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02 de Noviembre: Día de los Fieles Difuntos

Cómo ayudar a los muertos
La mejor obra de caridad que podemos hacer es ayudar a una persona a bien morir, y ayudar a un alma que está en el purgatorio.
Autor: Padre Jorge Loring | Fuente: Catholic.net

Quiero informarles a ustedes de un par de cosas que yo descubrí en mis primeros años de jesuita, y que a lo largo de la vida me han llenado de consuelo apostólico. Por eso las conservo hasta hoy. Las practico hasta hoy. Y pienso seguir practicándolas.

Es el modo de ayudar a los moribundos, y el modo de ayudar a los difuntos: las dos partes que va a tener esta conferencia. Creo que la mejor obra de caridad que podemos hacer es ayudar a una persona a bien morir, y ayudar a un alma que está en el purgatorio, que no puede hacer nada por ella misma, pero que desde aquí le podemos ayudar muchísimo. Pues vamos a ver si digo algo de esto.

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Primero: Ayudar a los moribundos.

Miren ustedes, evidentemente que los colegios son una gran obra. Y por eso la Iglesia defiende la enseñanza religiosa frente a todos esos que quieren barrer de España la enseñanza religiosa. Ella mantiene los colegios por encima de todo, porque es una obra fundamental en la educación católica. Esto es clarísimo.

También es clarísimo que muchas personas que han pasado por un colegio de religiosos, mantienen a lo largo de su vida esa formación que recibieron en el colegio de religiosos. Mantienen una fe. Mantienen un hogar cristiano, porque desde pequeños los educaron así. Por lo tanto, no hay duda la gran labor que realizan los colegios religiosos. Ahora bien, hay mucha gente que pasó por colegios religiosos y después se les olvida todo, lo tiran todo por la borda y orientan su vida por caminos totalmente distintos de todo lo que aprendieron en el colegio de religiosos. Esto es así. Y todos conocemos nombres de personas famosas que han seguido este segundo camino.

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¿Qué quiero decir? Que los colegios son una gran cosa, y la Iglesia quiere que haya colegios y haya educación religiosa. Pero, hay un riesgo siempre. Estos niños, estos jóvenes, a quienes les dedicamos tanto tiempo, tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tanto interés, ¿se van a mantener toda la vida en este camino? Quizás, si. Algunos, quizás no.

Pero, lo que yo hago con un moribundo, eso no se estropea ya. Si yo logro que un moribundo se arrepienta de sus pecados, pida perdón a Dios, muera en gracia y se salve, eso no se estropea ya. El interés que yo pongo por ayudar a un moribundo es la obra de caridad más eficaz y más apostólica de todas las que puedo hacer. Porque todas las demás personas a quienes yo procuro ayudar apostólicamente, quizás conserven todo lo que trabajo con ellas; pero no sé. No sé qué rumbo van a tomar a lo largo de su vida Ahora, lo que haga yo con un moribundo, ése es trabajo seguro. Si yo logro ayudar a un moribundo a que muera en gracia, es solución definitiva.

Eso ya no se estropea. Por eso es tan eficaz apostólicamente ayudar a bien morir a las personas. Es el mayor favor que yo puedo hacer a una persona. Lo va a disfrutar toda la eternidad. Esto puedo hacerlo de palabra con un familiar, o con un amigo a quien visito en su lecho de muerte. Pero también puedo ayudar a los moribundos de todo el mundo.

¿Cómo les ayudo a bien morir? Rezando por ellos. Pidiendo por ellos. Sencillo. Si la oración es eficaz, si la oración es infalible en algo, es cuando pido por un moribundo. Cristo en el Evangelio nos habla muchísimo de «Pedid y recibiréis», «Buscad y hallaréis»: de la fuerza de la oración. Cristo habla en el Evangelio incluso con frases hiperbólicas: «Pídele a esa higuera que se traslade al mar, y la higuera se trasladará al mar». La fuerza de la oración es impresionante.

Sólo hace falta una condición para que la oración sea eficaz: que yo pida lo que conviene; porque si yo pido lo que no conviene, Dios, naturalmente, no me hace caso. Como la madre de familia, que cuando el niño se echa a llorar porque quiere el cuchillo de cocina, la madre no le da el cuchillo de cocina, porque se va a cortar. Le da un sonajero, le da un juguete; pero no le da el cuchillo de cocina.

Si nosotros pedimos a Dios lo que no conviene, Dios no nos lo da. Nos dará otra cosa, pero no lo que pedimos. ¿Me conviene o no me conviene? Yo no sé, Dios sabrá. Yo pido que me toque la lotería: ¡a ver si me toca el gordo! A cuántas personas, a lo mejor, no les conviene que les toque el gordo! Puede ser su ruina espiritual. Yo pido la salud. En orden a la vida eterna, que es lo importante, a lo mejor gano más cielo con la enfermedad.

Ahora, lo que sí sé, es que si yo pido la conversión de un moribundo, eso conviene seguro. La condición indispensable es que yo pida una cosa buena. Esta condición se cumple si yo pido la conversión de un moribundo. Eficacia segura, infalibilidad segura. No hay más que una dificultad: que el otro quiera. Si el otro no quiere, no hay nada que hacer. Porque Dios no salva a nadie contra su voluntad. Dios no mete a la gente a empujones en el cielo. Hace falta que el otro quiera. Porque si el otro rechaza la gracia, nada.

Pero es evidente que si yo pido para un moribundo un aumento de gracia, ese moribundo recibe el aumento de gracia. Eso es infalible. Ahora, ese moribundo, ¿aceptará el aumento de gracia, o no lo aceptará? No sé. Quizás el otro rechace el aumento de gracia. Entonces no sirve. Pero como yo pido por todos los que van a morir hoy en el mundo, no todos van a rechazar la gracia recibida. Mañana pediré por los de mañana. Y pasado por los de pasado. Pero hoy, voy a pedir por todos los que van a morir hoy. Yo pido un aumento de gracia para todos los que van a morir hoy. Y Dios, seguro que les da ese aumento de gracia, porque pido una cosa buena.

Por lo tanto, gracias a mi oración, todos los que van a morir hoy, van a recibir un aumento de gracia. ¿Algunos la rechazarán? Pues quizás, sí. Pero, ¿y el que la aproveche? Alguno se aprovechará. ¿Cuántos? No sé. ¿Uno? ¿Cien? ¿Mil?. Alguno se aprovechará. Algunos de esos hombres iban a rechazar una gracia, que era suficiente, pero no era eficaz; no les bastaba. Pero al recibir esa nueva gracia que yo les consigo, piden perdón, se arrepientan, y se salvan. Y se han salvado gracias a mí. Gracias a la oración que yo he hecho por ellos Porque han correspondido a una gracia que no tenían.

