Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 373 veces
Para el segundo en que termine de escribir esta línea, la medianoche se engullirá su primer segundo de vida. Después de que cada suceso tras suceso me distrajera, todo lo que debía hacer fue cayendo como dominó durante el día, la tarde y la noche, como si una sóla conjunción se tosiera breve pero fuerte. Cuando me hallé sóla, grandes lágrimas de impotencia me salieron del alma y de la mirada, imaginándome el porqué verdadero de mi estadía todo aquel tiempo. Mis venas se llenaron de furia y la rabia pobló el siniestro de mis ojos. El otoño asomó gigante y con el rubor de esa ventisca, se cuajó la nostalgia.

Sabes:

Estuve contigo desde aquella lejana tarde donde el viento se comía mis costillas. Cuando la mirada de otras mujeres te consumía la mía, cuando sentados en un café y acercándote a mi rostro, te besé. Desde allí, recuerdo el momento exacto en el que quise saber quien era el hombre que tenía frente a mí, el de la mirada huída, de las manos fuertes y hombros de acero que hacían crecer mi calor en cada abrazo. Allí supe que quería saber quien era el hombre de la risita burlesca caída la noche, el de las primeras llamadas esas noches, el que limpió mis lágrimas en cada partida y el que veía crecer mi pelo por sobre mis hombros y sonreía. Aquel que caminó recorridos extensos para regresar a casa, cuando sólo tenía apenas un puñado de monedas en los bolsillos, cuando el hambre era fuerte y la sed, descomunal. Caminamos retrocediendo, corríamos de espaldas, sonreíamos entre penas. Torpe en destrezas, tonto en razón y calor en invierno. Me quedé, hoy lo supe, porque su ciencia y la palabra de su boca me nacían en el alma.

Quiero saber quién es - me dije.

* * * *


Hoy, 25 de octubre, ha vuelto a nacer. Tiene un nuevo rostro, nueva voz, nuevo mundo. Hace años tenía una madre y un padre y hermanos y un techo. Era el primer hijo, la palabra de impulso, el sigilo sin cariño. Estaba por eso con todo él: con su pelo ensortijado, con su nariz vespertina, con sus ojos que cerraban lentos y sobre todo, con su fuerza. Con ella misma me quedaba yo, y él, aunque nunca lo viera, con toda yo (en ese entonces).

Así me quedé contigo. Porque quería saber quien seguía, quien crecía, quien era la zarza en mis espinas. Nunca fue tolerancia, nunca fue soporte, palabras a las que nos acostumbraba el día, el trabajo y sus noches. Fue magia: así mi alma se prendó de esa ricura de mentón y se perdió en cada uno de los horizontes que el ser humano crea cuando excede su propia expectativa.

Me quedé contigo porque crecías como puño en tierra, como bosque en lo silvestre y porque a mis ojos te hacías gigante e invencible, y por entonces que poco me importaba la misma camisa negra de siempre, y hasta pareciera yo extrañarla.


25.1
25 de 30.

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 288 veces
Mucho más allá...


Era domingo. Ya lo había previsto en la mente miles de veces, había ensayado quizás sin evitar reír algo, que la siguiente vez en que lo viera pasaría de largo. O no, quizás lo abofetearía un par de veces. O mejor aún, tomaría su boca en la mía y cerraría tanto pasado longevo con un nuevo presente de papel. Sin embargo, sólo lo pensé.

Aquella noche llegó él con más de media hora de retraso. Después de todo, mi propósito era diferente, esta noche no habían poemas de Heraud cruzándome la mente, ni amores cansinos escondidos en las esquinas de esas calles que siempre nos recibieron en Pueblo Libre. Tampoco tenía una foto que ver, un lugar que guarecer en la memoria de los que olvidan el querer que jamás sintieron. Que sé yo.

Pocos minutos antes de que él llegase, las luces en el cielo se abrían como primavera. Diferentes luces quemaron sus fuegos en un espectáculo inmenso y enceguecedor. Salí a ver por la ventana y me senté a los pies del banquito instalado afuera para posibles consumidores de cómida rápida. La avenida Sucre estaba tan silente, había estado lloviznando, pero sentada viendo las luces en el cielo y sonriendo, sentí la nueva fascinación de la espera envolvente y cautivadora.

¿ Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?


