San Pio de Pietrelcina, entró en los Capuchinos a los 15 años de edad. Ordenado Sacerdote en 1910. Asignado a San Giovanni Rotondo (Italia) en 1916, vivió allí hasta su muerte. Recibió los Estigmas de nuestro Señor Jesucristo en 1918. Los llevó por 50 años. Entró en la Vida Eterna: 23 de septiembre, 1968. Beatificado por el Papa Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999. Canonizado por el Papa Juan Pablo II el 16 de junio del 2002.
"Solo quiero ser un fraile que reza...” Decía.
“Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. DIOS es misericordioso y escuchará tu oración... La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de DIOS. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón...” Decía.
El Padre Pío es uno de los más grandes místicos de nuestro tiempo, amado en todo el mundo. Nos enseñó a vivir un amor radical al corazón de Jesús, de la Santísima Virgen María y a la Iglesia. Su vida era oración, sacrificio y pobreza. Alcanzó una profunda unión con DIOS.
Famoso confesor. El Padre Pío pasaba hasta 16 horas diarias en el confesionario. Algunos debían esperar dos semanas para lograr confesarse con él, porque el Señor les hacía ver por medio de este sencillo Sacerdote la verdad del Evangelio. Su vida se centraba en torno a la Eucaristía. Sus Misas conmovían a los fieles por su profunda devoción. Poseía una ferviente devoción por la Virgen María.
Dones extraordinarios:
Tenía la capacidad de leer los corazones y las conciencias.
Podía anunciar eventos del futuro.
Curaba milagrosamente por el poder de la oración.
Podía bilocarse, estar en dos lugares al mismo tiempo.
Emanaba fragancia de flores de rosas de la sangre de sus estigmas.
Llegaban a verle miles de peregrinos y además recibía miles de cartas pidiendo oración y consejo. Los médicos que observaron los estigmas del Padre Pío no pudieron hacer cicatrizar sus llagas ni dar explicación de ellas. Calcularon que perdía una copa de sangre diaria, pero sus llagas nunca se infectaron. El Padre Pío decía que eran un regalo de DIOS y una oportunidad para luchar por ser más y más como Jesucristo Crucificado. Su Beatificación fue la de mayor asistencia en la historia. La plaza de San Pedro y sus alrededores no pudieron contener la multitud que asistió a ella.
Te invito a que lo conozcas, leas sobre él y le tengas una especial devoción ya queEl Padre Pío es un poderoso intercesor ante DIOS, y sus Milagros se siguen realizando hasta nuestros días.
Algunas simpáticas anécdotas de su vida.
¡Cuida por dónde caminas!
Un hombre fue a San Giovanni Rotondo para conocer al Padre Pío pero era tal la cantidad de gente que había que tuvo que volverse sin ni siquiera poder verlo. Mientras se alejaba del convento sintió el maravilloso perfume que emanaba de los estigmas del padre y se sintió reconfortado.
Unos meses después, mientras caminaba por una zona montañosa, sintió nuevamente el mismo perfume. Se paró y quedó extasiado por unos momentos inhalando el exquisito olor. Cuando volvió en sí, se dio cuenta que estaba al borde de un precipicio y que si no hubiera sido por el perfume del padre hubiera seguido caminando... Decidió ir inmediatamente a San Giovanni Rotondo a agradecer al Padre Pío. Cuando llegó al convento, el Padre Pío, el cual jamás lo había visto, le gritó sonriendo:- “¡Hijo mío! ¡Cuida por dónde caminas!”.
Debajo del colchón
Una señora sufría de tan terribles jaquecas que decidió poner una foto del Padre Pío debajo de su almohada con la esperanza de que el dolor desaparecería. Después de varias semanas el dolor de cabeza persistía y entonces su temperamento italiano la hizo exclamar fuera de sí: -“Pues mira Padre Pío, como no has querido quitarme la jaqueca te pondré debajo del colchón como castigo”. Dicho y hecho. Enfadada puso la fotografía del padre debajo de su colchón.
A los pocos meses fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre. Apenas se arrodilló frente al confesionario, el padre la miró fijamente y cerró la puertecilla del confesionario con un soberano golpe. La señora quedó petrificada pues no esperaba semejante reacción y no pudo articular palabra. A los pocos minutos se abrió nuevamente la puertecilla del confesionario y el padre le dijo sonriente: “No te gustó ¿verdad? ¡Pues a mí tampoco me gustó que me pusieras debajo del colchón!”.
Los consejos del Padre Pío
Un Sacerdote argentino había oído hablar tanto sobre los consejos del Padre Pío que decidió viajar desde su país a Italia con el único objeto de que el padre le diera alguna recomendación útil para su vida espiritual. Llegó a Italia, se confesó con el padre y se tuvo que volver sin que el padre le diera ningún consejo. El padre le dio la absolución, lo bendijo y eso fue todo. Llegó a la Argentina tan desilusionado que se desahogaba contando el episodio a todo el mundo. “No entiendo por qué el padre no me dijo nada”, decía, “¡y yo que viajé desde la Argentina sólo para eso!” “-El Padre Pío lee las consciencias y sabía que yo había ido con la esperanza de que me diera alguna recomendación”, etc, etc. Así se quejaba una y otra vez hasta que sus fieles le empezaron a preguntar: “Padre, ¿está seguro que el padre Pío no le dijo nada? ¿No habrá hecho algún gesto, algo fuera de lo común?”. Entonces el Sacerdote se puso a pensar y finalmente se acordó que el Padre Pío sí había hecho algo un poco extraño. “-Me dio la bendición final haciendo la señal de la cruz sumamente despacio, tan despacio que yo pensé: ¿es que no va a acabar nunca?”, contó a sus fieles. “¡He ahí el consejo!”, le dijeron, “usted la hace tan rápido cuando nos bendice que más que una cruz parece un garabato”. El Sacerdote quedó contentísimo con esta forma tan original de aconsejar que tenía el Padre Pío.
El vigilante y los ladrones
“Unos ladrones merodeaban en mi barrio, en Roma, y esto me impedía ir a visitar al Padre Pío. Al final me decidí después de haber hecho un pacto mental con él: “Padre, yo iré a visitarte si tú me cuidas la casa...”.
Una vez en San Giovanni Rotondo, me confesé con el Padre y al día siguiente, cuando fui a saludarle, me reprendió: “¿Aún estás aquí? ¡Y yo que estoy sudando para sostenerte la puerta!”.
Me puse de viaje inmediatamente, sin haber comprendido qué había querido decirme. Habían forzado la cerradura, pero en casa no faltaba nada.”
Niños y caramelos
“Hacía tanto tiempo que no iba a visitar al Padre Pío que me sentía obsesionada por la idea de que se hubiera olvidado de mí.
Una mañana, después de haberle confiado, como de costumbre, mi hija bajo su protección, fui a Misa. De regreso, encontré a la pequeña saboreando un caramelo. Sorprendida le pregunté quién le había dado el “melito”, como ella llamaba a los caramelitos, y muy contenta me señaló el retrato del Padre Pío que dominaba sobre el corralito donde dejaba a la pequeña durante mis breves ausencias.
No di ninguna importancia al episodio y no pensé más en él.
Después de algún tiempo, no logrando sacarme de la cabeza la idea de que el Padre Pío se hubiera olvidado de mí, pude finalmente ir a visitarlo. Inmediatamente después de la confesión, cuando fui a besarle la mano, me dijo riendo: “... ¿También tú querías un “melito”?”.
Un calvo
“No había remedios para mi cabello que iba desapareciendo de mi cabeza, y sinceramente me disgustaba quedar calvo. Me dirigí al Padre Pío y le dije: “Padre, ruegue para que no se me caiga el cabello”.
El Padre en ese momento bajaba por la escalera del coro. Yo lo miraba ansioso esperando una contestación. Cuando estuvo cerca de mí cambió el semblante y con una mirada expresiva señaló a alguien que estaba detrás y me dijo: “Encomiéndate a él”. Me di vuelta. Detrás había un Sacerdote completamente calvo, con una cabeza tan brillante que parecía un espejo. Todos nos echamos a reír.
El zapatazo
Una vez un paisano del Padre Pío tenía un fuertísimo dolor de muelas. Como el dolor no lo dejaba tranquilo su esposa le dijo: “¿Por qué no rezas al Padre Pío para que te quite el dolor de muela? Mira aquí está su foto, rézale”. El hombre se enojó y gritó furibundo: “¿Con el dolor que tengo quieres que me ponga a rezar?”. Inmediatamente cogió un zapato y lo lanzó con todas sus fuerzas contra la foto del Padre Pío.
Algunos meses más tarde su esposa lo convenció de irse a confesar con el Padre Pío a San Giovanni Rotondo. Se arrodilló en el confesionario del Padre y, luego de decir todos los pecados que se acordaba, el Padre le dijo: “¿Qué más recuerdas?” “Nada más”, contestó el hombre. “¿Nada más? ¡¿Y qué hay del zapatazo que me diste en plena cara?!”
