27 nov '09-20:39
Frustraciones laborales docentes: Estrés y fatalidad

Un docente frustrado puede llegar a percibir de una manera más que fatalista las situaciones de su trabajo o de asuntos relacionados al mismo y aún en su vida extralaboral. Sin embargo, es otra cualidad de seria consideración y que casi no se reflexiona; la de pasar al nivel lingüístico de la queja y el desengaño. En este breve artículo me referiré a unas experiencias vividas en un breve viaje a otra ciudad, donde tuve la oportunidad de socializar con otros docentes.

I Francisco, profesor de matemáticas en preparatoria

(En México se le considera como preparatoria o bachillerato a los tres años posteriores al periodo de secundaria -también de tres años-, equivalentes al rango de edad de 16 a 18 años en un estudiante promedio. Después de esta etapa continúa el nivel de licenciatura o bachiller.)

Francisco es un profesor muy capaz, él mismo pagándose de su salario y sacrificando su tarde cursó y se tituló de una maestría en la arraigada universidad estatal. Lleva 17 años laborando en su organización y en varias ocasiones se ha cuestionado cómo personas sin muchos méritos han logrado ascensos dentro de la misma. Desde que su sistema escolar se sindicalizó a nivel nacional ha cuestionado los logros conseguidos por medio del sindicato, y más aún, los intereses sindicales y sus ejes de lucha. Él aún no tiene cuarenta años de edad.

Francisco pasó a recogerme a las oficinas sindicales de mi sistema educativo y a las que fui en vano a querer hacer una gestión. Yo salí molesto en parte, pero sabiendo que no debería hacer mucho caso a lo que había platicado con los funcionarios; todo me era una vieja historia conocida.

Le pregunté a Francisco si no había tenido clase o si disponía de algún tiempo libre para hacerme esa amabilidad de llevarme en su automóvil a ciertos lugares donde yo quería buscar unos encargos. Para mi sorpresa mi amigo me contestó que dejó a los grupos trabajando solos –como si eso fuera posible-.

Un rato más tarde él recibió una llamada de un conocido a quien había dejado encargado de “checar su salida” mientras yo seguía más asombrado. Con algo de tacto unos minutos después le pregunté que cómo percibía el clima laboral de su organización y cómo él mismo se sentía como docente. Sus comentarios fueron los siguientes:

Pues mi escuela tiene la función de acaparar la mayor cantidad de alumnos posibles. Es bien sabido que a nosotros sólo llegan los que no pudieron aspirar a otras escuelas de mayor categoría académica y social… y aquellos reprobados de otras. El detalle malo para mí viene a ser que el gobierno federal nos otorga un recurso económico según la planilla de alumnos que tengamos; entre más alumnos más dinero puede recibir la escuela.

Al principio del año todo siempre es igual. Pero transcurriendo los meses comienzan a surgir alumnos que no tienen ni el interés o la capacidad de seguir estudiando; e inicia la reprobación de las materias como la mía. No es nada extraño que de repente te llamen de la dirección y estén allí un grupo de alumnos reprobados. Entonces, el director te dice personalmente que estos jóvenes tienen mucho interés en seguir en la escuela, que por favor se les dé otra oportunidad para que no se trunquen sus sueños.

El mensaje es más que explícito; el mismo director te pide que les regales la calificación, ya que él mismo sabe que esos alumnos han reprobado el mismo examen unas cuatro o cinco veces, y que la última vez inclusive se lo llevaron a su casa todo el fin de semana y ni aún así pudieron contestar correctamente la tercera parte del mismo. Es lo que la misma escuela pide, ¿qué más da si me salgo este día un par de horas para andar contigo?

Imagen de internet
El ángel de la fatalidad

II Sandra, asesora docente de la Secretaría

Sandra lleva más de treinta años de servicio. Si bien hace más de quince que no está frente a grupo de alumnos pasó a asesorar y capacitar a grupos de docentes que así lo solicitan. Tiene una maestría en un instituto de ciencias de la educación.

Le pregunté a Sandra si sabía pormenores de una delicada situación legal de un profesor de cierta escuela. Un profesor que había sido demandado penalmente por “acoso sexual” a las alumnas. Ella me contestó que desconocía del asunto.

Sin embargo, una vez mencionado lo anterior, terminó agregando que ahora en estos tiempos cualquier alumna adolescente era una provocadora sexual, que si se le proponían un grupo de alumnas eran capaces de llevar a ese extremo a cualquier profesor. Que el descaro y la precocidad actuales habían rebasado todo tipo de límite moral.

(Me llamó la atención cómo, si me dijo desconocer la situación, declaró las conductas pervertidas de las adolescentes, como justificando a un profesor del que realmente no sabíamos más. Si bien no era una defensa hacia él sí era una acusación general hacia un grupo indefinido pero enorme; alumnas de secundaria).

III Luis, gestor sindical

Con veinte años trabajando diversos tipos de gestoría para el sector educativo, Luis es conocedor de muchas problemáticas en la ciudad capital y en el estado mismo. Comenzó su carrera laboral como personal administrativo, nunca atendió grupos –aunque le han hecho propuestas de cubrir y trabajar con alumnos y “sindicalmente” en algunas-. De hecho él viene a ser hijo de una familia dedicada a la docencia; hijo y hermano de profesores.

