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Estimados amigos:

Comparto tres entrevistas que he dado en los últimos días:

1.- Para CNN-CHILE "Relanzar la relación peruano-chilena"
http://www.cnnchile.com/noticia/2012/12/07/historiador-de-peru-este-fallo-servira-para-relanzar-la-relacion-peruano-chilena

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declarando para CNN-CHILE

2.- Con AUGUSTO ALVAREZ RODRICH "el mayor triunfo será la integración"
https://www.youtube.com/watch?v=V-2svscVbqg

3.- Para EL COMERCIO "en torno a la pregunta de la corte"
http://elcomercio.pe/actualidad/1507065/noticia-favorece-necesariamente-peru-chile-pregunta-corte-haya?ft=grid
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¿UNIÓN LATINOAMERICANA AD PORTAS?


Daniel Parodi Revoredo


Debo confesar mi inicial escepticismo hacia UNASUR. En el pasado he visto despegar muchos proyectos similares sin que ninguno haya consolidado un foro regional importante. Sin embargo, creo que estamos en un buen momento para hacerlo y la cumbre de ASPA es prueba de ello.

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Buen momento para la Unión Latinoamericana


Al respecto, el canciller Roncagliolo ha resaltado que frente a las crisis china, europea y norteamericana, la posición emergente de América del Sur torna la región en el escenario ideal para las inversiones y a nuestro presente en la coyuntura esperada para la integración y el desarrollo socio-económico. De allí su reflexión sobre ASPA, a la que han venido veinte de los veintiún países árabes y miles de empresarios que probablemente iniciarán una nueva oleada de inversiones en el Perú y América Latina. “Si han venido tantos es porque la invitación la ha formulado la región, y no un solo país”, dijo el Canciller. Es que en el mundo de hoy las cosas, cuando se hacen bien, se hacen así.

Roncagliolo también destacó que las naciones sudamericanas son soberanas y por ello deben definir sus políticas de acuerdo al interés propio y común. En esa línea cuestionó el derecho a veto que mantienen las grandes potencias mundiales en el Consejo de Seguridad de la ONU. Señaló que su origen remite a los tiempos de post Segunda Guerra Mundial y Guerra fría pero que éstos ya han sido superados, por ello abogó por una ONU más democrática.

En el mismo sentido se expresó el presidente de Uruguay José Mujica, quien, en un conversatorio organizado por Cancillería e IDEA Internacional, propuso la unidad continental como medio para alcanzar la justicia social a través de la democracia. Sobre ésta, dijo que no había que perder de vista que siempre será perfectible y que es, para la región, como una novia inaprensible y anhelada.

No faltarán, tras el liderazgo regional asumido por políticos con un pasado de izquierda, quienes sostengan que tras todo esto se esconde una oscura maquinación chavista. Ciertamente, el chavismo venezolano es el punto débil en la confluencia de intenciones que se viene madurando. Por ello es primordial que la defensa de la auténtica democracia -tan reafirmada en ASPA- evolucione hacia una abierta condena a las trasgresiones de las que ella es objeto en Venezuela, donde una elección presidencial sin observadores recuerda los peores tiempos del fujimorismo.

Sin embargo, la construcción de bloques no culmina con UNASUR, también está la Alianza del Pacífico, impulsada, además del Perú, por Chile, Colombia y México, cuyos mandatarios, más bien, se encuentran situados en una órbita más abiertamente capitalista. Lo que ocurre es que hoy existe un solo modelo económico y la concurrencia al mercado en bloques de países aumenta sustancialmente las posibilidades de inversión, como lo demuestra la presencia de veinte Estados árabes en el Perú.

Ya he dicho en otras ocasiones que derecha e izquierda no serán más lo que fueron, que hoy son dos maneras válidas e interdependientes de concurrir al capitalismo; la segunda se adecúa más a América Latina porque tenemos variables como la inclusión social y la lucha contra la pobreza que nuestros Estados no pueden sencillamente librar al mercado. Pero la primera debe trazar nuestros mejores proyectos de inversión y denunciar cualquier aventura anti libre concurrencia en ciernes. El sentido común tiene la palabra.

