Archivos de agosto,2010

Entre Emi y Rodri: una chica llamada Giuli

agosto 31, 2010
Emilia quedó medio atolondrada. “¿Ya tienes enamorada?”, preguntó con lentitud, aún sin poder creerlo. “Sí”, reconfirmó Rodrigo con absoluta tranquilidad. “¿Y cómo fue que…? Olvídalo”, se interrumpió de pronto la joven y comenzó a recoger sus cosas. “Pero ni siquiera hemos comenzado”, le avisó Rodrigo desde el fondo del salón, mientras ella salía presurosa cargando la mochila medio abierta.

“Idiota. Si sólo le hubiera contado desde el inicio”, él se reprochó amargamente. Sus manos cogieron sus cabellos con fuerza y, una vez que dejó de maltratarse, se recostó sobre el respaldar de la silla. Estuvo así un buen rato, hasta que el timbre de su celular lo devolvió a la realidad. “Sí... es que terminó más temprano de lo esperado, así que vente nomás… OK, te espero”, habló con la persona del otro lado de la línea.

Empezó a recoger los papeles de la mesa hasta que, minutos después, encontró uno que no tenía su letra. Era de Emi, y lo había dejado olvidado por la prisa. “Idiota, ¡mil veces idiota!”, se recriminó a sí mismo otra vez. “¿Quién es idiota?”, fue sorprendido por una voz que lo devolvió a la realidad. Rodrigo levantó la cara. Era Giuli, que lo miraba con una sonrisa encantadora…

(continúa)

El hombre en la capucha (final de temporada)

agosto 27, 2010
(viene del capítulo anterior)

Pero no todas: el encapuchado quiso levantarse pero descubrió con dolor que su pierna derecha había sido atravesada. Yancarlo se acercó confiado ante el caído y le apuntó directamente con su arma. “Adiós, hermanito”, dijo socarronamente y se dispuso a rematarlo, cuando un jarrón voló y le cayó sobre la cabeza. Era Mirella quien le había lanzado el objeto decorativo.

Esa intervención desesperada lo distrajo unos segundos a Yancarlo quien, luego de caer arrodillado, se repuso y se fijó en la chica. “Está bien, tú te vas primero”, amenazó el narco y levantó el revólver. Sonaron dos disparos. Yancarlo apoyó las rodillas y luego su torso se desplomó sobre el piso: el encapuchado aprovechó el momento y lo había herido mortalmente.

Ella corrió hacia Jano y lo abrazó con mucha aprensión. “Vámonos”, le pidió él mientras apoyaba su brazo sobre el cuello de Mirella. La joven preguntó si acaso no salvarían a Yancarlo. “Sea o no mi hermano, si continúa vivo, nos perseguirá”, se excusó el encapuchado. Ella lo ayudó a salir y, cuando llegaron a la entrada, Jano lanzó dos granadas hacia el interior de la casa.

La noche se iluminó con el fuego de la explosión, mientras los dos jóvenes caminaron hacia el parque cercano. Mirella apoyó a Jano contra el tronco de un árbol. El sangrado era profuso y él sentía cerrarse sus párpados. “Mirella”, dijo extenuado, “quiero que sepas…”, y el encapuchado, sin completar la frase, se inclinó inconsciente sobre la vegetación.

El hombre en la capucha (capítulo dieciocho)

agosto 21, 2010
(viene del capítulo anterior)

“Suéltala, ella no tiene nada ver en nuestro asunto”, dijo el encapuchado al tiempo que apuntaba a Yancarlo. Pero el narco se negó: “¿no ves que es mi pase para escapar?”. Entonces Jano decidió hacer una jugada arriesgada: decirle su verdadera identidad a cambio de dejar tranquila a Mirella. “Mira el archivo”, ordenó imperativo Yancarlo, señalando un documento que estaba sobre la mesa.

El encapuchado comprendió que estaba totalmente descubierto: su cara y sus antecedentes aparecían en el papel. Sin embargo, la siguiente hoja fue la que lo dejó extrañado: era un antiguo examen de ADN y la palabra “coinciden”. “¿Qué significa esto?”, preguntó Jano en un lejano esfuerzo por entender las implicancias.

“Mi padre es Carlos Ramírez, tu padre”, respondió Yancarlo. Jano se sacó la capucha que le cubría la cara. Su mente quedó en blanco unos segundos, mientras sólo atinaba a decirse para sí “no puede ser”. El narco trató de aprovechar su desconcierto y le apuntó a su medio hermano, mas Jano esquivó las balas lanzándose al piso…

(continúa)

El hombre en la capucha (capítulo diecisiete)

agosto 16, 2010
(viene del capítulo anterior)

El encapuchado se dirigió sigiloso hasta la casa de Yancarlo. Le pareció extraño descubrir que sólo dos hombres de negro cuidaran la puerta. A pesar de ello, decidió utilizar el rifle y, echado entre la maleza cercana, se posicionó como francotirador. El de la izquierda apenas si logró escuchar el disparo que destrozaba su garganta.

El del la derecha trató de auxiliarlo antes de caer arrodillado ante aquella herida en la pierna, la cual ya no tuvo cómo gritar ante un segundo disparo en la nuca. Jano ganó la puerta pero, antes que la abriera, la intuición se le adelantó: volvió hacia la ventana abierta de la izquierda y tiró dentro dos granadas.