El saludo “grande, grande”
Una hija espiritual del Padre Pío se había quedado en San Giovanni Rotondo tres semanas con el único propósito de poder confesarse con él. Al no lograrlo, ya se marchaba para Suiza profundamente triste, cuando se acordó que el Padre Pío daba todos los días la bendición desde la ventana de su celda. Se animó con la idea de que por lo menos recibiría su bendición antes de partir y salió corriendo hacia el convento. Por el camino iba diciendo para sus adentros: “quiero un saludo grande, grande, sólo para mí”. Cuando llegó se encontró con que la gente se había marchado pues el Padre había dado ya su bendición, los había saludado a todos agitando su pañuelo desde su ventana y se había retirado a descansar. Un grupo de mujeres que rezaban el Rosario se lo confirmaron. Era inútil esperar. La señora no se desanimó por eso y se arrodilló con las demás mujeres diciendo para sí: “no importa, yo quiero un saludo grande, grande, sólo para mí”. A los pocos minutos se abrió la ventana de la celda del Padre y éste, luego de dar nuevamente su bendición, se puso a agitar una sábana a modo de saludo en vez de usar su pañuelo. Todos se echaron a reír y una mujer comentó: “-¡Miren, el padre se ha vuelto loco!”. La hija espiritual del padre comenzó a llorar emocionada. Sabía que era el saludo “grande, grande” que había pedido para sí.
Un niño y los caramelos
Un niño, hijo de un guardia civil, deseaba tener un trencito eléctrico desde hacía mucho tiempo. Acercándose la fiesta de Reyes, se dirigió a un retrato del Padre Pío colgado en la pared, y le hizo esta promesa: “Oye, Padre Pío, si haces que me regalen un trencito eléctrico, yo te llevaré un paquete de caramelos”.
El día de los Santos Reyes el niño recibió el trencito tan deseado.
Pasado algún tiempo, el niño fue con su tía a San Giovanni Rotondo. El padre Pío, paternal y sonriente, le preguntó: “-Y los caramelos, ¿dónde están?”.
¡Por dos higos!
Una señora devota del Padre Pío comió un día un par de higos de más. Asaltada por los escrúpulos, pues le parecía que había cometido un pecado de gula, prometió que iría en cuánto pudiera a confesarse con el Padre Pío. Al tiempo se dirigió a San Giovanni Rotondo y al final de la confesión le dijo al padre muy preocupada: “Padre, tengo la sensación de que me estoy olvidando de algún pecado, quizá sea algo grave”. El Padre le dijo: “No se preocupe más. No vale la pena. ¡Por dos higos!”.
¿Esperas que me case yo con ella?
El Padre Pío estaba celebrando una boda. En el momento culminante del acto el novio, muy emocionado, no atinaba a pronunciar el “sí” del rito.
El Padre esperó un poco, procurando ayudarlo con una sonrisa, pero viendo que era en vano todo intento, exclamó con fuerza: “¡¿En fin, quieres decir este “sí” o esperas que me case yo con ella?!”
¡Padre, ruegue por mis hijitos!
Una señora muy devota del Padre Pío nunca se iba a dormir sin haberle encomendado antes a sus hijos. Todos las noches se arrodillaba frente a la imagen del Padre y le decía: “Padre Pío, ruegue por mis hijitos”. Después de tres años de rezar todos los días la misma jaculatoria pudo ir a San Giovanni Rotondo. Cuando vio al Padre le dijo: “Padre, ruegue por mis hijitos”. “Lo sé, hija mía”, le dijo el Padre, “¡hace tres años que me vienes repitiendo lo mismo todos los días!”.
¡Y tú te burlas!
Una devota del Padre Pío se arrodillaba todos los días frente a la imagen del padre y le pedía su bendición. Su marido, a pesar de ser también devoto del padre, se moría de la risa y se burlaba de ella pues consideraba que aquello era una exageración. Todas las noches se repetía la misma escena entre los esposos. Una vez fueron los dos a visitar al Padre Pío y el señor le dijo: “Padre, mi esposa le pide su bendición todas las noches”. “Lo sé”, contestó el Padre, “¡y tú te burlas!”.
Bilocaciones
Padre Pío reza a San Pío X
Una vez el Cardenal Merry del Val contó al Papa Pío XII que había visto al Padre Pío rezando en San Pedro frente a la tumba de San Pío X, el día de la canonización de Santa Teresita. El Papa preguntó al Beato Don Orione qué pensaba del asunto. Don Orione respondió: “Yo también lo vi. Estaba arrodillado rezando a San Pío X. Me miró sonriente y luego desapareció”.
Padre Pío en Uruguay
Monseñor Damiani, Obispo uruguayo, fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre Pío. Luego de confesarse se quedó unos días en el convento. Una noche se sintió enfermo y llamaron al Padre Pío para que le diera los últimos Sacramentos. El padre Pío tardó mucho en llegar y cuando lo hizo le dijo:
“Ya sabía yo que no te morirías. Volverás a tu diócesis y trabajarás algunos años más para Gloria de DIOS y bien de las almas”. “Bueno”, contestó Monseñor Damiani, “me iré pero si usted me promete que irá a asistirme a la hora de mi muerte”. El Padre Pío dudó unos instantes y luego le dijo “Te lo prometo”.
Monseñor Damiani volvió al Uruguay y trabajó durante cuatro años en su diócesis. En el año 1941 Monseñor Alfredo Viola festejó sus bodas de plata Sacerdotales. Para tal acontecimiento se reunieron todos los Obispos uruguayos y algunos argentinos en la ciudad de Salto, Uruguay. Entre ellos estaba Monseñor Damiani, enfermo de angina pectoris. Hacia la medianoche el Arzobispo de Montevideo, luego Cardenal Antonio María Barbieri, se despertó al oír golpear a su puerta. Apareció un fraile capuchino en su habitación que le dijo: “Vaya inmediatamente a ver a Monseñor Damiani. Se está muriendo”. Monseñor Barbieri fue corriendo a la alcoba de Monseñor Damiani, justo a tiempo para que éste recibiera la extremaunción y escribiera en un papel: “Padre Pío..” y no pudo terminar la frase. Fueron muchos los testigos que vieron un capuchino por los corredores. Quedó en el palacio episcopal de Salto un medio guante del padre Pío que curó a varias personas.
En 1949 Monseñor Barbieri fue a San Giovanni Rotondo y reconoció en el padre al capuchino que había visto aquella noche, a más de diez mil kilómetros de distancia. El Padre no había salido en ningún momento de su convento.
Hoy día hay en Salto una gruta que recuerda esta bilocación y desde allí el padre ha hecho varios milagros.
Nos hemos salvado por los pelos aquella tarde ¿eh General?
El General Cardona, después de la derrota de Caporetto, cayó en un estado de profunda depresión y decidió acabar con su vida. Una tarde se retiró a su habitación exigiendo a su ordenanza que no dejara pasar a nadie. Se dirigió a un cajón, extrajo una pistola y mientras se apuntaba la sien oyó una voz que le decía: “Vamos, General, ¿realmente quiere hacer esta tontería?”. Aquella voz y la presencia de un fraile lo disuadieron de su propósito, dejándolo petrificado. Pero ¿cómo había podido entrar ese personaje en su habitación? Pidió explicaciones a su ordenanza y este le contestó que no había visto pasar a nadie. Años más tarde, el General supo por la prensa que un fraile que vivía en el Gargano hacía milagros. Se dirigió a San Giovanni Rotondo de incógnito y ¡cuál no fue su sorpresa cuando reconoció en el fraile al capuchino que había visto en su habitación! “Nos hemos salvado por los pelos aquella tarde ¿eh General?”, le susurró el Padre Pío.
Amor del Padre Pío por San Pío X y Pío XII
El Padre Pío solía decir que San Pío X era el Papa más simpático desde San Pedro hasta nuestros días. “Un verdadero Santo”, decía siempre, “la auténtica figura de Nuestro Señor”. Cuando murió San Pío X Padre Pío lloraba como un niño diciendo: “Esta guerra se ha llevado a la víctima más inocente, más pura y más Santa: el Papa”, pues corrían rumores que el Santo Padre había ofrecido su vida para salvar a sus hijos del flagelo de la guerra.
Una vez Padre Pío dijo a un Sacerdote que iba para Roma: “Dile a su Santidad (Pío XII) que con gusto ofrezco mi vida por él”. Cuando murió Pío XII el Padre Pío también lloraba desconsoladamente. Al día siguiente de la muerte no lloraba más y entonces le preguntaron: “Padre, ¿ya no llora por el Papa?” “No”, contestó el padre, “pues Cristo ya me lo ha mostrado en Su Gloria”.
Reacciones frente al “aggiornamento” de los franciscanos
El Padre Pío ya había expresado su descontento frente a los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II cuando el Cardenal Bacci fue a verlo a San Giovanni Rotondo. “¡Terminad con el concilio de una vez! ¡Por piedad, terminadlo pronto!”, le había dicho al Cardenal.
Cuando el encargado de la Orden franciscana fue a San Giovanni Rotondo para pedirle oraciones al Padre para los “Nuevos Capítulos” el padre se enojó mucho. Apenas oyó el padre la palabra “nuevos capítulos” se puso a gritar: “¿Qué están combinando en Roma? ¡Ustedes quieren cambiar la regla de San Francisco! En el juicio final San Francisco no nos reconocerá como hijos suyos.” Y frente a la explicación de que los jóvenes no querían saber de nada con la tonsura ni con el hábito, el padre gritó: “¡Echadlos fuera! ¡Ellos se creen que le hacen un favor a San Francisco entrando en su Orden cuando en realidad es San Francisco quien les hace un gran don!”.
