Skip to main content.

Archivos

Este es el archivo para septiembre 2006

martes, septiembre 26, 2006

Siempre pensé que mi peor enemigo en Letras sería el -funckin'- curso de Mate: estaba en lo correcto-_-'. Y para colmo es sólo mate 1! No quiero imaginar cómo sería mate 2, si es que paso este primero. Con la nota que -supongo- voy a sacar en esta primera práctica, lo dudo.

Estaba medio depre, cuando por ahí escuché que la práctica con menor nota... ¡se reemplaza! '¡Gracias Dios mío!' grité en mi mente (se puede hacerlo). Ya ven, Él me ayuda porque soy de Católica pues, tenemos preferencia -sino ¡que sería de mí!-.

mate
¿Qué debe hacer un alumno normal para entender de esas cosas? Y lo más importante: ¿de qué me sirven si ya se sumar y restar? Espero que mi profe (el respetable Henostroza) no lea esto, sino daría solución a mi problema con una bica. Es muy probable que ya lo haya leído, ya que tiene su propia página Web! Este tío más posero, sólo le falta hi5 -mejor ni digo, fácil se le ocurre-.

jueves, septiembre 21, 2006

La misma historia se repite de persona a persona, generación en generación. Esas hermosas amistades que se mezclan con la ilusión en un confuso 'torbellino de amor', como bien dice la canción -con el dan den!-, dentro de la cabeza de uno.

¿Cómo saber cuando sacrificar una relación amical que se mantiene estable y llevadera? Ya sea esta por afinidad o por simple templadera -o sea, babeando por ella- lo que uno menos desea es romper ese -no del todo sincero, sino sabría que lo que sientes- lazo que los une como amigos, compañeros incondicionales.

miércoles, septiembre 13, 2006

De día la alegría invade el alma al despertarse para lavarse, cambiarse, tomar desa e ir a clase. Si estás tarde, lo que te invade es la prisa: te cambias en one y ya estás en el paradero para chapar tu micro.

Luego de escuchar al profe y anotar lo esencial (una línea de dos horas de clase-_-'), sales a tomar por fin aire fresco de nuevo. Eh! un hueco de quién sabe cuantas horas. No hay nadie a la vista, que piña! Justo cuando uno está libre, no hay un alma conocida cerca -ni fantasma en kilómetros-.

copias
¿Qué hacer? Hay varias opciones: ir a la biblio a sacar el libro (a dedo) que nunca pensaste leer, y que devolverás con la misma; vagar por el tontódromo, buscando caras conocidas ('hola, ya te vi y chau'); dormir en la sala de estudios; y finalmente -y en contra de la voluntad popular-, despolvar y empezar a leer la ruma que copias en el fondo de la mochila (piedad!).

Luego de examinar detalladamente cada copia -'cuál es de cada curso?!'- con tiempo suficiente para leerlas tranquilamente y sin apuros (mañana es el control!), uno se pregunta: 'Qué he hecho en todo este tiempo?' Tan simple y llana es la respuesta que no vale la pena mencionarla (NADA!).

¿Cómo pueden existir tantas copias en mundo, especialmente en Estudios Generales Letras? -¡que casualidad!- Y por último, ¿cómo combatirlas? De repente oigo unas voces: '¡Quememos Copyland! No, mejor prendámosle fuego al profe -¡el autor intelectual de los hechos!-, así nunca más toma lista.' Encontré al fin mi misión.

jueves, septiembre 07, 2006

Quién no quiere un cuerpo ideal? Es una pregunta de obvia respuesta, pero... cómo obtenerlo al toque y sin tanto ejercicio es el gran misterio que envuelve a la gran masa que acude regularmente al gimnasio -a mí también-.

cuerpo
Nadie está conforme con lo que tiene hasta que lo pierde, afirma el dicho. En este caso, no se cumple. Cómo se podría extrañar un cuerpo delgado y sin mayor masa muscular (el caso de los hombres jóvenes en general) teniendo un escultural cuerpo de modelo (mismo Men's Health)?

miércoles, septiembre 06, 2006

Generalmente me levanto temprano para ir a clases -8am, una tortura-, pero ayer llovió y el tráfico causado por las obras municipales (para la reelección, claro) en todo el trayecto de mi bus impidieron que llegara a tiempo a clases -la excusa es buena-.

