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Ya ha pasado un año y medio desde que tuve el agrado de conocerlos y desde ese entonces siempre hemos compartido sonsera y media juntos: vergüenzas que no se pueden contar propias de las cachimbadas(con Nía haciéndonos odiar a Manuel); carreras por toda la PUCP en la Búsqueda del tesoro; coreografías ensayadas a último minuto como la de La noche de gala; y cómo olvidar la fiesta de cachimbos( ¿sí o no, Nifer y Dalia? Sin embargo, aquí estoy, escribiendo sobre ustedes esta navidad.

Mi historia en la Universidad se inicia con Nifer y con Kerlys. Sí, pasamos los traumas de cachimbos juntos, hueveamos juntos, y todo era felicidad y amistad hasta que conocimos a Lucía, una chica cuyos cachetes eran más grandes que el Tío bigote( quién diría que estaríamos, monce) y lo demás es ya historia conocida. Fumamos mucho el primer ciclo en la parte de atrás de la Cato; esa banquita lleva impregnado el aroma de las cajetillas diarias que comprábamos en las carretillas de afuera. ¿IVU? Ese curso donde confraternizamos con el enemigo: Pía y Helene (de otra T). Pía tan bellaca como siempre,metiendo terror, y Helene Marria queriendo peinarme ¬¬. Tendría también que hablar de Verónica como la matriarca, aquella que nos encaminaba hacia el alcohol. Luego conocí a Alexxx recontra rockerazo, siempre con sus polos negros y bromas caleta. También a el negro Jesús siempre cagándome, pero siempre buen pata. Romina, mi estimada amiga mofletuda (pero ella ledice mofluda) siempre gorreándome la comida (cómo se nota que no ven que me voy desnutriendo cada día). Gigli siempre metiendola chispa de humor a los momentos, improvisando (si pudiera graficar esa cosa que hacen los de impro para cambiar de escena,lo haría ¬¬)y aún tengo las marcas de las manos que me metias el primer ciclo. Wawa, gracias porque tu casa - más precisamente tu tercer piso - fue el ambiente preciso para soltar todas nuestros secretos con el Verdad o Castigo. Dalia, aún recuerdo cuando me metías coscorrones de la nada. Jean Franco (chasqui) haciendo bromas y prestando su casa (disculpa por rompertu vaso on), sobre todo la última reunión que fue TODO. Y un sincero agradecimiento a Chubis, Jaime y Daniel por siempre darle mal uso a los breaks y quitarnos a un Guitar Hero, a huevear por plaza, a chupar, a rajar de la gente (ups). Chubis: crédito de la T; Jaime: virgo de la T; Daniel: emo de la T. Trío de basuras hemos vagado juntos hasta por las huevas. Y así hay miles de anécdotas que han hecho de este año uno de la putamadre: comer salchipapones en ARTE; ir a cantar a STRAGOS, The time; ir a UP a tonear hasta que Jaime quede tan inconsciente que no recuerde haberse cortado la mano; el pogo en el concierto de La Sarita en la Plaza San Martín con bellaquixer Pía, Lucía, Jaime, Chubis y Daniel. Y sobre todo llevar con Holguin tu terror. Y etcétera, etcétera, etcétera. Les deseo una Feliz navidad y que se embutan de pavo y panetón y lleguen gordos al siguiente ciclo. Alaos, T.
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Lunes 6 de febrero

Este no es un diario, es un frustrario. Debo de estar jodidísima para tomarme el tiempo de escribir, no soy buena para ello; en cambio, Alonso sí lo hace. Alonso escribe de la putamadre, pero a veces son bien emos sus cuentos. Hace unos días me prestó un libro de Cortázar, y el detalle está en que me dijo que lo lea en algún Café, sino no habría chiste. En efecto, me tomé el tiempo de leerla y al día siguiente quise viajar a París. Cortázar era un loco de mierda, pero confieso que me gustaría vomitar conejitos.

