El misterio de la Cruz, insondable para el alma humana, que nunca llega a comprendar totalmente el sentido de este maravilloso Plan que Dios ideó, desde los orígenes mismos de la Creación. ¿Por qué quiso, o quizas permitió El que las cosas fueran así? Este es el misterio que de manera obligada debemos meditar en estos días que se acercan a la Semana más Santa. Y el mejor modo de hacerlo es el de intentar un diálogo íntimo con el mismo Señor.
Jesús, Señor mío, llegó Tu hora. Este año de 2010, una vez más, tomas el camino del Calvario y nos invitas a acompañarte, a seguirte. Y como sabes que somos flojos e inconstantes, quieres que tengamos medios suficientes para poder dar a nuestro corazón el entendimiento del verdadero alcance universal y perpetuo, de Tu Pasión. En las Sagradas Escrituras dejaste Tu testimonio, el que recreamos en todas las Misas de la tierra. Pero Tú también quisiste dejar con mayor detalle los relatos de aquel día, en la forma de revelaciones privadas a almas que Tú elegiste. Y hoy es el momento de dejar que Tus palabras penetren nuestra alma y lleguen a nuestro interior.
Muchas son las fuentes que podríamos consultar, como Catalina Emerich y tantas otras almas con las que Tú tuviste diálogos cercanos. Hoy elegimos los relatos de las visiones de Maria Valtorta, y los dictados a Catalina Rivas, a las que consideramos dos amigas del alma. Catalina y María son dos maestras para nosotros, porque nos traen Tus revelaciones, en el modo y el tiempo que Tú eliges. Jesús, caminamos contigo, a Tu lado. Queremos consolarte, cercanos a Tu Madre, como verdaderos hermanos de Tu Humanidad, y Adorando Tu Divinidad. Verdadero Dios y Verdadero Hombre, a Ti el Honor, a Ti la Gloria.
Señor, danos hoy un corazón sincero y abierto, de tal modo que en esta Semana Santa encontremos el camino para que el Amor, sea Amado. Para que podamos gritar así con fe: ¡El Amor es Amado!
Si quieres ser feliz, siembra hoy para cosechar mañana; lucha hoy, para triunfar en el futuro; sacrifícate ahora para recibir los frutos después.
En el Sermón de la Montaña, Cristo desborda su corazón, revela los misterios del Reino. Nos da a conocer la sabiduría de Dios y la clave de la felicidad: sembrar con paciencia para recoger los frutos llegado el tiempo, pagar el precio justo.
Es impresionante cómo ha ido cambiando nuestro mundo y con qué rapidez. Para los hombres de hace medio siglo, sería una verdadera fantasía el pensar en la informática, tan avanzada y al alcance de todos. Nuestros bisabuelos nunca se imaginaron los nuevos artefactos de guerra tan sofisticados, tan precisos. Jamás soñaron con nuestros medios de transporte tan seguros y veloces...
Los hombres de hace cincuenta o sesenta años sabían que si alguien quería una buena cosecha, tendría que trabajar muy duro durante todo el otoño y pasarse la primavera escardando sus campos. El alfarero, el zapatero, el herrero, todos ellos tenían muy bien sabido que si querían producir más, les hacían falta más horas de trabajo, más mano de obra...
Nosotros, con nuestra tecnología, nos hemos acostumbrado a lo automático, a lo fácil, lo cómodo. A encender la televisión desde la cama con un botón, a abrir la puerta de casa desde el coche, a viajar cómodamente con la visa... pagando después.
A la gente de nuestra época se le atrae así. Si quieren vendernos algo, que sea rápidamente y sin complicaciones.
Si algo ha de producirnos comodidad, alegría, felicidad, placer, tiene que ser al instante, sin tardar. Si se oprime el botón, es para que el trabajo quede listo en un momento. No queremos trabajos sin frutos inmediatos. Queremos la mayor cantidad de bienes con el menor esfuerzo. Es la moda.