Luis de manera constante se queja de las actitudes de los docentes con los que se relaciona. Está cansado de su negatividad –a la que tilda de dramática- pero también de otro grupo de maestros a los que considera “demasiado fríos” emocionalmente. Sin embargo, él mismo ya comienza a mostrar en su comportamiento esas mismas características.

Luis suele tildar a muchos otros gestores como corruptos. Además dentro de su sistema de creencias él piensa que su grupo sindical vienen a ser “la solución” a una problemática multicompleja que aqueja al departamento de educación y las tantas escuelas que dependen de él. Se queja de manera constante y culpa a un sistema político de no querer dar salida a los tantos problemas que existen.

Para Luis las soluciones son las que él piensa y a su modo. Es decir, a la manera de pensar y actuar de su colectivo de trabajo. Otras opciones no tienen cabida… o son muy tibias o cobardes. Luis suele criticar demasiado tantas situaciones y a tantas personas.

Reflexiones:

La fatalidad es una manera negativa de ver el mundo. Un mundo como un espacio donde no tenemos la capacidad de influirlo, de transformarlo ya que todo parece estar determinado por una serie de condiciones predeterminadas.

El constante estrés por inesperadas cuestiones de trabajo, la frustración que se puede tener cuando las cosas no salen como habíamos pensado y planeado, o por ver con amargura cómo se complican y corrompen las personas y las instituciones influyen para el surgimiento de la negatividad y fatalismo.

Sin bien puede ser probable que efectivamente las problemáticas actuales sean tan difíciles que nuestra injerencia o poder de influir sea muy poco, es el asumir una actitud negativa el verdadero peligro para la salud del docente. Un docente impregnado de fatalidad llega a ser un docente amargado y resentido, que pueda ser inclusive hostil con sus alumnos y colegas e inclusive con su propia familia.

Por otra parte, una actitud positiva puede ser un “seguro médico” y si bien es posible que esa satisfacción no se va obtener dando clase o gestionando (o tratando de) asuntos laborales. Pero existe ese otro gran espacio extralaboral: La cálida relación familiar, los hobbies e intereses personales, el deporte y el ocio mismo.

Reunirse con parientes y con amigos para hablar y reír, para disfrutar una sabrosa comida. Tener como rutina una hora diaria cuando menos de un deporte apreciado (o de un par de diferentes actividades). Leer diarios y novelas, mirar alguna película cada semana, escuchar música apreciada, navegar por Internet, chatear con contactos de otras partes del mundo… vienen a ser alternativas para distanciarse por horas de un ambiente laboral que necesita ser mejorado.

Y quizá durante estos alejamientos pudieran llegar a concebirse nuevas formas de trabajar y de ser diferentes, como personas más fortalecidas.

Imagen de internet

29 ago '09-18:29
Docentes y Quemados (Tercera Entrega: Las psicopatologías laborales)

Es innegable asegurar que el trabajo constituye una parte fundamental en la vida del hombre. Desde ser el origen de sus recursos económicos para llevar su vida hasta el mismo sentido de esta vida para muchos. Sin embargo, cada trabajo tiene sus propias características dadas por su contexto externo e interno, algunas de estas no son propiamente modificables para que el mismo individuo se desenvuelva mejor en él. Una revisión a las características específicas y del contexto se ha visto en Causas y factores que pueden originar el estrés (Zavala, 2008).

Patologías Psicolaborales

Se habla de riesgos psicolaborales cuando en determinado trabajo se dan situaciones psicológicas que pueden suponer una probabilidad de sufrir alteraciones y desajustes emocionales tarde que temprano (FETE-UGT, 2003). Por lo mismo, a estas consecuencias se les llama psicopatologías laborales, y generalmente suelen reconocerse las siguientes: estrés laboral, burnout y mobbing.

El estrés laboral docente y el burnout ya se han discutido en varios artículos previos; el mobbing, en cambio, viene a ser un concepto nuevo en este Blog.

El término fue acuñado originalmente por el sueco Leyman para referirse al acoso u hostigamiento laboral, también llamado psicoterror; “por parte de una persona -habitualmente un superior jerárquico- o varias, durante un periodo continuado (varios meses)” (Acoso laboral o “mobbing”, s/a). Por su parte, Collado (en Romero, 15:2005) lo decribe “como un comportamiento atentatorio a la dignidad de la persona, ejercido de forma retirada, potencialmente lesivo y no deseado, dirigido contra uno o más trabajadores, en el lugar de trabajo o como consecuencia del mismo”.

Nota: Una definición de mob viene a ser “presionar en grupo” o “apachurrar” (Trad. lib. del Websters)

Las manifestaciones psicológicas de la víctima que llega a sufrir el mobbing, acoso, hostigamiento o psicoterror son ansiosas o depresivas, que inclusive la pueden llevar al suicidio.