Cuando él llegó, tarde cual siempre, su pelo estaba mojado. Yo estaba escuchando música. Compré una botella de agua y antes de verlo, la abrí, tomando tres sorbos sumidos en un tamborileo de expectativa. Después de todo casi cinco meses habían transcurrido, y mi memoria lo citaba en ecos. Asumí que se había dado un baño, sonreí al pensar porqué lo hacía. Sólo le espeté el hecho de detestar esperar, pero lo hice de tan buen humor, que en realidad tampoco a mí me importó (en realidad me importó y mucho, uno de los corolarios que luego citaré por segunda vez). Segundos nada más y lo besé al saludarlo en la mejilla. Lucía la misma casaca con la que lo vi por tercera vez y puedo numerarlas ahora en que las recuerdo: el primer adiós, la noche del cine y su gripe, y ahora ésta. Por dentro quise encontrarlo diferente, y no me equivoqué. Su rostro, sus ojos miraban jaspeados de nerviosismo. Sus palabras se arrastraban esbozando frases cortas. Sonreía. Su cuerpo estaba algo más curvo que la última vez en que dejara de verlo, su pelo lucía largo y poco ordenado. No recuerdo que zapatos llevaba, sin embargo caminaba a mi misma altura: la idea de estar ambos del mismo tamaño me desconcertó, por lo que pasos más arriba, le pregunté si había empequeñecido. Esa pregunta, retórica por cualquier lado, me hizo sentirme más cómoda. Ahora Borya (leerse como en el ruso, Bo-ri-a) y Rocío (yo) estábamos al mismo nivel de aquel presente. Eso me gustó sobremanera.

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?


Cuando ya estuvimos sin el eco de carros apresurando su destino, ni pisadas de nocturnidad en aquellas primeras noches de octubre, tosí sin remedio. El comenzó a hablar, fue directo al punto de inicio. La televisión anunciaba los resultados electorales. Él se dirigió a ellos, habló de los mismos. Yo? torcí la vista hacia el lado opuesto de la habitación y pensaba en lo mucho de ese horrendo fin de semana antes de verlo, en las malas juntas y malos hombres que él definió al escucharme hablar como el resto. Sonreí. Sentí posarse un beso intenso bajo mis labios y por sobre parte de ellos. El fuego del cielo había desaparecido, el calor huído. Todo el momento mío a su lado comenzó a caer como dominó. Más de tres horas, ya sóla y conmigo misma, dormí con algo de frío. Imaginé sin embargo que él tocaba a la puerta, se excusaba por llegar tarde (como siempre) y se echaba a mi lado, abrazando aquel mi costado de Eva, envolviéndome en un sueño profundo al sentir sus brazos asirme a su cuerpo y darme esa protección suya, ausente durante tanto tiempo de mí.

¿A qué , a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?


Nunca supe si fue sueño o realidad. Su forma, la forma, era el fondo de todo este asunto. En casi cinco meses mi mirada había sobrevolado variopintos horizontes, habían habido noches de pisco y madrugadas extensas. Hube tenido la noche conmigo a veces, y con ella, la mirada y sonrisa de Brazil y Estados Unidos conmigo. Borya entonces quizás entendió, por sobre mis hombros semidesnudos, que mi mirada era su otoño, cosa que asumo no le afectó. Sucumbió en el aire el recuerdo de otros hombres, aquellos que hablaban y sonreían de puño y tiempo. Enamorada ya no estaba, pero verlo me produjo una alegría reproducida en mi primer verso de despedida. Siento mucho haber sido infiel a mis pensamientos, (pero tú terminaste de irte y yo terminé por irme de ti sin quererlo).

Quisiera hablar de la vida .
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados , este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que yo soy? ¿ verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".


A los tres o cuatro días después de aquel encuentro, su voz apareció en el teléfono. Exactamente dos lágrimas me brotaron de los ojos cuando él me dijo que me había notado distinta, pero sobre todo, que todo tenía un tiempo y ese tiempo... ya había pasado. Quizás muy por dentro todo ese valor del que me había llenado para empuñar mis manos y llamarlo había sido inútil. Yo no sentía el calor de sus palabras, hasta que él hizo alusión a aquel dos de mayo. Entonces recordé las muchas veces en que repitió que me quería (muchas, muchas aquella noche), y para mí había sido suficiente, pues yo también lo quería a él. Es cierto que nunca supe que sucedería luego, pues sólo me preparé para aquel desenlace. Pero tampoco tuve que pensar en aquel tiempo, pues nunca llegó aquella segunda vez.