Y sin embargo, Cristo, desde la montaña, usa un vocabulario completamente opuesto: Si quieres ser feliz, siembra hoy para cosechar mañana; lucha hoy, para triunfar en el futuro; sacrifícate ahora para recibir los frutos después.
Cristo nos propone abandonarnos a nosotros mismos para seguir su Evangelio. No consentir a las pasiones. No ser tan delicados. Aguantar y ser firmes ante el sufrimiento. Ser generosos y aceptar el dolor por amor a Él, como un medio seguro para conseguir la ansiada felicidad. El Reino de los cielos no se consigue con palancas y botones sino con sacrificio y amor a Cristo.
Nuestra misma sociedad puede explicarnos muy bien lo que Cristo nos invita a hacer desde la montaña. La vida actualmente es muy cara, muy difícil. Hay que pagar por todo. Nada se regala. También nuestra felicidad tiene un precio: pisar las mismas huellas de Cristo. Aunque más de una vez nuestros pies sangren.
Señor, quiero desde hoy trabajar con paciencia y generosidad, sembrar sin prisas, para alcanzar con mi sacrificio la verdadera felicidad.
La Sábana Santa de Turín será expuesta al mundo a través de la televisión el Sábado Santo de 2013 Autor: Gaudium Press
La Sábana Santa de Turín, la enigmática tela que cubrió el cuerpo de Jesucristo después de su muerte y sobre la cual quedó impresa la figura de cuerpo entero de Jesús crucificado, será mostrada a través de la televisión el próximo Sábado Santo, 30 de marzo, gracias a un permiso que había concedido Su Santidad Benedicto XVI. El acontecimiento es verdaderamente extraordinario, ya que las últimas imágenes en video de la reliquia fueron obtenidas en 1973.
"Espero que este evento pueda traer un poco de luz y de paz en estos tiempos complejos y dar fuerza y esperanza a muchos pobres, enfermos y personas en dificultad", comentó el Arzobispo de Turín, Mons. Cesare Nosiglia, al comunicar la noticia. "El Sábado Santo es un día de oración silenciosa y meditación sobre la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, pero también es un día de espera alegre de la luz de la Resurrección en la gran celebración de la Pascua".
La Sábana Santa, que según los estudios científicos tuvo que haber obtenido su imagen a través de algún tipo de radiación, "es testigo de este doble misterio", afirmó Mons. Nosiglia. "Nos lleva a la oscuridad de la tumba, pero también nos abre el camino para recibir la luz que de ella emergerá en el evento de la Resurrección".
El hombre retratado en la tela, con todos los signos de tortura de la crucifixión, es para el Arzobispo "no un signo de derrota, sino de victoria, de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio y la violencia, la esperanza sobre la desolación". Es la figura misma de Cristo, "el rostro del Varón de Dolores, que es la cara de cada hombre sobre la tierra; representa su sufrimiento, su muerte, nos habla del amor y de la donación, de la gracia y del perdón".
La transmisión que emitirá la RAI en mondovisión tendrá una duración aproximada de una hora y hará parte de la emisión de la celebración del Sábado Santo presidida por el Arzobispo Nosiglia.
por todo el mal causado por aquellos que no conocen a Su Hijo Jesús...
y por la conversión de aquellos que tienen el corazón endurecido y de los pecadores empedernidos...
para que sus almas no se pierdan...
y se arrepientan sinceramente y se confiesen bien...
PADRE ETERNO, TE OFREZCO EL CUERPO, LA SANGRE, EL ALMA Y LA DIVINIDAD, LA PACIENCIA Y LA SED POR LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS, DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, PRESENTE EN TODOS LOS SAGRARIOS DEL MUNDO, EN REPARACION POR TODOS LOS ULTRAJES SACRILEGIOS E INDIFERENCIAS CON QUE EL MISMO ES OFENDIDO, Y EN UNIÓN CON TODAS LAS SANTAS MISAS CELEBRADAS EN TODO EL MUNDO Y EN UNIÓN CON LOS DOLORES QUE PADECIÓ NUESTRA SANTÍSIMA MADRE TE PIDO: QUE ENVÍES TU SANTO ESPÍRITU PARA QUE CON TOTAL ABANDONO A SUS DIVINAS INSPIRACIONES SE LOGRE: LA CONVERSIÓN DE LOS POBRES PECADORES, EL ALIVIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO Y EL PERDÓN DE NUESTROS PECADOS Y LOS DEL MUNDO ENTERO. TE PIDO MUCHOS SANTOS SACERDOTES PARA TU SANTA IGLESIA Y TE PIDO QUE NO SE PIERDA HOY NINGUNA ALMA.