Dios les había dado la gracia suficiente. Pero este aumento de gracia que yo he pedido para ellos, y que Dios no me la niega, hace que la gracia suficiente haya resultado eficaz. Si yo logro con mi oración de todos los días, un aumento de gracia, y algún moribundo cada día gracias a ese aumento de gracia pide perdón, se arrepiente y se salva, fijaos, ¡la cantidad de gente que se puede haber salvado gracias a mi oración!

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Y, ¿qué oración hago para que se salven? ¿Cuándo hago esa oración? Yo la hago en la santa Misa. En el punto central de la Misa. En el momento de la consagración. En la elevación, cuando estoy elevando la Sagrada Forma, y cuando estoy elevando la sangre de Cristo en el cáliz, yo digo esto:

«Señor mío y Dios mío: que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que van a morir hoy. Amén».

«Señor mío y Dios mío» que es un acto de fe evangélico. Lo dijo Santo Tomás. Además es una devoción muy española y muy popular. Siempre nos han enseñado de pequeños que en la elevación digamos mirando a la Sagrada Forma y mirando al cáliz: «Señor mío y Dios mío». Después de este acto de fe tan bonito, tan español y tan evangélico «Señor mío y Dios mío», añado: «que tu santa redención» que se está repitiendo en la misa. El sacrificio de la misa es la repetición de la muerte de Cristo en la cruz.

Sigo: «...que tu santa redención consiga mi salvación eterna». Todos podemos tener un mal cuarto de hora. ¡Dios nos tenga de su mano! Hay que ser humildes y reconocer nuestra fragilidad. Tendría poca gracia que ayudemos a otros a morir, y nos condenemos nosotros: «triste cosa será, pero posible». Termino: «...que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que van a morir hoy Amén».

Esto lo digo todos los días en la Santa Misa, mientras tengo la Sagrada Forma en mis manos, y mientras tengo el cáliz. Dice San Alfonso María de Ligorio que quien pide su salvación, se salva. Por mi salvación y por la de los demás. Hoy por los de hoy, mañana por los de mañana y pasado por los de pasado.

Evidente, que mi oración conseguirá que alguno, que iba a morir en pecado, porque la gracia que tenía no le bastaba, con el aumento de gracia que yo le consigo pida perdón y se salve. Qué fenomenal obra de caridad con ese moribundo que se iba a condenar y gracias a mí se ha salvado. Y cuando él en el cielo sepa que se salvó gracias a mí, porque he pedido por él, y le he conseguido un aumento de gracia, ¡fijaos el ejército de amigos que tendremos en el cielo pidiendo a Dios e interesándose por nuestras cosas!

Por eso digo, qué eficaz obra de caridad, qué fenomenal obra de apostolado, pedir cada día por todos los que van a morir hoy. No hay duda que alguno se aprovechará de ese aumento de gracia que le hemos conseguido con nuestra oración.

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Segundo: Ayudar a los difuntos.

Para ayudar a los difuntos la Iglesia tiene el tesoro de las indulgencias. Es un tesoro espiritual que tiene la Iglesia. A mí me da pena cuando veo católicos que menosprecian las indulgencias. Prescinden de las indulgencias. Como si no existieran. Es despreciar un capitalazo espiritual.

Yo digo una cosa: si la Iglesia legisla sobre las indulgencias, es porque son una realidad. La Iglesia no nos va a engañar. Cuando la Iglesia dispone, reforma y aplica las indulgencias, es porque esto es una realidad. No vamos a pensar que la Iglesia nos está engañando, y nos habla de una cosa que es pura imaginación. Y la Iglesia legisla sobre las indulgencias.

Acaba de hacer una reforma de las indulgencias. En esta reforma de las indulgencias que ha hecho la Iglesia, ha quitado aquello que decíamos antes: «Trescientos días de indulgencia», «Siete años de indulgencia». Aquello lo ha quitado porque se prestaba a confusiones. La gente se creía que esos trescientos días eran trescientos días de purgatorio. Realmente no era eso. Era otra cosa más complicada. Prescindo. No digo lo que había antes, que lo han reformado, sino lo que hay ahora.

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Hoy la Iglesia ha dejado dos tipos de indulgencia: indulgencia parcial, indulgencia plenaria. Y nada más. ¿Qué es indulgencia parcial? Lo voy a explicar de modo que me entendáis, no con las palabras teológicas y técnicas.

Indulgencia parcial significa que la Iglesia me duplica mi mérito. Lo multiplica por dos. Si yo doy un beso a una medalla, ese beso vale según mi fervor. Si yo doy un beso muy frío, vale mucho menos que si doy un beso fervoroso. Entonces el valor de mi beso a la medalla, a la estampa, al crucifijo, a la Virgen, el valor de mi beso en orden a la vida eterna, depende de mi fervor. Si este objeto está indulgenciado con indulgencia parcial, se merece el doble. El fervor que yo pongo, se multiplica por dos. Ésa es la indulgencia parcial.

¿Y qué es indulgencia plenaria? Indulgencia plenaria es que suprime el purgatorio. Si la gana un moribundo no pasa por el purgatorio. Si la aplicamos a uno que está en el purgatorio, sale del purgatorio.

Primero, hay que decirlo, porque no todo el mundo lo sabe, el purgatorio es dogma de fe. La existencia del purgatorio es dogma de fe. La gente se cree que el purgatorio es lo mismo que el limbo. ¡No señor! El limbo no es dogma de fe y el purgatorio, sí. Está definido en los Concilios de Lyón y de Florencia.

San Pablo habla de que podemos ayudar a los difuntos. Pues si podemos ayudar a los difuntos, es a los del purgatorio. Los que están en el cielo, no necesitan ayuda. Y a los que están en el infierno, no les sirve de nada. Por lo tanto, si podemos ayudar a los difuntos, es a los que están en el purgatorio. El purgatorio es dogma de fe.

El alma que está en el purgatorio, sufre mucho; pero no le sirve a sí misma. No puede merecer para sí. El tiempo de mérito es la Tierra. En la vida terrena podemos merecer, para bien o para mal. Pero una vez que se acaba la vida, con la muerte, ya no se merece más. En el purgatorio, no se puede merecer. Pero nosotros podemos merecer para ellos. Les podemos aplicar una indulgencia plenaria. ¿Qué significa que yo gane para ellos una indulgencia plenaria? Que la saco del purgatorio.