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.


Luego intempestivamente desapareció y con él, yo. Reencontrarlo en la sima de mi cima fue la pobrísima ilusión vestida de destino frente a mí. ¿A dónde se había ido el amor que llegué a sentir por él, la fuerza que su mano me proveía, la mirada que yo pugnaba por conservar cada noche juntos, y sobre todo, a donde se había ido el hombre del que yo me había enamorado por ser mi exacto opuesto, mi antítesis, mi verso en mis palabras?

Probablemente se había hecho realidad. Y confieso que sin todo ese arraigo de costumbres, en esta carta larga que escribo para Borya mientras el resto la lee conmigo curioso, quisiera conocer por fin al verdadero, al jetón, enojón, tenso, vespertino, estresado, sonriente, buenhumorado, sencillo, apasionado, preocupado, escaso-de-detalles, al irremediable indistinto, al conversador eterno, al que es mi antípoda exacto, a quien-fuera-mi Borya.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.


Que ganas de ver a Borya en este instante en que la noche hace eco, en que los animales cantan el amanecer que ya llega, en que las ojeras se esconden por entre los treinta años que me encienden y sobre todo, que ganas de que Borya pueda saber que sensación le provocó mi regreso, algo de lo que ya hablaré a él y escribiré, a pesar de lo mundano que hacerlo público pueda parecerme.

Por lo pronto, encontré la firma para finalizar mis escritos. Me la esbozó alguien que me provoca el deseo del mundo entero.

firma.JPG

Rocío Oré, a decir de quien la dibujó.


Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 184 veces
Hoy he tomado un vaso de agua gigante. Son casi las tres de la mañana y todo lo que escucho es el eco de la noche aunado a mis pensamientos con sigilo. Recuerdo esta noche como única: recuerdo la orquesta planeada allí afuera, la carta escrita a puño y letra, las flores en su oficina, la caja de chocolates, la cena de lujo, sus amigos al lado, y luego la noche mía y suya al lado del mar, celebrando el año número veintiocho en su vida. Un pequeño pastel contendría un mensaje corto y exacto: Feliz cumpleaños...Sonreí ante la avalancha de recuerdos y escribí un par de capítulos cortos en el pequeño libro que preparo, a la vez que el sueño consumía mi cariño con cosas diversas sucediéndose por doquier. El rubro de mi libro marchaba seguro: una historia sobre Jack, pequeño hombre que pasaba su tiempo abriendo ventanas por doquier. Construía puentes y cosía ropa. Cocinaba con fuego y con inventiva. Al final de esa historia Jack inventa un par de alas, y se pierde en lo alto del infinito cielo para nunca más regresar.

Lo cierto es que podía recordar su risa confundida, y ese silencio que inundaba la vida de sosiego, mientras el vivía parte de ella misma conmigo. Soñé tanto y tan en voz alta que las cosas volaron ligeras.

Este diciembre está por irse y pienso encontrar al hombre que escribe en dirección opuesta a la mía...

Ojalá tuviera tantas cosas más cerca, siempre con un vino de lado, con un sitio por recordar, una canción por escuchar y un recuerdo por sentir...

CD

Discos que compré desde noviembre, esperando aquel catorce de diciembre que terminó de irse ligero


ps. y los sueños, sueños son.

01/03/10, 00:45 Voz y Sueño

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 88 veces
En efecto, cuando Ernesto aún estaba aquí, él me dijo que pronto despertaría yo del sueño. Pronto sus manos que empezaban a llenarse de surcos no tomarían el sendero como propio, pronto su voz callada no esbozaría monosílabos por el teléfono. Sus visitas ya no sucederían, su risa no acompañaría la mía y sus ojos de bosque pronto se fundirían en el recuerdo de lo que pude reconocer en su mirada aquellas tardes, mañanas y ocasos en que pude verlos con vida.

Una de las tardes en que fui a estudiar, el teléfono sonó. Escuché su voz y en unos minutos, después de acceder a verlo por una ráfaga de tiempo, su cuerpo delgado y enjuto apareció sentado en los banquitos que cruzaban la puerta de entrada. Había venido de Huancayo. Sonreía como siempre, y a lo lejos pude distinguir como miraba a la gente, esperando encontrarme entre ellos mientras uno a uno, se sucedían los muchachos y muchachas de ese centro.