Material extraído de: “La voce del Padre Pío”, “Padre Pío de Pietrelcina” de Yves Chiron
Bendiciones.
Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. (Efesios 6, 12)
Estamos en la Navidad de 1856 en Lyon, Francia. Antonio Chevrier, sacerdote sencillo y celoso, vicario parroquial de la Parroquia de San Andrés, inquieto ante un desfase entre las necesidades evangelizadoras y las circunstancias pastorales de su época, recibe una “gracia místico apostólica”. Su existencia de pastor experimentará un nuevo rumbo: la contemplación del Verbo encarnado en la pobreza por amor “es una gracia del conocimiento de Jesucristo para la misión”. La luz radiante del misterio de la encarnación irrumpe, silenciosa y transformadora, en su corazón e ilumina su inteligencia apostólica. El Verbo eterno viene en la carne “a buscar lo que estaba perdido”.
Seducido por la belleza y bondad del Hijo, que viene al encuentro de los hombres en pobreza y humildad, el joven sacerdote se decide a seguirlo “más de cerca” para ir a los pobres y “alejados” de la Iglesia de su tiempo.
Sacerdote Diocesano Misionero en su Propia Diócesis
Antonio Chevrier –a partir de entonces- no puede dejar de reconocer a Cristo en los rostros de los pobres y “alejados” de la ciudad y quiere llevarles al conocimiento, en decir, a la experiencia de Cristo.
En búsqueda de caminos misioneros en la propia diócesis, funda una obra catequizadora y humanizante para niños y jóvenes que las parroquias no atendían por las condiciones de empobrecimiento y “alejamiento” en que vivían estos grupos. Encuentra, en el corazón mismo de una barriada marginal, un antiguo salón de baile de mala fama que se llamaba “El Prado”. Había un letrero que decía: “se renta o se vende”.
Descubre en ese sitio una fuerte llamada para evangelizar a los pobres y “alejados” de la propia diócesis. En el fondo, la llamada más profunda era la de iniciar la formación de sacerdotes y catequistas, “sacerdotes pobres para las parroquias”, enraizados en el conocimiento de Jesucristo, adheridos a él. Sacerdotes según el Evangelio que fuesen apóstoles y misioneros entre los más pobres en una unidad de vida. Unificados en Jesucristo como discípulos y apóstoles. Es posible, se decía a sí mismo Antonio Chevrier, “mediante el estudio de Jesucristo y la oración asidua” conocer vitalmente a Jesucristo y hacerlo no sólo contemporáneo por medio de su Espíritu, sino dejar, por este trabajo del estudio espiritual del Evangelio –en el Espíritu- que Cristo habite por la fe en nuestros corazones.
HOY EN DÍA EN EL MUNDO
En la actualidad existen aproximadamente 1300 sacerdotes del Prado distribuidos en diócesis de unos 53 países. Los grupos más numerosos están en Francia, España, Italia, y hay grupos más pequeños en otros seis países de Europa. Alrededor de 176 se encuentran en América, sobre todo en América Latina y en el Caribe, en unos dieciséis países. Cerca de 54 se encuentran en África (del Norte, del Oeste y en Madagascar). Hay unos 91 en Asia (Corea, India, Japón, Vietnam). Hay unos 23 en el Medio Oriente.
En México existen 52 sacerdotes del Prado, distribuidos en las diócesis de: Juárez, Hermosillo, Chihuahua, Parral, Guadalajara, Autlán, Irapuato, Torreón, Tula, Tlalnepantla y México.
¿Por qué vinieron al Prado?
Al principio, por diversas razones: debido a la necesidad de no ser sacerdotes solos, de tener un equipo e incluso un grupo más amplio que vuelve al equipo más vivo; para ayudarse a seguir verdaderamente a Jesucristo lo más de cerca posible; para dar a los pobres de hoy el lugar que tienen en el Evangelio, para vivir un compromiso para con los pobres que no sea solamente afectivo o ideológico, sino arraigado en Cristo; o porque les atrajo la manera “pradosiana” de “estudiar el Evangelio”, es decir, de avanzar permanentemente en un conocimiento espiritual de Cristo que inspire la vida y el ministerio. Quienes se unen al Prado después de un tiempo de descubrimiento y formación, lo hacen porque reciben toda la gracia del Prado: no sólo el aspecto que les interesaba al principio, sino la totalidad, como un Don y un Llamado coherente de Dios que proviene de la unión a Jesucristo. Toman esta decisión porque se sienten llamados por Dios a este camino. Es decir, se trata de una verdadera vocación, de la recepción de un carisma al interior mismo de la misión sacerdotal diocesana.
¿Su ministerio?
La mayoría de los miembros del Prado se encuentran en parroquias, como suele ser con la mayor parte de los presbíteros diocesanos. Su carisma los orienta hacia quienes se encuentran en situaciones muy variadas de pobreza a través del mundo (colonias periféricas en grandes ciudades o espacios rurales desprovistos en el Tercer Mundo o en países más ricos, algunas veces en parroquias difíciles). Un buen número asume al mismo tiempo responsabilidades pastorales con grupos de personas en situación de sufrimiento como prisioneros, drogadictos, personas sin hogar; o a través de la misión entre grupos descristianizados o “alejados”. La misión concreta depende de los ministerios que les confíen los Obispos en las diócesis. A veces hay formas de presencia entre los pobres un poco excepcionales, que se realizan con el consentimiento del Obispo. La mayoría privilegia la formación de discípulos y apóstoles laicos.
Un número considerable de sacerdotes del Prado dedica tiempo al servicio de formación de sacerdotes en los Seminarios o en comisiones diocesanas de formación permanente y espiritualidad. El servicio a los sacerdotes –para hacer de ellos discípulos y apóstoles especialmente entre los pobres- es la orientación esencial del Prado.
Podemos notar, en el transcurso de estos últimos cincuenta años, que el Prado nació en diferentes países llevado por olas de dinamismo misionero y evangélico de la Iglesia local. Hay varios sacerdotes del Prado en “Fidei donum”, dispersos por el mundo.
CUATRO INTUICIONES CLAVE
“Conocer a Jesucristo lo es todo, lo demás no es nada”.
Para crecer en el conocimiento de Jesucristo, en el Prado, nos comprometemos a estudiar de manera cotidiana el Evangelio y a aplicarlo en nuestras vidas. El Padre Chevrier nos enseña a hacernos disponibles al Espíritu para escuchar, meditar y poner en práctica la Palabra, porque en esta Palabra hay vida, dicha, paz y alegría.
Tratamos también de mirar la vida de los hombres a la luz de la Palabra de Dios, en una oración contemplativa asidua sobre el propio ministerio, para reconocer la presencia y los llamados de Jesucristo, con el fin de colaborar en su acción y de poder anunciar a los hombres la Buena Nueva de la Salvación.
“Tener el Espíritu de Dios lo es todo”
“En nosotros, es el Espíritu Santo el que debe producir todo lo exterior..., la savia espiritual que debe dar vida al exterior”.
Oraremos mucho para pedir a Dios su Espíritu. “Dios mío dame tu Espíritu”.
Para mantenernos fieles a este Espíritu que no cesa de actuar en el mundo, nos ayudaremos a recibir y a discernir de manera permanente el llamado de los pobres, como voz de Dios hoy en día.
“Hay una savia interior y misteriosa que no se ve, pero que viene de Dios y da la vida”.
“Una sola cosa es necesaria, anunciar a Jesucristo a los pobres”
Para trabajar como Jesús, “elegiremos, de preferencia, la compañía de los pobres”.
Para anunciar a Jesucristo a los pobres, debemos tratar de elaborar una palabra de fe simple y directa, tomando en cuenta lo que tiene importancia en las realidades de su vida y encontrando las palabras que les sean accesibles. Nuestro corazón y nuestra oración serán como un crisol en el que el Evangelio y la vida de los hombres, por tanto tiempo meditados, se reencuentran y se esclarecen mutuamente.
Trabajaremos para que los pobres tengan su lugar privilegiado en el interior de la Iglesia, para formar entre ellos cristianos que creen, que aman y que se deciden a actuar según el Evangelio. La preferencia evangélica por los pobres es de toda la Iglesia, el carisma del Prado es un servicio a toda la Iglesia en esa perspectiva.
“El camino del amor verdadero”
Pesebre-Cruz-Eucaristía
Para vivir y trabajar en Cristo, en el Prado estamos llamados a asemejarnos a Cristo en su caridad pastoral. “Si queremos ser un Pan de vida para la gente, es necesario que pasemos por el Pesebre y por la Cruz”. El Pesebre es el camino del “despojo” del que se deja –a imitación de Cristo- llenar de entrañas de misericordia y compasión. La Cruz es el camino de la obediencia amorosa, para hacer siempre la voluntad del que nos ha enviado. “Si comiéramos el trigo con sus espigas, nos haría daño. Cuando se muele, se convierte entonces en alimento”.
La Eucaristía es el signo del darse, totalmente, desde la caridad pastoral, en el ejercicio del ministerio, que es la fuente de nuestra espiritualidad. “Hacernos buen pan”
En esta perspectiva debemos seguir los “consejos evangélicos” de pobreza, castidad y obediencia, en el centro de una vida de sacerdotes diocesanos.