Mobbing
Mobbing: Composición con imágenes de internet.


Algunos confunden las manifestaciones del hostigamiento o mobbing con las del burnout. En el documento de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza se pretende explicar esta posible razón de ello, que puede ser por la coincidencia de la depresión y la distimia.

El síntoma fundamental de la depresión es la tristeza. La tristeza del depresivo se diferencia de la tristeza normal en que está mucho más corporalizada. Es una tristeza vital, sin motivo concreto. Si se le pregunta dónde localiza su tristeza, se señala alguna parte del cuerpo: el corazón, el pecho, el estómago. La distimia, por su parte, es un trastorno que supone una alteración del estado de ánimo menos grave que la depresión mayor. Se caracteriza por ser constante, estable en el tiempo, mientras que la depresión mayor, presenta unos períodos de mayor gravedad alternado con períodos de remisión” (FETE-UGT, 2003: 11-12).

Otras psicopatologías docentes

Castilla del Pino (en Ortiz, 1995: 98) describe cuatro determinados tipos de actitudes entre los docentes que llegan a padecer desajustes y crisis de identidad:

a) Actitudes nihilistas que aparecen como consecuencia de una excesiva depreciación de sí mismo.
b) Actitudes autoritarias, que consisten en una desviación hacia el abuso de poder, al no lograr la afirmación equilibrada del sí mismo.
c) Distanciamiento, consistente en una especie de inaccesibilidad y autismo social, como estrategia defensiva de su “yo” débil.
d) Autoexaltación con heterodescalificación, que se manifiesta en un exhibicionismo de sí mismo en forma de pedantería, y de meticulosidad en exigir a otros lo que no se exige a sí mismo.

Estas tipologías ayudan a reconocer que esos rasgos tan peculiares que –posiblemente- se ven en más de alguna organización y que no son siquiera extraordinarios. Existen y hasta son más comunes de lo imaginado, pero que pocas veces se llevamos a un análisis más profundo: los docentes somos susceptibles a sufrir desajustes emocionales a lo largo de nuestra trayectoria laboral, sobre todo, después de algunos años en organizaciones que no ofrecen condiciones adecuadas para este tipo de trabajo. Claro que estas pueden ser parte de ese concepto incluyente que viene a ser el malestar docente y otra de sus consecuencias, como lo es el burnout. Sin embargo, en los estudios revisados estas manifestaciones no son atribuidas propiamente a este padecimiento.

La neurosis entonces, pudiera ser tan intrínseca a la labor docente que pudiera desarrollarse quizá de manera independiente a otras dolencias emocionales. “Sin entrar en las distintas características que puede presentar cada tipo específico de neurosis, la sintomatología general más frecuente del desarreglo neurótico se caracteriza por presencia de angustia, irritabilidad, déficit de atención-concentración, inquietud, deficiente control de impulsos agresivos, desarreglos en la alimentación, el sueño y la sexualidad, tics comunicacionales, y presencia de astenia como del estado de tensión que el sujeto debe soportar” (Vallejo et al. en Ortiz, 1995: 97).

Y esa supuesta “fama” de la conflictividad de los docentes parece argumentarse bajo estos estudios que nos llevan a pensar en la vulnerabilidad del docente para las neurosis principalmente. “La conflictividad del neurótico dificulta la relación del sujeto consigo mismo y con los demás, lo que impide la consecución de una buena integración interior, presentando un equilibrio interno inestable y una mala aceptación personal. Su propia inseguridad también dificultará la relación con los demás, adoptando posturas rígidamente defensivas, que impiden una relación fluida y espontánea” (Ortiz, 1995:97).

A manera de cierre del apartado:

¿Qué clase de organizaciones hemos creado? No es un cuestionamiento culpabilizador para los docentes de una escuela, sino un llamado a la reflexión a los mismos ministerios o departamentos de educación, escuelas formadoras de docentes y organismos y profesionales involucrados en el estudio y capacitación docente… pero también para nosotros, los docentes, que poco a poco debemos conocer y reconocernos como individuos posiblemente afectados y aceptarnos como somos para prepararnos, mejorarnos y corregirnos como docentes y personas.

REFERENCIAS:

Acoso laboral o “mobbing” (s/a). Visitado el 9 de agosto de 2009 en: http://www.acosolaboral.es/html/acoso.html

Federación de Trabajadores de la Enseñanza de UGT (FETE-UGT) (2003). Psicopatologías laborales: Enfermedades relacionadas con la docencia en Catálogos de Enfermedades Profesionales de los Docentes. Visitado el 9 de agosto de 2009 en:
http://fete.ugt.org/paisvalencia/salud%20laboral/Catalogo%20de%20enfermedades.htm

Ortiz Oria, Vicente M. (1995). Los riesgos de enseñar: la ansiedad de los profesores, Amarú Ediciones, Salamanca, 180 pp.

Romero Rodenas, María José (2005). Protección frente al acoso laboral en el trabajo. Bomarzo, España, 92 pp.

Zavala, José (2008). Causas y factores que pueden originar el estrés (Primera Parte) en Blog de Estrés Docente.

ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS