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Categoría: Espiritualidad
Publicado por: victor.nomberto
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San Juan Diego Cuauhtlatoatzin

Juan Diego Cuauhtlatoatzin (Juan Diego "El que habla como un águila") o San Juan Diego fue el primer indígena de América Latina que, según la tradición católica en México, presenció la aparición de la Virgen de Guadalupe en 1531.
Juan Diego, de la etnia indígena de los chichimecas, nació el 9 de diciembre de 1474, en Cuautitlán, en el barrio de Tlayácac, región que pertenecía al reino de Texcoco; fue bautizado por los primeros franciscanos, en torno al año de 1524.
Juan Diego era un hombre considerado piadoso por los franciscanos asentados en Tlatelolco, donde aún no había convento, sino lo que se conoce como doctrina, donde se oficiaba misa y se catequizaba. Juan Diego hacía un gran esfuerzo al trasladarse cada semana saliendo "muy temprano del pueblo de Tulpetlac, que era donde en ese momento vivía, y caminar hacía el sur hasta bordear el cerro del Tepeyac".
De acuerdo con la tradición, el día sábado 9 de diciembre de 1531, muy de mañana en el cerro del Tepeyac escuchó el cantar del pájaro mexicano tzinitzcan, anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe. Ella se le apareció cuatro veces entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 y le encomendó decir al entonces obispo, fray Juan de Zumárraga, que en ese lugar quería que se edificara un templo. La Virgen de Guadalupe le ordenó a Juan Diego que cortara unas rosas que misteriosamente acababan de florecer en lo alto del cerro para llevarlas al obispo Zumárraga en su ayate. La tradición refiere que cuando Juan Diego mostró al obispo las hermosas flores durante un helado invierno se apareció milagrosamente la imagen de la Virgen, llamada más tarde Guadalupe por los españoles, impresa en el ayate. El prelado -que en sus escritos no dejó constancia alguna de ninguno de los hechos- ordenó la construcción de una ermita donde Juan Diego Cuauhtlatoatzin viviría por el resto de sus días custodiando el ayate.
Según lo escrito por Luis Lasso de la Vega, fue así que en 1531, diez años después de la conquista de Tenochtitlan, Juan Diego presenció la aparición de la Virgen María, cuando tenía cerca de 60 años y narró los acontecimientos a don Antonio Valeriano de Azcapotzalco un indígena letrado por conventos jesuitas en la crónica del Nican Mopohua.
Murió en la ciudad de Mexico, el 30 de mayo de 1548, a la edad de 74 años. Fue beatificado junto a San Jose María Yermo y Parres, y los beatos Niños Mártires de Tlaxcala; en la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México el 6 de mayo de 1990, durante el segundo viaje apostólico a México del Papa Juan Pablo II. Canonizado en 2002 por el mismo Juan Pablo II.

Fuente: Wikipedia.