Sacó de su bolsillo un gorrito pequeño y me lo dio -y cómo me emocioné- pues los regalos (sobre todo los cedidos en incauta sorpresa) siempre han sido mi deleite. Al instante lo puse a mi cabeza, y carcajeamos al ver lo pequeño que era en mí. Aquella tarde la brisa corría fuerte, los primeros vientos de otoño se hacían sentir con fuerza y los carros pasaban rápidos por la avenida. Nos sentamos por un rato, el sol se metía ligero, sus recuerdos quizás asomaron en melancolía extensa, cual siempre. Aquella biblioteca había sido testigo de nuestro primer encuentro hace diez años.. Aquella noche él llevaba una chompa azul gigante que aprisionaba su cuerpo. Yo tenía el pelo largo y las mejillas de acero, por el frío intenso.

Después de unos minutos, decidimos dejar todo e ir a casa. Entró conmigo y comenzó a proferir bromas miles, y encontró en mi risa la adición perfecta. Íbamos por los pabellones sin preocuparnos siquiera de la gente alrededor, diciendo yo cosas miles y enredada en su brazo, él como un chicuelo travieso contrariándome en todo lo posible y caminando a la par, sin deshilvanar el nudo que mi brazo hacía en el suyo propio.

Hizo un par de piruetas. Yo disfruté ver su cuerpo ágil impulsarse en lo alto del pasadizo. Frente a mi salón de clases, me dispuse a sacar mis cuadernos y bolso. Hice todo mirándolo a los ojos, culpándolo de aquella decisión - lo cierto es que estaba yo cansada también, y tenerlo como motivo era un pretexto imposible de abandonar.

Llevó mis cosas mientras el nudo seguía intacto en su otro brazo. Caminamos desde donde salimos. Me así a su cuerpo pues el frío comenzaba a recorrerme inclemente. Mis manos, libres, frías, contaban historias mientras caminábamos. Le dije a Ernesto tengo hambre y después de decirlo tantas veces, él seguía sonriendo.

Camino al restaurante, alguna observación suya en el taxi me molestó. El se reía, y comenzó a frotar mi espalda para intentar calmar mi furia. El rojo me subía intenso, la voz se me iba.

- No te enojes, cuando te enojas , lo haces en serio.. Vamos, era una broma.. ya estás enojada, no? estás muy enojada.. no te enojes..

Y mientras mis mejillas se llenaban de fuego, su mano calmando mi espalda apaciguó la hoguera.

Compramos la comida para llevarla a mi casa. Ernesto no tenía mucho tiempo. Había sido una visita corta pero bienhechora.

Camino a casa, él me contaba de su viaje. De sus ríos, de sus plantas, de su tierra. La Buena Tierra entonces iba tomando forma. Yo sólo sollozaba ligera, no sabía que decirle. Estuvimos un rato más en casa, en aquella tarde que se hacía de noche dolos recuerdos me aprontaron todos. Ernesto era imposible de definir a mis ojos. Pero algo en él que reconocía en todos mis libros y sueños me hacían recordar aquella prosa que escribía cuando recién entraba a la vida.

Ernesto ahora no está, la voz se me corta como hilos profundos. El único hombre que me podría imaginar en soledad... el único hombre que me podría imaginar escribiendo, aquel, ya no está.

Anoche soñé con él y en los brazos llevaba todas las cosas que yo tenía al momento de verlo. Me dijo: está bien, entonces te espero una hora pero nunca llegó esa hora porque desperté, tal y como lo hice la mañana siguiente al saberlo cruzar el mundo.

Una intensa llamarada me prende la vista de emoción. Tiene un libro mío. Yo, sólo llevo un suéter marrón largo, que en algunas noches de frío me cobija y me hace recordar lo extenso de la emoción en el cuerpo y el tiempo.

ps. Carta para ti, recordando el momento exacto en que dijiste "espero que ahora sí escribas de Ernesto en tu blog".

01/03/10, 00:44 Vuelta de tuerca.

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 99 veces
El dolor en mi espalda había aumentado. Eso ya lo sabía - me dijo.