Voy a explicar esto un poco más, en plan popular. Me gusta siempre buscar ejemplos que se entiendan. ¿Qué es eso de la indulgencia plenaria? Con la indulgencia plenaria se te quitan las cicatrices que dejaron en tu alma los pecados cometidos. Tú cometes un pecado mortal, y es una herida mortal. Esa herida mata tu alma. Si no te arrepientes, te condenas. Si te confiesas del pecado mortal, y se te cura la herida, ya no te condenas. Te han cerrado la herida, te han curado la herida; pero te han dejado una cicatriz. Los pecados perdonados dejan cicatrices, y de esas cicatrices te purificas en el purgatorio, antes de entrar en el cielo; porque en el cielo no puedes entrar con el rostro lleno de cicatrices. En el cielo hay que entrar presentable.

Os voy a contar una anécdota. Conozco yo a una señora, muy elegante. Tuvo un accidente de coche y se hizo una tremenda cicatriz en la cara, que la afeaba enormemente. Y yo no sé qué tratamiento de belleza, qué masaje eléctrico, yo no sé cómo se las arregló, que hoy no tiene cicatriz. Yo, porque lo sé, veo la cicatriz. Pero sólo le queda una leve línea. Se ha sometido a un tratamiento de belleza, y le han quitado la cicatriz. Y ahora ha recuperado la belleza que tenía antes.

Eso es el purgatorio: un tratamiento de belleza para el alma. Ese alma que está llena de cicatrices por todos los pecados mortales perdonados, pero que han dejado cicatrices. En el purgatorio, se purifican las cicatrices, se limpian las cicatrices, desaparecen las cicatrices. Y ya puedes entrar en el cielo presentable, que es cómo hay que entrar en el cielo.

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Pues esta indulgencia plenaria, yo la puedo ganar o para mí, o para otro. ¿La puedo ganar para mí? Sí señor. Pero hay un problema. Para que yo gane una indulgencia plenaria para mí, tengo que tener total aborrecimiento de todo desorden. Porque si yo tengo un afecto desordenado, ya estoy mereciendo el purgatorio. Quizás, no infierno; pero por lo menos purgatorio. Porque tengo un afecto desordenado. Si yo tengo un afecto desordenado, no gano la indulgencia plenaria para mí.

Pero si yo aplico a otro una indulgencia plenaria, no importa que yo tenga un afecto desordenado. Si yo tengo un afecto desordenado, ya lo pagaré en el purgatorio. Pero, ¿qué culpa tiene el otro? Yo puedo ganar una indulgencia plenaria y aplicársela a otro. Es mucho más fácil ganar la indulgencia plenaria para otro, que para uno mismo. Para uno mismo es mucho más difícil. Pero para otro, facilísimo. Basta con hacer la obra indulgenciada y poner las condiciones.

En la reforma de indulgencias han quitado las indulgencias plenarias diarias, que había muchas, y han dejado cuatro. Nada más que cuatro. Que son: rezar el rosario en común o delante del Sagrario; media hora de oración delante del Santísimo; media hora de lectura de Biblia; y hacer el Vía-Crucis. Cualquiera de estas cuatro cosas tiene indulgencia plenaria cada día.

Una de las reformas es que sólo se puede ganar una indulgencia plenaria al día. Antes había las «Toties quoties» como la Porciúncula: que podías ganar un montón de indulgencias plenarias en un día. Ahora no. La Iglesia ha decidido dejar una sola plenaria al día. El Vía-Crucis, que es lo que yo hago todos los días, es rapidísimo de hacer. Yo no sé si tardo cinco minutos. No tardo más. En el Vía-Crucis no hay que pararse en las catorce estaciones. Ni rezar una cosa en cada estación. Basta recorrer las estaciones pensando en la Pasión. Y en una capilla pequeña, como la que tenemos los jesuitas en nuestras casas, la capilla la recorro en cinco minutos. En cinco minutos recorro, meditando en la Pasión, las estaciones del Vía-Crucis. Muy sencillo. Y gano la indulgencia plenaria.

Hacer la obra indulgenciada y después, ¿qué condiciones? Pues hay que confesar los ocho días antes o los ocho días después. Si confieso cada quince días, vale. Una comunión por cada indulgencia plenaria. Si comulgo todos los días, vale. Hay que rezar algo por el Papa. Un padrenuestro por las intenciones del Papa, que lo rezamos siempre, después del rosario o después del Vía-Crucis.

Fijaos que las condiciones no pueden ser más sencillas. Si yo todos los días hago un acto que tenga indulgencia plenaria, yo puedo sacar un alma del purgatorio cada día. Fijaos si esto no es fenomenal. Basta que me preocupe de rezar el rosario delante del Santísimo o en común; media hora de oración delante del Santísimo, que lo hacen montones de personas; leer la Biblia durante media hora o el Vía-Crucis. Con que te preocupes un poquitín, puedes sacar del purgatorio un alma al día.

Fijaos si esto no es una obra de caridad impresionante. Y después lo que significa tener en el cielo ese ejército de amigos que saben que tú los sacaste del purgatorio. Fíjate cómo estarán pidiendo a Dios por tus necesidades. Esto que digo, de preocuparse de las almas del purgatorio, me parece interesantísimo, por lo que tiene de caridad. Podemos aplicarla a un ser querido; pero también podemos dejarla en manos de Dios y de la Virgen para que las apliquen a las almas más necesitadas del purgatorio.

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Hay una cosa que se llama « El voto de ánimas» que lo llaman «acto heroico de caridad». Yo, sinceramente, pienso que de heroicidad nada.

¿En qué consiste el voto de ánimas? No es voto, se llama así, pero no obliga bajo pecado. Y puede uno rectificarlo cuando quiera. Pero se llama «voto de ánimas». ¿Qué significa el voto de ánimas? Significa que yo renuncio a todos los méritos renunciables, porque hay méritos que son irrenunciables. En mis buenas obras, yo tengo méritos que son intransferibles. Pero hay otros méritos que yo puedo renunciar. Pues yo renuncio a todos los méritos que yo pueda renunciar, y los pongo en manos del Señor y de la Virgen, para que ellos los distribuyan entre las almas del purgatorio más necesitadas. Que ellos distribuyan como quieran los méritos míos.

Se llama «acto heroico de caridad», por lo que yo renuncio en favor de las almas del purgatorio. Pero yo digo: esto de heroico nada. Porque si dice Cristo: «Los misericordiosos alcanzarán misericordia», y si por hacer yo este acto de misericordia, después voy a tener la misericordia de Dios para conmigo, ¿qué más quiero? Soy yo el que salgo ganando, haciendo un acto de misericordia. Porque Dios después tendrá misericordia conmigo.

Si yo renuncio a ese tesoro espiritual mío, que he ganado con mis buenas obras, si con esa pequeña renuncia de mis pobres obras, logro ayudar a tantas almas que suban a la gloria, y después se interesan por mí, decidme si no es fenomenal tener en el cielo ese ejército de amigos míos, que saben que yo les ayudé a entrar en la gloria. Lo que se van a preocupar por mí.

