20/11/12: Mentalidad machista
En seguida un extracto tomado de "En el punto G: El día que fui infiel" de radio Nederland de Holanda:
...Hay tantos tipos de infidelidad como personas, tantas explicaciones a la traición como vidas y contextos. En mi caso, la única infidelidad que no perdono es esa mentalidad machista que presupone un hombre de bien, casado, con tres hijas en falda hasta la rodilla, que tiene una amante hasta las 6 y vuelve a ser padre de familia y hombre ejemplar a la hora de la cena. Me molesta tanto porque ahí la infidelidad se mezcla con la hipocresía y uno puede ser infiel, pero tiene que ser honesto.
Porque para mí la infidelidad sí es causa definitiva de ruptura. Yo rompí con mi novio en el momento en que me pintaba los labios, me ponía los tacones, me rizaba el pelo y bajaba las escaleras de mi casa. Cuando salí por la puerta nuestro vínculo ya estaba roto...
Gabriela
El artículo completo de "En el punto G: El día que fui infiel" pueden obtener ingresando a: http://www.hablemosdeamor.nl/en-mi-punto-g-el-d%C3%AD-que-fui-infiel
Fuente: Radio Nederland
...Hay tantos tipos de infidelidad como personas, tantas explicaciones a la traición como vidas y contextos. En mi caso, la única infidelidad que no perdono es esa mentalidad machista que presupone un hombre de bien, casado, con tres hijas en falda hasta la rodilla, que tiene una amante hasta las 6 y vuelve a ser padre de familia y hombre ejemplar a la hora de la cena. Me molesta tanto porque ahí la infidelidad se mezcla con la hipocresía y uno puede ser infiel, pero tiene que ser honesto.
Porque para mí la infidelidad sí es causa definitiva de ruptura. Yo rompí con mi novio en el momento en que me pintaba los labios, me ponía los tacones, me rizaba el pelo y bajaba las escaleras de mi casa. Cuando salí por la puerta nuestro vínculo ya estaba roto...
Gabriela
El artículo completo de "En el punto G: El día que fui infiel" pueden obtener ingresando a: http://www.hablemosdeamor.nl/en-mi-punto-g-el-d%C3%AD-que-fui-infiel
Fuente: Radio Nederland
18/11/12: Los generales y las faldas
PIEDRA DE TOQUE. Petraeus ha sido un gran militar con una hoja de servicios impecable, pero en esta civilización del espectáculo pura y dura será recordado en el futuro por una furtiva aventura sexual
Mario Vargas Llosa 18 NOV 2012 - 00:03 CET
La CIA, el FBI y los más altos jerarcas militares de los Estados Unidos están descubriendo sólo ahora lo que cualquier lector de literatura ha sabido desde siempre: que una amante celosa es de temer y puede provocar grandes catástrofes.
Estos son, hasta ahora, los hechos conocidos del extraordinario culebrón que remece al país más poderoso de la tierra. La señora Jill Kelley, una vistosa morena, esposa de un respetado cardiólogo de Tampa (Florida), empezó a recibir hace algunos meses unos e-mails anónimos amenazantes, acusándola de coquetear con el general David H. Petraeus, jefe de la Agencia Central de Inteligencia y el militar más condecorado, distinguido y admirado del país. Uno de los e-mails responsabilizaba a la señora Kelley de haber “tocado” al general por debajo de la mesa. Alarmada con este hostigamiento, la señora Kelley alertó a un agente del FBI, que era su amigo y que, sea dicho de paso, acostumbraba enviarle fotos cibernéticas con el pecho desnudo y luciendo sus bíceps. El agente informó a sus jefes y el FBI inició una investigación a resultas de la cual descubrió que la anónima fuente de los e-mails era la señora Paula Broadwell, también esposa de médico, madre de dos hijos, antigua reina de belleza, campeona deportiva en la Academia Militar de West Point, con una maestría en Harvard y autora de una ditirámbica biografía del general Petraeus.
Interrogada por los agentes del FBI, Paula reconoció los hechos y entregó su ordenador a los investigadores. En él estos descubrieron documentos clasificados relativos a la seguridad nacional y abundantes e-mails del general Petraeus a Mrs. Broadwell de, señala el informe, “exaltada sexualidad”. La dama en cuestión negó que hubiera recibido esos documentos secretos del jefe de la CIA, pero reconoció que ambos habían sido amantes. Los investigadores entrevistaron al general quien, negando también categóricamente haber suministrado información confidencial a su biógrafa, admitió el adulterio. (Paula Broadwell viajó seis veces a Afganistán, documentándose para su biografía, cuando el general Petraeus era allí el jefe militar de todas las fuerzas de la OTAN). Aunque no se haya podido probar falla alguna en el ejercicio de sus funciones como consecuencia de su relación con Paula Broadwell, el general Petraeus renunció a su cargo, el Presidente Obama aceptó su renuncia y, de la noche a la mañana, una de las figuras más prestigiosas de Estados Unidos y poco menos que un ídolo para los oficiales y reclutas de sus Fuerzas Armadas, quedó desacreditado, bañado en la mugre de la prensa escandalosa y, probablemente, con un serio contencioso conyugal por resolver.
Los países de tradición puritana exigen a las figuras públicas ejemplos de virtud en su vida privada
Esta es sólo una de las ramas de la historia. Porque ésta se bifurca, a partir de su punto de partida, es decir, de Mrs. Jill Kelley, la que recibía los anónimos belicosos de la amante celosa. Cuando los investigadores del FBI la entrevistaron, Jill accedió a entregarles su ordenador, y, allí, aquellos se encontraron un tesoro chismográfico-sexual de proporciones ciclópeas: decenas de miles de e-mails de picante retórica enviados a Jill nada menos que por el general John Allen, que desde hace año y medio sucedió al general Petraeus como Comandante en Jefe de las fuerzas militares en Afganistán y a quien el Gobierno de Estados Unidos había propuesto para ser el próximo comandante supremo de la OTAN (esta propuesta ha sido suspendida a raíz del escándalo). El Ministerio de Defensa, que investiga estos e-mails, los califica provisionalmente de “indebidos e impropios”.