Vi en mi horario: me tocaba teatro con Gavidia. Chévere, el profesor casi nunca llega puntual, sólo el primer día de clases. La última vez llegó 25 minutos tarde (cuando sólo teníamos una hora de teoría ese día!). Además de quedar mal ante sus alumnos, nos perjudica al no cumplir sus obligaciones con nosotros y la universidad. Perdemos valiosos minutos de aprendizaje -como somos tan atentos!- que igual pagamos en las boletas del semestre. Cómo es posible esto?

tiempo
Volviendo al día de hoy, llegué 20 minutos tarde -5 menos que él la vez anterior- y encontré la puerta cerrada, esperé un rato y se unió a mí una compañera que me propuso entrar a la vez. Ya, dije. Al abrir la puerta el profesor dijo "ya la cerré", invitándonos a quedarnos afuera. Con que autoridad moral lo hace?

En mi opinión, debió decir a todos: "Señores, disculpen mis tardanzas en las clases pasadas, soy consciente de ello y no va a suceder más". Aunque no nos dejara pasar. Propongo que el alumno también pase lista al profe con toda razón. Y su sermón si llega tarde, obvio -así pronto seré del REA*, voten por mí-. Igualdad de deberes y derechos es lo que necesitamos. No es posible que nadie los fiscalice.

Yo no me exculpo de mi impuntualidad, la cual en mí ya es una costumbre (hay testigos). En el colegio, mi tutor -el querido prof. Loayza, que tanto me aguantó y desde que egresé vive en paz- me puso de apelativo El turista. Por qué? La verdad no sé, fácil porque si no faltaba, estaba afuera esperando a que abrieran la puerta del colegio. Por supuesto que como todo buen alumno, me colaba en la formación del lunes antes que él voltee y diga: "Zimic, a la barraca!" o algo así.

De ahora en adelante no llegaré tarde a ningún lado nunca más -o trataré de hacerlo-. Es responsabilidad de todos nosotros hacer que en las invitaciones de los matrimonios (excusa para chupeta formal) ya no se ponga Hora británica, tan mal estamos? Es una vergüenza seguir así. En resumen, NO a la hora cabana!

* Representantes Estudiantiles ante la Asamblea Universitaria.

lunes, septiembre 04, 2006

No es novedad que la mayoría de peruanos somos pobres. En el caso de los jóvenes, esto -lo digo por experiencia propia- les merma la oportunidad de continuar (o iniciar, si es que no lo han hecho) sus estudios. Qué joven adolescente -y mayores- no quiere ser profesional? Hay que tomar en cuenta que 'profesional' no significa necesariamente egresado de una universidad, sino que abarca todas las carreras de 3 o más años en instituciones de educación superior.

Hay muchas discriminación en torno a si el pertenecer a una universidad da mayor status a un estudiante que ser alumno de un instituto (¡aunque hay cada cosa!). Mi postura en el pasado era sí, pero conforme crecí y tomé conciencia de la realidad y del mérito de aquellas personas que salen adelante a pesar de la ignorante y totalmente errónea discriminación -de las muchos tipos- que aún prevalece en nuestra sociedad.

Los jóvenes estudiantes de hoy no están en la misma situación que sus padres o (menos aún) la de sus abuelos. La realidad que vivimos no es muy estable con respecto a la capacidad adquisitiva de nuestras familias. Estudiar ya no es suficiente para una gran masa, necesitan un ingreso para poder continuar educándose: necesitan trabajar.