Por eso decía el Padre Eduardo Fernández Regatillo, S.I., que era un teólogo de gran notoriedad: «Muchas personas de gran categoría espiritual y teológica, han hecho el voto de ánimas». Basta que un día en la misa se haga este ofrecimiento: «Señor, te ofrezco todo lo que yo pueda renunciar, en beneficio de las almas del purgatorio». ¡Los misericordiosos alcanzarán misericordia!

A ver si os animáis a ayudar a los moribundos y a las almas del purgatorio. Que vosotros saldréis ganando. Y ellos también. Muchas gracias.


N.B.: Esta conferencia está disponible en DISCO COMPACTO (CD) y en vídeo.
Todos los sistemas.
Pedidos a la EDITORIAL SPIRITUIS MEDIA-Apartado 2564-11080.Cádiz. (España)
Correo electrónico (e-mail): spiritusmedia@telefonica.net
El verdadero significado de la SEMANA SANTA

Cada año los cristianos del mundo nos unimos en una gran oración para conmemorar el sacrificio que Jesucristo hizo en un madero, pagando el rescate de la humanidad sobre el pecado. Desde su entrada triunfal a Jerusalén, los preparativos de la última cena, su prisión, la tortura y crucifixión y su Resurrección, nos deja el camino a imitar para vencer al pecado y al mundo y obtener la gloria del Cielo.

Jesús venció las tentaciones, nos eneseñá a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y marcó el camino que la humanidad debe seguir para salvarse en el día de su próxima venida.

Esta Semana Santa debe recordarnos a todos los cristianos el camino a seguir para llegar a Dios Padre y disfrutar de su gloria en el Cielo y no apartarnos del camino de la salvación durante nuestra vida terrena.


JESUCRISTO EL REDENTOR

Cuando hace más de dos mil años llegó a la Tierra el Hijo de Dios, hecho hombre, su vida terrena tuvo como misión rescatar a la humanidad del pecado en el que estaba sumida por el pecado original de Adán y Eva, pagar dicho rescate con su vida y redimir al género humano.

Esta promesa hecha por Dios Padre y que es recordada en varios pasajes de la Biblia a través de los profetas, se cumplió (aunque el judaísmo actual no cree en la divinidad de Jesucristo como Hijo de Dios y lo considera solo un profeta más) y es por eso que el mundo cristiano conmemora con recogimiento el sacrificio de Jesucristo en el Gólgota.

"Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: Santos seréis, porque santa SOY YO el Señor Dios vuestro Dios" Levítico 19. 2


CUARESMA: TIEMPO DE CONVERSION.

Se da inicio al Tiempo de Cuaresma. Los Templos no muestran todo su esplendor, apagando varias de sus luces y retirando las flores en cuyo lugar colocan austeras plantas. Es tiempo para acercarnos a Dios a través del Sacramento de la Confesión, también llamado Reconciliación.

La Cuaresma es el periodo de ayuno y penitencia observado por la tradición cristiana como preparación de la Pascua o conmemoración de la resurección de Cristo.
En el ayuno cuaresmal los fieles comen con mesura durante los cuarenta días que dura esta época de recogimiento y ofrecen sacrificios como horas de trabajo, realizar trabajos o esfuerzos que no son de su agrado en situaciones normales, evitar discutir con parientes o conocidos de trabajos, controlar el carácter o simplemente ofrecer las penas y problemas que nos acontecen a diario como penitencia para este tiempo de Cuaresma.

Durante la Cuaresma nos preparamos para recordar la muerte y resurección de Jesús. Es a la vez tiempo de conversión que supone la búsqueda de fidelidad al propio BAUTISMO, es decir, a la esencia de ser cristiano, y esto significa tratar de parecerse a Jesus de Nazaret, sólo de esta manera tendrá sentido el llegar a la Pascuar y celebrarla.

Pasados los cuarenta días los cristianos están preparados para la Pascua, cuya celebración da inicio a la SEMANA SANTA con el Domingo de Ramos, Lunes, Santo, Martes Santo, Miercoles Santo, JUEVES SANTA, VIERNES SANTO, Sábado Santo y DOMINGO DE PASCUA. Cada día tiene su celebración y recordatorio propios, los cuales ilustraré y resumiré más adelante.

La Cuaresma es, en resúmen, un período suficientemente largo y oportuno -previo a los días santos- para pedir a Dios Padre la gracia de la conversión de vida, ser cristianos de verdad, que nos ilumine con Su Misericordia y nos envíe su Santo Espíritu para poder llegar a conocer más y mejor a Su Hijo Jesús y el sacrificio que hizo por nosotros.

Existe la tradición de que el origen de la celebración de la Cuaresma surge en el Siglo IV d.C. con el propósito de preparar a aquellos que iban a recibir el sacramento del Bautismo en la Vigilia Pascual. Más tarde la preparación también la realizaban a los ya bautizados que querían reparar su infidelidad a su condición cristiana. La Iglesia Católica considera que este tiempo de Cuaresma es el tiempo propicio para hacer penitencia y buscar -con al gracia de Dios- la conversión a nuestra condición de cristianos.


AYUNO Y ABSTINENCIA

El profeta Isaías en el capítulo 58 de su libro en la Biblia dice "El ayuno que le agrada a Dios: romper las cadenas de la injusticia, dejar libre al oprimido, poner fin a toda tiranía, compartir con el pobre, vestir al que no tiene ropa, socorrer al necesitado".

Ayunar y abstenerse en este tiempo de Cuaresma no se refieren únicamente a dejar de comer o comer menos, significa abstenerse de decir malas palabras, de propagar chismes, de pecar, de mentir, de maltratar, dejar de comportarnos como lo hacemos en la forma que Dios no quiere, ser más como Cristo y menos como nosotros mismos. También implica la abstinencia de comida por respeto a un tiempo memorable que se aproxima y que es de verdadero pesar y penitencia porque en este tiempo -la Semana Santa- recordamos el sufrimiento de Cristo por nosotros y la Cuaresma debe servirnos para estar preparados para asumir la responsabilidad de nuestros actos y pecados y reconocer que Jesucristo los asumió por nosotros.

El ayuno y la abstinencia durante este tiempo de Cuaresma nos ayuda a controlar nuestros sentidos y dominar nuestro cuerpo para que no sean nuestras vanidades y frialdades las que nos dominen a nosotros en este tiempo de reflexión, las cuales sólo nos inclinan hacia el error, el desorden y el pecado.


SUCESOS BÍBLICOS, HECHOS HISTÓRICOS Y LA CELEBRACIÓN DE LOS CRISTIANOS.

DOMINGO: ENTRADA TRIUNFAL DE JESUCRISTO A JERUSALÉN.