El general John Allen, un marine lleno de condecoraciones y de guerras a cuestas, ha negado haber tenido jamás relaciones adúlteras con la señora Kelley y sus amigos y defensores alegan que el general lo más que se permitía, en estos intercambios cibernéticos con Jill, eran picardías verbales. Esto, si es verdad, en vez de exonerarlo, agrava su culpa y demuestra que, aunque no sea un adúltero, sí es, sin la menor duda, un cacaseno. Porque, según The New York Times de esta mañana (14 de noviembre), el número de páginas de los textos requisados de la computadora de la señora Jill Kelley que proceden del general Allen oscila entre “20 mil a 30 mil páginas”. Yo me paso la vida escribiendo y sé el tiempo que toma redactar una página. Para borronear de 20 a 30 mil el general Allen, aunque escribiera con la velocidad del viento que se atribuye a Alexander Dumas, debe haber dedicado varias horas diarias de los 16 meses que lleva en Afganistán. ¡Y lo hacía sólo para matar el tiempo y provocar sonrisas y algún sonrojo a una dama a la que ni siquiera amaba! No me extraña que la guerra en Afganistán ande como anda, que cada día los fanáticos talibanes cometan atentados más exitosos. Pero lo que es desolador es que a diario caigan víctimas de esos horrores tantos jóvenes soldados enviados allí por los Estados Unidos y sus aliados a defender unas ideas y unos valores que ciertos jerarcas militares parecen tomar muy poco en serio.
La sociedad vomita insidia, pero también somete al sistema a una autocrítica despiadada
Siempre me ha impresionado en los países de tradición protestante y puritana, como Inglaterra y Estados Unidos, la exigencia de que las figuras públicas no sólo cumplan con sus deberes oficiales sino, además, sean en su vida privada ejemplos de virtud. Escándalos como el que protagonizó el Presidente Clinton con la famosa becaria de la Casa Blanca, que estuvo a punto de ser depuesto por ello de su cargo, serían poco menos que imposibles en la mayor parte de los países europeos y no se diga en los latinoamericanos, donde se suele diferenciar claramente la vida privada de los políticos de su actuación pública. A menos que la incontinencia y los desafueros del personaje repercutan directamente en su función oficial, aquella se respeta y presidentes, ministros, parlamentarios, generales, alcaldes lucen a veces a sus amantes con total desenfado puesto que, ante cierto público machista, ese exhibicionismo, en vez de desprestigiarlos, los prestigia. Pero ahora, gracias a la gran revolución audiovisual y cibernética, lo privado ya no existe, en todo caso nadie lo respeta, y transgredirlo es un deporte que practican a diario los medios de comunicación ante un público que ávidamente se lo exige. Desde que estalló este escándalo, las televisiones, las radios, los periódicos y no se digan las redes sociales explotan lo ocurrido de una manera incesante y frenética, hasta la náusea. Esto es la civilización del espectáculo cruda y dura, vomitando insidia a raudales por supuesto, pero, también, hay que reconocerlo, sometiendo al sistema a una autocrítica despiadada, implacable, mostrando la fragilidad que esconde detrás de su aplastante poderío, y cómo las miserias y debilidades humanas encuentran siempre la manera de enquistarse en los reductos que parecen mejor defendidos contra ellas.
¿Qué conclusiones sacar de esta historia? Que ella tiene para rato y que mucha gente sacará buen partido del interés enorme que despierta en el gran público. Habrá libros, números especiales de revistas, programas de televisión y películas que la aprovechen. Es seguro que la biografía del general David H. Petraeus escrita por Paula Broadwell entrará en las listas de libros más vendidos y acaso la haga rica. Apuesto que Jill Kelley será tentada por algún editor oportunista para que escriba su propia versión de la historia (que ni siquiera tendrá que escribir ella misma, pues lo hará por ella un polígrafo profesional que la aderezará con todos los condimentos adecuados para que parezca —sólo parezca— más pecaminosa y grave de lo que fue). Si el libro tiene éxito, servirá para que el señor y la señora Kelley amorticen sus deudas, pues una de las cosas que este escándalo ha sacado a la luz, es que los negocios de la pareja están al borde de la ruina. Probablemente el general John Allen se quedará sin el formidable nombramiento que iba a convertirlo en el comandante supremo de la OTAN. Su caso no me apena para nada y no creo que las fuerzas militares del mundo libre perderían con él a un gran estratega. En cambio, el caso del general Petraeus sí es trágico. Ha sido un gran militar, con una hoja de servicios impecable y que consiguió algo que parecía imposible: darle la vuelta a la guerra de Irak en la última etapa y permitir que Estados Unidos saliera de esa trampa diabólica si no victorioso, por lo menos airoso. Un “error de juicio” que duró cuatro meses lo ha hundido en la ignominia y, si es recordado en el futuro, no lo será por todas las guerras en que se jugó la vida, ni por las heridas que recibió, ni por las vidas que ayudó a salvar, sino por una furtiva aventura sexual.
Mario Vargas Llosa 18 NOV 2012 - 00:03 CET
La CIA, el FBI y los más altos jerarcas militares de los Estados Unidos están descubriendo sólo ahora lo que cualquier lector de literatura ha sabido desde siempre: que una amante celosa es de temer y puede provocar grandes catástrofes.
Estos son, hasta ahora, los hechos conocidos del extraordinario culebrón que remece al país más poderoso de la tierra. La señora Jill Kelley, una vistosa morena, esposa de un respetado cardiólogo de Tampa (Florida), empezó a recibir hace algunos meses unos e-mails anónimos amenazantes, acusándola de coquetear con el general David H. Petraeus, jefe de la Agencia Central de Inteligencia y el militar más condecorado, distinguido y admirado del país. Uno de los e-mails responsabilizaba a la señora Kelley de haber “tocado” al general por debajo de la mesa. Alarmada con este hostigamiento, la señora Kelley alertó a un agente del FBI, que era su amigo y que, sea dicho de paso, acostumbraba enviarle fotos cibernéticas con el pecho desnudo y luciendo sus bíceps. El agente informó a sus jefes y el FBI inició una investigación a resultas de la cual descubrió que la anónima fuente de los e-mails era la señora Paula Broadwell, también esposa de médico, madre de dos hijos, antigua reina de belleza, campeona deportiva en la Academia Militar de West Point, con una maestría en Harvard y autora de una ditirámbica biografía del general Petraeus.
Interrogada por los agentes del FBI, Paula reconoció los hechos y entregó su ordenador a los investigadores. En él estos descubrieron documentos clasificados relativos a la seguridad nacional y abundantes e-mails del general Petraeus a Mrs. Broadwell de, señala el informe, “exaltada sexualidad”. La dama en cuestión negó que hubiera recibido esos documentos secretos del jefe de la CIA, pero reconoció que ambos habían sido amantes. Los investigadores entrevistaron al general quien, negando también categóricamente haber suministrado información confidencial a su biógrafa, admitió el adulterio. (Paula Broadwell viajó seis veces a Afganistán, documentándose para su biografía, cuando el general Petraeus era allí el jefe militar de todas las fuerzas de la OTAN). Aunque no se haya podido probar falla alguna en el ejercicio de sus funciones como consecuencia de su relación con Paula Broadwell, el general Petraeus renunció a su cargo, el Presidente Obama aceptó su renuncia y, de la noche a la mañana, una de las figuras más prestigiosas de Estados Unidos y poco menos que un ídolo para los oficiales y reclutas de sus Fuerzas Armadas, quedó desacreditado, bañado en la mugre de la prensa escandalosa y, probablemente, con un serio contencioso conyugal por resolver.