ALGUNOS PILARES
El Estudio del Evangelio
Nos comprometemos, en el Prado, a consagrar mucho tiempo –cotidianamente- a estudiar a Jesucristo tal como se nos muestra en las Escrituras. “Ningún estudio debe preferirse a éste, porque este mero conocimiento puede hacer sacerdotes”. El estudio de Evangelio en la tradición espiritual del Prado, tiene sus raíces en la Lectio Divina, aunque con una peculiaridad y acentuación propias del pastor diocesano.
La relectura de nuestra vida a la luz del Evangelio
Para conducir al pueblo de Dios según el Espíritu de Dios, en el Prado debemos conocer su voluntad. Por ello tratamos de descifrar “los signos de los tiempos” en la vida de hoy como lugar donde se manifiestan la voluntad y la acción de Dios. A través de la mirada contemplativa sobre la vida de los hombres, dejamos que el Espíritu forme en nosotros a Jesucristo en la acción pastoral misma. De este modo nos volvemos más capaces de transformar el mundo y de guiarlo hacia la fe. La práctica frecuente de la Revisión de Vida entre Sacerdotes y el Cuaderno de Vida, nos ayudan a esto.
La vida de equipo, la vida fraternal
Recibimos con alegría a los compañeros a quienes el Espíritu Santo comunica este mismo interés. Al entrar al Prado, acordamos ayudar a nuestros hermanos sacerdotes a volverse discípulos de Jesús, contamos con su apoyo y nos disponemos juntos a recibir cada día el don de la vida fraterna.
La vida de equipo tiene como finalidad estimularnos a vivir nuestra vocación en la pobreza, la simplicidad y la alegría, ofrecernos un lugar de discernimiento, de conversión, de renovación en nuestra unión a Jesucristo y en nuestro esfuerzo misionero al servicio de los pobres. Este don de la vida fraterna entre sacerdotes, centrado en Jesucristo, nos hace corresponsables los unos de los otros en la diócesis en la que estamos insertos, pero también del Prado en ámbitos más amplios: nacional e internacional.
Esta vida fraterna, no quita nada –más bien ahonda- nuestra pertenencia y servicio al presbiterio de nuestras diócesis, que es nuestro primer lugar fraternal.
El Padre Chevrier, guía en este camino.
Sus escritos y su vida son para nosotros un lugar privilegiado. A través de él nos llegó este llamado. Él no es simplemente un elemento más del Prado. Él es “un guía incomparable” para los sacerdotes e incluso para los laicos cristianos, según la expresión de Juan Pablo II el 4 de octubre de 1986, durante la beatificación del Padre Chevrier.
Juan Pablo II en esa ocasión, dio cuatro orientaciones al Prado que brotan del testimonio de Antonio Chevrier:
“Vayan a los pobres para hacer de ellos verdaderos discípulos de Jesucristo”.
“Que su distintivo sea siempre la sencillez y la pobreza”.
“Hablen de Jesucristo con la misma intensidad de fe que el Padre Chevrier”.
“Apóyense siempre en Jesucristo y en la Iglesia”.
ESPIRITUALIDAD DEL PRESBITERO DIOCESANO
El Prado es una llamada a orientar con algunos rasgos peculiares la espiritualidad del presbítero diocesano. Quizá más que una espiritualidad en sentido propio, El Prado es una vocación y una gracia al interior de la espiritualidad e identidad del sacerdote diocesano.
Características de esta Espiritualidad
Espiritualidad Evangélica.
No solamente la espiritualidad del Prado tiene su fundamento en el Evangelio, como toda espiritualidad cristiana, sino que ella está marcada totalmente por su referencia constante al Evangelio, es decir a la vida de Cristo y a su enseñanza.
Esta referencia al Evangelio no debe entenderse como un “literalismo”, que nos invite a copiar tales o cuales actitudes de Cristo, o a poner en práctica de una manera simplona cada una de sus enseñanzas. Cristo es vida y sus palabras son espíritu y vida. Es el Espíritu que vivifica. La referencia al Evangelio, en la tradición espiritual del Prado, es por consiguiente esencialmente espiritual. Se trata de conocer y amar a Jesucristo para que actúe conformándonos a él. Todo viene del Espíritu de Dios. El Padre Chevrier decía: “Es el Espíritu Santo quien produce en nosotros a Jesucristo”.
Espiritualidad Apostólica
Esta espiritualidad no está orientada hacia la santificación personal ni a la pura contemplación; ella no está tampoco volcada directamente a la acción; es una espiritualidad apostólica, en el sentido más fuerte de la palabra. Nos pide, en efecto, conformarnos lo más posible a la actitud de Jesús para cumplir la misión que él recibe del Padre o la actitud de los apóstoles que se han entregado totalmente a Cristo para trabajar con Él en la salvación de los hombres. Ella es una respuesta viva al llamado de Cristo que quiso asociar a sus apóstoles a su propia misión: “Vengan conmigo, yo los haré pescadores de hombres”.
En otros términos, se puede decir que lo esencial de la espiritualidad promovida en el Prado, consiste en entregarse totalmente a Cristo por amor, a fin de cumplir con Él y en Él su propia misión.
Por esto, esta espiritualidad comporta dos aspectos complementarios. Está basada en una adhesión profunda a Cristo, ella exige el conocimiento y el amor de Jesucristo: es su aspecto contemplativo.
Pero esta santificación no es deseada sólo para el sacerdote por sí mismo. Se requiere como una exigencia de un apostolado auténtico. Es su dimensión misionera y apostólica.
En la medida como se realice la complementariedad de estos dos aspectos, la vida del sacerdote se encontrará, por el mismo hecho, profundamente unificada. Ser discípulos y apóstoles.
Espiritualidad Sacerdotal
El Evangelio está propuesto a todos los hombres. Todo cristiano está por tanto llamado, de manera adaptada a su estado de vida, a vivir según el Evangelio y a entregarse a Cristo para cooperar con él en su misión. Actuando así, el cristiano ejerce el sacerdocio real que él ha recibido el día de su bautismo.
Pero el Padre Chevrier ha pensado especialmente en los sacerdotes, es decir en aquellos que han recibido, a la manera de los apóstoles de Cristo, el sacerdocio ministerial. Es a ellos sobre todo que él se dirige para pedirles vivir sus funciones sacerdotales de una manera conforme a Cristo.
Espiritualidad del Sacerdote Diocesano
Una espiritualidad evangélica, apostólica y sacerdotal puede ciertamente ser vivida en el marco de una congregación religiosa; pero, en efecto, la espiritualidad del Prado es una espiritualidad de los sacerdotes diocesanos y ello principalmente por tres motivos.
Presencia entre los hombres: Jesús, sea en Nazareth que en su vida pública, ha querido realizar perfectamente esta presencia entre los hombres que es un elemento constitutivo del misterio de la Encarnación: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Del mismo modo, Jesús ha querido que sus apóstoles se hagan presentes entre todos aquellos que deben de evangelizar, se hacen todo para todos, con los griegos como con los bárbaros, con los sabios como con los ignorantes, a fin de poderles ofrecer el servicio del Evangelio. De esta manera, el sacerdote secular está llamado a vivir su apostolado sacerdotal en medio de los hombres y con ellos. Sacerdotes en el mundo. Por este hecho y con tal de que el sacerdote sea fiel al llamado que ha recibido, él hace a Cristo presente entre los hombres. Entonces, Cristo mismo podrá salvarles por el ministerio del sacerdote.
Con el Obispo y en dependencia de él: Son los Obispos quienes son sucesores de los apóstoles. No hay apostolado válido si no es aquel que se hace con el Obispo y en relación con él. Entonces, el sacerdote secular está llamado de una manera especial, a realizar su apostolado en colaboración directa con el Obispo y en dependencia de él.
En comunión con todos los sacerdotes de la diócesis: No hay más que un solo sacerdote que es Jesucristo; todos los sacerdotes deben ser uno en Él. Esto que es así es el ámbito del sacerdocio común de los fieles es, con más fuerte razón, en el vínculo sacramental del sacerdocio ministerial. En cada diócesis, en efecto, no hay más que un solo presbiterio.
La pertenencia del sacerdote al Prado no deberá jamás separarlo de los otros sacerdotes de la diócesis. Si los sacerdotes del Prado se reúnen o llegan a vivir en equipo, su grupo fraterno, bien lejos de encerrarles en ellos mismos, deberá ayudarles a insertarse mucho más en el presbiterio diocesano. Ellos deberán pues, como todos los sacerdotes seculares, aportar su ayuda fraterna a otros sacerdotes y recibir recíprocamente apoyo donde haya la necesidad, y todo esto, sea desde el punto de vista personal, como desde el punto de vista de todo el presbiterio.
FORMACIÓN
Existe un primer momento en que los sacerdotes diocesanos entran en contacto con el Prado a través de retiros, encuentros de espiritualidad apostólica, revisión de vida, etc. Algunos se van sintiendo atraídos a conocer y profundizar más en el dinamismo de la espiritualidad apostólica del Prado.
¿Qué sucede con alguien que, después de haber observado y descubierto la vida del Prado, desea formarse y volverse miembro de la Asociación?