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Cuando Jesús ingresó en la ciudad de Jerusalén, sentado sobre un borrico, la gente tendió mantos por su camino y alfombró su paso con ramas de palmeras, tal como se acostumbraba saludar a los reyes.

Mateo 21.11-11
Marcos 11.1-11
Lucas 19.28-40
Juan 12.12-19
Salmo 118 25-26
Zacarías 9.9, 14.4
2 Reyes 9.13

¿Qué celebramos los cristianos? DOMINGO DE RAMOS
Se conmemora la entrada del Señor en Jerusalén y se acostumbra que luego de la Santa Misa salga la procesión de Nuestro Señor Jesucristo sentado sobre el borrico y la Bendición de las Palmas.

Con el recuerdo de Jesús ingresando en Jerusalén triunfante, montado sobre un borrico (o burrito) y en medio de la ovación de los pobladores que agitaban la Palmas y Olivos, el mundo católico y cristiano da inicio a la SEMANA SANTA.

Las Sagradas Escrituras relatan cómo Jesucristo ingresa en la ciudad santa de Jerusalén y es recibido con entusiasmo y ovación por sus pobladores, agitando las Palmas en señal de victoria (como se solía hacer para recibir a los reyes triunfantes).

En la actualidad las Palmas y Olivos se ofrecen en las afueras de las Iglesias para luego ser bendecidas por el sacerdote, antes de dar inicio a la Santa Misa, y con las cuales el pueblo recibirá al sacerdote a su ingreso en la Iglesia. Luego se procede a dar inicio al Santa Sacrificio de la Misa por el Domingo de Ramos.

Durante la Santa Misa el sacerdote ingresa luego de recitar el Evangelio y el pueblo le saluda con las Palmas, recordando el ingreso triunfal de Jesucristo en la Ciudad Santa.

"No temas ciudad de Sión, mira que tu Rey llega sentado en un borrico"
Juan 12.13
Zc. 9.9


LUNES: MALDICIÓN DE LA HIGUERA ESTÉRIL. JESÚS EXPULSA A LOS MERCADERES DEL TEMPLO.

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Marcos 11.12-14
Lucas 19.46

¿Qué celebramos los cristianos? LUNES SANTO
Previo al Vía Crucis que iba a sufrir y luego de dormir en el pueblo de Betania, jesús se acercó a una higuera que la encontró si fruto pese a tener hojas frondosas y dijo a la higuera "Nunca jamás nadie coma fruto de tí".

Después de entrar al templo de Jerusalén, Jesús lo encuentra lleno de comerciantes a quienes echa del lugar a latigazos diciéndoles: "Escrito está: Mi Casa es Casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones".

JesuCristo: Concédeme un corazón sensible, generoso y valiente para ayudarte a cambiar el mundo. Que quiera poner mi granito de arena en la construcción de un mundo más humano y cristiano que te reconozca presente en la Eucaristía como Dios vivo.

Muchos interpretes de las Sagradas Escrituras han interpretado el pasaje de la higuera estéril como analogía al pueblo judío que rechaza a Jesucristo como Dios, siendo un pueblo creyente y temeroso de Dios, con conocimiento y amplio respeto por las leyes mosaicas, rechazaron a muchos profetas en la antiguedad -incluyendo a Juan el Bautista- y tampoco aceptaron la divinidad de Jesucristo quien leía en el Templo las Sagradas Escrituras y se reconocía protagonista de dichos episodios que leía a través de los libros de los profetas, generando escándalo y rechazo por parte de los sacerdotes y altos miembros de la jerarquía eclesial de la época, pero también miles de seguidores en aquellos que comprendían sus explicaciones y enseñanzas en el templo.

Para muchos la higuera estéril es el pueblo de Israel que no cree hasta el día de hoy en la divinidad de Jesucristo y sólo lo consideran un profeta, pero que, según muchos santos de nuestros días, algún día dará frutos y ese será uno de los signos de la próximidad de la segunda venida de Jesús.


VER VIDEO DEL SERMON DEL PADRE CARLOS CANCELADO DONDE HABLA DE LA HIGUERA ESTÉRIL

MARTES: LECCIONES SOBRE LA ORACIÓN Y EL PERDÓN. JESÚS ES CUESTIONADO POR FARISEOS Y SADUCEOS. PREGUNTA SOBRE EL IMPUESTO AL CÉSAR.

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Mateo 11.20-26
Mateo 22.15-22
Marcos 12.13-17
Lucas 20.20-6

¿Qué celebramos los cristianos? MARTES SANTO
Los judíos buscaban apresar a Jesús ya que debido a la resurrección de Lázaro, los muchos milagros que hacía y sus prédicas estaba convirtiendo a muchas personas, incluso judías que se retiraban del Templo para seguir a Jesús.

Destaca entre sus prédicas el versículo del Evangelio de San Lucas donde los fariseos, buscando que Jesús diga algo comprometedor, le preguntan "¿Es lícito pagar tributo al César o no?" a lo que Jesús les responde con rapidez -conociendo su intento de engañarle- "Traedme un denario. ¿De quien es este rostro? (Del César) Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

Otro famoso versículo de San Lucas donde Jesús interroga a los sacerdotes y escribas diciéndoles "El bautismo de Juan ¿Venía del Cielo o de los hombres?" confundiéndoles hasta el dejarles sin respuesta, lo cual les enfurecía aún más.


MIERCOLES: JESÚS ES UNGIDO POR UNA MUJER EN BETANIA. ACUERDO DE JUDAS CON EL SANEDRÍN.

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Mateo 26.13
Mateo 26.2-5
Lucas 22.1-6

¿Qué celebramos los cristianos? MIERCOLES SANTO.
Hechos importantes sucederían el miércoles de esta semana santa.
Según el Evangelio de San Juan, Jesús, seis días antes de la Pascua, se queda en casa de Marta, hermana de Lázaro -el resucitado por Jesús- quien también estaba sentado a la mesa con el Señor, cuando se acercó María Magdalena con un frasco de costoso perfume y ungió los cabellos y pies de Jesús, enjugando sus pies con sus cabellos y besándolos. Éste acto de amor y agradecimiento de María Magdalena enfureció a Judas Iscariote quien replicó "¿Por qué no se vendió este perfume y se dió el dinero para los pobres?" y no estaba preocupado por los pobres sino por ser ladrón pues era él quien llevaba la bolsa del dinero de las limosnas, a lo que Jesús le respondió: "Déjala, que para el día de mi sepultura lo guardaba. Porque a los pobres los tendréis siempre con vosotros, más a Mí no siempre me tendréis".
Juan 12.1 -11

Es en este momento en que suceden dos hechos trascendentales. Según las visiones de Ana Catalina Emmerich en su libro LA AMARGA PASIÓN DE CRISTO, el gesto de María Magdalena de ungir los cabellos de Jesús con tan costoso perfume enfureció tanto a Judas Iscariote que ese mismo día tomó la resolución de tratar con los judíos el precio a convenir para entregarles a Jesús. Por otro lado, la respuesta de Jesús a Judas Iscariote va dirigida a todos sus discípulos y presentes y es el primer anuncio de su muerte, lo que causa gran tristeza y pesar entre sus discípulos.


