hablantes de una lengua crean palabras para nombrar y referirse a las cosas objetivas, igualmente crean para manifestar las apreciaciones subjetivas (amor, rechazo, dulzura, etc). Podemos estar de acuerdo con las connotaciones que da un grupo a otro o no estarlo, de qué depende, de la pertenencia o identificación con uno de los grupos en un espacio y momento determinado; no obstante, lo que no puede dejar de negarse es la existencia del vocablo. Aunque nos desagrade, hay términos despreciativos producto de la capacidad inventiva del hombre que ve a otro hombre como distinto, raro, superior, injusto, salvaje.

En términos de grados, el alférez es el alfiler, el capitán es capirucho, el comandante es comanche y el coronel es coroncho. Se buscan palabras equivalentes para las denominaciones de la organización militar y policiaca. Cabe señalar que estos términos usados en el lenguaje peruano se presentan con un matiz peyorativo. Se desvalora al militar o al policía por sus distintos grados o autoridad. El lenguaje es como el ajedrez: de un lado hay fichas blancas, del otro, negras; y cada una de ellas se corresponde una a otra. Por cierto, el término capirucho se ha extendido al campo del fútbol para adjetivar al capitán de un equipo.

El lenguaje, ciertamente, permite a los hablantes ocultar aquello que otros no deben conocer. Así en la jerga delictiva se llama moroco al soldado; es decir, la persona que sirve en el Ejército es apodada como moroco por la gente que delinque. Un moroco es, sobre todo, el militar que empieza a trabajar dentro de la escuela militar después de haber egresado. Como soldado posee poca experiencia en la ejecución de las labores militares. Ciertas veces, calificar demanda a los grupos humanos de escabullirse de las alusiones directas. Otras veces requiere denominar aquello que se resiste a ser nombrado. En la Sierra o en la Selva, por ejemplo, se testimonia que el término uniformado es el intento de reconocer al militar o al policía no identificado. El lenguaje, pues, está al servicio de todos.



*X-man. "Reparos a la eliminación de Cédula Viva". Perú21.pe (Comentario). 2 setiembre 2010. http://bit.ly/bNttiM Reg. 28 enero 2011)

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¿Cómo citar esta fuente?
LOVÓN CUEVA, Marco (2011). "De militar a milico”. Blog de Marco Antonio LOVÓN CUEVA. Lima: PUCP, 28 enero 2011. http://bit.ly/hfSko0
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Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura 2010, no solo es novela y ensayo. El autor de La casa verde, que le permitió obtener el Premio Rómulo Gallegos, y Lituma en los Andes, con el que ganó el Premio Planeta, representa, también, un referente ejemplar de nuestro léxico peruano. Más allá de ser un hombre de innumerables premios y distinciones, nos ofrece un espacio, breve o no, para encontrarnos con nuestras palabras, con nuestros peruanismos.

Sus hojas se han convertido en un espacio para encontrar al cachaco, no al militar; a la chanfaina, no al enredo; al piqueo, no a una pequeña porción de alimentos; y al camote, no el enamoramiento. En sus páginas, el lector puede descubrir sus percepciones y vivencias, y las formas cómo las construye, encontrar, por ejemplo, ese bagaje lexical que usamos los peruanos en los distintos ámbitos situacionales, sociales y geográficos. No resulta extraño hallar términos como churre para calificar a un niño y piajeno para designar al burro en su obra Quién mató a Palomino Molero o toparnos con el seco de chavelo, plato hecho a base de carne seca y plátano verde, y el clarito, una bebida dulce, como parte de la gastronomía piurana en La casa verde: “—Nada de chifas —dijo Lituma—. Quiero platos piuranos. Un buen seco de chabelo, un piqueo, y clarito a mares”. Vargas Llosa no solo residió en Lima, lugar que le permitió plasmar, principalmente, Los cachorros; su primaria y su último año de secundaria fueron cursados en Piura, la tierra del clarito y el crocante chifle. Esta experiencia le permitirá introducir, con precisión y naturalidad, esos piuranismos.

Sus escritos resultan, pues, ser muestra de la riqueza léxica peruana; y, en consecuencia, un aporte para el registro de ese léxico. En sus novelas, las condiciones sociales de los personajes pueden expresarse con el uso del lenguaje coloquial, popular o juvenil que revelan la capacidad inventiva de los hablantes. En Los cachorros, tenemos, así, la palabra trome, producto de un cambio fonético del término metro: "Qué trome, Cuéllar, le decía Lalo, ¡aprendan, bellacos!"; y en Pantaleón y las visitadoras a pintón producto de un extensión semántica de “agradable” a “guapo”: “Yo que creía que todos los chinos eran finitos, este es Frankenstein. Aunque a Alicia le parece pintón”. El uso de estos vocablos le permite al autor, a nuestro parecer, darle un rasgo singular a cada personaje, a cada voz, a cada situación, reflejar los modos de hablar. Las obras literarias de Vargas Llosa nos ofrecen, preciadamente, ejemplos de uso de los castellanos del Perú.

Sus palabras “El Perú soy yo, aunque a algunos no les guste […], lo que yo escribo es el Perú también” no solo expresan su mérito, sus rechazos, sus vivencias personales en general, sino también nos desvela las formas de habla que nos presenta en los más variados momentos de sus novelas. Leer a Vargas Llosa es caminar acompañado de algunos peruanismos como cachimbo, calato y pararle el macho, guste o no guste, sobre todo en sus primeras obras cumbres. La impronta vargallosina nos entrega ficción; sí, es cierto, pero a la vez nos entrega palabras peruanas, que se proyectan del Perú al exterior.

Para cerrar, algunos ejemplos de uso de peruanismos aparecidos en las obras de Vargas Llosa:


Cachimbo. Alumno de primer año de enseñanza superior. "Cuando era cachimbo universitario, solía caminar en dirección a la misma Biblioteca Nacional". (La tía Julia y el escribidor)

Cajón. Instrumento musical de percusión que se toca con las manos y sentado sobre él. "Y aunque sus manitas eran débiles sabía acompañar expertamente cualquier música criolla en el cajón". (La tía Julia y el escribidor)

Como se pide chumbeque. Bien, muy bien. "Bien, vayan embarcando y a portarse como se pide chumbeque". (Pantaleón y las visitadoras)

Cortar. Ingerir un alimento o bebida alcohólica para aliviar el malestar producido por una borrachera. "Encontré a la familia todavía en pijama, cortando la mala noche con choritos picantes y cerveza fría". (La tía Julia y el escribidor)

Cristina. Gorra de tela, desprovista de visera. "Un soldado todavía borroso: pero él sabe […] que bajo las insignias, la cristina, los bolsudos pantalones y la esmirriada camisa de dril está sollozando". (Pantaleón y las visitadoras)

Rollo. m. Pliegue de tejido adiposo que se sitúa en alguna partes del cuerpo. "La figura encadenada que le sonríe con picardía es una señora Leonor […] a cuyo flaco esqueleto se han añadido […] las tetas, las nalgas, los rollos y el andar protuberante de Chuchupe". (La tía Julia y el escribidor)



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¿Cómo citar esta fuente?
LOVÓN CUEVA, Marco (2010). "Los peruanismos en Mario Vargas Llosa”. Punto Edu. Publicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 13 de octubre. http://bit.ly/d6NU1T
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