“Todo debe provenir del conocimiento de Jesucristo”, en particular, de los frutos que se esperan de la formación; se trata de seguir a Jesucristo que forma apóstoles y funda la Iglesia al tomarlos consigo, de observar su pedagogía: éstos son los principios de base de la formación. La Primera Formación se solicita formalmente después de un período de conocimiento del Prado, después de un proceso de discernimiento de la vocación al Prado. Aceptado en la Primera Formación se designa a un acompañante al sacerdote y el camino formativo se desarrolla a lo largo de dos o tres años.
La Primera Formación se lleva a cabo sin interrumpir el trabajo pastoral: una sesión de retiro de una semana al principio, a la mitad y al final; un día al mes o tres días al trimestre en equipo de formación; y tiempo personal para estudiar el Evangelio, al Padre Chevrier, para la relectura de la vida bajo la mirada de Cristo. Al término de este recorrido, se puede solicitar ser miembro del Prado, contando con el respaldo del propio Obispo diocesano.
Después de algunos años de ministerio, en el Prado tenemos otro año de formación, año de búsqueda, de profundización: de estudio de Evangelio prolongado y de vida fraterna, de ser posible, estando libres de tiempo completo.
Todo esto se hace según modalidades concretas del ministerio de la diócesis en la que nos encontramos. Las cosas se disponen según lo que es posible.
El tiempo de “simpatizante”, de formación de inicio, de año de formación, deben verse siempre bajo la perspectiva de la formación constante y permanente. No hay Prado si no hay formación. Se trata, esencialmente, de una formación en la espiritualidad apostólica.
SERVICIO AL PRESBITERIO DIOCESANO
Independientemente de si los sacerdotes que conocen el Prado se puedan sentir llamados a pertenecer a él, el Prado es un espacio de fraternidad y servicio al presbiterio diocesano. Siempre la exigencia de fraternidad estará en primer lugar en el propio presbiterio. Puede haber sacerdotes diocesanos que libremente quieran aprovechar o solicitar algún servicio concreto o específico de lo que el Prado implica. Las puertas siempre están abiertas. Lo anterior no implica un proceso formal de pertenencia a la Asociación.
UNA FAMILIA ESPIRITUAL
Desde la época del Padre Chevrier, un grupo cercano de colaboradoras siguió a Jesús dejándose guiar por los ejemplos y palabras del sacerdote lionés. Existe, de hecho, una Congregación de Hermanas del Prado, actualmente presente en Francia, Chile y Madagascar. También existe un Instituto Secular Femenino del Prado, de derecho diocesano, al que pertenecen mujeres laicas que en su secularidad deciden una vida de consagración y servicio a la evangelización de los pobres. En México, por ejemplo, este Instituto está presente en Chihuahua y van surgiendo simpatizantes en otros lugares. Diáconos permanentes de diversos países se alimentan, en su ministerio de servicio a los pobres, de la espiritualidad del Prado, así como laicos y laicas que buscan hacer del Evangelio “el reglamento” de sus vidas.
Hay una escena del Evangelio que el Padre Chevrier retiene en sus escritos y comenta: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Mi madre y mis hermanos son quienes escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12, 46-50). Jesucristo es el fundamento y el único centro de esta familia espiritual
ESTATUTO
La Asociación de los Sacerdotes del Prado como Instituto Secular
La Asociación de los Sacerdotes del Prado, para vivir su vocación y su misión en el seno de la mismas vocación y misión del Pueblo de Dios, constituye un Instituto Secular Sacerdotal de derecho pontificio, regido según el derecho de la Iglesia para los Institutos Seculares. Las Constituciones recientes de la Asociación de los Sacerdotes del Prado fueron aprobadas en Roma el 7 de junio de 1987.
Los Sacerdotes del Prado siguen siendo siempre sacerdotes seculares; más aún, sólo pueden ser miembros de la Asociación los sacerdotes diocesanos. La Asociación de Sacerdotes del Prado no tiene un método de apostolado que le sea particular, ni el Prado asigna –por lo menos por sí mismo sin el consentimiento del Obispo respectivo- misiones particulares a sus miembros. Se trata de una orientación místico-apostólica: evangelizar a los pobres y más “alejados” del influjo evangelizador –en la diócesis- convirtiéndonos en discípulos de Jesucristo y trabajando para volvernos semejantes a los sencillos. Es nuestra manera de colaborar con la tarea pastoral de nuestros Obispos.
Hay que recordar lo que dice el Concilio sobre los Institutos Seculares: “Los Institutos Seculares, aunque no sean institutos religiosos, llevan, sin embargo, consigo la profesión verdadera y completa, en el siglo, de los consejos evangélicos, reconocida por la Iglesia. Esta profesión confiere una consagración a los hombres y mujeres, laicos y clérigos, que viven en el mundo. Por lo tanto, tiendan ellos principalmente a la total dedicación de sí mismos a Dios por la caridad perfecta, y los institutos mantengan su carácter propio y peculiar, es decir, secular, a fin de que puedan cumplir eficazmente y por dondequiera el apostolado en el mundo y como desde el mundo, para el que nacieron”. (PC 11).
El Código de Derecho Canónico dice también a este propósito: “Por su consagración un miembro de un instituto secular no modifica su propia condición canónica, clerical o laical, en el pueblo de Dios, observando las prescripciones del derecho relativas a los institutos de vida consagrada” (CIC 711).
Recomendación del Magisterio de las Asociaciones Sacerdotales
El mismo Concilio en el documento sobre el ministerio y vida de los presbíteros dice: “También han de estimarse grandemente y ser diligentemente promovidas aquellas asociaciones que, con estatutos reconocidos por la competente autoridad eclesiástica, fomenten la santidad de los sacerdotes en el ejercicio del ministerio por medio de una adecuada ordenación de la vida, convenientemente aprobada, y por la fraternal ayuda, y de este modo intentan prestar un servicio a todo el orden de los presbíteros” (PO 8).
En el mismo sentido la Exhortación Apostólica Pastores Davo Vobis dice: “pueden ser de ayuda las asociaciones sacerdotales, en particular los institutos seculares sacerdotales, que tienen como nota específica la diocesaneidad, en virtud de la cual los sacerdotes se unen más estrechamente al Obispo y forman un “estado de consagración en el que los sacerdotes mediante votos u otros vínculos, se consagran a encarnar en la vida los consejos evangélicos”. Todas las formas de fraternidad sacerdotal aprobadas por la Iglesia son útiles no sólo para la vida espiritual, sino también para la vida apostólica y pastoral”. (PDV 81).
Organización
El Prado se organiza fundamentalmente a partir de la diócesis. Los sacerdotes pertenecientes a la Asociación de los Sacerdotes del Prado forman equipos de encuentro y reuniones mensuales, por lo menos, para el estudio de Evangelio, la Revisión de Vida y el mutuo apoyo para ser discípulos de Jesucristo sostenidos para la misión. Existe un animador o responsable diocesano y, cuando hay otras diócesis vecinas en donde va comenzando, la responsabilidad de la diócesis más estructurada ofrece servicios a la diócesis que está en fase inicial.
En el ámbito nacional existe un Consejo o Equipo de coordinación y de servicio a las diócesis. El equipo nacional se estructura con los animadores diocesanos, o por lo menos regionales, y existe un Responsable y un miembro dedicado a la formación. Cuando este grupo nacional está en proceso de formación, ya que el Prado en la nación respectiva está también en formación, este equipo mantiene una vinculación más estrecha con el Consejo del Prado Internacional –un pequeño equipo de servicio-, que es elegido cada seis años y que radica en Lyon, Francia, y que constantemente viaja a los diversos países para animar la vida de los Prados nacionales.
Cuando un Prado nacional se va estructurando más, se da el paso a ser un Prado erigido, es decir, más autónomo. Se requiere para ello que alguien de los miembros o algunos, con el consentimiento del Obispo respectivo, esté o estén liberados de tiempo pleno para este ministerio. Tal es el caso, por ejemplo, de Francia, Italia, España y Medio Oriente. En América Latina, Brasil, Colombia y México se encuentran en una fase de avance que permite prever que en un futuro podrán ser Prados erigidos.
Homilía del sacerdote Franciscano P. Roger J. Landry, pronunciada en la Parroquia del Espíritu Santo en Fall River, MA (Estados Unidos) - Año 2010
Autor: Padre Roger J. Landry
La nota de ocho columnas de la semana pasada no se la llevó el desfile del Super Bowl ni quién sería el mariscal de campo, ni tampoco el discurso del Presidente al Estado de la Unión hablando de los operativos terroristas en los Estados Unidos. Nada de esto fue la noticia principal. Los encabezados fueron capturados por la muy triste noticia de que algunos sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston abusaron de jóvenes a quienes estaban consagrados a servir.
Es un escándalo mayúsculo, uno que muchas personas que durante largo tiempo han tenido aversión a la Iglesia a causa de alguna de sus enseñanzas morales o doctrinales, lo están usando como pretexto para atacar a la Iglesia como un todo, tratando de implicar que después de todo ellos tenían razón. Muchas personas se han acercado a mí para hablar del asunto. Muchas otras hubieran querido hacerlo, pero creo que por respeto y por no querer sacar a relucir lo que consideran malas noticias, se abstuvieron; pero para mí era obvio que estaba en su mente. Y por eso, hoy quiero atacar el asunto de frente. Ustedes tienen derecho a ello.