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San Mateo en su Evangelio relata que uno de los doce llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?". Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata, y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselos.

Este hecho es una llamada de atención para que no nos comportemos como Judas y pidamos al Señor que, de neustra parte, no haya traiciones, ni alejamientos, ni abandonos.

Hay imágenes de Cristo crucificado que muestran una llaga profunda en la mejilla izquierda del Señor, y cuentan que esa llaga representa el beso de Judas.

Digamosle al Señor que deseamos serle fieles y cuando una tentación amenace arrojarnos por el suelo, pensemos que no vale la pena cambiar unas monedas por la felicidad de la vida eterna.


JUEVES SANTO: LA ÚLTIMA CENA. JESÚS PREDICE LA NEGACIÓN DE PEDRO Y LA TRAICIÓN DE JUDAS. INSTITUYE LA EUCARISTÍA Y EL ORDEN SACERDOTAL. LA ORACIÓN EN GETSEMANÍ.

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Marcos 14.12-25
Mateo 26.20-35
Marcos 14.32-42
Mateo 26.36-46

¿Qué celebramos los cristianos? JUEVES SANTO: EL MANDATO DE AMOR FRATERNO, LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA Y EL ORDEN SACERDOTAL. LA AGONÍA EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ.
Después de la Santa Misa se celebra el lavatorio de los pies. Los cristianos acostumbran a recorrer las siete iglesias entre la tarde y la noche, recorriendo en cada una el Vía Crucis.

El Jueves y Viernes Santo son fiestas de guardar por lo que es obligatorio el asistir a la Santa Misa. En este jueves santo se recuerda la institución de la Sagrada Eucaristía, regalo del Cielo para los hombres. Cristo se queda entre nosotros en Cuerpo y Sangre para fortalecernos conociendo nuestra debilidad humana.

El momento de ofrecer su vida en remisión de los pecados de la humanidad se acercaba y era tan grande su Amor que, en su sabiduría infinita, encontró la manera de irse y quedarse al mismo tiempo. Él mismo irá al Padre, pero permanecerá con los hombres para siempre bajo las especies del Pan y del Vino que luego de la Consagración se transforman en Su Cuerpo y Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad.

San Juan relata que Jesús lavó los pies a los discípulos antes de la última cena. Juan 13.1-20
Con ese acto les dió una lección de humildad y a todos nosotros nos dejó la lección de estar limpios en cuerpo y alma antes de recibirle en la Sagrada Eucaristía.

Ana Catalina Emmerich en su libro LA AMARGA PASION DE CRISTO relata cada detalle de sus visiones sobre la Institución de la Eucaristía, y relata que luego de que Jesús le dice a su discípulo Juan quién es el que le va a entregar, le da a comer el Pan remojado en Vino a Judas Iscariote. En ese momento, habiendo recibido la E#ucaristía en pecado entró Satanás en él y Jesús le dijo: "Lo que tengas que hacer hazlo pronto" saliendo Judas Iscariote del cenáculo a prisa. los discípulos creían que iba a hacer algún recado que Jesús le había encargado, sin embargo, su traición ya estaba próxima.

Luego de cenar salió Jesús con sus discípulos al huerto de Getsemaní donde fue a orar. La mayoría de ellos se quedaron en un determinado lugar mientras que Jesús se adentró en el huerto con sus discípulos Pedro, Juan y Santiago (hermano de Juan). Es aquí donde Jésús les dice a ellos tres "Quedaos aquí mientras yo voy allá a orar" y adentrándose en una especie de cueva muy apartada fue donde tuvo las visiones de todo lo que le acontecería: vió los pecados de la humanidad por los cuales debería sacrificarse (y que jamás había podido concebir en su santa humanidad), contempló con anticipaciíon las almas que habían de condenarse y contempló la inmensa multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados y se quejó amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.
En su tormento sudó sangre y fue atormentado por visiones del maligno que le tentaba una vez más para que desistiera de su misión.
También fue consolado por un ángel del Cielo quien le mostró la predestinación de aquellos que se salvarían mediante los méritos de Su Pasión y le consoló. Le dió de comer algo y le dió de beber de un Cáliz que llevaba consigo y dejándole desapareció ("La amarga Pasión de Cristo" de Ana Catalina Emmerich).


VIERNES SANTO: ARRESTO DE JESÚS. JUICIO ANTE EL SANEDRÍN Y PONCIO PILATOS. PASIÓN Y CRUCIFIXIÓN DE JESÚS. SEPULTURA DE JESÚS.

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Marcos 14. 43-65
Marcos 15.15-47
Lucas 23.26-55

¿Qué celebramos los cristianos? VIERNES SANTO: EL DIA DE LA PASIÓN DEL SEÑOR. DIA DE AYUNO Y ABSTINENCIA. SE VENERA LA SANTA CRUZ Y SE REPRESENTA EL VÍA CRUCIS.
En el Viernes Santo se recuerda la Pasión de Jesús, desde la traición de su discípulo Judas Iscariote hasta Su muerte en la Cruz y Su sepulcro. Cada detalle de la Pasión de Jesús está resumido en la representación del Vía Crucis.

Este es el día para acompañar a Cristo con su Cruz. Se recuerda el juicio inicuo del Sumo Pontífice y todo el Sanedrín intentando presentar falsas pruebas, testigos y acusaciones contra Jesús sin éxito. Sólo cuando el Sumo Sacerdote le pregunta "¿Eres Tú el Cristo, el Hijo del Bendito? y Jesús respondió al Sumo Sacerdote "Yo Soy. Y veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Padre viniendo entre las nubes del Cielo " es que éste obtiene la justificación de acusarle por blasfemo, para ser condenado a muerte. Sin embargo, la ley no le permite a los judíos condenar a muerte, es por eso que Jesús es llevado donde el gobernador romano Poncio Pilatos (Judea era provincia conquistada por el imperio romano y por ello bajo su jurisdicción).

Pilato interroga y juzga a Jesús y aún sin encontrar razón alguna para condenarlo a muerte busca la manera de safarze de dicha situación, cuando escucha que los sacerdotes le acusaban de crear escándalo desde Galilea hasta Jerusalén. Reconociendo a Jesús como Galileo, pilatos decide enviarle a Jesús a Herodesm por ser de su jurisdicción las ciudad de Galilea.