Los países de tradición puritana exigen a las figuras públicas ejemplos de virtud en su vida privada
Esta es sólo una de las ramas de la historia. Porque ésta se bifurca, a partir de su punto de partida, es decir, de Mrs. Jill Kelley, la que recibía los anónimos belicosos de la amante celosa. Cuando los investigadores del FBI la entrevistaron, Jill accedió a entregarles su ordenador, y, allí, aquellos se encontraron un tesoro chismográfico-sexual de proporciones ciclópeas: decenas de miles de e-mails de picante retórica enviados a Jill nada menos que por el general John Allen, que desde hace año y medio sucedió al general Petraeus como Comandante en Jefe de las fuerzas militares en Afganistán y a quien el Gobierno de Estados Unidos había propuesto para ser el próximo comandante supremo de la OTAN (esta propuesta ha sido suspendida a raíz del escándalo). El Ministerio de Defensa, que investiga estos e-mails, los califica provisionalmente de “indebidos e impropios”.
El general John Allen, un marine lleno de condecoraciones y de guerras a cuestas, ha negado haber tenido jamás relaciones adúlteras con la señora Kelley y sus amigos y defensores alegan que el general lo más que se permitía, en estos intercambios cibernéticos con Jill, eran picardías verbales. Esto, si es verdad, en vez de exonerarlo, agrava su culpa y demuestra que, aunque no sea un adúltero, sí es, sin la menor duda, un cacaseno. Porque, según The New York Times de esta mañana (14 de noviembre), el número de páginas de los textos requisados de la computadora de la señora Jill Kelley que proceden del general Allen oscila entre “20 mil a 30 mil páginas”. Yo me paso la vida escribiendo y sé el tiempo que toma redactar una página. Para borronear de 20 a 30 mil el general Allen, aunque escribiera con la velocidad del viento que se atribuye a Alexander Dumas, debe haber dedicado varias horas diarias de los 16 meses que lleva en Afganistán. ¡Y lo hacía sólo para matar el tiempo y provocar sonrisas y algún sonrojo a una dama a la que ni siquiera amaba! No me extraña que la guerra en Afganistán ande como anda, que cada día los fanáticos talibanes cometan atentados más exitosos. Pero lo que es desolador es que a diario caigan víctimas de esos horrores tantos jóvenes soldados enviados allí por los Estados Unidos y sus aliados a defender unas ideas y unos valores que ciertos jerarcas militares parecen tomar muy poco en serio.
La sociedad vomita insidia, pero también somete al sistema a una autocrítica despiadada
Siempre me ha impresionado en los países de tradición protestante y puritana, como Inglaterra y Estados Unidos, la exigencia de que las figuras públicas no sólo cumplan con sus deberes oficiales sino, además, sean en su vida privada ejemplos de virtud. Escándalos como el que protagonizó el Presidente Clinton con la famosa becaria de la Casa Blanca, que estuvo a punto de ser depuesto por ello de su cargo, serían poco menos que imposibles en la mayor parte de los países europeos y no se diga en los latinoamericanos, donde se suele diferenciar claramente la vida privada de los políticos de su actuación pública. A menos que la incontinencia y los desafueros del personaje repercutan directamente en su función oficial, aquella se respeta y presidentes, ministros, parlamentarios, generales, alcaldes lucen a veces a sus amantes con total desenfado puesto que, ante cierto público machista, ese exhibicionismo, en vez de desprestigiarlos, los prestigia. Pero ahora, gracias a la gran revolución audiovisual y cibernética, lo privado ya no existe, en todo caso nadie lo respeta, y transgredirlo es un deporte que practican a diario los medios de comunicación ante un público que ávidamente se lo exige. Desde que estalló este escándalo, las televisiones, las radios, los periódicos y no se digan las redes sociales explotan lo ocurrido de una manera incesante y frenética, hasta la náusea. Esto es la civilización del espectáculo cruda y dura, vomitando insidia a raudales por supuesto, pero, también, hay que reconocerlo, sometiendo al sistema a una autocrítica despiadada, implacable, mostrando la fragilidad que esconde detrás de su aplastante poderío, y cómo las miserias y debilidades humanas encuentran siempre la manera de enquistarse en los reductos que parecen mejor defendidos contra ellas.
¿Qué conclusiones sacar de esta historia? Que ella tiene para rato y que mucha gente sacará buen partido del interés enorme que despierta en el gran público. Habrá libros, números especiales de revistas, programas de televisión y películas que la aprovechen. Es seguro que la biografía del general David H. Petraeus escrita por Paula Broadwell entrará en las listas de libros más vendidos y acaso la haga rica. Apuesto que Jill Kelley será tentada por algún editor oportunista para que escriba su propia versión de la historia (que ni siquiera tendrá que escribir ella misma, pues lo hará por ella un polígrafo profesional que la aderezará con todos los condimentos adecuados para que parezca —sólo parezca— más pecaminosa y grave de lo que fue). Si el libro tiene éxito, servirá para que el señor y la señora Kelley amorticen sus deudas, pues una de las cosas que este escándalo ha sacado a la luz, es que los negocios de la pareja están al borde de la ruina. Probablemente el general John Allen se quedará sin el formidable nombramiento que iba a convertirlo en el comandante supremo de la OTAN. Su caso no me apena para nada y no creo que las fuerzas militares del mundo libre perderían con él a un gran estratega. En cambio, el caso del general Petraeus sí es trágico. Ha sido un gran militar, con una hoja de servicios impecable y que consiguió algo que parecía imposible: darle la vuelta a la guerra de Irak en la última etapa y permitir que Estados Unidos saliera de esa trampa diabólica si no victorioso, por lo menos airoso. Un “error de juicio” que duró cuatro meses lo ha hundido en la ignominia y, si es recordado en el futuro, no lo será por todas las guerras en que se jugó la vida, ni por las heridas que recibió, ni por las vidas que ayudó a salvar, sino por una furtiva aventura sexual.
Fuente: EL PAÍS
Creo que por primera vez un hombre renuncia al poder por voluntad propia motivada por una infidelidad que ha cometido.
10/11/2012 00:20
El general David Petraeus, el director de la agencia estadounidense de inteligencia, CIA, comunicó el viernes su dimisión mediante una carta en la que apuntaba que abandona el cargo por infidelidad a su mujer, con la que lleva 37 años viviendo.
“Ese comportamiento es inaceptable como esposo y como líder de esta organización”, afirma el exdirector de la CIA en su misiva.