AMÉN.
Y POR LOS MERITOS DE SU SAGRADO CORAZON Y DEL INMACULADO CORAZON DE MARIA, TE PIDO LA CONVERSION DE LOS POBRES PECADORES.
Corpus Christi y Santísima Trinidad resumen identidad cristiana, afirma Mons. Gómez
LOS ANGELES, 08 Jun. 12 / 06:08 am (ACI).-
El Arzobispo de Los Ángeles (Estados Unidos), Mons. José Gómez, invitó a los fieles a reflexionar sobre las solemnidades de la Santísima Trinidad y el Corpus Christi, pues son "los dos misterios centrales de nuestra fe católica".
"La Trinidad y la Eucaristía nos dicen quién es Dios y cuánto nos ama. Ellos nos hablan sobre sus grandes expectativas para nuestras vidas. Y esos misterios nos hablan de su plan para el mundo", afirmó en su última columna publicada en ACI Prensa.
En ese sentido, dijo que el plan de amor que Dios tiene para cada persona y el mundo "tiene una meta. Él quiere unir todo en el cielo y en la tierra en perfecta unidad en Jesucristo. Él quiere que tú y yo –y todos en el mundo entero- compartan en la gloria de su vida bendita como la Trinidad".
Tras recordar que Dios "nos hace sus hijos e hijas amados en el Bautismo", Mons. Gómez indicó que el plan de amor del Padre se revela en la Eucaristía. "Como Jesús se dio a sí mismo en amor para compartir nuestra condición humana, ahora Él se da a sí mismo como nuestro pan diario. Para fortalecernos en nuestra jornada en esta vida. Para estar con nosotros y vivir con nosotros. Para que crezca su vida divina dentro de nosotros", afirmó.
El Arzobispo de Los Ángeles dijo que "la Eucaristía es el sacramento del amor y una escuela de amor", pues "en tanto que nosotros encontramos a Jesús escondido bajo las apariencias del pan y el vino, comenzamos a sentir su presencia en la gente que encontramos cada día", porque los vemos como hijos de Dios y como hermanos.
Llamado a los sacerdotes
En su columna, Mons. Gómez dijo que este año vio "un hermoso simbolismo" en las celebraciones de la Santísima Trinidad y el Corpus Christi.
"La semana pasada, el día anterior al Domingo de la Trinidad, ordené cuatro nuevos sacerdotes. Esta semana, el día anterior a Corpus Christi, ordenaré nuevos diáconos para servir en el altar de Dios", indicó.
Dijo que "este es un hermoso recuerdo de que el ministro ordenado permanece en el corazón de la misión de la Iglesia y en el corazón de la economía de salvación de Dios. En el plan de Dios, el sacerdote es un servidor y un signo. El sacerdote abre para nosotros el corazón de Jesucristo. Él es el instrumento que nos da las aguas vivas y el pan de vida".
Mons. Gómez pidió a los fieles orar por sus semejantes y "especialmente por nuestros sacerdotes que nos traen a Jesús. Y recordemos orar cada día para que Jesús llame muchos más hombres a este hermoso trabajo de ser sus sacerdotes".
"Pidamos a María, nuestra Santísima Madre, que nos ayude a entender realmente los misterios de nuestra fe, y a vivir realmente esos misterios. De modo que podamos conocer la verdadera alegría en esta vida. Y así, que cada día nos preparemos para vivir para siempre en la luz bendita del Reino por venir", concluyó.