Herodes era hijo del rey Herodes que había ordenado la muerte de miles de niños sólo porque quería matar a Jesús y conociendo éste la historia del niño que su padre había intentado matar y sabiendo que ese niño era llamado Mesías, Rey de los Judíos, sale ansioso a interrogar a Jesús de quien se burla por no ser lo que esperaba (un gran rey) y ordenando a sus esclavos y servidores el burlarse de Jesús lo devuelve a Pilatos sin encontrar en él causa para matarle.

Pilatos quien no recibe la decisión de Herodes de devolverle a Jesús de buena gana, a causa del escándalo ocasionado, le manda flagelar para satisfacer a la muchedumbre -que estaba pagada por el Sumo Pontífice y el Sanedrín para pedir la muerte de Jesús. Luego de una brutal flagelación Pilatos cede ante las presiones del Sumo Sacerdote y el Sanedrín y lavándose las manos les entrega a Jesús para que sean ellos quienes le maten porque él lo encuentran inocente.

Desde aquí se inicia el encarcelamiento de Jesús, la preparación de Su Cruz por los trabajadores del Sanedrín y su largo camino hasta el Calvario donde es seguido de cerca por Su Santísima Madre María, su fiel discípulo Juan, María Magdalena y María la hermana de su madre, además de otras mujeres y hombres piadosos que le seguían de lejos.

Las Siete Palabras de Jesús en la Cruz.
"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" Lucas 23.34
"Hoy estarás conmigo en el Paraíso" Lucas 23.43
"He aquí a tu hijo, He aquí a tu madre" Juan 19.26
"Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado" Mateo 27.46
"Tengo Sed" Juan 19.28
"Todo está consumado" Juan 19.30
"Padre en tus manos encomiendo mi espíritu" Lucas 23.46

Luego de su muerte en la Cruz, los judíos pidieron a Pilatos que les rompieran las piernas a los crucificados porque el sábado era un día de celebración y de guardar y los cuerpos no podían quedarse ahí para el siguiente día por lo que apresuraban su muerte, sin embargo, el soldado romano al ver a Jesús muerto le clava la lanza en el costado de donde brotó sangre y agua -sin romperle un hueso según las Sagradas Escrituras y lo dicho por los profetas.

Esta sangre y agua que brotó del costado de Jesús representados a través de la devoción de la Divina Misericordia (Santa Faustina Kowalska) por dos rayos: uno de color rojo y el otro de color blanco. El rayo de luz de color rojo representa la Sangre que da la vida y el rayo de color blanco representa el Agua que purifica las almas.

Nicodemo y José de Arimatea, judíos miembros del Consejo de Sacerdotes del Templo, pero que no habían estado de acuerdo con ese juicio inicuo al que sometieron a Jesús ni con las acusaciones en su contra, pidieron a Pilatos en secreto permiso para bajar su cuerpo de la Cruz, de donde le bajaron con ayuda de Su madre, Juan y las piadosas mujeres que ahí se encontraban aún. Le lavaron y ungieron preparando su cuerpo para la sepultura y lo colocaron en el sepulcro que José de Arimatea había comprado para sí, colocando una piedra delante de él le dejaron ahí por acercarse el día sábado.


SÁBADO SANTO: JESÚS REPOSA EN EL SEPULCRO. DESCENSO DE JESÚS A LOS INFIERNOS.

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Lucas 23.50-56
Juan 19.38-42
1 Pedro 3.19

¿Qué celebramos los cristianos? SÁBADO SANTO: LA SEPULTURA DEL SEÑOR Y EL SANTO SEPULCRO. SOLEMNE VIGILIA PASCUAL.
La comunidad cristiana no se reúne sino hasta la noche para celebrar la solemne vigilia pascual o la Misa de Gloria.

Cristo yace en el sepulcro y la Iglesia medita, admirada, lo que ha hecho por nosotros. Hay que guardar silencio para aprender del Maestro, al contemplar su cuerpo destrozado. Cada uno de nosotros debe considerarse responsable de esa muerte.

El sábado santo no es una jornada triste. El Señor ha vencido a Satanás y al pecado, y dentro de pocas horas vencerá también a la muerte con su Resurrección. Nos ha reconciliado con el Padre Celestial.

Esta es una noche de Vigilia en honor del Señor, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó.

Durante la vigilia la iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Comunión.

La Vigilia Pascual es la celebración más importante de todo el calendario cristiano. Celebramos con mayor esplendor y fervor porque creemos que Cristo ha resucitado de entre los muertos y vive y está presente entre nosotros en la Eucaristía.

Pidamos al Señor que nos transmita la eficacia salvadora de Su Pasión y de su Muerte, que es la Redención.


DOMINGO DE PASCUA: RESURRECCCIÓN. SEPULCRO VACÍO. MENSAJE DEL ÁNGEL.

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Marcos 16.1-8
Juan 20.1-10
Lucas 24.1-7

¿Qué celebramos los cristianos? DOMINGO DE PASCUA. DIA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR.
Se da inicio al Tiempo Pascual con la Eucaristía y Misas Solemnes. Los Templos vuelven a embellecerse con luces y flores.

El día Domingo comienza el Tiempo Pascual el cual durará hasta Pentecostés. La resurrección de Jesús es el punto de aprtida de nuestra fe, pues "Si Cristo no huvbiera resucitado nuestra fe sería vana", por lo tanto la buena nueva de la Salavación es aclamada por todos.


Autora: KARLA ROUILLON

Fuentes: La Santa Biblia, Diario El Comercio "Siete días para la Pascua" por Alfredo Oshiro y "Colección Fe y Esperanza" de Editora Lider.
La Presentación de Jesús en el Templo


La Presentación de Jesús en el Templo

El relato de este hermoso hecho lo podemos leer en San Lucas, Capítulo 2, vs. 22-39.
La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido un niño fuera presentado en el templo. Hoy dos de febrero se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre, fecha en la que celebramos el nacimiento de Jesús.

Los católicos hemos tenido la hermosa costumbre de llevar los niños al templo para presentarlos ante Nuestro Señor y la Santísima Virgen. Esta es una costumbre que tiene sus raíces en la Santa Biblia. Cuando hacemos la presentación de nuestros niños en el templo, estamos recordando lo que José y María hicieron con el Niño Jesús.

La Ley de Moisés mandaba que el hijo mayor de cada hogar, o sea el primogénito, le pertenecía a Nuestro Señor y que había que rescatarlo pagando por él una limosna en el templo. Esto lo hicieron María y José.

Por mandato del Libro Sagrado, al presentar un niño en el templo había que llevar un cordero y una paloma y ofrecerlos en sacrificio al Señor (el cordero y la paloma son dos animalitos inofensivos e inocentes y su sangre se ofrecía por los pecados de los que sí somos ofensivos y no somos inocentes. Jesús no necesitaba ofrecer este sacrificio, pero quiso que se ofreciera porque El venía a obedecer humildemente a las Santas Leyes del Señor y a ser semejante en todo a nosotros, menos en el pecado).