Viernes 10 de febrero

Cuando me siento mierda, Alonso me recomiendo algún poemario. A veces me dice que las palabras son lo único bello que existe, pues nunca mueren. Cuando lo conocí no hablábamos de literatura ni de pinturas ni de obras de teatro; sin embargo, cuando puedo ojeo El Dominical para abrir la conversación con él. Es raro haber conocido a un chico como él; por lo general, los chicos no me invitaban a cafés miraflorinos ni me explicaban poemas vanguardistas ni me detallaban con el dedo las características de las pinturas surrealistas. Creo que conocer a Alonso ha sido conocer más al mundo.

Jueves 16 de febrero

¿Te parezco bonita? Le pregunté a Alonso por la mañana, y él me miró de la cabeza a los pies. Luego, me miró fijamente con sus ojos marrones y me dijo: “Todos lo somos a diario, pero son las personas las que nos hacen ser más hermosos, más humanos”.

Martes 28 de febrero

Mis padres están locos por divorciarse, pero he llegado a creer que con esta noche pudieron haberse divorciado treinta veces. Ya me cansé de recoger las sábanas del mueble todos los días.

Miércoles 15 de marzo

Alonso se sobreexcita cada vez que estrena una película de Woody Allen y llega emocionadísimo a mi casa o me llama para invitarme a verla: “Camile, Camile, no sabes, no sabes”. Y por supuesto que sé. Ha visto Annie Hall como diez veces y un día me la prestó, desde aquel momento he tratado de verme todas las películas de él. Claro, cómo olvidar que hicimos una Woodytoon con pura cocacolita y canchita para microondas en mi sala, fue un cague de risa porque mi mamá se nos unió cuando veíamos Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo* (*y nunca se atrevió a preguntar). Alonso se excita cuando ve a Allen, creo que le gusta más que yo.

Jueves 30 de marzo

Me jode que Alonso sea tan impuntual. Hoy me hizo esperar media hora en el Parque Kennedy, luego fuimos a la bajada Balta y fumamos unos Luckys en el pastito. Estábamos cantando algunas canciones de Calamaro hasta que unos serenazgos vinieron y nos cancelaron el concierto. Caminamos por el malecón con los últimos cigarrillos y creí que toda realidad no me pertenecía precisamente, sino que era una realidad ´planteada, planeada.

Jueves 20 de abril

Por la mañana puse el disco de Coldplay mientras limpiaba mi cuarto. He descubierto que la música es una anestesia eficaz para tanta mierda existencial. Alonso me contó una anécdota que le pasó un día: “Después de ver discos en Phantom (de Miraflores) se me dio por caminar sin rumbo por esas callecitas arboladas y con esta neblina miraflorina. Encendí mi mp3 con mis doscientas canciones bien rockeras y me di cuenta de algo: sabes que una canción es buena cuando puedes escucharla y dejar que ella te conduzca por rumbos indeterminados. De pronto, aparecí en Javier Prado con una canción de The Clash”