Sonreímos, el café era fuerte pero había muy poco. Tomó mi mano intempestivamente y no la moví, ruboricé. Caminamos un par de cuadras y el frío del mar en Barranco soplaba fuerte. Mi nariz fría y sus ojos de bosque, inmensos. En ése momento su brazo rodeo mi cuerpo, me así a su lado, y comenzó a relatarme sus sueños en voz alta, como lamentando que yo hubiera estado lejos sin entender yo bien porqué. Extrañaba el olor del mar en La Punta, las mañanas heladas pero con el ruido de las gaviotas chillando en bandadas. Hacia la primera mañana se podía escuchar los propios pasos recorrer las cuadras mojadas de ése vaho musgoso y solitario: las casas de madera lucían opacas y todo alrededor daba un aspecto realmente sabatino a las esquinas: así de eterna era La Punta de mis años mozos.

Al golpe sobre la mesa, desperté de ese sueño y escuché mi nombre. En el palco improvisado (hecho de cartón quizás o algo de papel) había un letrero pequeño que decía PREMIACIÓN. Tenías las manos algo frías, nunca me expuse ante auditorios de más de veinte o treinta personas. Las botas me protegían del frío pero me distraje contando con los dedos de los pies los segundos que faltarían en anunciar mi nombre y me distraje del ensoñamiento de aquellos parajes en donde la última noche, mi mente había antojado de ir.

De pronto una marea de manos hicieron palmas y el silencio cayó cuando aún no estaba ni cerca de los hombres que habían hecho el escrutinio de las rimas y prosas presentadas. Acomodé mi cabello, no sin antes toser pues la saliva recorría mi boca ya seca de tanta impresión ajena. Allí, frente a todos en esas pequeñas gradas, me sentí el ser más pequeño y frío. Ellos no querían a la mujer en vestido, en botas y casaca. No querían ver a la mujer de ojos café - pensé. Quieren a la mujer que les habló de esa misma letra cada segunda mañana de más de un año. Quieren a la mujer para que les cuente como era todo exactamente. Quieren a la mujer que escribió del hombre, en frases diversas y sobre todo, quieren a la mujer que en líneas escritas, en verbos parafraseados y sustantivos inventados, hizo nacer una memoria.

Cuando estuve frente a todos ellos, recorrí la mirada rápida, como queriendo buscarlo.

"Quiero agradecer esta voluntad que me nace de la vida misma, y que sin ella, nada podrían hacer mis manos ni los verbos atados a mi existencia. Quiero dejar esta primera luz abierta en los ojos de quien me acompañó en estas historias y a quien dejé, como dice aquella prosa iel umbral de la puerta aquella noche, sin saber siquiera si debía cruzar aquel destino. Quiero decirles - muy tempranamente- que soy la semilla de mis abuelas y mis padres, la nostalgia de mi sangre mezclada de lenguas y hurtos al pasado, la mano asida a la historia de una mujer que apenas en su treintena de años,(re)juvenece. Soy sólo la mujer vertida en esta vida palíndroma y cartesiana, con su propia vuelta de tuerca. Agradecida de más estoy, sonrojo, y vuelvo a decirles, gracias. El hombre de las rimas y yo encontramos satisfecha la saciedad y rapidez de la fama."

Al instante bajé las gradas. Sostuve mi pelo entre mis manos. El ruido estalló rompiendo el silencio.

Y mi corazón retumbaba..

"...quédate todo el tiempo que quieras, pero huye cuando puedas porque tú eres una mujer de sueños locos que necesita libertad para escribir, vivir y por tanto producir más.."


Me acerqué a estrechar algunas manos, mi discurso improvisado pero esquematizado había resultado. Al instante una pregunta al aire resopló: "Quien es aquel B que es el protagonista de varios de sus cuentos?"

El mismo aire tosió mi serenidad y sonriendo - como las mejores cosas que en esta vida nos dan tanto placer - sólo pronuncié..

- Él aún está aquí conmigo, pero sin mí.

Me reí.

Camino a casa soplaba mis manos para mantenerlas calientes. A lo lejos divisé a B. en lo que pensé era un oasis de sal. No: Era él. Lo vi ausentarse al dar la vuelta a la avenida gigante, que parecía engullirlo. Recordé una noche sentados, él con sus zapatillas blancas, yo con mis zapatos bajos.