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El Perú como potencia regional

Con motivo de unas charlas sobre el litigio contra Chile en La Haya, tuve la grata ocasión de acompañar al Canciller Rafael Roncagliolo a la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, en Iquitos, donde además recibió merecidamente el grado de Doctor Honoris Causa de dicha casa de estudios.

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Roncagliolo proyecta el liderazgo regional peruano


En su alocución, Rafael Roncagliolo expresó su posición y expectativas ante el desarrollo del contencioso peruano-chileno, resaltando que el Perú tiene buenas opciones de triunfo, pero advirtiendo que no debe esperarse una sentencia maximalista. En otras palabras, le recordó al auditorio que la corte holandesa suele dictar sentencias más bien complejas y que lo más probable es que el Perú obtenga parte -más no todo- de lo que le reclama a Chile.

Sin embargo, Roncagliolo ve en el fallo de la Haya una ventana de oportunidad para proyectarse hacia utopías mayores y potenciar la influencia regional del Perú. Al respecto, señaló que la vocación internacional de los gobiernos peruanos a principios del siglo XX se limitó al papel de socio menor de grandes potencias como Inglaterra y Estados Unidos. Sostuvo que sólo desde la segunda mitad de la centuria pasada, con la influencia de embajadores de la talla de Víctor Andrés Belaúnde y Raúl Porras Barrenechea –entre otros- el Perú se pensó a sí mismo como capaz de desempeñar un rol más protagonista en la región y en el mundo.

En esa línea, y pasando a los tiempos presentes, sostuvo el Canciller que el Perú debe fortalecer los foros multilaterales como UNASUR y la Alianza del Pacífico. Destacó también, que la homogénea política internacional de nuestros últimos gobiernos, puede significar el inicio de un protagonismo peruano en el siglo XXI.

Sin embargo, estas metas están subordinadas al desarrollo económico del país por lo que el ejercicio de reflexión del Canciller debe trasladarse a nuestro frente interno en el cual los conflictos sociales y una pobre vocación industrial representan obstáculos que, en su hora, pueden detener o retrasar nuestro recorrido. Respecto de lo último, preocupa la pobre inversión del Estado en ciencia y tecnología, cuyas consecuencias son más complejas de lo que se piensa: un industrial peruano no puede competir con uno chino porque ambos utilizan la misma máquina pero esta se fabrica en China, lo cual baja sensiblemente los costes del industrial chino, pero eleva los del peruano.

Desde Bolívar hasta Haya de la Torre, la unión latinoamericana ha sido una anhelada utopía regional. Hoy ya no se trata de formar una sola entidad política, mas sí de fortalecer un bloque económico sólido que potencie nuestros mercados internos y concurra al mundo mejor posicionado. Para lograrlo es preciso emprender la carrera tecnológica. Exportar cobre, espárragos y pisco alcanza para despegar, pero no para mantenernos en la hoja de ruta trazada en la bitácora del Canciller. Sólo un Consejo de Ministros que reflexione al Perú en todas sus áreas podrá dirigirnos hacia el protagonismo que alcanzan los países cuyos líderes ambicionan destinos de grandeza.
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RUMANÍA, PARAGUAY Y UNASUR


No soy dado a denostar a ningún sector de la política peruana, me parece un recurso vulgar y descalificador. Por eso nunca hablo de izquierda caviar sino de izquierda intelectual y no refiero la derecha más radical como bruta y “achorada” sino como extrema, que, aunque adjetivo al fin, alude una posición intransigente y poco dialogante, mas no al coeficiente intelectual de los individuos.

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Bello interior de Torre Tagle, su viraje a la izquierda es poco creíble


Señalo esto porque desde cierta derecha se cuestiona a UNASUR por suspender a Paraguay de su membrecía y se acusa a Torre Tagle de promover una suerte de “marxismo surrealista del siglo XXI”1 . En realidad, la sanción de UNASUR al país guaraní expresa la legítima preocupación de los gobiernos de la región ante una destitución presidencial que si bien no constituyó un golpe de estado, sí denotó el uso de la norma constitucional como instrumento de la lucha política. Parece claro, y así lo ha entendido UNASUR, que si aspiramos a la institucionalización de la democracia en América Latina, debemos velar porque una correlación de fuerzas parlamentarias desfavorable no sea argumento suficiente para destituir un mandatario elegido por sufragio universal.

Además, debemos notar que la postura de UNASUR no es ni única en su género ni introduce elementos nuevos en las tradicionales prerrogativas de los foros multilaterales. De hecho, en estos días Europa atraviesa una situación similar. Se trata de Rumanía cuyo presidente, el conservador Traian Basescu, ha sido destituido por un congreso de mayoría centroizquierdista debido a que aplicó un drástico programa de austeridad fiscal que, aunque impopular, es el reflejo de la aguda crisis por la que atraviesa Europa.

La destitución de Basescu no fue ratificada por el referéndum popular que se convocó para tal propósito, pero ahora el gobierno transitorio del Primer Ministro Víctor Ponta presiona a los jueces rumanos para invalidar los resultados plebiscitarios. Ante esto, la reacción de la Comisión Europea no se ha hecho esperar y, en carta pública, su presidente José Manuel Durão Barroso ha instado a Ponta a acabar de inmediato con la campaña de intimidación a los jueces. Enérgicamente le ha recordado Europa a Rumanía su compromiso de acabar con ese tipo de prácticas, compromiso que adoptó cuando se produjo su ingreso a la UE.

Los otros dos temas, ese del supuesto chavismo de UNASUR, porque Chávez también defendió a Fernando Lugo, y el inverosímil viraje a la izquierda de una institución de tanta tradición como Torre Tagle, casi están para no tomarlos en serio. Esto resulta como decir que si Venezuela promoviese el desarme nosotros tendríamos que adoptar la posición contraria: ridículo. UNASUR tiene que promover la consolidación de la institucionalidad democrática y lo está haciendo al lograr un consenso unánime en su decisión sobre Paraguay, por lo que junto a las firmas de las “chavistas” Venezuela y Bolivia figuran las de los “globalizados” Chile y Colombia. En el mundo del siglo XXI se puede ser de izquierda o derecha dentro del consenso democrático: ese es el mensaje que el foro sudamericano acaba de lanzar al mundo y por ello mismo sus representantes le han enmendado la plana a José Miguel Insulza en la última asamblea de la OEA.

A veces es de lamentar que destacadas personalidades empañen su trayectoria profesional poniéndola al servicio de pasiones ideológicas que hoy no justifican su superposición al interés nacional, ni al regional. Cierto es que mucho nos falta madurar al respecto. Que esta reflexión sirva para meditar sobre ello.


1.- Véase entrevista a Francisco Tudela en Diario Expreso http://www.expreso.com.pe/noticia/2012/08/16/la-presencia-de-diez-canseco-en-la-comision-de-rree-tiene-un-objetivo#.UCy3h8dzTtw.facebook

Daniel Parodi Revoredo
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ARGENTINA Y EL PERDÓN


Daniel Parodi Revoredo


Un acontecimiento de mi pubertad que no olvidaré es la Guerra de las Malvinas de 1982. No la olvidaré por la manera intensa como la sentimos y por el ambiente solidario que vivimos. En las calles se decía que nosotros también la peleábamos, que nuestros mirages defendían a la hermana Argentina y que un misil peruano hundió un destructor británico.