24/11/11: Morir adrede

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Tardé mucho en darme cuenta que estaba muerto. Los aromas no son los mismos, se distorsionan y saben ligeramente a momentos que uno nunca quiere olvidar. De pronto, sentí angustia, una fina sensación girando en mi pecho como si los sentimientos recorrieran mis órganos como Teseo en el laberinto. Sentía una parálisis que me limitaba a ver rostros que me acompañaron muchos días de otoño, como si en cada rostro hubiese una historia filmada por mí. Ahora solo habría detenimiento, besos sin besos, miradas sin miradas, y la ausencia absoluta de lo vivido. Ya no podría soñar, ya lo soñado era una realidad. Los colores se fueron difuminando y el ambiente se fue tornando nublado como si los lentes se hubiesen empañado. Lentamente fui trasgrediendo umbrales inubicables, porque no quería irme. Quería levantarme y recorrer descalzo la casa de San Isidro. Quería sentir mis lágrimas o el intenso impulso de querer llorar. Nunca terminé mi rumbo, solo fui retrocediendo hasta renacer de a poquitos. Fui sintiendo el abrazo del silencio. Usted no comprendería lo que es estar así. Me conformaría con dejar de sentir, pero ya no hay remedio. Ya sus ojos distinguen el sueño perpetuo y yo lo veo dormir serenamente. Lo veo y está tan callado, tan sereno, tan amable con el mundo. Lo acompaño en su destino, en los sortilegios que anochecen su visión. Duerme y siento envidia de no tener tanta sutileza con la vida como él, tantos goces invisibles y pasiones soñolientas. Ya no le podría oír hablar de política, de diferenciar a populistas con oradores eruditos. No se le oiría. No le oiría quejarse de la vida. Su sonrisa se desfiguraría hasta menguarse, convertirse en el reflejo lánguido de la ironía. Allí se va transfigurando aletargadamente hasta sonreírle al tiempo. De pronto solo pude ver eso que se ve cuando se muere: a mí mismo caminando.
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Alonso y Annie se detuvieron unos segundos en la calle. Se quedaron estáticos mientras la gente pasaba.
- ¿Lo notas? Todos tienen un rumbo, pero en realidad no lo tienen. – dice Annie.
- ¿Por qué? – dice Alonso.
- Porque todos se dirigen a algún lado, pero no saben lo que les depara en ese transcurso o en aquel lugar; por lo tanto, su rumbo es indefinido.


Annie se mira al espejo, se pasa la mano por la cabellera, se roza el rostro, se lleva el dedo índice al ojo y dice: "Creo que estoy empezando a dejar de ser yo".


"Ayer tuve un sueño pésimo" dice Alonso. "¿Qué soñaste?" le pregunta Annie. "Soñé que despertaba" dijo Alonso.
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A mi abuelo.



Rubén vivía solo en ese viejo solar del Jirón Camaná. La radio encendida solo esparcía los boleros y pasillos que solía oír en sus años. Allí su rostro cansino solo percibía los cigarrillos en esa mesa pálida, vacía y adolorida por los años. Se pasaba las mañanas haciendo crucigramas mientras oía sus boleros ecuatorianos, sus melodías que lo trasladaban a sus viejos años en esa casita de Huaraz y la barba canosa acechando su rostro. Sus hijos estaban en el extranjero y su mujer descansando infinitamente. Y esos regalos hermosos que ellos le dieron se fueron deslizando por la memoria y siendo usurpados por el Alzheimer. Esos sus años, sus ojos, sus paisajes andinos que fueron trasladándose a un pasado, a un recurso breve.

Rubén se paseaba descalzo por ese cuartito que se fue añejando con sutileza, con siluetas en el marco de la puerta, con rostros riendo en la mesa de la cocina al beber el café, con manos aterciopeladas acariciando cabellos como el de Jimena o el de Basilio. Y así se fue quedando solo. Así quedó la vieja idea de amor, quedó tan vacía, tan sola junto a algunos libros viejos que solo eran posadero de polvo. Ni las fragancias envueltas en ambientes como el cuarto de alfondo, tan solo le acariciaban los fantasmas de los buenos tiempos, los sencillos aromas bienhechores de la felicidad. ¿Qué es la felicidad? se preguntó Rubén desde su balcón donde percibía autos blancos y amarillos atiborrándose en el jirón. Quería inventar métodos retrospectivos para frágilmente rozar el rostro de Magdalena, de compartir copas de vino con Marianito y Guevara en el Queirolo. Ya no hay cura, pensó. Ya no hay remedio alguno, pensó sollozando.

Hay tiempos extraños y difíciles para gente con fe como Rubén. La Biblia en el mueble opaco y desgastado y resignado; el café esperando los labios arrugados de Rubencito que ya camina sin apuro, cuyos pasos se van perdiendo en el tiempo; la radio siempre encendida con sus pasillos y el recuerdo de los caminos toscos de su Huaraz. ¡Oh, mi Huaraz!, exclamó. ¿Magdalena?¡Tráeme mi sombrero, por favor! Y solo el viento limeño ondula su camisa beige. Rubén recuesta su cabeza en el mueble y va perdiendo fuerza hasta cerrar los ojos.
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La existencia de la realidad es la cosa más misteriosa, más sublime y más surrealista que se dé.