No podemos fingir como si no hubiera sucedido. Y yo quisiera discutir cuál debe ser nuestra respuesta como fieles católicos a este terrible escándalo. Lo primero que necesitamos hacer, es entenderlo a la luz de nuestra fe en el Señor. Antes de elegir a Sus primeros discípulos, Jesús subió a la montaña a orar toda la noche. En ese tiempo tenia muchos seguidores. Él habló a Su Padre en oración acerca de a quiénes elegiría para que fueran sus doce Apóstoles, los doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la Buena Nueva en Su nombre. Él les dio el poder de expulsar a los demonios. Les dio el poder para curar a los enfermos. Ellos vieron como Jesús obró incontables milagros. Ellos mismos obraron en Su nombre numerosos milagros.
Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor. Uno que había seguido al Señor, uno, a quien el Señor le lavó los pies, que lo vio caminar sobre las aguas, resucitar a personas de entre los muertos y perdonar a los pecadores, traicionó al Señor. El Evangelio nos dice que Él permitió que Satanás entrara en él y luego vendió al Señor por treinta monedas en Getsemaní, simulando un acto de amor para entregarlo. "!Judas," le dijo Jesús en el huerto de Getsemani, "con un beso entregas al Hijo del hombre!" Jesús no eligió a Judas para que lo traicionara.
Él lo eligió para que fuera como todos los demás. Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que Satanás entrara en él y, por su traición termino haciendo que Jesús fuera crucificado y ejecutado. Así que desde los primeros doce que Jesús mismo eligió, uno fue un terrible traidor. A VECES LOS ELEGIDOS DE DIOS LO TRAICIONAN. Este es un hecho que debemos asumir. Es un hecho que la primera Iglesia asumió. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer.
En vez de ello, la Iglesia reconoció que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes sí lo viven. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy. Es gracias a los otros once -todos los cuales, excepto San Juan, fueron martirizados por Cristo y por el Evangelio, por el cual estuvieron dispuestos a dar sus vidas para proclamarlo- que nosotros llegamos a escuchar la palabra salvífica de Dios, que recibimos los sacramentos de la vida eterna.
Hoy somos confrontados por esa misma realidad. Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor, aquellos que abusaron en vez de amar a quienes estaban llamados a servir, o, como la primera Iglesia, podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para servirlos a ustedes por amor. Los medios casi nunca prestan atención a los buenos "once", aquellos a quienes Jesús escogió y que permanecieron fieles, que vivieron una vida de silenciosa santidad. Pero nosotros, la Iglesia, debemos ver el terrible escándalo que estamos atestiguando bajo una perspectiva auténtica y completa.
El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora. La historia de la Iglesia es como la definición matemática del coseno, es decir, una curva oscilatoria con movimientos de péndulo, con bajas y altas a lo largo de los siglos. En cada una de esas épocas, cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaron a la Iglesia de regreso a su verdadera misión. Es casi como si en aquellos momentos de oscuridad, la Luz de Cristo brillara más intensamente.
Yo quisiera centrarme un poco en un par de santos a quienes Dios hizo surgir en esos tiempos tan difíciles, porque su sabiduría realmente puede guiarnos durante este tiempo difícil. San Francisco de Sales fue un santo a quien Dios hizo surgir justo después de la Reforma Protestante. La Reforma Protestante no brotó fundamentalmente por aspectos teológicos, por asuntos de fe -aunque las diferencias teológicas aparecieron después- sino por aspectos morales. Había un sacerdote agustino, Martín Lutero, quien fue a Roma durante el papado más notorio de la historia, el del Papa Alejandro VI. Este Papa jamás enseñó nada contra la fe -el Espíritu Santo lo evitó- pero fue simplemente un hombre malvado. Tuvo nueve hijos de seis diferentes concubinas. Llevó a cabo acciones contra aquellos que consideraba sus enemigos. Martín Lutero visitó Roma durante su papado y se preguntaba cómo Dios podía permitir que un hombre tan malvado fuera la cabeza visible de Su Iglesia. Regresó a Alemania y observó toda clase de problemas morales.
Los sacerdotes vivían abiertamente relaciones con mujeres. Algunos trataban de obtener ganancias vendiendo bienes espirituales. Privaba una inmoralidad terrible entre los laicos católicos. Él se escandalizó, como le hubiera ocurrido a cualquiera que amara a Dios, por esos abusos desenfrenados. Así que fundó su propia iglesia. Eventualmente Dios hizo surgir a muchos santos que combatieran esta solución equivocada y trajeran de regreso a las personas a la Iglesia fundada por Cristo.
San Francisco de Sales fue uno de ellos. Poniendo en riesgo su vida, recorrió Suiza, donde los calvinistas eran muy populares, predicando el Evangelio con verdad y amor. Muchas veces fue golpeado en su camino y dejado por muerto. Un día le preguntaron cuál era su postura en relación al escándalo que causaban tantos de sus hermanos sacerdotes. Lo que él dijo es tan importante para nosotros hoy como lo fue en aquel entonces para quienes lo escucharon.
Él no se anduvo con rodeos. Dijo: "Aquellos que cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo ejemplo". Pero al mismo tiempo advirtió a sus oyentes: "Pero yo estoy aquí entre ustedes hoy para evitarles un mal aún peor. Mientras que aquellos que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen el escándalo -los que permiten que los escándalos destruyan su fe-, son culpables de suicidio espiritual."
Son culpables, dijo él, "de cortar de tajo su vida con Cristo, abandonando la fuente de vida en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía". San Francisco de Sales anduvo entre la gente de Suiza tratando de prevenir que cometieran un suicidio espiritual a causa de los escándalos. Y yo estoy aquí hoy para predicarles lo mismo a ustedes. ¿Cuál debe ser entonces nuestra reacción?
Otro gran santo que vivió en tiempos particularmente difíciles también puede ayudarnos. El gran San Francisco de Asís vivió alrededor del año 1200, que fue una época de inmoralidad terrible en Italia central. Los sacerdotes daban ejemplos espantosos. La inmoralidad de los laicos era aún peor. San Francisco mismo, siendo joven, había escandalizado a otros con su manera despreocupada de vivir. Pero eventualmente, se convirtió al Señor, fundó a los Franciscanos, ayudó a Dios a reconstruir Su Iglesia y llegó a ser uno de los más grandes santos de todos los tiempos. Una vez, uno de los hermanos de la Orden de Frailes Menores le hizo una pregunta. Este hermano era muy susceptible a los escándalos. "Hermano Francisco," le dijo, "¿qué harías tu si supieras que el sacerdote que está celebrando la Misa tiene tres concubinas a su lado?" Francisco, sin dudar un sólo instante, le dijo muy despacio: "Cuando llegara la hora de la Sagrada Comunión, iría a recibir el Sagrado Cuerpo de mi Señor de las manos ungidas del sacerdote."
¿A dónde quiso llegar Francisco? Él quiso dejar en claro una verdad formidable de la fe y un don extraordinario del Señor. Sin importar cuán pecador pueda ser un sacerdote, siempre y cuando tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia -en Misa , por ejemplo, cambiar el pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo, o en la confesión, sin importar cuán pecador sea él en lo personal, perdonar los pecados del penitente, Cristo mismo actúa en los sacramentos a través de ese ministro. Ya sea que el Papa celebre la Misa o que un sacerdote condenado a muerte por un crimen celebre la Misa, en ambos casos es Cristo mismo quien actúa y nos da Su cuerpo y Su sangre.
Así que lo que Francisco estaba diciendo en respuesta a la pregunta de su hermano religioso al manifestarle que él recibiría el Sagrado Cuerpo de Su Señor que sus manos ungidas del sacerdote, es que no iba a permitir que la maldad o inmoralidad del sacerdote lo llevaran a cometer suicidio espiritual. Cristo puede seguir actuando y de hecho actúa incluso a través del más pecador de los sacerdotes. ¡Y gracias a Dios que lo hace!
Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del sacerdote, estaríamos en graves problemas.
Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce Apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó. Dios ha hecho los sacramentos esencialmente "a prueba de los sacerdotes", esto es, en términos de su santidad personal. No importa cuán santos estos sean o cuán malvados, siempre y cuando tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia, entonces actúa Cristo mismo, tal como actuó a través de Judas cuando Judas expulsó a los demonios y curó a los enfermos.
Así que, de nuevo, les pregunto: ¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia a estos actos? Se ha hablado mucho al respecto en los medios. ¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor, asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado? Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada. Pero aún esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor! Pero ni siquiera esto es lo adecuado. El Cardenal Law ha hecho que la mayoría de los rectores de las escuelas de medicina en Boston trabajen en el establecimiento de un centro para la prevención del abuso en niños, que es algo que todos nosotros debemos apoyar. Pero ni siquiera esto es una respuesta suficiente ¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, -, como San Francisco de Sales reconoció en 1600 e incontables otros santos han reconocido en cada siglo-, es la SANTIDAD!
¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad! La santidad es crucial, porque es el rostro autentico de la Iglesia. Siempre hay personas -un sacerdote se encuentra con ellas regularmente, ustedes probablemente conocen a varias de ellas también-, que usan excusas para justificar por qué no practican su fe, por qué lentamente están cometiendo suicidio espiritual. Puede ser porque una monja se portó mal con ellos cuando tenían 9 años. O porque no entienden las enseñanzas de la Iglesia sobre algún asunto particular.