La noche era extensa, el diploma lo hice pedazos, cobré el dinero que por ese evento me dieron y lo gasté en un par de libros que empecé a leer desde esta mañana.

ps. "Quédate todo el tiempo que quieras.." - Palabras prestadas al tiempo...

01/03/10, 00:43 Abril en marzo.

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 95 veces
Llegó a media tarde y despedimos la misma como nunca. No tengo palabras para describirla, pues como él mismo dijo, fue un sueño. Fue un sueño desde que lo vi a media calle y traía escondido bajo el brazo la caja de chocolates diciéndome que son buenos para el corazón, y mientras ponía su chompa verde al hombro puso un beso rápido en mi mejilla. Al igual que hace un año, abril fue el mes que lo vi.

Las horas pasaron y cuando por fin pudimos estar a solas, conversamos lo que estos diez años nos dejaron en el recuerdo. Emocionada, comencé a enseñarle mis libros uno a uno, y la luz se hizo en sus ojos pequeños. Le pedi comprar más libros y el accedió, y reímos al ver nuestra emoción sentida de ambición. De pronto preguntó por mí, por mis ojos, por mi corazón y mis escritos. Yo me puse seria, lo invité a la sala y de pronto olvidé todo lo de antes y viví, tal como dijera envilecido un vagabundo, viví ese único momento.

01/03/10, 00:42 En vilo.

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 99 veces
......

01/03/10, 00:41 Sueños

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 152 veces
Quizás han sido cuatro , no lo recuerdo.

El más próximo, el de éste amanecer. Increpé tres o cuatro cosas. Luego tomé la mano de alguien. Luego fui descubierta. El primero: completamente ebrio.

He despertado (o lo vengo haciendo) poco a poco, de una gripe larga, cansina, extensa, profusa. Parte de mis helechos se los ha llevado el viento. Me fui un día de estos al barrio chino y su nombre saltó en eco sobre mi rostro, en la boca de otra mujer.

Y ahora en que con algo de paciencia me enfrenta la rotación del nudo borromeo, la leyenda al pie de página...

- Imágenes: Boris Kozyreff

01/03/10, 00:40 Abril de marzo

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 118 veces
Aquella noche entré a mi cuarto y saqué de mi dedo el anillo suyo que había estado conmigo todo el día. Cuando lo saqué, pensaba en todas las veces en que estuve a su lado, el día en que me lo dio (yo para variar, estaba triste y tenerlo fue un consuelo medio), recordé cuando fuimos a escoger las velas de mi torta de cumpleaños hace un año, cuando comimos en San Antonio y hablamos de miles de cosas, el dia en que nos besamos por vez primera camino al mar, el dia en que comimos con unos amigos mios (sin querer) y el dia en que se compró una super camisa y tomamos un jugo mirándonos frente a frente y riéndonos sin cesar. Recuerdo también las veces que estuvimos en el cine, nuestras caminatas nocturnas, la plaza Bolívar, sus zapatillas, la comida japonesa que tanto nos gusta, las horas en la noche al hablar y hablar, sus historias con su familia, su hermana recién llegada de USA, su hermano en Francia, sus compañeros de trabajo, su jefe, sus aspiraciones, sus metas, sus sueños y su futuro. Era una persona huída, llena de historias y de dudas, de decisiones y de errores también. Yo había aprendido a quererlo en esa incomprensión que me era familiar. Quererlo y respetarlo en sus tiempos, y comencé a hacer míos sus encantos. Jamás olvidaré la noche en que su mano rodeó mi cabeza y la apoyó contra la suya. La luna entraba fuerte por la ventana y sin sueños ni esperanzas, simplemente él y yo sumidos en ese nuestro propio mundo. ¡Qué invencible me sentí a su lado! - y tal cual siempre, sabía que todo tendría un fin.

La mañana del primero de abril fue diferente. La cabeza me daba mil vueltas, y en mi puño derecho tenía un brazalete de papel. Recordé por partes lo que había sucedido la noche anterior. Sonreí. Había bailado toda la noche, había olvidado la nostalgia... recordé que había servido el vino antes de salir de casa y me había sentado a la mesa con tres hombres que en ése momento se hicieron mis cómplices. Con uno de ellos bailé más que siempre y el sueño de ver mi pasado se disipó. El vino llenóme por completo al punto que mi alma, tal y como me dijera alguna vez Daria, sentía una breve hermandad con esas tres personas. Recuerdo más aún, incluso a quien me acompañó en esa noche bonita.