Es 25 de Diciembre y Jesús ha nacido, siendo Dios se ha hecho hombre para abrirle el Cielo a los hombres. El ha traído muchas bendiciones para ti y tu familia. Asiste a la Santa Misa y agradécele al momento de arrodillarte ante el altar. Este es el verdadero y auténtico sentido de la Navidad. ¡ Navidad es Jesús !
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"En los Coros de las Catedrales y de los Monasterios, se canta el 24 de Diciembre, con pompa inusitada, en el Oficio de Prima, el anuncio oficial de la Navidad del Señor, que trae el Martirologio" (Don Andrès Azcarate, O.S.B.) y que textualmente dice así:
"En el año 5199 de la Creación del mundo,
cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra;
en el 2957 del diluvio;
en el 2015 del nacimiento de Abrahán;
en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto;
en el 1031 de la unción del rey David;
en la semana 65 de la profecía de Daniel;
en la Olimpíada 194;
en el año 752 de la fundación de Roma;
en el 42 del imperio de Octavio Augusto;
estando todo el orbe en paz;
en la sexta edad del mundo:
Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre,
queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento,
concebido por el Espíritu Santo,
y pasados nueve meses después de su concepción,
nació, "hecho Hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá",
(Se arrodillan todos los circunstantes, y prosigue el cantor en tono más agudo) :
"Navidad de Nuestro Señor Jesucristo según la carne".
Entre las fiestas que explican el misterio de Cristo, fuera del ciclo pascual tenemos las fiestas de Navidad y Epifanía. Hoy existen con dos nombres diversos: la del 25 de diciembre, Navidad y la del 6 de enero, Epifanía. La distinción y coexistencia de ellas data de finales del s. IV y principios de s. V.
Al principio, en la primera mitad del s. IV las dos fiestas eran una única celebración de Encarnación del Verbo, pues mientras este misterio se celebraba en Oriente el 6 de enero con el nombre de "Epifanía", en Occidente el Natalis Domini (nombre que le daban en Roma) era celebrado era el 25 de diciembre.
El día de Navidad aparece en Roma en el documento llamado Cronógrafo Filocaliano que data de 336. Tratándose de un calendario litúrgico parece cierto que la indicación no sea una simple muestra histórica sino el dato de una fiesta en cuanto se considera que las demás fiestas parten del 25 de diciembre.
Fuera de Roma, en África, el nacimiento es atestiguado ya por Optato de Milevo (360 A.D.) festejando también la adoración de los magos con la fiesta del 25 de diciembre. En Oriente la fiesta del nacimiento comienza a aparecer al final del siglo IV, En el 380 Gregorio Nacianzeno la introduce en Constantinopla (In Sancta Lumina, PG 36, 349). Un discurso tenido el 20 de diciembre por San Juan Crisóstomo, en ese tiempo sacerdote de Antioquía, nos informa que la primera vez en el año 386 se celebra el nacimiento en aquella ciudad el 25 de diciembre como fiesta distinta de la Epifanía (del 6 de Enero) que era una fiesta venida de Roma.
Pero ¿realmente el nacimiento de Cristo fue el 25 de diciembre? Según la tradición que encontramos en el tratado Solstitis et aequinoctitis (s. IV) Jesús sería concebido en el mismo día y mes en que sería muerto, o sea el 25 de marzo; por lo tanto el nacimiento caería el 25 de diciembre. Mas esta tradición parece que no está en el origen de la fiesta y más bien sería una tentativa de explicación sobre una base de misticismo astrológico muy en boga en ese tiempo.
Otra explicación que históricamente parece más probable es la que ve en la fiesta del nuevo sol, o sea la Natalis Invicti, como se decía entonces. El culto al sol estaba en gran auge por el mitracismo y fue de una última gran ofensiva contra el cristianismo precisamente en el siglo IV. Así fue un gran honor para los emperadores del siglo tercero, entre ellos Aureliano, quien erigió un gran templo en honor al sol en Roma en campo Marcio, teniendo como símbolo el sol, por la gran ofensiva continuada bajo Aureliano el Apóstata (335). La fiesta por excelencia del sol fue así el solsticio de invierno en cuanto representaba la anual victoria del sol sobre las tinieblas y caía el 25 de diciembre.