Esto, más que un obstáculo, es un nuevo reto para la juventud peruana. Ahora uno sí es consiente de las dificultades de la familia, que a pesar de eso hace lo posible -a veces, hasta lo imposible- por que nosotros sigamos estudiando. Quieren lo mejor para nos, y no dudan en que la educación es un potente factor de movilidad social y económica.

Pero, ¿cómo trabajar si estudio? ¿Cómo seguir estudiando si no trabajo? That's the question! Quiero mejorar mis notas y sobresalir académicamente pero, ¿podré lograrlo si trabajo también? "Nada es imposible" dicen por ahí, ¿será verdad? ¿tiene vigencia tal frase en este caso?

sábado, septiembre 02, 2006

A pedido de uno de mis (pocos pero fieles) lectores, voy a reflexionar sobre el tema que me tocó vivir hace poco -el semestre pasado, no estoy tan viejo-: la vida de un cachimbo. Esta etapa tan añorada cuando estas en el colegio es, una experiencia que se torna ambigua dependiendo de cada persona.

A algunos -ilusos pero felices- como yo, nos parece un tiempo de exploración del estilo de vida que la universidad demanda, con gratos recuerdos que nunca faltan. En el primer ciclo todos venimos con muchas expectativas, nos levantamos temprano -algo raro en mí- para empezar todo bien y con el alivio que la ausencia de un jefe de normas fiscalizador -pesadilla de todo tardón- permite obtener.

En el primer día, no te pierdes en la facu (si tienes suerte y el salón anotado), llegas sin demoras por preguntar dónde son tus clases, y entras al salón para escuchar atentamente al profe ya que no conoces a absolutamente nadie (a menos que seas de Pamer o Ceprepuc, para variar). Ese día nadie participa en clase, sino que estás pensando en una buena excusa para hacerle el habla al pata o chica del costado.

Apuntas todo lo que el profe dice para nunca revisarlo, por lo menos hasta el parcial. Y empiezas a checar a la gentita que te parece chévere -antes de quedarte sin grupo!-, sino piña contigo, confórmate con los que tan solos como tú (trágico, ¿no?).

Luego, en la semana, la gente se va soltando. El profe colabora con sus -poco graciosas, por cierto- bromas en clase, los trabajos en equipo ("ustedes formen grupos y me los pasan en un papel") y a dedo con los lentejas que quedan ("A ver, levanten la mano los que no tienen grupo").

Así con la mancha ya constituida -y el trabajo olvidado- empiezan las reus ("¡¿ya, quién pone la jato?!"), un generoso voluntario se ofrece- o es ofrecido, da igual- a colaborar con su casa para tan noble causa (¡y limpiarla luego!).

viernes, septiembre 01, 2006

Cuando me matriculé en teatro (curso de mi facu), yo y mis padres pensamos ingenuamente que pasaría algunas horas de la semana interpretando y escenificando las obras cumbres del séptimo arte. Bacán! -dije- al fin desarrollaré mis aptitudes hacia la escenificación (cualidad que me sirvió de mucho faltar al cole no hace mucho).

Todo iluso fui el primer día de clases para enterarme que el curso no incluye más que lectura, interpretación y crítica, lo cual no está mal pero no era lo que yo esperaba. Es notorio que el profesor Gavidia tiene vocación para este campo, ello se deduce de su emoción al leer las obras a nosotros, sus (siempre atentos) alumnos.

Las tragedias griegas, relatos de tiempos helénicos en donde todos encuentran la muerte en el intento de escapar de su destino, están colmadas de designios inapelables de los oráculos y las eternas desgracias de familias malditas, cuya suerte va de generación en generación.

Edipo Rey, por ejemplo, narra el frustrado esfuerzo del protagonista de escapar a lo anunciado por el Oráculo de Delfos (que mataría a su padre y se casaría con su madre) y todo para que terminara haciéndolo sin saberlo. Esto, en mi opinión, merece un tremendo ¡plop!