Dos noches después el pasado asomó. Pero yo ya era otra.

Aquel primer hombre me dijo que no estaba preparado para entrar en mi mundo. Evité estirar las palabras pero me era imposible. Él seguía hablando..

uno siempre cambia
yo me equivoqué
pues yo no soy así
en cosas como esas
porque antes que todo
tú eres
varias cosas
entre eso
mi amiga
y te fallé
y ahora veo el impacto
en tí y en mí


Pero supongo que la mejor descripción mía me la dio él, aquel hombre de pocas palabras, de mirada serena y tierna cuando está a mi lado..

vuelas
con tu nube
y llegas al cielo..

tomas las estrellas
y las dibujas en letras
escritas en un pedazo de piel
que dice rocío
esa eres tú...


La incomprensión de su rima me llenó de risas varias. Hay cosas que nunca cambiarán.



Todos esconden algo..Excepto él y yo.

01/03/10, 00:40 La mujer del espejo

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
Visto: 91 veces
En efecto, Cr. había conocido a la mujer de este espejo. A veces,como esta noche, pienso que él fue testigo de lo que hace casi 7 años yo no era. Comenzaba a encaminar mis ideas, escribir en papeles diversos, mi ropa era la necesaria, tenía muchos miedos y estaba llena de deseos por verse concretar. A él le comenzaba a decir sobre mis pequeños planes, los que tomarían más fuerza ya más adelante. En sus ideas comencé también a traslucir desdenes y pasatiempos y no ha sido hasta algunos años después en que volví a reencontrar vagamente ésa familiaridad en otros mundos y en otros nombres, en otro tiempo y otro lugar como rezarían los más cursis.

B. escuchó de él más de una vez, y como diestro que es, entendió el vínculo y la añoranza que a Cr. me unía. B. supo de él (lo recuerdo yo bien) cuando cruzábamos una calle en Magdalena. No sabía si debía hacerlo pero ya dos veces me había preguntado de dónde había nacido mi interés por el portugués. Yo decidí que a la tercera vez que lo preguntáse se lo diría. En efecto, ésa tarde veníamos de San Antonio y al cruzar la calle, volvió a preguntarme lo mismo, no sin antes decirme que mi habilidad para los idiomas parecía innata en mí.

- Por un amigo, cuya madre hablaba en portugués, muy linda y muy amable ella, cuando iba a su casa...

Y el relato se extendió un par de cuadras más, él tomó mi mano pero luego yo pretendí recoger mi cabello. Solté la suya y no volví a buscar su mano hasta subir al carro. La última vez que vi a B., también mencioné a este amigo con quien me une un lazo difuso de amistad, recuerdo, desazón, sin razón. Siendo como es mi corazón, B. no aceleró ninguna palabra pero fue asertivo y fugaz.

- ¿Osea que hablaste del viaje con tu ex enamorado ?

Sonreí. Aseveré lo cierto: nunca fue algo mío debajo de ésa palabra. Cr. fue esa compañía inusual y esperada (a veces) mientras sus dedos tocaban los acordes de sus melodías brasileras, mientras sus manos se movían a la par de sus ideas y mientras su universidad y luego el amor poblaron su tiempo, que lejos me sentía de él. A veces las lágrimas me venían ante tanta incomprensión, pero ya en el exilio temporal (2005) comprendí que debía dejarlo ir. Mis cartas huyeron, mi rima y mi prosa ya no serían suyas, mis textos todos, mi ser..

Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. , sentí un ligero rubor. El taxi pasaba casi a escondidas todas las calles, y me precipité a descubrir el viaje que pensaba hacer con B. , quien sólo sorprendió su rostro unos minutos ante tamaña anécdota. La invitación era a mi vida y mi tiempo, no en dinero. Pero la semana huyó y mi mente cambió su deseo. Cr. escuchó mi sentencia breve, lo escuché reir y me dijo que le parecía buena idea el que yo le dijera para realizar un viaje. Juntos. Él y yo.

Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. no supe que decir. Sólo recordé el día en que escuché la Vals Creole en mis oídos. Cr. había querido compartirme ésa canción.

Tengo su portugués metido en el alma.

Así están las cosas, en estas lejanías mías.

ps. Y si....? (por segunda vez).