El cronógrafo (el 354) señala el nacimiento de Cristo, el 25 de diciembre en el mismo día que el calendario civil señalaba Natalis Invicti.
Inspirada por las escrituras y por las circunstancias ambientales, la simbología de la luz y del sol como referencia a Cristo fue muy desarrollada y consagrada por los cristianos. Podemos citar algunos textos bíblicos como el salmo 18 "Ha hecho del sol su morada", "resurgirá para nosotros el sol de justicia" (Mal 4, 2), "Vendrá a visitarnos el sol, símbolo de Cristo y el mismo rezar vueltos hacia el oriente estaba difundido entre los cristianos en el momento en que se celebraba el nacimiento astronómico del sol, en presentar también al verdadero sol: Cristo."
San Jerónimo queriendo explicar que el nacimiento de Cristo debe ser celebrado el 25 de diciembre dice: "Hasta aquel día (25 de diciembre) crecen las tinieblas y desde aquel día disminuye el error y viene la verdad. Hoy nace nuestro sol de justicia" ( Sermón, in Anecd. Mared III 2, 297). Y San máximo de Turín (mitad del s. IV) afirma: "Es un cierto Y tiene razón en este día el nacimiento de Cristo vulgarmente dicho el nuevo sol ... Con gusto aceptamos este modo de hablar porque con el nacimiento del Salvador resplandece no sólo la salvación del género humano, sino también la luz del sol" (Sermón 2, PL. 57, 537).
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"Es Navidad y hoy se nos da la oportunidad perfecta para dar amor a todos, ayudar a los que lo precisan y con ello posibilitar una transformación en el mundo. Hoy es el día para comenzar a sembrar tu semillita y con ella siembras un nuevo día. ¡ Feliz Navidad !"
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ANA CATALINA EMMERICH: VISIÓN DE LA NATIVIDAD
"He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía. Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. la Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de Maria".
»Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de Maria. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces en torno a los ángeles, en forma humana, hincándose delante del Niño recién nacido para adorarlo.
»Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, Maria llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, prosternándose, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don rebido del Cielo.
»María fajó al Niño: tenía sólo cuatro pañales. Más tarde vi a Maria y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. "iAh, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!"...
He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte...
»A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina... en las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores... Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados...
»Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre... mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente ol cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros. Como al principio se asustaran los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: "No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre". Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos... oí que alababan a Dios cantando:
"Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".
Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén... los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba."
Anna Catalina Emmerich nació en Alemania en 1774 de familia muy pobre; tuvo una vida de continuas enfermedades agravadas al quedarse inválida por un accidente. En los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1824, recibió las visiones de la vida de Cristo, de la Virgen María y de la vida después de la muerte, así como otras videncias de sucesos que acontecerían tiempo después como el Muro de Berlín, el Concilio Vaticano II, etc. Con sus visiones en la mano descubrió Reynolds los restos de la ciudad de Ur de Caldea, y la recién descubierta morada de la Virgen en Efeso resultó ser también tal como ella la había descrito. Del mismo modo se descubrieron en 1981 los pasadizos bajo el Templo de Jerusalén, que Ana vio al contemplar el misterio de la lnmaculada Concepción de María, dogma que no sería proclamado por la Iglesia hasta treinta años después de la muerte de esta vidente.
2003-07-07 Anuncian su próxima beatificación.
2003-12-08 «María es mucho más bienaventurada porque ha creído en Cristo que por haberlo engendrado físicamente»- y, sin embargo, llevan dentro un carga inmensa de fe, de razón, de vida y de siglos, que bien podría causar un encendimiento de amor en un corazón abierto. S.S. Juan Pablo II – Magno – Vat.
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