Por su parte, el mandatario de EE.UU., Barack Obama, aceptó la dimisión de Petraeus como director de la CIA y le calificó como “uno de los generales más destacados de su generación”.
“David Petraeus ofreció un extraordinario trabajo a Estados Unidos durante décadas”, afirmó Obama en un documento.
Por último, señaló: "mis pensamientos y oraciones van con Dave y su esposa Holly, que ha hecho tanto para ayudar a las familias de los militares a través de su trabajo. Les deseo lo mejor en estos difíciles momentos".
El excomandante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Afganistán ha tomado esta decisión a un año de que asumiera la responsabilidad de la agencia.
msh/kt/hnb
Fuente: hispantv
10/11/2012 00:20
El general David Petraeus, el director de la agencia estadounidense de inteligencia, CIA, comunicó el viernes su dimisión mediante una carta en la que apuntaba que abandona el cargo por infidelidad a su mujer, con la que lleva 37 años viviendo.
“Ese comportamiento es inaceptable como esposo y como líder de esta organización”, afirma el exdirector de la CIA en su misiva.
Por su parte, el mandatario de EE.UU., Barack Obama, aceptó la dimisión de Petraeus como director de la CIA y le calificó como “uno de los generales más destacados de su generación”.
“David Petraeus ofreció un extraordinario trabajo a Estados Unidos durante décadas”, afirmó Obama en un documento.
Por último, señaló: "mis pensamientos y oraciones van con Dave y su esposa Holly, que ha hecho tanto para ayudar a las familias de los militares a través de su trabajo. Les deseo lo mejor en estos difíciles momentos".
El excomandante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Afganistán ha tomado esta decisión a un año de que asumiera la responsabilidad de la agencia.
msh/kt/hnb
Fuente: hispantv
28.04.2011 | OPINIÓN
Fuente: http://www.entremujeres.com/pareja-y-sexo/piropo-deseo-erotico-sexo_0_301769835.html
¿Es siempre un halago, un arma de seducción? ¿Por qué a veces lo sentimos como algo violento, como invasión? ¿Es un estímulo erótico o lo contrario? ¿Por qué sólo piropea el varón?
Lic. Adriana Arias
Lo primero que me sorprendió al investigar sobre el tema es la cantidad de sinónimos que tiene el verbo “piropear”: requebrar, galantear, florear, lisonjear, alabar, adular, elogiar, arrullar, camelar, florear, galantear. Cumplido, sobre todo el que dirige un hombre a una mujer con la intención de halagarla. Sin duda se trata de un recurso valioso a la hora del cortejo y como arma de seducción ya que, en estos casos, resalta los valores estéticos estimulando la autoestima de la destinataria, propiciando su entrega y ganando su voluntad. Es entonces cuando el piropo es elogio, confirmación, estímulo erótico y tiene una direccionalidad hacia un sujeto elegido y hacia un objetivo amoroso. Es el piropo de intercambio, es aceptado por ambos y suma en la comunicación inicial de una pareja.
Sin embargo, el piropo nos encuentra comúnmente en situaciones de diferente naturaleza. Es aquel comentario que nos sorprende mientras caminamos por la vereda y surge abruptamente de un edificio en construcción, o cuando estamos por cruzar la calle y aparece detrás de la ventanilla de un auto de boca de un perfecto desconocido o nos viene de atrás, susurrante e intrusivo, y tantas situaciones más. En estos casos el piropo no establece diferencias, no hay singularidad, nos universaliza convirtiéndonos en objeto del deseo del otro. En muchos casos pueden también resultar ofensivos y materializar la dominación simbólica masculina, incluso el acoso sexual.
Nos abruma, nos descoloca. Muchas veces lo vivimos como una real amenaza, nos obliga a apurar el paso o cruzarnos de vereda. Nos impotentiza ante el hecho de no poder responder al mismo al encontrarnos en inferioridad de condiciones. En estas situaciones el “piropo” se transforma en un hecho violatorio de nuestra intimidad en el punto de que se apropia de nosotras sin nuestra menor participación. Sin duda, se trata de una extensión de lo que le sucede al “otro” naturalizando un supuesto derecho a descargar sobre nosotras su lascivia. Nos encontramos con situaciones en las que el piropo se parece más a una descarga resentida de quien sabe que no tiene posibilidades de empatizar o conseguir respuesta alguna del sujeto a quien lo dirige.
Desde ya que reconocemos las diferencias entre este tipo de piropos y aquellos que proponen una gracia, una simpática apreciación positiva que generalmente se comparte ante pares y se satisface con el solo hecho de ser dicha. En estos casos la diferencia reside en el estilo de la mujer que lo recibe, bien puede disponerse al mismo, tomar una actitud desplegada para recibirlo y agradecida por ser destinataria o bien puede vivir la escena como incómoda y desagradable. Esta diferencia se basa tanto en la forma en que el piropo fue dicho como en la tolerancia y entrega al mismo de quien lo recibe.
Como vemos, una de las singularidades del piropo es que es casi siempre material del varón hacia la mujer; si bien últimamente las mujeres nos permitimos esa licencia, lo esperable es que sea el varón quien piropee y la mujer quien reciba el piropo. De hecho, podemos imaginar a una mujer piropeando a un varón pero en todo caso será siempre de manera positiva aprobando sus valores y en un espacio de privacidad.
Los piropos guarros y desmedidos quedan siempre del lado de los varones. Recuerdo un cuento de Susana Torres Molina en el que la protagonista, luego de soportar la insistencia de un varón que la perseguía con declaraciones abusivas sobre su cuerpo y sobre las intenciones sexuales sobre el mismo decidió dar la vuelta a la esquina y comenzar a hacer lo mismo detrás de él consiguiendo que el tipo saliera corriendo azorado. Un buen ejemplo de cuando las diferencias se transforman en desigualdades.
Lic. Adriana Arias, psicóloga y sexóloga, co-autora de los libros Locas y Fuertes y Bichos y Bichas del Cortejo, junto a Cristina Lobaiza (Del Nuevo Extremo)
Lic. Adriana Arias
Lo primero que me sorprendió al investigar sobre el tema es la cantidad de sinónimos que tiene el verbo “piropear”: requebrar, galantear, florear, lisonjear, alabar, adular, elogiar, arrullar, camelar, florear, galantear. Cumplido, sobre todo el que dirige un hombre a una mujer con la intención de halagarla. Sin duda se trata de un recurso valioso a la hora del cortejo y como arma de seducción ya que, en estos casos, resalta los valores estéticos estimulando la autoestima de la destinataria, propiciando su entrega y ganando su voluntad. Es entonces cuando el piropo es elogio, confirmación, estímulo erótico y tiene una direccionalidad hacia un sujeto elegido y hacia un objetivo amoroso. Es el piropo de intercambio, es aceptado por ambos y suma en la comunicación inicial de una pareja.