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El Perú se solidarizón con Argentina en 1982

Recuerdo la marcha hacia la plaza San Martín y el multitudinario desfile que cubrió la avenida Arequipa. Recuerdo el slogan más comentado: “Tatcher hija de la Gran Bretaña”. Aquel día vimos desfilar a los partidos políticos y a los sindicatos, y también al piquete de la colonia argentina, donde lanzaba encendidas consignas el genial “Vinco”, gran cómico e imitador, amigo de Chabuca Granda. Recuerdo cuando Reagan dijo que era un deber histórico de USA apoyar a Inglaterra, tanto como el triste final de aquella ilusión adolescente, esa que nos hizo pensar que dos países sudamericanos podían derrotar a la segunda potencia mundial, armada por la primera.

20 años después el escenario se ha mostrado muy distinto. Es cierto que esta vez no hubo guerra pero tampoco apoyo militante y desinteresado a Argentina. Al contrario, se multiplicaron las voces que acusaron a Torre Tagle de comprarse un pleito ajeno al solidarizarse con un país que nos traicionó en 1992, al venderle armas a Ecuador siendo garante del protocolo de Río de Janeiro. La reacción adversa a la Argentina fue canalizada por algunos líderes de opinión que no dudaron en señalar que aquella siempre había sido hostil al Perú. Al mismo tiempo, exaltaban subrepticiamente las bondades de nuestro vínculo con Gran Bretaña. Muy peligroso, porque casi desmontan la posición tradicional del Perú frente al colonialismo y echan por tierra nuestra alianza estratégica con los rioplatenses.

Aguas calmas, son necesarios un diagnóstico y algunas conclusiones. A la luz de los hechos parece claro que la colectividad peruana no ha perdonado a la Argentina por la venta de armas a Ecuador en 1995 y que las disculpas que le brindó Cristina Kirchner a Alan García, hace dos años, han caído en saco roto. Por ello, pensamos que el gobierno argentino debe implementar una política de la reconciliación con el Perú mucho más decidida y sistemática. Esta debe implicar un pedido de perdón más enfático, la conmemoración institucional del apoyo peruano en Malvinas y encontrar, como contraparte, el reconocimiento peruano de la participación de ilustres argentinos en diversos episodios de la historia nacional, como José de San Martín, Mariano Necochea y Roque Saenz-Peña.

Si alguna vez estuve de acuerdo con Margaret Tatcher es cuando afirmó que los estados no tienen amigos sino intereses. Detrás de los gestos amistosos y de las políticas de la reconciliación internacional debe existir una masa crítica de naturaleza geopolítica y económica. Por ello, en la agenda bilateral de las relaciones peruano-argentinas tiene que asignársele urgente prioridad a la superación del mal recuerdo de 1992, que, más que a toda la Argentina, le compete a Carlos Saúl Menen y la mafia corrupta que en los años noventa se empoderó en la tierra de la milonga, el tango y la chacarera. A nosotros nos pasó lo mismo.

A Francisco Pareja, entrañable amigo argentino-peruano que se recupera de una operación al corazón.
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LA RESPUESTA DE LEYTON




Estimados Lectores, he recibido la réplica del analista chileno Cristian Leyton a mi artículo Ménage à trois, que publiqué en Diario 16 el martes pasado. Comparto con ustedes su respuesta:

Daniel Parodi Revoredo



Chile en la conciencia nacional peruana


Está anclada en la psiquis socio-política peruana, y en la retórica de algunos académicos, como Daniel Parodi, la idea según la cual Chile debe, junto con pedir perdón por la Guerra del Pacífico, “involucrarse en un proceso de reconciliación internacional con Perú”, tal y como lo avanza en su articulo Ménage á trois. Chile, aparece como la entidad agresora, cuyo accionar político y militar se realizó fuera la legitimidad internacional de finales del siglo XIX. Chile aparece apuntado como la fuente primigenia del trauma psicopolítico peruano.