SALVADOR DALÍ

¿Alguna vez han creído que pudieron haber sido otra persona en vez de la que son ahora? Es decir, he vivido 18 años creyendo que mi vida no era relativamente mía. Lo peor es que he vivido crédulo ante mis necesidades, mis inconstancias, mis temores, mis anhelos y todo aquello que suele preocuparnos. He vivido con sutileza, dedicándole un valor significativo a cada momento "importante". Vivimos en base a rutinas, a esquemas que hemos ido construyendo por influencia de terceros. Vivimos en delirio con estímulos adquiribles como la música, el arte, etc; vivimos ligados a buscar nuestras sustancias psicotrópicas por nosotros mismos. He vivido creyendo que no existe la felicidad porque me mortifica pensar que es un límite lejano y extraño. He vivido creyendo que no existe el amor porque tal cosa es un tiempo muy variable, muy impreciso, muy relativo a los sentimientos. He vivido creyendo que la muerte es un destino muy bello, pues de él queda un modo de vida mejor: el recuerdo. He vivido creyendo que la tristeza es uno de los sentimientos más intensos e indescifrables por el que podemos pasar, ya que estando tristes solemos tomarnos el tiempo indicado para pensar. He vivido creyendo que la amistad es un nexo de confortablidad, un intercambio de creencias y emociones. He vivido creyendo que la música es el mejor transporte a los sentimientos,un etéreo mundo fuera de este. He vivido creyendo que la literatura es una conversación con el tiempo, con la fantasía, con la necesidad de huír; por ello escribo, porque creo que huyo de mis demencias y de todo lo que ido creyendo.

10/09/11: TUMBLR

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Ahora cuento con un blog visual en Tumblr que está genial.



http://cristhian-trinidad.tumblr.com/

29/08/11: Los amantes

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Les gustaba oír a The Smiths en el cuarto de ella. Ambos se echaban mirando hacia el techo y conversaban durante horas. Ella llevaba puesta una blusa negra, unos bluejeans y unas converse azules desgastadas por los caminos limeños. Él llevaba puesto una camisa a cuadros color azul, un pantalón negro de corduroy y unas converse rojas. Ella quería ser antropóloga. Él quería ser músico. Sin embargo, ella estudia Filosofía en La Católica y él Pintura en Bellas Artes. Ellos se conocieron por una amiga que los presentó en una reunión. Desde ese momento, ellos empezaron a ir a conciertos, a ir por algunos cafés, a ver películas, algunas exposiciones de arte tal vez. Claro, como aquella vez que él la invitó a la exposición de Jorge Piqueras e hizo la misma pregunta que hace alguien al entrar a una muestra: “¿Qué te sugiere este cuadro?” Ella le prestaba algunos libros de Cortázar y uno que otro poemario de Breton y Paul Éluard. Solían encontrarse en la terraza del Haití para conversar temas sociales afines a este país. Ambos querían irse, explorar horizontes europeos. Ella quería ir al Reino Unido, y él a Francia.

Les gustaba comprometerse con las sensaciones, con el delicado placer de vivir de percepciones e ideas. Ella de izquierda, y él apolítico. Esto último era un perfil bajo, pues él amaba la política y sus factores sociales, pero se resistía a aferrarse a uno con tanta pasión como ella. Él también pinta, anda lanzando la pintura en los paredes y dando las pinceladas en los óleos. Ella ama el cine y el teatro, tanto así que pensó ser directora de cine en algún momento e inclusive quiso producir un corto cinematográfico. Él fuma, ella no. Ella no cree en el amor, y él no cree en la felicidad. Ellos son amantes, por el simple hecho que aman lo que les gusta. Ella se para de la cama, enciende un cigarrillo y le dice:”¡Estamos jodidos!” Él sigue mirando al techo y le dice: “¡Y qué bueno que es así!”