Sin embargo, el piropo nos encuentra comúnmente en situaciones de diferente naturaleza. Es aquel comentario que nos sorprende mientras caminamos por la vereda y surge abruptamente de un edificio en construcción, o cuando estamos por cruzar la calle y aparece detrás de la ventanilla de un auto de boca de un perfecto desconocido o nos viene de atrás, susurrante e intrusivo, y tantas situaciones más. En estos casos el piropo no establece diferencias, no hay singularidad, nos universaliza convirtiéndonos en objeto del deseo del otro. En muchos casos pueden también resultar ofensivos y materializar la dominación simbólica masculina, incluso el acoso sexual.
Nos abruma, nos descoloca. Muchas veces lo vivimos como una real amenaza, nos obliga a apurar el paso o cruzarnos de vereda. Nos impotentiza ante el hecho de no poder responder al mismo al encontrarnos en inferioridad de condiciones. En estas situaciones el “piropo” se transforma en un hecho violatorio de nuestra intimidad en el punto de que se apropia de nosotras sin nuestra menor participación. Sin duda, se trata de una extensión de lo que le sucede al “otro” naturalizando un supuesto derecho a descargar sobre nosotras su lascivia. Nos encontramos con situaciones en las que el piropo se parece más a una descarga resentida de quien sabe que no tiene posibilidades de empatizar o conseguir respuesta alguna del sujeto a quien lo dirige.
Desde ya que reconocemos las diferencias entre este tipo de piropos y aquellos que proponen una gracia, una simpática apreciación positiva que generalmente se comparte ante pares y se satisface con el solo hecho de ser dicha. En estos casos la diferencia reside en el estilo de la mujer que lo recibe, bien puede disponerse al mismo, tomar una actitud desplegada para recibirlo y agradecida por ser destinataria o bien puede vivir la escena como incómoda y desagradable. Esta diferencia se basa tanto en la forma en que el piropo fue dicho como en la tolerancia y entrega al mismo de quien lo recibe.
Como vemos, una de las singularidades del piropo es que es casi siempre material del varón hacia la mujer; si bien últimamente las mujeres nos permitimos esa licencia, lo esperable es que sea el varón quien piropee y la mujer quien reciba el piropo. De hecho, podemos imaginar a una mujer piropeando a un varón pero en todo caso será siempre de manera positiva aprobando sus valores y en un espacio de privacidad.
Los piropos guarros y desmedidos quedan siempre del lado de los varones. Recuerdo un cuento de Susana Torres Molina en el que la protagonista, luego de soportar la insistencia de un varón que la perseguía con declaraciones abusivas sobre su cuerpo y sobre las intenciones sexuales sobre el mismo decidió dar la vuelta a la esquina y comenzar a hacer lo mismo detrás de él consiguiendo que el tipo saliera corriendo azorado. Un buen ejemplo de cuando las diferencias se transforman en desigualdades.
Lic. Adriana Arias, psicóloga y sexóloga, co-autora de los libros Locas y Fuertes y Bichos y Bichas del Cortejo, junto a Cristina Lobaiza (Del Nuevo Extremo)
Fuente: http://www.entremujeres.com/pareja-y-sexo/piropo-deseo-erotico-sexo_0_301769835.html
3.11.2012, 22:48
Científicos japoneses llevaron a cabo un ensayo con el cual demostraron que el refresco dulce y gaseado le hace daño a la salud de las mujeres.
El peligro del refresco gaseado consiste en que su consumo diario influye sobre el metabolismo, eleva los niveles de azúcar en sangre, trae al aumento de peso y de la presión arterial, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
El estudio realizado demostró que las mujeres que beben frecuentemente refrescos dulces y gaseados tienen un 83 % más de probabilidad de sufrir una apoplejía.
Es curioso el hecho de que en los hombres no se observa tal dependencia.
ml/rl
Científicos japoneses llevaron a cabo un ensayo con el cual demostraron que el refresco dulce y gaseado le hace daño a la salud de las mujeres.
El peligro del refresco gaseado consiste en que su consumo diario influye sobre el metabolismo, eleva los niveles de azúcar en sangre, trae al aumento de peso y de la presión arterial, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
El estudio realizado demostró que las mujeres que beben frecuentemente refrescos dulces y gaseados tienen un 83 % más de probabilidad de sufrir una apoplejía.
Es curioso el hecho de que en los hombres no se observa tal dependencia.
ml/rl
Fuente: La Voz de Rusia
28/10/12: Futbol: violencia, machismo excerbado
A FONDO: ENTREVISTA AL ANTROPOLOGO
José Garriga Zucal: "Todas las barras bravas son iguales: las une la cultura del aguante"
La pasión por un club separa a las hinchadas. Pero todas se unen en los códigos de la violencia, el machismo exacerbado, la intolerancia hacia el otro y los vínculos oscuros con los dirigentes.
Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com
Todos los ojos no ven lo mismo, y la mirada de un antropólogo sobre el fútbol es capaz de brindar aportes para conocer cómo circula la pasión y se conforman los lazos personales entre los hinchas. La violencia, el machismo y la intolerancia son rasgos de los barrabravas, pero una visión más profunda es capaz de reconocer las bases sociales de estos valores y el giro que tomó en las últimas décadas el modo de manifestar la lealtad a un club de fútbol.
Investigador participante, José Garriga Zucal se sumó a la barra brava de Huracán para explorar sus patrones y, sobre todo, para determinar el lugar que ocupa la violencia en el fútbol argentino.
¿El fervor del barrabrava es diferente al de otros actores del fútbol?
Son diferencias de grado. De hecho, conocemos muchos dirigentes que antes fueron barrabravas. La pasión, en muchos casos, puede ser la misma. Es un problema reducir la violencia sólo a los ba rrabravas. El escenario del fútbol es mucho más complicado. Los barrabravas son los más violentos, pero no los únicos. Hay dirigentes que también tienen actitudes patoteriles.
¿Hay una tipología de los barrabravas?
Es muy difícil hacer una tipología porque es un grupo muy heterogéneo. Vamos a encontrar desde desempleados hasta profesionales; gente que roba y gente que trabaja. Hay adictos y personas que no consumen drogas. Una particularidad que los aglutina es la cuestión del "aguante". Son aguantadores. Y el "aguante" tiene que ver con la violencia. Estos hinchas heterogéneos se hacen homogéneos al ser aguantadores, peleadores.
¿El "aguante" se define por oposición a un adversario?
Hay una idea de diferenciación a través del "aguante", pero no es tanto con la otra barra brava rival, sino con los otros actores sociales del ambiente del fútbol que no hacen del "aguante" su marca distintiva. Por ejemplo, con los otros espectadores que no se pelean. Entonces, se genera una diferencia entre las barras bravas y el resto de los espectadores; entre las barras bravas y los jugadores, dirigentes y técnicos.