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Leyton justifica realización chilena de la G. del Pacífico


Cuando el profesor Parodi califica mi visión como una “amalgama entre fundamentos geopolíticos decimonónicos, la historia oficial chilena y una opinión pública sensibilizada por el litigio en La Haya”, no hace sino que generar perplejidad por cuanto la percepción social y política chilena es que la conducta peruana hacia Chile, en todos sus frentes, está inspirada en una visión propia del siglo XIX. La existencia de este “Trauma psicopolítico” peruano, asociado a una tendencia de transmisión transgeneracional del mismo, cristaliza esta percepción chilena: la sociedad peruana no deja de rememorar, con la ayuda instrumentalizada de una parte de su clase política, y ahora desde sectores académicos, la perdida territorial de Arica, la Ocupación chilena de Lima y la pérdida de una guerra que no hizo más que abrir heridas internas en la sociedad peruana. Heridas que dejaron entrever que las causas de la conflagración están en el interior mismo de sus fronteras y no en Chile.

En Santiago, la idea de la necesidad de inaugurar un proceso de “reconciliación internacional” con Perú y Bolivia no existe. Y no existe por la sencilla razón que se considera la guerra de 1879 como “justa”. Se considera que todas las acciones y decisiones llevadas a cabo en dicha conflagración se inscriben en la legitimidad del siglo XIX, cuando la guerra interestatal era considerada como un medio legitimo para resolver disputas territoriales y alcanzar el control político sobre determinados espacios. Chile, al ocupar Lima, absorber soberanamente Arica e invadir el Perú, no hizo más que imitar la conducta natural y normal de todas las potencias de la época. Resulta contraproducente, idealista y utópico pensar que Chile asumirá la carga del “agresor”, cuando solo defendió y promovió intereses nacionales vitales. También lo es juzgar hechos del pasado con los ojos del presente. Lo anterior no hace más que alimentar artificialmente traumas psicopolíticos y ser incapaces de mirar hacia el futuro. Cristian Leyton

Publicado hoy en Diario 16

20/03/11: LA ONU EN LIBIA

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Estimados amigos:

La noticia del bombardeo de las potencias occidentales a Libia me ha sobresaltado. Qué duda cabe que Gadafi es un dictador impresentable pero ¿acaso potencias como los Estados Unidos de América e Inglaterra son una garantía para la paz mundial, las mismas potencias que atacaron y aún ocupan Irak con el voto en contra del Consejo de Seguridad de las NN.UU? ¿e Israel? ¿por qué en este caso sí se permite el genocidio del pueblo palestino cuando las intervenciones militares de la ONU precisamente se admiten para evitar crímenes de lesa humanidad?

En todo caso, la justificación jurídica del ataque aparece desarrollada por el artículo que sigue, con cuyos contenidos reitero las distancias que explícita mi párrafo introductorio.

Espero podamos discutir el tema.

Saludos cordiales

Daniel Parodi Revoredo


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Gadafi y Rodríguez Zapatero ¿todo tiempo pasado fue mejor?

La ONU, Libia y la responsabilidad de proteger
EMILIO MENÉNDEZ DEL VALLE 18/03/2011
Extraído de “El País” de España