Indudablemente habrá muchas personas estos días -y ustedes probablemente se encontraran con ellas- que dirán: "¿Para qué practicar la fe, para qué ir a la Iglesia, si la Iglesia no puede ser verdadera, cuando los así llamados elegidos son capaces de hacer el tipo de cosas que hemos estado leyendo?" Este escándalo es como un perchero enorme donde algunos trataran de colgar su justificación para no practicar la fe. Por eso es que la santidad es tan importante. Estas personas necesitan encontrar en todos nosotros una razón para tener fe, una razón para tener esperanza, una razón para responder con amor al amor del Señor.
Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de hoy son una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los religiosos y religiosas y dar un testimonio aún mayor de Dios y del Cielo? Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, ¡incluyendo a los laicos! Todos tenemos la vocación de ser santos y esta crisis es una llamada para que despertemos.
Estos son tiempos duros para ser sacerdote hoy. Son tiempos duros para ser católicos hoy. Pero también son tiempos magníficos para ser un sacerdote hoy y tiempos magníficos para ser católicos hoy. Jesús dice en las bienaventuranzas que escuchamos hoy: "Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes." Yo he experimentado de primera mano esta bienaventuranza, al igual que otros sacerdotes que conozco. A principios de esta semana, cuando terminé de hacer ejercicio en un gimnasio local, salía yo del vestidor con mi traje negro de clérigo. Una madre, apenas me vio, inmediata y apresuradamente apartó a sus hijos del camino y los protegió de mí mientras yo pasaba. Me miró cuando pasé y cuando me había alejado lo suficiente, respiró aliviada y soltó a sus hijos como si yo fuera a atacarlos a mitad de la tarde en un club deportivo.
Pero mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer tales insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro. En tiempos pasados en Estados Unidos, la Iglesia era respetada. Los sacerdotes eran respetados. La Iglesia tenía reputación de santidad y bondad. Pero ya no es así. Uno de los más grandes predicadores en la historia estadounidense, el Obispo Fulton J. Sheen, solía decir que él prefería vivir en tiempos en los que la Iglesia sufre en vez de cuando florece, cuando la Iglesia tiene que luchar, cuando la Iglesia tiene que ir contra la cultura.
Esas épocas para que los verdaderos hombres y las verdaderas mujeres dieran un paso al frente y contaran. "Hasta los cadáveres pueden flotar corriente abajo," solía decir, señalando que muchas personas salen adelante fácilmente cuando la Iglesia es respetada, "pero se necesita de verdaderos hombres, de verdaderas mujeres, para nadar contra la corriente." ¡Qué cierto es esto!
Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para mantenerse a flote y nadar contra la corriente que se mueve en oposición a la Iglesia. Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos. Algunas personas predicen que en esta región la Iglesia pasará tiempos difíciles y quizá sea así, pero la Iglesia sobrevivirá, porque el Señor se asegurará de que sobreviva. Una de las más grandes réplicas en la historia sucedió justamente hace unos 200 años. El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo.
En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:
"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá". Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!" El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá.! Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!" Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?
El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. El prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará. La magnitud de este escándalo podría ser tal, que de ahora en adelante ustedes encuentren difícil confiar en los sacerdotes de la misma manera como lo hicieron en el pasado. Esto puede suceder y podría no ser tan malo.
¡Pero nunca pierdan la confianza en el Señor! ¡Es Su Iglesia! Aún cuando algunos de Sus elegidos lo hayan traicionado, Él llamará a otros que serán fieles, que los servirán a ustedes con el amor que merecen ser servidos, tal como ocurrió después de la muerte de Judas, cuando los once Apóstoles se pusieron de acuerdo y permitieron que el Señor eligiera a alguien que tomara el lugar de Judas y escogieron al hombre que terminó siendo San Matías, quien proclamó fielmente el Evangelio hasta ser martirizado por él.
¡Este es un tiempo en el que todos nosotros necesitamos concentrarnos aún más en la santidad! ¡Estamos llamados a ser santos y cuánto necesita nuestra sociedad ver ese rostro hermoso y radiante de la Iglesia! Ustedes son parte de la solución, una parte crucial de la solución. Y cuando caminen al frente hoy para recibir de las manos ungidas de este sacerdote el Sagrado Cuerpo del Señor, pídanle a Él que los llene de un deseo real de santidad, un deseo real de mostrar Su autentico rostro.
Una de las razones por las que yo estoy aquí como sacerdote para ustedes hoy es porque siendo joven, me impresionaron negativamente algunos de los sacerdotes que conocí. Los veía celebrar la Misa y casi sin reverencia alguna dejaban caer el Cuerpo del Señor en la patena, como si tuvieran en sus manos algo de poco valor en vez de al Creador y Salvador de todos, en vez de a MI Creador y Salvador. Recuerdo haberle dicho al Señor, reiterando mi deseo de ser sacerdote: "¡Señor, por favor, déjame ser sacerdote para que pueda tratarte como Tú mereces!" Eso me dio un ardiente deseo de servir al Señor.
Quizá este escándalo les permita a ustedes hacer lo mismo. Este escándalo puede ser algo que los conduzca por el camino del suicidio espiritual o algo que los inspire a decir, finalmente, "Quiero ser santo, para que yo y la Iglesia podamos glorificar Tu nombre como Tú lo mereces, para que otros puedan encontrarte en el amor y la salvación que yo he encontrado." Jesús está con nosotros, como lo prometió, hasta el final de los tiempos. Él sigue en la barca. Tal como a partir de la traición de Judas, Él alcanzo la más grande victoria en la historia del mundo, nuestra salvación por medio de Su Pasión, muerte y Resurrección, también a través de este episodio Él puede traer y quiere traer un nuevo renacimiento de la santidad, para lanzar unos nuevos Hechos de los Apóstoles en el siglo XXI, con cada uno de nosotros -y esto te incluye a TI- jugando un papel estelar.
Ahora es el tiempo para que los verdaderos hombres y mujeres de la Iglesia se pongan de pie. Ahora es el tiempo de los santos. ¿Cómo vas a responder tú?
PADRE WILSON SALAZAR EXORCISTA: "LAS MISAS DE HOY SON TAN MAL HECHAS QUE NADIE SIENTE A ESE DIOS"
El Padre Wilson Salazar, luego de su conversión y confesión pública de haber llevado un mal sacerdocio, cuenta que fue decisivo escuchar la voz de Dios diciendole "PADRE, SI USTED NO SE CONVIERTE SE VA AL INFIERNO", desde ahi ha vivido un verdadero sacerdocio y es sacerdote exorcista.
Hoy en dia nadie habla del demonio y su actuar en el mundo, en este Blog sí y el Padre Wilson Salazar también.
Un mensaje para ser escuchado por los sacerdotes, que al final de cuentas son los responsables de lo que sucede en sus parroquias (no los laicos, no los ministros de la comunion, no los ayudantes) y al final de cuentas los sacerdotes serán juzgados por Dios más severamente que cualquier laico de a pie.
Su responsabilidad es muy grande, no dejen que los grupos parroquiales abusen del "apoyo" que desean brindar.
¡NO RECIBAS LA EUCARISTIA EN LA MANO!
Los demonios dicen "LAS MISAS DE HOY SON TAN MAL HECHAS QUE NADIE SIENTE A ESE DIOS" ¿por qué será? Eucaristía en la Mano y la consecuente pérdida de devoción.
República Dominicana Sacerdote que iba a celebrar su primera Misa muere en accidente
P. Víctor Martínez +
SANTO DOMINGO, 30 Jul. 12 / 11:05 am (ACI/EWTN Noticias).- El sacerdote salesiano Víctor Martínez, ordenado el sábado 28 de julio, falleció ayer domingo 29 en un accidente de tránsito cuando se dirigía a Puerto Plata, su ciudad natal en República Dominicana, para celebrar su primera Misa.
El vehículo en el que viajaba perdió el control en la carretera que une las localidades de Jarabacoa con La Vega y cayó a un precipicio quedando completamente destruido. En el accidente ocurrido en el paraje El Puerto, también fallecieron los esposos Petra Jiménez y Manuel Jerez, tíos del sacerdote.
Además resultaron heridas Anny Patricia Jerez, de 27 años, hija de la pareja, y la joven mexicana Verónica Núñez Acero, ambas fueron ingresadas al hospital Doctor Luis Morillo King, de La Vega.
Ayer mismo se celebró una Misa de cuerpo presente en la parroquia de La Altagracia, presidida por el Obispo de Puerto Plata, Mons. Julio César Corniel, que fue quien ordenó al Padre Víctor Martínez. El sacerdote que falleció a los 29 años de edad será sepultado en esa iglesia.
El Padre Martínez había sido ordenado el sábado 28 de julio en la parroquia María Auxiliadora de Jarabacoa. La noticia de su muerte, señala el sitio web de los Salesianos en las Antillas, "ha embargado en profundo dolor a toda la Familia Salesiana que ayer celebró con alegría su ordenación sacerdotal".
El Padre Víctor Pichardo, inspector de los salesianos, ha comunicado con profundo dolor la noticia a los jóvenes "de todas las casas salesianas que se encontraban en la Eucaristía de conclusión del Campamento Felices con Don Bosco y habían sido testigos el día anterior de su ordenación sacerdotal y habían compartido en la mañana de hoy domingo un saludo y la bendición del recién ordenado sacerdote".