11/08/11: Fui feliz

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If i fell - The Beatles


Yo he sido feliz casi todos los días de mi vida, al menos durante un ratito, incluso en las circunstancias más adversas.
Roberto Bolaño

Hace mucho me ha inquietado la idea de felicidad, de si existe tal cosa. ¿Podemos llegar a ser felices? Yo no lo soy. Ilusamente consideraba que la felicidad podía estar en una pareja, o en algo que siempre quise y que, como ahora gano alguito, puedo comprarme. Sin embargo, siento que esas felicidades fueron muy vanas, inútiles. El amor es una felicidad muy corta. Por esto, no se sorprenda si su enamorada lo engaña, o si usted se llega a fijar en otra chica. La felicidad consiste de placeres. Tal vez usted no se ha dado cuenta, pero mintiendo obtiene más felicidad que diciendo la verdad. Porque, de algún modo la felicidad es una dulce mentira.

Hace unas semanas hablaba con Raquel, una chica con un punto de vista interesante acerca de las relaciones. Y me dijo algo muy interesante:”Prefiero los pequeños placeres de la vida, los cortos y que no necesitan mucho trabajo”. Yo entendí que dichos placeres podían ser la música, el arte, los libros, películas, mundos muy bellos que generan felicidad. Y todo ello en respuesta a por qué no le gustan las relaciones. Y es que luego me explicó que, claro, uno se termina acostumbrado a la otra persona, y cuando todo se acaba, crisis emocional. Refuerzo su argumento con una escena de la película Todos dicen que te quiero de Woody Allen en donde este dice algo como “en la vida, cuando se rompe una relación, y espero que no te pase. Más vale ser dejador que dejado. Porque el dejador deja. Y al dejado, lo dejan.”

Es por eso que la madrugada de hoy, sin nada de sueño, me puse a pensar que de lo único que me podría enamorar sería de esos placeres que mencionaba Raquel, pues durante las vacaciones leí distintos libros; vi películas de Allen y de Almodóvar; me interesé por Jackson Pollock y por Marcel Duchamp; y oí mucho rock alternativo. Quizá esa era mi felicidad. Seamos sinceros, una relación no dura toda la vida; sin embargo, una melodía, un libro, un cuadro, una escena siempre quedan en ti. De pronto, empecé a creer que la felicidad es una fina elección. Cada quien elige su felicidad, ¿no lo creen?

A mis 18 años cada vez soy más pesimista con esto. ¿A qué se le puede considerar felicidad?, ¿a una pareja? Soy muy escéptico cuando pienso en esto. Es más, diría que las parejas solo son catalizadores de felicidad, son productores pasajeros de esa sensación. Lo curioso es eso mismo, nosotros necesitamos ser felices de algún modo. Bien lo dijo Woody Allen en Annie Hall:
"Después, se nos hizo tarde. Los dos teníamos que irnos, pero fue magnífico ver a Annie otra vez, ¿verdad? Comprendí que era una persona estupenda, y lo agradable que había sido conocerla y... me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: "Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina." Y el médico le contesta: "Bueno, ¿y por qué no hace que lo encierren?". Y el tipo le replica: "Lo haría pero es que necesito los huevos." En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas. ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas... pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque, ah, la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos."

Después de esto, volví a hablar con Raquel y me dijo que no debía complicarme con estas cosas que, de alguna manera, eso me haría feliz. Y es que allí estaba la clave, señores. La felicidad me ha acompañado en cada madrugada que escribía. Mi felicidad no era una chica, un auto, plata, etc. Mi felicidad era escribir, algo que nunca me decepcionaría.
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A esa Maga que no sé si exista.