¿Entonces una barra brava no se diferencia de otra?
Todas las barras bravas son iguales: las une la cultura del aguante. El "aguante", como característica definitoria, está presente en las distintas barras bravas. Comparten los mismos códigos, la misma lógica. La barra brava de Huracán tiene la misma cultura que la de San Lorenzo.
¿Qué conductas se manifiestan en la práctica del "aguante"?
Para ser miembro de una barra brava, hay que pelearse. "Los pibes" -como se llaman ellos mismos- se definen por "bajar cuando hay que bajar". No se puede ser un cobarde. Después, como todo grupo, tienen códigos, pero también los violan. Es muy común que, por ejemplo, digan que no se usan armas de fuego en los enfrentamientos entre hinchadas. Pero a veces las usan. Es muy común que digan que las banderas se roban en un enfrentamiento, pero a veces las roban en otras situaciones. Mienten, como el resto de la sociedad. Nosotros sabemos que el semáforo se cruza cuando está en verde, pero a veces lo cruzamos en rojo. Hay un código que respetan bastante: no denuncian. Cuando los hinchas de Boca golpearon brutalmente a los de Chacarita, éstos desistieron de hacer la denuncia. Lo aguantaron con los códigos del grupo.
Pero esas conductas se vengan, ¿no?
Por supuesto. Y así se genera un ciclo de violencia infinita, precisamente porque no se denuncia pero sí se venga. Porque siempre hay que demostrarle al otro que se tiene más "aguante". Siempre se están buscando para pelearse, o quedó una deuda que no está paga y hay que cobrar.
¿Estos grupos están vinculados al barrio?
Sí. Se reúnen en una esquina, se consideran garantes de la seguridad de ese barrio. Suponen que mientras ellos estén ahí, no va a haber robos. Funcionan como reguladores de la paz social en ese espacio. Por supuesto que son reguladores entre comillas, porque ellos mismos generan trastornos. Están consumiendo drogas, orinan las calles, pintan las casas, se pelean con los mismos vecinos... Pero tienen la convicción de que regulan el espacio social.
¿La policía negocia con ellos?
Negocia con ellos, y también sabe que mientras la hinchada esté en ese espacio, ahí se está tranquilo, porque la hinchada misma no permite que haya un robo, porque si no, con los primeros que se la van a agarrar es con ellos. No es que no roben; no permiten que roben otros. Pero, a la vez, suelen establecer una relación duradera con los vecinos. Duradera no significa armónica ni pacífica, pero es una relación. Hay relaciones que no pasan por la cordialidad, pero que igualmente son estables.
¿Cómo se construyen los liderazgos de una barra brava?
Uno no puede llegar a ser líder de la hinchada si no se pelea. Aquel que no tiene "aguante", no puede llegar a ser uno de los "capos", como dicen ellos. Pero además, tiene que tener otras particularidades. No puede ser solamente un buen peleador. Además tiene que saber distribuir, porque los líderes de las hinchadas tienen una gran capacidad para conseguir recursos, y hay que saber distribuirlos entre la tropa. Si los distribuye mal, dura muy poco. Y además, tiene que tener una dosis de carisma, cierta capacidad de marcar una dirección estratégica, política.
¿Cuántos miembros tiene una barra brava?
Las de River y Boca son las más grandes. Pueden tener quinientos, cuatrocientos miembros. Y las de Huracán o de San Lorenzo deben tener doscientos, trescientos miembros.
¿Cómo juega la lealtad entre ellos?
Es importantísima. Tiene que ver con la solidaridad. Como es un grupo que está casi constantemente fuera de la legalidad, eso los hace ser muy compañeros hacia dentro del grupo. Cuando uno de ellos cae preso, hay actos de solidaridad específicos. Cuando alguien es herido, se encarga la hinchada de llevarle medicamentos o conseguirle dinero a la familia. De la misma manera, si una hinchada se cruza con otra, aquel que no baja del micro a pelear recibe una sanción dura, porque ha violado el código que dice que todos los que suben al micro de una hinchada deben pelearse. �ésa es una falta de lealtad para con los compañeros.
¿El machismo sigue siendo un valor dominante en estos grupos?
El machismo aquí es exacerbado. Porque la cultura del "aguante" se construye en la masculinidad: pelearse es una cuestión de machos. El que no se pelea está "amariconado", dicen ellos, aun cuando también dicen que no tienen nada contra los putos. En verdad, hay homosexuales entre ellos. No es una cuestión de machos -en términos de roles sexuales-, sino que es una cuestión de prácticas en el enfrentamiento contra otra hinchada. Hay que pelearse. Y el que no se pelea va a ser sancionado y va a ser alejado de la hinchada.
¿Hay chicas?
Son pocas. Hay novias, alguna hermana. Pero en el micro de la hinchada hay muy pocas chicas.
¿Son xenófobos?
Dentro de las hinchadas hay bolivianos, paraguayos... Más que xenofobia, hay una intolerancia increíble hacia el otro, que en algún contexto puede ser boliviano, paraguayo o judío. Pero es una cuestión de intolerancia hacia el otro, no de xenofobia en función de los valores de lo argentino o de una cierta particularidad racial.
¿Son todos jóvenes?
Buena parte de los hinchas son jóvenes, pero los líderes de las hinchadas suelen tener entre treinta y cincuenta años. En la juventud hay una fascinación especial por ser parte de la hinchada. Es el momento en que ingresa la mayor parte de los hinchas. La violencia, el "aguante" genera fascinación. Después, algunos se quedan.
¿Qué influye en el permanecer o retirarse?
Intervienen cuestiones de clase. Aunque esta fascinación por la violencia es común a grupos sociales muy distintos. No solamente están fascinados por la hinchada los sectores populares, sino también las clases medias. Lo más común es que estos grupos de clase media, como tienen un abanico mayor de oportunidades, dejen la hinchada. En cambio, los sectores populares, que no tienen tantas posibilidades en términos identitarios, siguen perteneciendo a la hinchada. Pero no siempre se da así, como lo muestra el liderazgo de la barra brava de River: todos miembros de la clase media alta. Eso nos permite romper el concepto -sumamente grave, política e ideológicamente-, de que violencia es igual a pobreza.
José Garriga Zucal: "Todas las barras bravas son iguales: las une la cultura del aguante"
La pasión por un club separa a las hinchadas. Pero todas se unen en los códigos de la violencia, el machismo exacerbado, la intolerancia hacia el otro y los vínculos oscuros con los dirigentes.
Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com
Todos los ojos no ven lo mismo, y la mirada de un antropólogo sobre el fútbol es capaz de brindar aportes para conocer cómo circula la pasión y se conforman los lazos personales entre los hinchas. La violencia, el machismo y la intolerancia son rasgos de los barrabravas, pero una visión más profunda es capaz de reconocer las bases sociales de estos valores y el giro que tomó en las últimas décadas el modo de manifestar la lealtad a un club de fútbol.
Investigador participante, José Garriga Zucal se sumó a la barra brava de Huracán para explorar sus patrones y, sobre todo, para determinar el lugar que ocupa la violencia en el fútbol argentino.
¿El fervor del barrabrava es diferente al de otros actores del fútbol?
Son diferencias de grado. De hecho, conocemos muchos dirigentes que antes fueron barrabravas. La pasión, en muchos casos, puede ser la misma. Es un problema reducir la violencia sólo a los ba rrabravas. El escenario del fútbol es mucho más complicado. Los barrabravas son los más violentos, pero no los únicos. Hay dirigentes que también tienen actitudes patoteriles.
¿Hay una tipología de los barrabravas?
Es muy difícil hacer una tipología porque es un grupo muy heterogéneo. Vamos a encontrar desde desempleados hasta profesionales; gente que roba y gente que trabaja. Hay adictos y personas que no consumen drogas. Una particularidad que los aglutina es la cuestión del "aguante". Son aguantadores. Y el "aguante" tiene que ver con la violencia. Estos hinchas heterogéneos se hacen homogéneos al ser aguantadores, peleadores.
¿El "aguante" se define por oposición a un adversario?
Hay una idea de diferenciación a través del "aguante", pero no es tanto con la otra barra brava rival, sino con los otros actores sociales del ambiente del fútbol que no hacen del "aguante" su marca distintiva. Por ejemplo, con los otros espectadores que no se pelean. Entonces, se genera una diferencia entre las barras bravas y el resto de los espectadores; entre las barras bravas y los jugadores, dirigentes y técnicos.
¿Entonces una barra brava no se diferencia de otra?
Todas las barras bravas son iguales: las une la cultura del aguante. El "aguante", como característica definitoria, está presente en las distintas barras bravas. Comparten los mismos códigos, la misma lógica. La barra brava de Huracán tiene la misma cultura que la de San Lorenzo.
¿Qué conductas se manifiestan en la práctica del "aguante"?
Para ser miembro de una barra brava, hay que pelearse. "Los pibes" -como se llaman ellos mismos- se definen por "bajar cuando hay que bajar". No se puede ser un cobarde. Después, como todo grupo, tienen códigos, pero también los violan. Es muy común que, por ejemplo, digan que no se usan armas de fuego en los enfrentamientos entre hinchadas. Pero a veces las usan. Es muy común que digan que las banderas se roban en un enfrentamiento, pero a veces las roban en otras situaciones. Mienten, como el resto de la sociedad. Nosotros sabemos que el semáforo se cruza cuando está en verde, pero a veces lo cruzamos en rojo. Hay un código que respetan bastante: no denuncian. Cuando los hinchas de Boca golpearon brutalmente a los de Chacarita, éstos desistieron de hacer la denuncia. Lo aguantaron con los códigos del grupo.
Pero esas conductas se vengan, ¿no?
Por supuesto. Y así se genera un ciclo de violencia infinita, precisamente porque no se denuncia pero sí se venga. Porque siempre hay que demostrarle al otro que se tiene más "aguante". Siempre se están buscando para pelearse, o quedó una deuda que no está paga y hay que cobrar.
¿Estos grupos están vinculados al barrio?
Sí. Se reúnen en una esquina, se consideran garantes de la seguridad de ese barrio. Suponen que mientras ellos estén ahí, no va a haber robos. Funcionan como reguladores de la paz social en ese espacio. Por supuesto que son reguladores entre comillas, porque ellos mismos generan trastornos. Están consumiendo drogas, orinan las calles, pintan las casas, se pelean con los mismos vecinos... Pero tienen la convicción de que regulan el espacio social.
¿La policía negocia con ellos?
Negocia con ellos, y también sabe que mientras la hinchada esté en ese espacio, ahí se está tranquilo, porque la hinchada misma no permite que haya un robo, porque si no, con los primeros que se la van a agarrar es con ellos. No es que no roben; no permiten que roben otros. Pero, a la vez, suelen establecer una relación duradera con los vecinos. Duradera no significa armónica ni pacífica, pero es una relación. Hay relaciones que no pasan por la cordialidad, pero que igualmente son estables.
¿Cómo se construyen los liderazgos de una barra brava?
Uno no puede llegar a ser líder de la hinchada si no se pelea. Aquel que no tiene "aguante", no puede llegar a ser uno de los "capos", como dicen ellos. Pero además, tiene que tener otras particularidades. No puede ser solamente un buen peleador. Además tiene que saber distribuir, porque los líderes de las hinchadas tienen una gran capacidad para conseguir recursos, y hay que saber distribuirlos entre la tropa. Si los distribuye mal, dura muy poco. Y además, tiene que tener una dosis de carisma, cierta capacidad de marcar una dirección estratégica, política.
¿Cuántos miembros tiene una barra brava?
Las de River y Boca son las más grandes. Pueden tener quinientos, cuatrocientos miembros. Y las de Huracán o de San Lorenzo deben tener doscientos, trescientos miembros.
¿Cómo juega la lealtad entre ellos?
Es importantísima. Tiene que ver con la solidaridad. Como es un grupo que está casi constantemente fuera de la legalidad, eso los hace ser muy compañeros hacia dentro del grupo. Cuando uno de ellos cae preso, hay actos de solidaridad específicos. Cuando alguien es herido, se encarga la hinchada de llevarle medicamentos o conseguirle dinero a la familia. De la misma manera, si una hinchada se cruza con otra, aquel que no baja del micro a pelear recibe una sanción dura, porque ha violado el código que dice que todos los que suben al micro de una hinchada deben pelearse. �ésa es una falta de lealtad para con los compañeros.
¿El machismo sigue siendo un valor dominante en estos grupos?
El machismo aquí es exacerbado. Porque la cultura del "aguante" se construye en la masculinidad: pelearse es una cuestión de machos. El que no se pelea está "amariconado", dicen ellos, aun cuando también dicen que no tienen nada contra los putos. En verdad, hay homosexuales entre ellos. No es una cuestión de machos -en términos de roles sexuales-, sino que es una cuestión de prácticas en el enfrentamiento contra otra hinchada. Hay que pelearse. Y el que no se pelea va a ser sancionado y va a ser alejado de la hinchada.
¿Hay chicas?
Son pocas. Hay novias, alguna hermana. Pero en el micro de la hinchada hay muy pocas chicas.
¿Son xenófobos?