El fallecido Padre Víctor Martínez nació el 17 de septiembre de 1982 en la ciudad de Puerto Plata. Ingresó al Aspirantado Salesiano Domingo Savio de Jarabacoa en el año 2000. Sus últimos cuatro años trascurrieron en el Estudiantado teológico de Guadalajara, México.
Raíces católicas son el camino para unificar al Perú, dice Arzobispo de Tumbes y Piura, Mons. José Antonio Eguren.
Arzobispo de Piura y Tumbes, Mons. José Antonio Eguren.
LIMA, 31 Jul. 12 / 01:10 am (ACI/EWTN Noticias).- El Arzobispo de Piura y Tumbes (Perú), Mons. José Antonio Eguren, llamó a los peruanos a proteger las raíces católicas del país, porque la fe es el medio para superar la división que aqueja al país y que le impide “ser una nación plenamente vertebrada y armoniosa”.
“El cristianismo ha sido la base de la formación cultural de un Perú mestizo. Nuestra fe cristiana fue el puente que permitió que se diera el encuentro fecundo entre dos culturas, la indígena y europea, produciendo una verdadera ‘síntesis viviente’, tanto biológica, como económica, política y espiritual. No reconocerlo es de miopes o de mezquinos”, afirmó durante la Misa y Tedeum por el 191º aniversario de la independencia.
Mons. Eguren señaló que esto no significa negar la legítima separación que debe existir entre la Iglesia y el Estado, pero advirtió que tampoco se debe caer en el “laicismo radical” que postulan quienes rechazan el derecho humano de la libertad religiosa y quieren “que la Iglesia permanezca silenciosa sin derecho a pronunciarse sobre los problemas morales y sociales”.
Una sana laicidad, explicó, “implica que las realidades terrenas gozan de una autonomía efectiva de la esfera eclesiástica, pero no del orden moral que tiene su fundamento último en la religión”.
En ese sentido, el Arzobispo alentó a los políticos a no tener miedo “a abrir de par en par las puertas de la política a Jesucristo. Jesucristo no empequeñece para nada al hombre, sino que lo engrandece y dignifica”.
Sin embargo, reiteró que la Iglesia no entra en política partidista porque, tal como advierte el Papa Benedicto XVI, “perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política y con posiciones parcialmente opinables”.
Finalmente, Mons. Eguren reiteró la importancia de las raíces católicas del Perú y llamó a proteger la reserva moral del país, pues “sin valores no hay futuro y no habrá estructuras salvadoras, ya que en ellas siempre subyace la fragilidad humana”.
LOS SACERDOTES SON UN REGALO DEL AMOR DE DIOS A SU IGLESIA
El año sacerdotal es para la Iglesia Católica una acción de gracias por la triple acción de Bendecir, Perdonar y Consagrar, que tienen nuestros Sacerdotes, querido así por Jesucristo, que pudiendo poner ángeles quiso poner hombres de carne y hueso, con defectos y virtudes, como Sacerdotes.
Sea lo que sea el Sacerdote en su vida privada y personal; en su Ministerio, consagrado en el Sacramento del Orden Sacerdotal, Ungido por tercera vez con el Santo Crisma y recibiendo al Espíritu Santo por la imposición de las manos, el Sacerdote te Bendice, te Perdona y te Consagra.
El sacerdote actúa en Persona de Cristo, no de la Iglesia, y su vida privada no disminuye nada ni empaña su Ministerio. Te da la Gracia Santificante, aunque él no la tenga. Hace posible la Eucaristía, DIOS escondido bajo las especies de pan y vino, tres veces por segundo en alguna parte de la tierra, comprobado al dividir el medio millón de Sacerdotes entre los segundos que tiene un día.
Los malos ejemplos que algunos dan, confirman que son seres humanos, y los buenos ejemplos que otros dan confirman que todos estamos llamados a ser Santos.
Algunas personas por "la culpa de los malos ejemplos de un sacerdote se han hecho evangélicos", lo buenos es que muchos, por los malos ejemplos de algunos sacerdotes "se han hecho sacerdotes, para ser buenos sacerdotes y dar el buen ejemplo."
O como el caso de San Juan María Vianney que de niño vio el sacrificio que un Sacerdote, perseguido por su fe, hacía al celebrar la Santa Misa en la clandestinidad, exponiendo su vida, y ello le motivó a ser sacerdote, y hoy, por este buen ejemplo, se le conoce como el SANTO CURA DE ARS.
No se puede dudar de la medicina porque hayan malos médicos, ni del derecho porque hayan malos abogados. Hay que rezar por las vocaciones sacerdotales, para que hayan más sacerdotes y diáconos en la Iglesia Católica, para que hayan más vocaciones religiosas y para que éstos salgan de nuestras familias.
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES SACERDOTALES
Señor, vengo a agradecerte por estos hombres que ha aceptado hacerse y ser nuestros Sacerdotes. Si hubieran preferido una mujer y unos hijos, ahora estaríamos desamparados.
Gracias Señor, por haberles dado valor para este sacrificio. Por ellos podemos recibir Tu Bendición, el Perdón de los pecados, el Pan de Vida Eterna, formar hogares Cristianos Católicos por el Santo Sacramento del Matrimonio, vivir en Tu Gracia y morir en Tu Paz.
Gracias Señor, por los defectos de nuestros sacerdotes, porque si fueran perfectos quizás no entendieran nuestras debilidades. A veces olvido que tienen que acompañarnos, aunque se sientan solos, que deben consolarnos aunque ellos estén tristes, que deben ayudarnos aún cuando ellos mismos necesiten ayuda.
Señor, enséñanos a comprender o aceptar a los Sacerdotes; enséñanos a amarlos con toda su realidad, a ayudarlos en sus penas, a acompañarlos en sus alegrías, y haz que encuentren entre nosotros muchas vocaciones generosas.
Te pido Señor muchos Sacerdotes Santos y te pido por el incremento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y para que salgan de mi familia.
Amén.
PLEGARIA PARA PEDIR POR LOS SACERDOTES
Señor Jesús, te pido por Tus Sacerdotes.
Que cuando estén clavados en la cruz del confesionario, pongas en ellos Tu corona de luz en vez de Tu corona de espinas.
Que cuando, dia a dia, te traigan al Pan convertido en Tu Cuerpo, ello no se les vuelva rutina, sino diario milagro.
Que su trato con las almas sea siempre para dejar en ellas el amor y el valor que Tú nos entregas.
Que cuando jóvenes, tengan la fortaleza de Tus últimos tres años y cuando viejos sigan sintiendo que ?Dios alegra su juventud?.
Que sean como Tú: profundamente humanos y perfectamente divinos.
Que cuando el desánimo y la debilidad los agobien en el camino de su calvario, estés Tú, para llevarles la cruz y volvérselas gozo.
¡Y que nunca falte quién dé la vida por ellos como Tú la diste por nosotros.!
Amén.
ACTO DE OFRECIMIENTO POR LOS SACERDOTES
Oh Jesús, Salvador Mío, por medio de Tu Santísima Madre y para la santificación de los Sacerdotes y Seminaristas te ofrezco durante este día, todas mis oraciones trabajos y alegrías, mis sacrificios y sufrimientos. Dános Señor Sacerdotes verdaderamente Santos que inflamados del fuego de Tu Amor no procuren otra cosa que Tu Gloria.
Presérvalos de todos los peligros interiores y exteriores, defiéndelos sobre todo contra las insidias de los enemigos de su virtud y de su santo ideal sacerdotal.
Amén
Santos Ángeles y Arcángeles y Santos de la Corte Celestial interceded por todos los Sacerdotes.
COLECTA PARA LA CARIDAD DEL PAPA
Colabora siempre, no sólo una vez al año
"Que las instituciones y los hombres de buena voluntad colaboren, con espíritu generoso a socorrer a los miles de personas probadas por esas calamidades."
Con el lema "La Caridad distingue a los Hijos de Dios", el Papa exhorta a todas las personas de buena voluntad a unirse a este llamado de solidaridad para los miles de necesitados en nuestro planeta, así indica su Santidad, Benedicto XVI.
Gracias al Óbolo de San Pedro, cada año se atienden más de 123 mil obras sociales. El Papa Benedicto XVI canaliza las obras sociales a través de las Delegaciones Nacionales del Óbolo de San Pedro en cada país, gracias al apoyo de personas e instituciones generosas. Por ejemplo, el Santo Padre envió un donativo para los damnificados por el terremoto en el Sur del Perú de agosto de 2007; así como para los damnificados por el terremoto en Haití, también en Chile; en Guatemala; y en el último terremoto en Japón.
"La oración nos lleva a ser sensibles y solidarios con los que sufren, cercanos a su dolor y desesperación, con actitudes concretas y tangibles que se expresan por medio del Óbolo de San Pedro, en el cual nos unimos al Santo Padre en su esfuerzo por mitigar el sufrimiento de tantos hermanos en el mundo entero", acotó el P. Raúl Cornejo, Delegado Nacional del Óbolo de San Pedro en el Perú.
Pueden hacer los donativos a las siguientes cuentas del Banco de Crédito del Perú.
Para mayor información, comunicarse con la Delegación Nacional del Óbolo San Pedro al teléfono 5684934 o al correo electrónico comunicaciones.obolo.peru@gmail.com
Que Dios te bendiga y te devuelva por triplicado lo que le das a Su Iglesia.