La detonación fue tal que varios de los guardaespaldas del narco salieron volando con la explosión. Con la entrada despejada, el encapuchado avanzó dando tiros de gracia entre los heridos y mutilados. Siguió caminando, hasta que entró en la biblioteca y la duda le llenó el pensamiento. “Vaya, veo que has llegado”, dijo Yerbo mientras apuntaba con su pistola a la cabeza de Mirella…

(continúa)

El hombre en la capucha (capítulo dieciséis)

agosto 09, 2010
(viene del capítulo anterior)

“Jano, hay que ir a buscarlo”, le indicó Neto. “Sé que quieres vengarte ya”, le dijo su amigo, “pero primero vamos a mi casa a buscar más armas”. “Estás bien”, asintió Neto. Luego de llegar a la casa, Jano notó que su amigo estaba sangrando en una pierna. “Estás herido”, le señaló el joven, “déjame curarte”.

“No es nada”, le dijo neto, pero cuando le presionó en la zona afectada, el dolor era tal que lo hizo gritar. Así que aceptó que lo curara y vendara. Mientras lo hacía, Jano le preguntó a su amigo si estaría dispuesto a morir por su tío. “Absolutamente”, dijo Neto mirando convencido al otro. “Bien, entonces déjame mostrarte mi escondite”, le señaló Jano mientras volteaba su amigo.

Neto caminó y entró en el cuarto. De pronto, una gasa con un líquido adormecedor apareció sobre su nariz y lo dejó sin conciencia. “Lo siento amigo”, se disculpó Jano, “me importa mucho que sigas viviendo”. Lo colocó a Neto sobre su amigo y se puso la capucha sobre los hombros. Luego retiró unos metros el armario, dando paso a una escalera rumbo a su arsenal de municiones y armas…

(continúa)

El hombre en la capucha (capítulo quince)

agosto 05, 2010
(viene del capítulo anterior)

“Te protegeré”, dice convencido Neto, sacando el revólver del bolsillo y apuntándole a Jano en la cabeza, mientras aprovecha para colocarse detrás de su amigo. “No me obliguen a matarlo”, amenaza Neto haciéndole creer a Domínguez y los demás que él es el encapuchado. Retrocede hacia el bosque pero los policías se mantienen a distancia prudente.

Ya algo adentrados en la espesura, y tomando ventaja de la noche sin luna, Jano saca un par de granadas que llevaba en el cinto y las lanzó contra los oficiales. “Corre”, le gritó a Neto antes que los artefactos estallaran en una lluvia de fuego fulminante. Los heridos disparaban desde el suelo balas que sólo herían al viento. Los muertos, como Domínguez mismo, estropean con su sangre el verdor el bosque.

Jano y Neto corrieron hasta que llegaron a un claro en el bosque. “Te debo la vida”, habló Jano extendiéndole la mano, pero Neto la rechazó: “sólo te lo aceptaré una vez que acabes con Yancarlo”. Salieron caminando hacia la ciudad, y Neto llamó al narco. “Y bien”, respondieron al otro lado, “¿murió el criminal?”. “No, pero ya sé la verdad”, enfureció Neto, “voy por ti, Yancarlo”, dijo apagando el celular…

(continúa)

El hombre en la capucha (capítulo catorce)

agosto 01, 2010
(viene del capítulo anterior)

Luego que Jano se despidió de él, Neto llamó a Yerbo: “Tengo buenas noticias”, abrió la conversación. “Bien, me encargaré de él”, dijo el narcotraficante luego de escuchar la información. “Prefiero encargarme yo solo de este asunto”, habló Neto de forma decidida. “Como gustes”, cerró Yerbo. A continuación el narco realizó otra llamada.

Neto y Jano caminan por la calle esa noche. “¿Crees que valdrá la pena matarlo?”, preguntó Jano con seriedad. “Sí, ese maldito tiene que pagar”, respondió el otro con entereza. Al fin, llegaron al sitio. Era un parque rodeado de algunas casas. Esperaron al borde del parque cerca de diez minutos.

Neto se cansó de esperar. “Como el cobarde que es, no vino”, comentó amargamente Neto, “ya vámonos”. Sin embargo Jano, que se había sentado, no se quiso mover. “¿Por qué no te levantas?”, le preguntó su amigo. “Porque él está aquí”, dijo Jano incorporándose, “yo soy el hombre a quien buscas”.

Neto se quedó sorprendido. “No fue mi intención herir a tu tío”, prosiguió Jano, “más bien yo, que soy inmisericorde con los criminales, lo dejé vivir”. “¿Tú?”, se indignó Neto, “¿cómo te atreves a hacer esto?”. “No quería que estuvieran involucrados en este negocio”, explicó el joven encapuchado, “Yancarlo es muy peligroso”.

“¿Yancarlo?”, se sorprendió más su amigo, “mi jefe es Yerbo”. Jano ahora fue el que quedó sorprendido. “¿Podría ser posible que…?”, empezó a pensar, cuando unos policías llegaron al lugar. De uno de los carros bajó el comisario Domínguez. “Y bien, ¿quién es el encapuchado?”, preguntó el oficial mientras Neto miró a Jano tratando de tomar una decisión…

(continúa)