20/01/10: Pentecostés

Categoría: Espiritualidad
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Pentecostes
Evangelio según San Juan 20, 19-23
19. Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
20. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.
21. Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.»
22. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo:
23. a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»
Tres cuartas partes de los mártires de toda la historia de la Iglesia son del siglo XX
Los 498 mártires de la persecución religiosa en España en 1934, 1936 y 1937 "no son fruto de una contienda en la que caen de uno y otro bando" y, por ello, "no son caídos de la guerra, sino mártires de Cristo" pues fueron asesinados por ser cristianos, precisó el Obispo de Tarazona, Mons. Demetrio Fernández.
El Obispo aragonés señaló que "no son fruto de una contienda en la que caen de uno y otro bando. Son testigos de Cristo, que se han mantenido fieles a su fe y amor a Cristo hasta la muerte, y han muerto perdonando a sus verdugos, como hizo Jesucristo".
Al respecto, el Prelado señala que "se trataba de una persecución religiosa" pues "no estaban en el frente luchando, sino que fueron buscados por ser cristianos, por ser curas o frailes o monjas, o seglares creyentes".
"Se les pidió renunciar a su fe -sostiene el Obispo- y ellos se mantuvieron firmes en esa fe y en su amor a Cristo. Con ello se pretendía borrar la fe y toda huella religiosa, en aras de una ideología totalitaria llena de odio contra Dios y contra la religión. Ideas marxistas y laicistas, plasmadas en personas concretas, se proponían borrar a Dios del mapa. Y en medio de tanta destrucción y de tanto odio, prevaleció el amor más grande. La Iglesia, experta en humanidad, con dos mil años de historia, reconoce en ellos a sus mejores hijos".
Mons. Fernández recuerda que "ellos murieron perdonando. Al odio, respondieron con amor. En medio de la destrucción que se generaba en su entorno, ellos pusieron en el surco de la historia una semilla de amor, ellos sembraron la reconciliación. Los mártires no ofendieron a nadie, no impusieron a nadie sus creencias, querían vivir en libertad su religión. Algunos de ellos jovencísimos, muchos de edad joven, algunos ya ancianos. Su trabajo fue hacer el bien, pero el odio contra la religión no los soportaba. Fueron llevados al paredón, y ellos murieron perdonando y amando a quienes les mataban".
Más adelante, el Prelado destaca que frente a los que "quieran desfigurar la grandeza de estos hombres y mujeres buenos, de todas las clases sociales, o quienes politicen el acontecimiento por intereses de su ideología, o quienes desfiguren la historia", por el contrario, "la Iglesia quiere proponerlos hoy a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad, como ejemplo de amor, de perdón y de reconciliación".
Antes de concluir su misiva, Mons. Fernández resalta que "durante el siglo XX, no sólo en España, sino en otros muchos lugares de la tierra, la Iglesia ha sufrido persecución, y seguirá padeciéndola hasta el fin del mundo. Tres cuartas partes del total de mártires de toda la historia de la Iglesia son mártires del siglo XX. Nunca la Iglesia ha sido tan perseguida como en la época contemporánea, también en nuestros días".
"Nunca la Iglesia ha crecido tanto, como en nuestros días. Los mártires nos enseñan que sólo el amor triunfará, que sólo el amor será capaz de generar una nueva civilización del amor. Nunca como ahora la Iglesia puede tener la esperanza de una nueva primavera, porque la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos", concluye.
Fuente: ACI Prensa.
Iglesia en Irak
Violencia contra los cristianos en Irak
“De nuevo, en estos días, se ha encendido la violencia contra los cristianos. Hace algún tiempo, tuve en mis manos panfletos con amenazas terribles que eran distribuidos sistemáticamente en Mosul, Irak, en las casas particulares de los cristianos invitándolos a dejar la ciudad. Los recientes brutales homicidios confirman la misma estrategia sistemática contra la cual, las autoridades parecieran no ser capaces de aportar soluciones eficaces. ¿Cómo podrán sobrevivir las comunidades cristianas en estas condiciones? Sin embargo, son comunidades autóctonas, perfectamente integradas en la cultura y en la historia local, de la cual constituyen un componente vital. No es odio contra el occidente o el extranjero, sino contra la comunidad cristiana".
El director de la oficina de prensa de la Santa Sede, el padre Lombardi aclara en su editorial, que si bien Irak es hoy el caso más actual, en algunas regiones de India las violaciones continúan, al igual que en Pakistán y otros países de Asia y África. El fundamentalismo religioso – afirma- genera odio y violencia, y las minorías religiosas – considerando que el cristianismo es una minoría en muchas partes del mundo - son los que pagan.
"Con frecuencia se llama a la comunidad internacional para que se movilice. Pero en el panorama actual del mundo occidental muchas fuerzas están trabajando para contestar o demoler la presencia cristiana y su influencia en las áreas en las áreas donde es, o era, mayoritaria. ¿Es realista esperar una convencida defensa de parte de ellos, allí donde es minoritaria y no cuenta mucho desde el punto de vista de los intereses políticos o económicos? Los cristianos –conocedores del destino de su Maestro- no pueden asombrarse por ser perseguidos, pero la justicia y el derecho deberían valer en todas partes, también para ellos".
Fuente: Revista Ecclesia.