En virtud del derecho internacional todo dirigente político que ordene o lleve a cabo atrocidades debe ser juzgado por sus actos. Asimismo, los ataques sistemáticos y generalizados contra la población civil pueden ser considerados crímenes contra la humanidad. Esto debe ser inmediatamente aplicado a Gadafi y sus secuaces, que han sido muchos, dentro y fuera de Libia. A pesar de la trascendencia de las Naciones Unidas, resueltas a "preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles", como reza su carta fundacional, pocos conocen los esfuerzos de sus más preclaros secretarios generales para prevenir situaciones como la que actualmente está teniendo lugar en Libia.
La comunidad internacional debe intervenir para librar al pueblo de un Gobierno tiránico
En las últimas décadas, las guerras entre Estados han dado paso a conflictos internos en los que la población civil constituye la víctima principal. Ello exigía la creación de un marco jurídico internacional que previera los deberes de los Estados para proteger a sus respectivas poblaciones civiles y -lo que es más importante- creara los medios para que tales obligaciones se cumplieran en caso de que los Estados transgresores agredieran a su población civil. Y, sin embargo, el principal obstáculo se encontraba en la propia Carta onusiana, cuyo artículo 2.7 establece que sus miembros no podrán "intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados".
De ahí que dos secretarios generales de la ONU, el peruano Pérez de Cuéllar y el egipcio Butros Gali, toparan con ese artículo al afrontar casos de agresión a la Humanidad. Así, en 1991 y a punto de abandonar su puesto, el primero, contundentemente, declaró: "En contraposición a la interpretación rígida del principio de no intervención, el derecho de injerencia humanitaria se está abriendo camino". Por su parte, Butros Gali, sucesor del peruano y recién iniciado su mandato, fue preguntado sobre si la ONU debe favorecer la expansión de las democracias y el respeto a los derechos humanos. A ello replicó: "De igual modo que se ofrece asistencia técnica para construir hospitales, debe existir una a favor de la democracia. No obstante, esta ayuda ha de evitar toda injerencia en los asuntos internos". De cualquier manera, el artículo 2.7 dispone también que "este principio no se opone a la aplicación de las medidas coercitivas prescritas en el capítulo VII", cuyo título es Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión.
Y en esa línea han ido avanzando en los últimos años la Asamblea General y el propio Consejo de Seguridad y muy especialmente los últimos secretarios generales, Kofi Annan y Ban Ki-moon. Ya en sus discursos de 1999 y 2000 ante la Asamblea, Annan desafió a sus miembros para que resolvieran la contradicción que vengo resaltando, esto es, la contraposición entre el principio de no intervención en la soberanía estatal y la responsabilidad de la comunidad internacional para hacer frente a la masiva violación de los derechos humanos y la limpieza étnica. Fue Kofi Annan, el decidido y coherente secretario general, quien -enfrentándose a veces a significados miembros permanentes del Consejo de Seguridad- impulsó lo que hoy conocemos como "responsabilidad de proteger" y que -para desgracia de sátrapas diversos, no solo del mundo islámico- se consolida progresivamente en las relaciones internacionales.
¿En qué consiste la responsabilidad de proteger? Se trata de una doctrina sobre seguridad internacional (paz justa incluida) y derechos humanos que incorpora principios fundamentales. Ante todo, establece que el Estado es el primer responsable de la protección de su población, a la que no puede agredir. La soberanía de los Estados incluye derechos, pero también deberes y responsabilidades. Si se da el caso (como ha ocurrido en Libia, Egipto, Túnez y otros) de que los Gobiernos son incapaces de proteger a sus poblaciones (o son cómplices o actores directos) del genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica o crímenes de lesa humanidad, la comunidad internacional (vía Naciones Unidas) tiene la responsabilidad de entrar en acción. El objetivo principal es librar a la población civil de un Gobierno manifiestamente injusto, tiránico y usualmente corrupto. La responsabilidad de proteger debe ser inicialmente promovida mediante medios pacíficos. Habitualmente, especímenes tipo Gadafi, Mugabe, militares birmanos u otros de semejante ralea, no suelen ser sensibles a tales enfoques. De ahí que a la postre, para proteger a los inocentes, se deba recurrir a medidas coercitivas, incluida la fuerza militar.
La arriesgada iniciativa de Kofi Annan ha sido continuada, incluso con más ímpetu por su sucesor, Ban Ki-moon. De forma que gracias a él y a Annan no solo la Asamblea ha incorporado la responsabilidad de proteger al corpus jurídico onusiano, sino que -lo más importante- han logrado que el verdadero poder ejecutivo de la Organización, el Consejo de Seguridad, ratifique unánimemente (a pesar de iniciales dudas de Rusia y China) la "responsabilidad para proteger a las poblaciones del genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes contra la humanidad".
Coda acuciante: la opinión pública agradecería que se impidiera que déspotas de la estirpe de los Gadafi, Mubarak o Ben Ali acabaran sus días en un exilio dorado, confortados por los millones robados durante décadas. El Tribunal Penal Internacional debería tener la última palabra.
Emilio Menéndez del Valle es embajador y eurodiputado socialista.
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El FUTURO POSIBLE DEl PERÚ Y AMERICA LATINA
A propósito del discurso del Presidente Óscar Arias en la Cumbre de las Américas, Trinidad y Tobago, en 18 de abril de 2009