Dentro de las hinchadas hay bolivianos, paraguayos... Más que xenofobia, hay una intolerancia increíble hacia el otro, que en algún contexto puede ser boliviano, paraguayo o judío. Pero es una cuestión de intolerancia hacia el otro, no de xenofobia en función de los valores de lo argentino o de una cierta particularidad racial.
¿Son todos jóvenes?
Buena parte de los hinchas son jóvenes, pero los líderes de las hinchadas suelen tener entre treinta y cincuenta años. En la juventud hay una fascinación especial por ser parte de la hinchada. Es el momento en que ingresa la mayor parte de los hinchas. La violencia, el "aguante" genera fascinación. Después, algunos se quedan.
¿Qué influye en el permanecer o retirarse?
Intervienen cuestiones de clase. Aunque esta fascinación por la violencia es común a grupos sociales muy distintos. No solamente están fascinados por la hinchada los sectores populares, sino también las clases medias. Lo más común es que estos grupos de clase media, como tienen un abanico mayor de oportunidades, dejen la hinchada. En cambio, los sectores populares, que no tienen tantas posibilidades en términos identitarios, siguen perteneciendo a la hinchada. Pero no siempre se da así, como lo muestra el liderazgo de la barra brava de River: todos miembros de la clase media alta. Eso nos permite romper el concepto -sumamente grave, política e ideológicamente-, de que violencia es igual a pobreza.
Copyright Clarín, 2007.
Fuente: clarin
Publicado el : 17 Octubre 2012 - 4:27 de la tarde | Por Agencias RNW (YouTube)
Categorías: acoso acoso cibernético cyberbullying
El suicidio de una joven canadiense, sometida a una gran presión por un acosador cibernético anónimo ha suscitado una gran conmoción y generado un debate nacional en y el Parlamento de su país esta debatiendo la adopción de medidas legislativas para la protección de lo jóvenes.
En este video divulgado en YouTube y visto por millones de personas, Amanda Todd, de 15 años, dijo que sufría de ansiedad, "depresión profunda" y ataques de pánico después de que una foto de sus pechos desnudos, captada durante un videochat con un extraño, fue distribuida entre sus conocidos en British Columbia, oeste de Canadá.
Todd declara que se ocultaba y que había caído en las drogas y el alcohol y "lloraba todas las noches". La joven lamenta la falta de amigos, el tener que cambiar de escuela en varias ocasiones para escapar del chantaje. Tras varios intentos fallidos de suicidio y la publicación del vídeo en el que habla de su tristeza, Todd se suicidó el 10 de octubre.
Entre otros debates, la muerte de la jóven ha levantado el de cómo proteger a los jóvenes con muchos conocimientos de informática pero sin experiencia en la vida.
El lunes, el grupo de hackers Anonymous identificó a un hombre de 32 años que vive en el área de Vancouver como el acosador de Todd, diciendo que frecuentaba sitios web dirigidos a chicas adolescentes.
El hombre habría tratado de chantajear a Todd, de acuerdo con su video, diciéndole tras obtener la foto de sus pechos que la distribuiría si ella no "montaba un espectáculo" para él. Ella se negó.
Categorías: acoso acoso cibernético cyberbullying
El suicidio de una joven canadiense, sometida a una gran presión por un acosador cibernético anónimo ha suscitado una gran conmoción y generado un debate nacional en y el Parlamento de su país esta debatiendo la adopción de medidas legislativas para la protección de lo jóvenes.
En este video divulgado en YouTube y visto por millones de personas, Amanda Todd, de 15 años, dijo que sufría de ansiedad, "depresión profunda" y ataques de pánico después de que una foto de sus pechos desnudos, captada durante un videochat con un extraño, fue distribuida entre sus conocidos en British Columbia, oeste de Canadá.
Todd declara que se ocultaba y que había caído en las drogas y el alcohol y "lloraba todas las noches". La joven lamenta la falta de amigos, el tener que cambiar de escuela en varias ocasiones para escapar del chantaje. Tras varios intentos fallidos de suicidio y la publicación del vídeo en el que habla de su tristeza, Todd se suicidó el 10 de octubre.
Entre otros debates, la muerte de la jóven ha levantado el de cómo proteger a los jóvenes con muchos conocimientos de informática pero sin experiencia en la vida.
El lunes, el grupo de hackers Anonymous identificó a un hombre de 32 años que vive en el área de Vancouver como el acosador de Todd, diciendo que frecuentaba sitios web dirigidos a chicas adolescentes.
El hombre habría tratado de chantajear a Todd, de acuerdo con su video, diciéndole tras obtener la foto de sus pechos que la distribuiría si ella no "montaba un espectáculo" para él. Ella se negó.
Fuente: radio Nederland
26.09.2012, 19:27
Uno de los hombres más ricos de Hong Kong, Cecil Chao Sze-tsung, al enterarse de que su hija se casó con su amiga lesbiana prometió una recompensa de sesenta y cinco millones de dólares al hombre que logre conquistar el corazón de la muchacha, Gigi Chao, de treinta y tres años.
“No me importa si es rico o pobre. Lo más importante es que sea generoso y de buen corazón”, dijo el multimillonario a South China Morning Post, quien señaló que considera la decisión de su hija de contraer matrimonio con otra mujer como erróneo.
mv/as/sm
Fuente: La voz de rusia
09/10/12: Interesante

Enviado por José Alfredo de México
07/10/12: El otro lado del bullying
Domingo 07 de octubre del 2012 | 08:14
El abusador ataca a los más débiles para fortalecer su autoestima. Es posible que en la casa del niño problemático se viva un ambiente de violencia.
¿Qué hacer con los hijos abusivos?
El acoso y la violencia escolar es un problema que involucra varias líneas de acción. Además del apoyo que se debe brindar a quien sufre esta clase de abusos, es también necesario prestar atención al otro lado: el abusador.
“El abusador también puede ser abusado”, dice Rachael Silberman, psicóloga de la clínica Javier Prado. “*Es probable que esté viviendo en casa un ambiente violento que le genere problemas de autoestima, lo cual, a su vez, lo convierte en un chico problemático”, agrega.
La especialista considera que el abusador ataca a los más débiles para fortalecer su baja autoestima. Es decir, mientras reciba atención y reconocimiento por abusar de otros, se sentirá muy cómodo. ¿Qué deben hacer los padres en esta situación? Para empezar, si descubren que un hijo es abusador, deben ponerse en contacto con las autoridades del colegio.
Padres, hijos, profesores, psicólogos y hasta los compañeros de clase tienen que involucrarse para lograr una solución real mediante el diálogo y las formas correctas. El chico que hace bullying debe darse cuenta de que está equivocado, que tiene un problema serio y que necesita ayuda para cambiar.
“Castigarlo o expulsarlo del colegio sería un error. No se arregla nada así, solo se apaga un incendio temporalmente”, anota Silberman.
Fuente: Perú21