Nothing in my way - Keane

La vie en Rose - Satchmo


¿Encontraría a la Maga?, ¿a una como tú? Nuestra relación era como la de Horacio Oliveira y la Maga: una interconección de personalidades, un aprendizaje antropológico y emocional. Ahora estoy aquí, en busca del tiempo perdido como el libro de Proust. Ya no busco el tiempo en donde eras actriz principal sino que busco los pequeños momentos en los que disfrutamos los placeres musicales de esta ciudad bizarra o las exposiciones de Sabogal en el MALI. Así me gustabas. Y hasta cierto punto todo era perfecto hasta que conociste a Rubén, un seudo intelectual que profesaba ser de izquierda. Claro, tú eras de izquierda. Sin embargo, Rubén era de una izquierda ilusoria, una en la que todo era para el pueblo, en la que planteaba modificar todo; yo era un izquierdista realista, asumía el ingreso del capitalismo,pero mi pensamiento era acerca de una retribución equitativa a los demás. Hmmm... te enamoraste de él, y lo peor de todo es que yo te lo presenté. Talvez al principio no te enamoraste de él sino de su biblioteca poseída por el socialismo y el marxismo. Cambiaste del todo. Cambiaste los discos de jazz por los más elecrónicos. Cambiaste a Cortázar por Coelho. ¡Mierda! Te volviste rara. Y hmmm... creo que fue así porque Rubén estudiaba Derecho en la de Lima y te paseaba con su carrito por la ciudad. Yo seguía en La Católica con la ya satanizada carrera de Literatura, pero tú toda fresh estudiando Pintura.

¿Lo recuerdas, Mariel? Después de parciales y finales nos reuníamos en la casa de Mariano a quien decíamos Marciano no sé por qué. Tomábamos como locos y hacíamos huevada y media. Era la cagada. Lo peor es que Liliana tomaba fotos al por mayor: salíamos chinos de risa, parecíamos drogadictos. Nos encantaba tomar y conversar. A veces podían ser algunos vinitos, y otras veces Cusqueña helada. Un cigarrillo alcanzaba para seis personas y el que le daba la última pitada se compraba una cajetilla de Lucky Light. Eran buenos tiempos. Tan buenos que ya asimilé que el tiempo que te llevó te traería denuevo. Te traería como por esas casualidades te conocí en un concierto en el Centro de Lima y me pediste un cigarrillo. Teníamos a un amigo en común: el chato Becerra. Luego te invité un café en El Cocodrilo Verde y hallamos las coincidencias. Ambos leíamos a Ribeyro. Ambos amábamos a The Doors. Ambos disfrutábamos del humor e ingenio de Woody Allen. Y, por último, soñabamos con viajar a París. Entre el capuccino y la lluvia de otoño creí que eras perfecta. Hablo de perfección como goce de una buena conversación. Entonces empezamos a salir más seguido al Parque Kennedy y a Barranco. Yo parecía Jim Morrison y tú una suerte de Janis Joplin. La pasábamos de puta madre. ¿Y sabes por qué? Quizá porque desde un principio sabíamos que no existía el amor. Nosotros no juramos amarnos, juramos no amarnos. Nos cagábamos de risa cuando las parejas se decían eso. En lo subjetivo está lo objetivo.

¡Qué gracioso es todo! Ahora yo estoy aquí escribiendo novelitas,y tú en algún lugar como la canción de Duncan Dhu.¿ Estarías aún con ese seudo intelectual? Siempre quisiste estar con un filósofo o con un saxofonista. Espero que hayas estado con ambos, aunque para mí son lo mismo. Soy muy complejo a veces. Una vez me dijiste: "¡Deja de estar triste!". Yo te dije: "¡Hey! No te metas con mis hobbies. Y es que solo estando triste puedo escribir algo bueno, porque la tristeza es una intranquilidad."El arte empieza donde termina la tranquilidad" decía César Moro. Tú me conoces, escribo a las tres de la mañana con mi taza de café plantada en el escritorio, algo así como Balzac. Pero no, yo nunca seré un buen escritor. Los escritores son personas afanadas con la soledad, solo tú comprendías eso. A veces me decías que no había problema si no salíamos, que terminara de escribir. Lo mismo te decía cuando elaborabas un cuadro. Te parabas frente al lienzo con el camisón celeste y encendías un cigarrillo. La imagen hallaba un camino en tus pinceles. ¿Te encontraría, Mariel?


Perdonen las faltas ortográficas, mi teclado es un asco. Y para colmo no tengo el Word. Además, me da flojera releerlo, es una kábala.