La Ley decía que si los papás eran muy pobres podían reemplazar el cordero por unas palomitas. María y José, que eran muy pobres, ofrecieron dos palomitas en sacrificio el día de la Presentación del Niño Jesús.

En la puerta del templo estaba un sacerdote, el cual recibía a los padres y al niño y hacía la oración de presentación del pequeño infante al Señor.

En aquel momento hizo su aparición un personaje muy especial. Su nombre era Simeón. Era un hombre inspirado en el Espíritu Santo. Es interesante constatar que en tres renglones, San Lucas nombra tres veces al Espíritu Santo al hablar de Simeón. Se nota que el Divino Espíritu guiaba a este hombre de Dios.

El Espíritu Santo había prometido a Simeón que no se moriría sin ver al Salvador del mundo, y ahora al llegar esta pareja de jóvenes esposos con su hijito al templo, el Espíritu Santo le hizo saber al profeta que aquel pequeño niño era el Salvador y Redentor.

Simeón emocionado pidió a la Sma. Virgen que le dejara tomar por unos momentos al Niño Jesús en sus brazos y levantándolo hacia el cielo proclamó en voz alta dos noticias: una buena y otra triste.

La noticia buena fue la siguiente: que este Niño será iluminador de todas las naciones y que muchísimos se irán en favor de él, como en una batalla los soldados fieles en favor de su bandera. Y esto se ha cumplido muy bien. Jesús ha sido el iluminador de todas las naciones del mundo. Una sola frase de Jesús trae más sabiduría que todas las enseñanza de los filósofos. Una sola enseñanza de Jesús ayuda más para ser santo que todos los consejos de los psicólogos.

La noticia triste fue: que muchos rechazarán a Jesús (como en una batalla los enemigos atacan la bandera del adversario) y que por causa de Jesús la Virgen Santísima tendría que sufrir de tal manera como si una espada afilada le atravesara el corazón. Ya pronto comenzarán esos sufrimientos con la huida a Egipto. Después vendrá el sufrimiento de la pérdida del niño a los 12 años, y más tarde en el Calvario la Virgen padecerá el atroz martirio de ver morir a su hijo, asesinado ante sus propios ojos, sin poder ayudarlo ni lograr calmar sus crueles dolores.

Y Jesús ha llegado a ser como una bandera en una batalla: los amigos lo aclaman gritando "hosanna", y los enemigos lo atacan diciendo "crucifícale". Y así ha sido y será en todos los siglos. Y cada vez que pecamos lo tratamos a El como si fuéramos sus enemigos, pero cada vez que nos esforzamos por portarnos bien y cumplir sus mandatos, nos comportamos como buenos amigos suyos.

Después de este interesante hecho de la Presentación de Jesús en el templo, la Virgen María meditaba y pensaba seriamente en todo esto que había escuchado.

Ojalá también nosotros pensemos, meditemos y saquemos lecciones de estos hechos tan importantes.


"Mientras Jesús, también bautizado, oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y se escuchó una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo predilecto, en ti me complazco" (Lc 3, 21-22).


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Amadísimos hermanos y hermanas:

1. La fiesta de hoy, con la que concluye el tiempo navideño, nos brinda la oportunidad de ir, como peregrinos en espíritu, a las orillas del Jordán, para participar en un acontecimiento misterioso: el bautismo de Jesús por parte de Juan Bautista. Hemos escuchado en la narración evangélica: "mientras Jesús, también bautizado, oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y se escuchó una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo predilecto, en ti me complazco"" (Lc 3, 21-22).

Por tanto, Jesús se manifiesta como el "Cristo", el Hijo unigénito, objeto de la predilección del Padre. Y así comienza su vida pública. Esta "manifestación" del Señor sigue a la de Nochebuena en la humildad del pesebre y al encuentro de ayer con los Magos, que en el Niño adoran al Rey anunciado por las antiguas Escrituras.

2. También este año tengo la alegría de administrar, en una circunstancia tan significativa, el sacramento del bautismo a algunos recién nacidos. Saludo a los padres, a los padrinos y madrinas, así como a todos los parientes que los han acompañado aquí.

Estos niños se convertirán dentro de poco en miembros vivos de la Iglesia. Serán ungidos con el óleo de los catecúmenos, signo de la suave fuerza de Cristo, que se les infundirá para que luchen contra el mal. Sobre ellos se derramará el agua bendita, signo eficaz de la purificación interior mediante el don del Espíritu Santo. Luego recibirán la unción con el crisma, para indicar que así son consagrados a imagen de Jesús, el Ungido del Padre. La vela encendida en el cirio pascual es símbolo de la luz de la fe que los padres, los padrinos y las madrinas deberán custodiar y alimentar continuamente, con la gracia vivificadora del Espíritu.

Por consiguiente, me dirijo a vosotros, queridos padres, padrinos y madrinas. Hoy tenéis la alegría de dar a estos niños el don más hermoso y valioso: la vida nueva en Jesús, Salvador de toda la humanidad.

A vosotros, padres y madres, que ya habéis colaborado con el Señor al engendrar a estos pequeños, os pide una colaboración ulterior: que secundéis la acción de su palabra salvífica mediante el compromiso de la educación de estos nuevos cristianos. Estad siempre dispuestos a cumplir fielmente esta tarea.

También de vosotros, padrinos y madrinas, Dios espera una cooperación singular, que se expresa en el apoyo que debéis dar a los padres en la educación de estos recién nacidos según las enseñanzas del Evangelio.

3. El bautismo cristiano, corroborado por el sacramento de la confirmación, hace a todos los creyentes, cada uno según su vocación específica, corresponsables de la gran misión de la Iglesia.

Cada uno en su propio campo, con su identidad propia, en comunión con los demás y con la Iglesia, debe sentirse solidario con el único Redentor del género humano.

Esto nos remite a cuanto acabamos de vivir durante el Año jubilar. En él la vitalidad de la Iglesia se ha manifestado a los ojos de todos. Este acontecimiento extraordinario ha legado como herencia al cristiano la tarea de confirmar su fe en el ámbito ordinario de la vida diaria.

Encomendemos a la Virgen santísima a estas criaturas que dan sus primeros pasos en la vida. Pidámosle que nos ayude ante todo a nosotros a caminar de modo coherente con el bautismo que recibimos un día.

Pidámosle, además, que estos pequeños, vestidos de blanco, signo de la nueva dignidad de hijos de Dios, sean durante toda su vida cristianos auténticos y testigos valientes del Evangelio. ¡Alabado sea Jesucristo!

Santo Padre Juan Pablo II

Domingo 7 de enero de 2001