Hace año y medio, Oscar Arias, Presidente de Costa Rica pronunció en la cumbre de las Américas un inteligente discurso en el que llamaba a los países latinoamericanos a realizar un ejercicio de autocrítica para así encontrar las verdaderas causas de su atraso material. Además, el referido estadista cuestionó el desfase del debate ideológico en la región, el que remite aún a la polarización de la Guerra Fría. Mientras tanto, otras regiones del mundo -como el sudeste asiático- optaron hace ya tiempo por el pragmatismo y la apertura económica, lo que les ha permitido espectaculares crecimientos en tan sólo unas cuantas décadas. Además, Arias señaló que la poca inversión en la educación y la persistencia de abismales desigualdades socio-económicas son problemas vigentes en América Latina y que su pronta solución depende de la acción –o inacción- de sus clases dirigentes.

Ciertamente, los actuales tiempos nos enseñan que es posible tratar por separado la discusión del modelo económico y la del rol del Estado. Para el primer caso, el ejemplo peruano demuestra como la economía abierta y la integración comercial son la mejor apuesta para optar por el rumbo del desarrollo. Así pues, los auspiciosos resultados obtenidos tras convertir dicho modelo en política de estado – desde los años noventa hasta la actualidad- no hacen más que confirmar su viabilidad, la que ya con anterioridad se había concretado en Chile.

Más bien, el debate debería trasladarse hacia la redefinición del rol del Estado. Los neoliberales más optimistas plantearon, tras la caída del bloque socialista, el fin del estado-nación y de las fronteras nacionales. Sin embargo, el inicio de los años diez nos muestra un mundo en el que la vigencia de entidades estatales fuertes no sólo no se contradice con el modelo económico, sino que coadyuva a su fortalecimiento. De esta manera, aquellos estados que han logrado enriquecerse potenciando su integración económica con el mundo, son los que han contado luego con mayores recursos para invertir en infraestructura y, en general, en el bienestar de la población.

Es aquí donde se encuentran las antes confrontadas doctrinas del liberalismo económico y el Estado de bienestar. Si por una parte la economía abierta parece imprescindible para maximizar la obtención de recursos, por la otra, el Estado resulta indispensable para redirigir sus ganancias hacia el mejoramiento de la calidad de vida de la población para que ésta, a su vez, pueda incorporarse al modelo.

He aquí donde radica el círculo virtuoso pero junto con el problema. Así por ejemplo, el crecimiento económico peruano no se presenta aún suficientemente acompañado de la imprescindible profesionalización de la clase política ni, en términos más generales, de la descentralización de la educación superior, la que debe proveer a la sociedad de cuadros provincianos altamente capacitados para el ejercicio de la función pública y para generar, en sus regiones de origen, un efecto multiplicador.

Quizá la meta de la década que inicia es la reforma de la universidad y de la educación universitaria. En el Perú, la educación superior pública debe ser de igual o mayor nivel que la privada, para de este modo descentralizar las oportunidades de contar con cuadros altamente capacitados en todo el territorio nacional. Por su parte, América Latina debe ya comprender que en los actuales tiempos la integración regional presenta la forma de proyectos comunes para concurrir a la economía mundial en mejores condiciones. Sólo es cuestión de comenzar.

Daniel Parodi Revoredo